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George W. Bush, candidato imbatible al Nóbel de la Paz

Jun 24 2008

Por Roberto Savio (*)

Roma, jun – Con la probable llegada de Obama a la Casa Blanca, el presidente George W. Bush se ha convertido en un pato cojo, mucho mas que otros presidentes cerca del fin de su mandato. La inusual participación electoral ha sido una medida clara del afán de los norteamericanos de salir de un periodo presidencial que ya es considerado el peor de la historia de Estados Unidos, eligiendo un candidato del signo más opuesto posible entre los que se habían presentado.

Bush por otro lado, sigue atado a su visión imperial del poder, amenazando vetos a casi todas las iniciativas del senado. Y la prensa estadounidense, que había aceptado sin chistar ésta visión, empieza ahora a criticarlo cada día más duramente.

Creo que ha llegado el momento que los que creemos en la paz y en la cooperación internacional, en lugar de atacar a George W. Bush, nos juntemos para darle un reconocimiento formal, como el presidente de Estados Unidos que más ha contribuido para crear un mundo mas democrático, mas justo, y en el cual las viejas teorías de la fuerza y del destino excepcional de Estados Unidos entraron en profunda crisis.

La primera contribución fundamental de Bush ha sido demostrar que la unilateralidad no puede funcionar más en un mundo que esta creciendo multipolarmente. Se puede discutir sobre el declino americano, pero no se puede discutir sobre el peso creciente de varios países, como China, India y Brasil para hablar solo de los mas emblemáticos.

La política de Bush ha terminado en un mayor aislamiento de Estados Unidos, no en una mayor Leadership. Y es simbólico que al comienzo de su primer mandato, las Naciones Unidas estaban en crisis, y el sistema Bretton Wood ( FMI, Banco Mundial, etc) era quien dominaba, pero al fin de su segundo mandato esta situación se ha invertido.

Este cambio de correlación de fuerzas es lo que más demuestra como la vuelta al multilateralismo ha colocado al sistema Bretton Wood en gran crisis de credibilidad.

La segunda gran contribución de Bush ha sido dar un duro golpe a la teoría que la guerra soluciona problemas. Que el país que gasta en armamentos tanto cuanto los otros 14 que lo siguen, no haya podido librar más de una guerra, cuando Cheney hablaba en atacar a todos los “Estados canallas”, entre los cuales Irán y Corea del Norte, demuestra que es fácil destruir, pero otra cosa es ganar una guerra.

Iraq durará más tiempo en la memoria americana que Vietnam. Y solo la transformación de un ejercito de conscriptos a un ejercito de profesionales ha limitado el impacto psicológico en las familias norteamericanas, evitando un verdadero levantamiento popular en contra de la guerra. Estados Unidos se ha metido en un lío del cual, cualquiera que sea la salida, saldrá por lo menos vulnerado.

La tercera gran contribución ha sido de demostrar que sin el respeto del derecho internacional, no hay gobernabilidad aceptada por los otros. No haber ratificado ningún tratado internacional (comenzando por Kyoto), ha creado una creciente ola de irritación, a tal punto, que el tratado contra de las bombas de racimo se ha ratificado por casi todos los países del mundo, a pesar de la tentativa de Estados Unidos de bloquearlo.

Hasta su fiel aliada, Gran Bretaña, tuvo al final que ratificarlo. Y las prácticas de Guantánamo, de los vuelos de rendiciones a países de tortura, declarar la Convención de Ginebra «obsoleta» y la tortura legitima en caso de guerra, así como otras iniciativas parecidas, nuevamente han aislado a Estado Unidos, bajándole del pedestal de campeón de la democracia y de los derechos humanos.

La cuarta contribución puede parecer meno importante, ya que es solo interna. La Casa Blanca, que se había arrogado prorrogativas extraordinarias sobre los poderes Legislativo y Judicial, sale de esta borrachera de poder sin precedentes, con un clamor general reclamando volver a un equilibrio de los poderes constitucionales, pilar básico de la democracia. Será muy difícil que el Legislativo vuelva a estar tan pasivo frente a un deterioro de sus poderes, como ocurrió con la administración Bush.

La quinta contribución, al contrario, tiene un valor universal. Es la prueba que no se puede mentir y creer en la impunidad del poder, cuando hoy los ciudadanos reclaman cada vez con mayor vigor un gobierno que sea accountable, que dé cuenta a quien los elije. El fin del gobierno Bush está acompañado por un número creciente de ex funcionarios de la Casa Blanca que publican libros, escriben ensayos y dan entrevistas donde revelan que deliberadamente, la administración mintió y manipuló a la opinión pública en diversas oportunidades.

El tema de Iraq es el más clamoroso, pero ahora se descubre que Bush y Cheney mintieron al pueblo americano de manera constante y organizada. Una vez fuera del poder, la rendición de cuentas va a ser todavía más explosiva.

Y pasemos ahora a la sexta contribución, seguramente la más importante.

Bush ha logrado que Estados Unidos pierda de manera substantiva su derecho a considerarse un país con un «destino manifiesto», o sea una nación que tiene un destino excepcional. Una encuesta del Boston Globe nos revela que los ciudadanos que creían en el american dream , o sea que todos tenían derecho a un futuro excepcional, bajó a un modesto 32%, del casi 60% anterior a la llegada de George W. Bush al poder. La caída del dólar simboliza la profunda crisis americana sobre su destitución de país imperial y guía del mundo. Nunca, según la Gallup, Estados Unidos ha estado con su prestigio internacional tan bajo. Después del 11 de Septiembre de 2001, todo el mundo se cuadró detrás del Comandante-en-Jefe de una nación agredida. Hoy los mismos gallups nos dicen que una parte importante de la población mundial considera a Estados Unidos como el peligro más serio para la paz mundial.

Unos Estados Unidos que llegan a un sano realismo sobre su situación objetiva y que no quieren más dominar a sus aliados, representan ciertamente un gran paso adelante para un mundo mas equilibrado y basado en la cooperación y en la sustentabilidad del planeta.

Por todo esto, creo que habría que reconocer a George W,. Bush como un político excepcional, que en solo ocho anos logró cambiar profundamente a su país y al mundo.

Dudo que con un gobierno Obama se habría creado un proceso tan amplio como el abierto en Porto Alegre por el Foro Social Mundial. Las reacción de centenares de miles de personas que claman por un mundo diferente es el resultado de la radicalización producida en estos últimos ocho anos. Sin esta, la creación de una sociedad civil global hubiera sido ciertamente más lenta.

Por ello, convengamos que el camino de la humanidad es evidente y sin interrupciones: solo que a veces pasa por caminos muy diferentes a los de la lógica de una historia linear… En este caso, un presidente que ha declarado haber sido colocado en la Casa Blanca por Dios, y que hablaba a nombre del pueblo americano y de la humanidad, ha resultado ser mucho más coherente con lo que se suele asociar a estas dos entidades, de lo que parecía en su comienzo…

¿Quien tomará la iniciativa de entregar un Premio para la Paz, la cooperación, y la democracia a George W. Bush al final de su mandato?

(*) Roberto Savio, fundador y presidente emérito de IPS