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Robert F. Kennedy y su pasión por la justicia social

Jun 26 2008

Por Kerry Kennedy y Sam Beard (*)

NUEVA YORK, Jun (IPS) Querida Kerry: gracias por haber venido esta mañana a la oficina. Fue un día histórico, no sólo por tu visita sino también porque hoy dos estudiantes negros fueron inscriptos en la Universidad pese a la oposición del gobernador George Wallace. Espero que estos acontecimientos sean lejanas cosas del pasado cuando tu linda cabecita esté ya en la universidad. Besos, Papá.

Tenía cuatro años cuando mi padre, Robert F. Kennedy, me escribió esta carta. Entonces él tenía 38 años y, junto con su hermano, el presidente John F. Kennedy, pocas horas antes había llamado a la Guardia Nacional para que impidiera que el gobernador Wallace bloqueara el ingreso de los estudiantes negros a la universidad.

Como Secretario de Justicia durante el apogeo del movimiento por los derechos civiles, Robert Kennedy se consagró a proteger las libertades civiles, pero comprendió la justicia no podía ser concebida sólo en el estrecho sentido legal sino que era necesario incluir también la justicia política, social y económica.

La mayoría de la gente no piensa en Robert Kennedy como un líder en la reconstrucción de las comunidades pobres, pero él se apasionaba por lograr la justicia económica para los habitantes de los barrios pobres y las áreas rurales. Contra el consejo de los cautelosos, en Bedford-Stuyvesante, un sector de Brooklyn, Nueva York, agobiado por la pobreza, junto con el senador republicano Jacob Javitz puso en marcha un proyecto de revitalización general.

En estos días, cuando se cumple el 40º aniversario de la campaña presidencial de mi padre, en 1968, mucho se ha escrito sobre las tareas que su asesinato dejó pendientes. Él quería ganar esa elección, quería detener una guerra, quería aliviar el dolor de los que sufrían. Parte de esas tareas han sido llevadas adelante por personas que compartieron sus ideales. Uno de ellos es Sam Beard, quien escribe lo siguiente:

Era el año 1965. No podía entonces creer en mi buena suerte cuando pude unirme al equipo del senador Kennedy en Nueva York. A fines de 1968 comencé con la organización sin fines de lucro Consejo Nacional de Desarrollo (NDC)
y trabajé en ella durante 40 años para hacer realidad la visión de Robert Kennedy.

Mi cita favorita de Kennedy es “Cada vez que un hombre se pone de pie por un ideal o actúa para mejorar la suerte de otros, está impulsando una pequeña onda de esperanza.” El senador lanzó miles de esas ondas y el NDC es una de ellas.

Kennedy fue famoso por ir a lugares que otros no se atrevían a pisar. En su gira por América Latina, muy contra el deseo del Departamento de Estado, insistió en reunirse con estudiantes rebeldes en un centro universitario tras otro. En una ciudad los estudiantes le lanzaron cientos de tomates pero ninguno llegó a golpearlo. Su comentario fue: “Si quieren ser revolucionarios, que aprendan a mejorar la puntería.”

En los años 60 el senador estableció principios nuevos y sin precedentes. Mucho antes que otros vio que las pequeñas empresas, no las 500 gigantes que aparecen en la revista Fortune, eran las principales creadoras de puestos de trabajo. Kennedy insistió en involucrar a bancos en sus iniciativas pese a que la mayoría de los pobres los veían como usureros. Quería multiplicar los negocios de propiedad de las minorías.

-En 1966, todos los bancos de Nueva York juntos no llegaban a prestar un millón de dólaresyg a los negocios de negros e hispanos.

-Entre 1969 y 1972, en la ciudad de Nueva York, NDC movilizó a más de 3.000 voluntarios e hizo que cada uno de ellos atendiera personalmente un negocio de personas de la comunidad negra o hispánica. En 1972, los bancos de Nueva York estaban prestando de 40 a 50 millones de dólares anuales a esos negocios. Este éxito estableció un patrón seguido a través del país.

-En 1970, el NDC comenzó el programa LDC para financiar fábricas en los barrios céntricos pobres. En 1979, conseguimos que se colocaran 100 millones de dólares de préstamos del LDC que ayudaron en 22 ciudades a más de 400 negocios.

-En 1980, el presidente James Carter eliminó ese programa como parte de un recorte de gastos federales. El NDC trabajó con el senador Sam Nun, el diputado John LaFalce y la Casa Blanca para transformar el LDC en una
autoridad garante que ha crecido hasta alcanzar más de 100.000 millones de dólares de financiación y ha creado más de un millón de puestos de trabajo.

-En 1978-1980, el NDC transfirió los principios de Robert Kennedy al equipo de Carter, creándose el Programa de Revitalización de Barrios (NBR) del Presidente, que se aplicó en 65 ciudades. La meta del NBR era de mil millones de dólares; cuando el NBR sobrepasó los cinco mil millones dejamos de contar.

-Bob Davenport, del NDC, desarrolló un sistema nacional de formación que entrenó a más de 50.000 profesionales de desarrollo económico para asistir a personas de bajos ingresos en los 50 estados del país.

-Hoy en día, el NDC opera en más de 150 comunidades rurales y urbanas. Cada año, dedica más de 500 millones de dólares para crear puestos de trabajo y entrena de 3.000 a 3,500 profesionales.

En su mayoría la gente no recuerda el legado del senador Kennedy en materia de desarrollo económico. Pero deberían recordarlo… (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Kerry Kennedy, hija de Robert F. Kennedy y fundadora del Centro para los Derechos Humanos Robert F. Kennedy. Sam Beard, fundador del Consejo Nacional de Desarrollo (NDC).