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EEUU: LA ESPERANZA DE UN CAMBIO DE PARADIGMA

Jul 22 2008

Por Mário Soares (*)

LISBOA, Jul (IPS) Los pasados gobiernos estadounidenses fueron firmes defensores de los derechos humanos, al menos desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, el 10 de diciembre de1948, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, quizás el documento jurídico internacional más importante del siglo XX.

Es verdad que durante la Guerra Fría los Estados Unidos hicieron de los derechos humanos un arma arrojadiza contra la Unión Soviética y las llamadas democracias populares. Y consiguieron afectar notablemente la imagen del bloque pro soviético con los ejemplos, repetidos hasta la saciedad, de los disidentes, privados de sus derechos.

Sin embargo, la política norteamericana tenía «dos pesos y dos medidas», ya que condenaba los atentados a los derechos humanos cuando le convenía y los ignoraba cuando eran cometidos por gobiernos amigos o aliados.Toda América Latina conserva amargos recuerdos de esa regla de comportamiento, así como numerosos países de Medio Oriente, Äfrica y Asia.

El campo de concentración de Guantánamo, de exclusiva responsabilidad de la administración de George W. Bush es el caso más nefasto y escandaloso de atentado consciente y en gran escala contra los derechos humanos, porque fue
consiguiente a la invasión unilateral de Iraq, justificada con falsos pretextos y que sólo ha servido para arruinar el prestigio y la credibilidad de Washington, además de abrir el camino a la crisis múltiple en la que estamos globalmente inmersos.

Y no se trata de un caso aislado. Las torturas practicadas en diferentes prisiones bajo control militar estadounidense -pienso sobre todo en Abu Ghraib- con tonalidades de perversión y sadismo -provocando revueltas y desarreglos psíquicos en las tropas que participaron- son hoy conocidas en el mundo entero.

Aún es poco lo que se sabe sobre lo que ha sucedido -y al parecer sigue sucediendo- en Guantánamo. En particular se desconoce el tipo de informaciones que recibieron las autoridades de los aeropuertos -y sus respectivos gobiernos- por donde pasaron los prisioneros y las complicidades que existieron.

Ya han sido liberados algunos prisioneros por haberse probado su inocencia. Las declaraciones formuladas son reveladoras sobre las condiciones de su prolongada detención y las torturas que sufrieron.

Pero hace falta saber mucho más y espero que con el próximo Presidente de Estados Unidos la verdad aflorará, poco a poco. Por su lado, el Tribunal Penal Internacional ganaría en prestigio si se decidiera a investigar lo ocurrido y someter a juicio a los responsables.

Es cierto que Estados Unidos fue atacado por atentados terroristas de una magnitud desconocida hasta entonces, el 11 de septiembre de 2001. Ante esta agresión imperdonable todo el mundo fue solidario con Washington y condenó el terrorismo. Pero la administración Bush en lugar de reaccionar con inteligencia quiso exhibir su fuerza militar impar, que descargó contra un enemigo mal elegido. La invasión de Iraq destruyó los precarios equilibrios del Oriente Medio y, en el plano interno, suscitó una persecutoria histeria antiterrorista que levantó barreras discriminatorias para su población islámica, todo lo cual, en vez de aniquilar el terorismo, lo fomentó. Como bien decían los antiguos romanos
«la sangre de cristianos fue la simiente de nuevos cristianos».

El fanatismo religioso que se ha desarrollado en Estados Unidos -simétricamente opuesto al fanatismo islámico- es otro factor de preocupación en relación a la herencia de Bush. No estamos libres del peligro de un resurgimiento de guerras religiosas, que son las peores guerras posibles. No obstante, la democracia norteamericana parece funcionar
-pese a todos los ataques que ha sufrido- lo que representa, con las elecciones presidenciales a la vista, una fundada esperanza de cambio de paradigma en el orden internacional.

Organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional y asociaciones jurídicas nacionales e internacionales han investigado los diversos tipos de tortura y los procedimientos ilegales graves perpetrados por militares estadounidenses contra sospechosos de terrorismo encarcelados en Guantánamo. Han sido creadas comisiones de juristas para juzgar tales violaciones, sobre las que se ha difundido amplia información, como por ejemplo la práctica de la tortura llamada «el submarino» (water-boarding)

El Parlamento Europeo se ha ocupado de estos graves asuntos, considerados políticamente espinosos y ha llamado la atención sobre la necesidad de que se conozca toda la verdad, duela a quien duela. En ese sentido, se han hecho
investigaciones y se han pedido explicaciones que, hasta el presente, no han sido cabalmente respondidas.

Recientemente, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos se pronunció a favor de la competencia de los tribunales norteamericanos en relación a los recursos que se les presenten sobre estas materias. Es un paso importante en dirección a reimplantar la legalidad en estos planos. Porque sólo mediante el reconocimiento y el
castigo por todos los errores cometidos en este período negro de su historia, Estados Unidos recuperará el prestigio perdido en todo el mundo. (FIN/COPYTRIGHT IPS)

(*) Mário Soares, ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal.