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Viaje al vudú

Jul 21 2008

Por Valeria Vilardo

SAUT D’EAU, Haití, jul (IPS) – Cada julio, miles de haitianos se dirigen a Saut d’Eau, una cascada situada 60 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, en el peregrinaje más importante de la religión Vudú de este país caribeño.

Llegan después de muchas horas de camino a pie, en burros y en «tap tap», los coloradísimos y típicos autobuses, en busca de buena suerte y beneficios.

En el país más pobre de América, el costo de este viaje puede significar días o meses de trabajo, sacrificio que será recompensado por las bendiciones que les llegarán a los peregrinos al bañarse en las aguas místicas de la cascada de Saut d’Eau (salto de agua, en francés), en Ville Bonheur, departamento del Centro.

Según la leyenda popular, en 1847 Erzulie Dantor, diosa vudú de la belleza y el amor, se apareció en el lugar sobre un árbol y empezó a curar enfermos y ejecutar milagros. Los sacerdotes católicos vieron en ello una blasfemia, talaron el árbol y erigieron una iglesia a pocos metros de distancia, en honor de la Virgen.

Por obra y arte del sincretismo, Erzulie se camufló en la católica Virgen de Mont Carmel, o Virgen de los Milagros. Desde entonces, los haitianos consideran las aguas de Saut d’Eau, cercana a la iglesia, benéficas y curativas de todos los males.

Trepar hacia la cascada, de una altura de 30 metros, no es fácil. Este 16 de julio, Annette emprende el camino para que Erzulie le dé la gracia de concebir el hijo que anhela. Hace muchos años sueña con llegar a estas aguas, dice a IPS.

Como ella, los peregrinos se dirigen a Saut d’Eau para asistir a la primera de las tres grandes celebraciones católicas-vudúes que atraen a gente procedente de todas las partes del país y de todas las clases sociales.

Los cuerpos, los cantos y la música «rará», común en las celebraciones vudúes, se mezclan con perfumes de hierbas y pociones preparadas para pedir favores a los espíritus. Los creyentes pasan horas bajo en el agua, rezan, extienden los brazos al cielo, se abrazan.

Muchos lanzan al cielo su ropa vieja, símbolo de un pasado que quieren dejar atrás, y traen consigo hierbas medicinales. Algunos consultan a los «hougan» (sacerdotes) o a las «mambó» (sacerdotisas) que estarían poseídos por algunos de los loas, divinidades del Vudú.

De hecho, los hougan y mambó son los encargados de la dirección del culto, jefes máximos de los altares consagrados a los santos y, a la vez, «son interpretes de la voluntad de los loas», afirma el autor Rafael García Grasa en su artículo «Elementos de la cultura haitiana en Camagüey», escrito en 1982.

«Tengo un hijo inválido y pido que lo sanen y que le den el uso de sus piernas», implora Marie dirigiéndose a una mambó que le habla con los ojos cerrados y tomándole las manos.

Según los estudiosos, cualquier persona puede ser sacerdote si cumple con los requisitos necesarios, como ser iniciado y conocer la liturgia, los atributos de los dioses y sus símbolos.

«Generalmente son las divinidades las que designan al futuro sacerdote mediante la aparición, o un sueño, o la posesión», señala el libro «El Vudú en Cuba», publicado en 1998 por Joel James, José Millet y Alexis Alarcón, que contiene un capítulo dedicado al culto en Haití.

«Mi abuelo y mi padre eran hougan, heredé estos poderes de ellos. En principio no quería ser hougan, no quería entrar en contacto con esto», asegura André, de 61 años, al que IPS encuentra delante de un altar con velas y ofrendas para los espíritus.

Pero «perdí tres hijos, y me decían que yo mismo había vendido a mis hijos a los loas. El loa Damballah (rey de los santos guerreros) me reclamó como hougan y no acepté. Por ello la venganza de este dios contra mis pobres hijos. Ahora que soy hougan, tengo mucho poder y sé que nada me puede pasar», explica mientras hace un tejido de sogas que, según dice, representa la infinita fuerza de Damballah.

Cuando cae el sol, el ambiente se hace más calmado y el aire está pleno de religiosidad. Una mujer arroja en un árbol perfume hecho con las hojas de «trois parole» (tres palabras) para la buena suerte, mientras reza con las manos juntas y da vueltas alrededor del tronco.

Cerca de la cascada, hombres y mujeres venden velas, cordones azules y blancos que representan a los loas e imágenes de la Virgen de los Milagros. Los tambores tocan ritmos sincopados, y algunas personas entran en trance, hablando en voz alta y moviéndose frenéticamente.

Más allá de los estereotipos, que describen al Vudú como pura magia negra, rituales con muñecas, sacrificios de animales y muertos vivientes, ésta es básicamente una religión pacífica, en la que los ritos constituyen una experiencia mística para los iniciados.

Existe también el Vudú Congo, que se distingue por el uso de maldiciones, males de ojo y «polvos maléficos».

Más de 60 millones de personas practican el Vudú en todo el mundo. Los rasgos de esta religión proceden de la cultura animista de un pueblo africano, los yorubas, provenientes de Nigeria, Benín y Togo.

Hoy en día el vudú, bajo distintas formas, se practica en Benín, Haití, Republica Dominicana y en Cuba, donde se lo conoce como Santería o Regla de Ocha. Cultos similares, como Umbanda, Macumba, Quimbanda y Candomblé, se practican en varios países de América Latina y el Caribe.(FIN/2008)