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Honduras: dos héroes para una estatua

Jul 27 2009

Por Oscar Lebel (*)

Principio tienen las cosas. El 15 de Febrero de 1898, se produce la voladura del acorazado, Maine , en la rada de La Habana, por circunstancias nunca aclaradas, pero que sirvieron para que los EEUU declararan la guerra a España, que fue derrotada después de una serie de desastres marítimos, perdiendo Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pero fue el combate frente a Santiago de Cuba el que marcó un hito imborrable en esta guerra.

Para agrupar el máximo de fuerzas, el comando de la armada de los EEUU había dispuesto que el acorazado Oregon que se encontraba en San Francisco, se sumara a la flota del Atlántico. El viaje insumió 62 días para unir el Pacífico con el Caribe. El almirante Tayer Mahan, máxima autoridad en geopolítica, e impulsor del “destino manifiesto”, convenció a su amigo personal, el presidente Teodoro Roosevelt, de llevar a los EEUU al status de Primera Potencia creando una gran flota, capaz de reunirse en cualquiera de los océanos.

Roosevelt, contagiado por la obsesión de Mahan, y atisbando la concreción de su sueño más dorado, hacer del Caribe un “mare nostrum” yanqui, hizo construir una gigantesca fuerza de acorazados, a la que pintó de blanco e hizo dar la vuelta al globo, para mostrar al mundo que una nueva potencia se había instalado en los siete mares.

Pero era una flota dividida entre el Atlántico y el Pacífico, por tanto era una fuerza naval vulnerable, una herejía estratégica –según Mahan- que de no ser enmendada, regresaría a EEUU a “potencia de segunda”. “I took Panamá, dirá el presidente Roosevelt, cuando en 1904 los EEUU se hacen cargo de las obras canaleras, como epílogo de una rocambolesca historia que incluyó la secesión de la provincia de Panamá de Colombia, la proclamación de su “independencia” y la concesión a los EEUU de una “Zona Exclusiva” a ambos lados del canal. En 1914, -simultáneamente- estallaba la Primera Gran Guerra y se inauguraba el Canal de Panamá.

La flota del Atlántico y la del Pacífico ya estaban unidas. El imperialismo tenía su herramienta y se echó a andar. El Caribe se convirtió en un lago interior norteamericano. Para desgracia de las naciones de Centro América, cuyas tierras fueron ocupadas y vejadas por oleadas de “marines”, quedando, en palabras de Ruben Darío…”Tan cerca de EEUU, pero tan lejos de Dios”.

La destitución violenta del Presidente Zelaya de Honduras, es emblemática, en cuanto pretende el regreso, de Honduras, -y no sólo Honduras-, sino de toda Centro América, al status, grotesco, cruel y despiadado de las “repúblicas bananeras” impuesto desde el comienzos del siglo 20. Personajes, que parecen salidos de la pluma de García Márquez, fueron incrustados por los “marines” en el dividido Istmo.

Tiburcio Carías, en Honduras, que convirtió su patria en una plantación bananera de la United Fruit. Tacho Somoza en Nicaragua, que hizo, a partir de su guardia personal formada por facinerosos el “ejército de Nicaragua” y convirtió a todo el país en su hacienda privada. Rafael Trujillo en República Dominicana, no sólo se enriqueció de la misma manera, sino regó a la isla de estatuas suyas a diestra y siniestra.

Ubico en Guatemala, militarizó a la orquesta sinfónica.

Maximiliano Martínez en Salvador, que se decía teósofo, opinaba que “es un crimen más grande matar una hormiga que a un hombre, porque el hombre reencarna y la hormiga no…Papá Doc, inventó una Gestapo negra los “Tontons Macoutes con los que empobreció hasta el delirio a Haití. Todos estos dictadores puestos y protegidos por la diplomacia y las FFAA de los EEUU, tuvieron un común denominador. Todos fueron asesinos. Todos fueron ladrones.

Michel Ney, en 1769 se vinculó a la vida militar desde muy joven ingresando al regimiento de húsares, donde conoció a Napoleón, de cuya mano ascendió vertiginosamente. Para 1796 ya era General de Brigada; tres años después, General de División y cinco, más tarde Mariscal de Francia. Por su participación en la campaña del Rin, la ocupación de Ulm y Berlín le fueron concedidos los títulos de “Duque de Elchingen” y de “Bravo entre los bravos”. Ney se casó con la prima de la esposa del Emperador, quien le hizo dos regalos de boda: El primero, el alfanje de un Pachá muerto en la batalla de Abukir.

El segundo, una estatua, del propio Ney, montado en un brioso corcel, con el alfanje en la mano, encabezando a sus tropas. Ney juró que sólo la muerte le haría soltar el alfanje. Con un nuevo título “Príncipe de Moscú”, acompañó a su emperador a la desastrosa aventura rusa. El “bravo entre los bravos” trató de salvar lo insalvable, y fue el último soldado en abandonar Rusia.

Napoleón abdicó en el rey Borbón Luis XVIII y fue confinado en la isla de Elba. Pero cuando dejó la prisión y comenzó sus “100 días”, el mariscal Ney revivió su vieja lealtad y le acompañó. Los franceses no pudieron contra los ingleses y prusianos coaligados en Waterloo. Allí viendo perdida la batalla Michel Ney decidió morir en combate.

Se sabe que tuvo que cambiar cinco veces de caballo, porque estos iban cayendo bajo las balas inglesas y prusianas. No así el “valiente entre los valientes” que sobrevivió al desastre militar. Fue apresado, y el rey ordenó fusilarlo.

Pidió dirigir el pelotón y murió con el alfanje en la mano como había prometido. Su estatua arrancada del pedestal fue olvidada. En 1848 fue rehabilitado y se le erigió una estatua pedestre, en los Jardines de Luxemburgo, en el preciso lugar donde fue fusilado.

Francisco Morazán nació en Tegucigalpa en 1792. Aunque lo habían educado para llevar los negocios de la familia pronto se vio envuelto en acciones militares. Allí descubrió sus cualidades como jefe militar y político. En 1823 desde Guatemala proclamó la independencia de las Provincias Unidas de Centro América, conformadas por Guatemala, Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, (Panamá aún no existía). En 1830 ganó las elecciones y fue nombrado Presidente de la República Federal de Centro América. Fue reelegido en 1835. Pero comenzó a ser presionado por los terratenientes apoyados por el clero conservador, llevando el proyecto al desmembramiento.

Morazán fue atacado y traicionado. Debió ir al exilio. Regresó en 1842 pero fue derrotado y condenado a muerte el 15 de Setiembre de 1842, en el 19 aniversario de la proclamación de la independencia de Centro América. Como el mariscal Ney, Morazán pidió comandar el pelotón de fusilamiento. Después de dar la orden de apuntar, y corregir la puntería de algunos soldados bisoños, dio la voz de fuego. Ya en el suelo levantó la cabeza para decir que aun vivía. Una segunda descarga lo llevó a la eternidad.

35 años después de su muerte, el gobierno de Honduras, viendo que los países vecinos tenían héroes nacionales, y que Morazán que era hondureño, no tenía nada que lo honrase, envió a Paris a dos jóvenes veinteañeros hijos del ministro de defensa y otro político con la misión de encargar una estatua ecuestre del héroe. Los enviados despilfarraron el dinero en burdeles y jaranas. Por casualidad conocieron a un español vendedor de chatarra, quien les vendió, al peso, una estatua de bronce consistente en un caballo con jinete incluido. Limpia y empacada fue enviada a Tegucigalpa, donde fue inaugurada con honores. Los jóvenes que, después del negocio investigaron por pura curiosidad, de quien era la estatua se enteraron que era del mariscal Ney “el bravo entre los bravos”

En momentos que escribimos estas líneas, el presidente de facto Micheletti, el ministro de defensa también de facto, general Vazquez, bendecidos por el cardenal Madariaga, hijo de un general “bananero” en tiempos de Tiburcio Carías, reciben el desprecio a nivel global, (NNUU, OEA y el propio Vaticano).

Mientras tanto, la estatua que honra a los “dos bravos entre los bravos” se derrite de vergüenza en el húmedo calor tropical de Honduras.

(*) Contralmirante(R), Uruguay – Artículo publicado en «Bitácora» de Montevideo