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De la rueda pedagógica al vuelo artístico *

Ago 26 2009

Por Mario Osava, enviado especial

ARAÇUAÍ, Brasil, ago (IPS) – A los 11 años, con una figura menuda en la que se destaca su pelo largo, Higor habla como un veterano, con una fluidez sorprendente. Tiene mucho para contar, pese a vivir en una pequeña y estancada ciudad del interior de Brasil cuya principal fuente de empleo es la migración.

En 2005 Higor Fonseca arrancó prolongados aplausos en dos ciudades francesas, París y Dunkerque, cantando y bailando junto con el coro Niños de Araçuaí, el conocido músico Milton Nascimento y el Grupo teatral Punto de Partida (GPP), en el espectáculo «Ser Minas tão Gerais», un juego de palabras con el nombre de este estado del sudeste, Minas Gerais, del que son originarios.

«El benjamín de la ‘troupe’ no quería volver a la casa, que ni siquiera tiene baño», destacó una revista al informar sobre la gira francesa, refiriéndose a Higor. En realidad su familia sí dispone de un baño, pero fuera de la vivienda alquilada en la que vive, explicó el niño a IPS. Una de sus metas es darle a su madre una residencia mejor.

«Quiero ser un cantor que baila, como Michael Jackson». Así describe su sueño.

Desde los seis años Higor participa en el coro que ha actuado también en las grandes capitales brasileñas. En mayo estuvo en la sureña São Paulo, con otros 31 niños de Araçuaí, bailando a dos metros de altura en varas de bambú, en las funciones de «Pra Nhá Terra», un poema musical ambientalista del GPP.

«Los adultos vienen a São Paulo para cortar caña o como empleadas domésticas, pero nosotros venimos como artistas», comentó una de sus colegas.

De Araçuaí, un municipio de 37.000 habitantes en el noreste de Minas Gerais, parten todos los años, entre mayo y diciembre, miles de trabajadores para cortar caña de azúcar en el estado de São Paulo, 1.500 kilómetros al sur. Es un trabajo penoso, malsano y de baja remuneración, que solo atrae a hombres que no encuentran alternativas en sus lejanas tierras.

Araçuaí está enclavado en el Valle del Jequitinhonha, conocido por su pobreza y sus semejanzas sociales y económicas con el Nordeste semiárido de Brasil. La calle principal, con un comercio boyante y edificios modernos cerca de la carretera, se parece al desarreglo propio de una frontera de expansión agraria, no a una ciudad tradicional del siglo XIX.

Pero es producto de la gran inundación en 1979, que desplazó al comercio y a los pobladores del Centro Viejo que se situaban en un área baja, hacia tierras más altas y alejadas de los dos ríos cercanos. La aparente prosperidad se debe en buena parte al dinero que traen los cortadores de caña.

Con la mitad de su población aún viviendo en un campo regado por lluvias escasas, el municipio ofrece pocas alternativas a la juventud que no quiere migrar para cortar caña o desempeñarse en otros oficios, como el trabajo doméstico.

MENINOS DE ARAÇUAÍ

En esta realidad el coro Niños de Araçuaí (en portugués Meninos de Araçuaí) abrió las puertas del sueño a la niñez local. Creado en 1998, obtuvo un éxito inmediato, con frecuentes apariciones en televisión, elogiosos reportajes, ovaciones emocionadas del público y la grabación de dos discos y un DVD del show que llevó a París.

Los cinco espectáculos de teatro musical en los que participó el coro son de autoría y dirección del GPP, fundado en 1980 en el municipio minero de Barbacena y reconocido por su teatro innovador. La presencia infantil –niñas y niños pequeños y vulnerables, la mayoría muy flacos, negros o mestizos– agregó emoción y carga social a las obras.

Cinco de los más antiguos componentes del coro se están convirtiendo en músicos profesionales. Uno de ellos, el percusionista Yuri Hunas, fue premiado este año como Joven Instrumentista de Minas Gerais. Otro concluirá en 2009 el curso en la Escuela del Teatro Bolshoi, la única que el famoso ballet ruso inauguró en el exterior, instalada desde 2000 en Joinville, sur de Brasil.

La identificación de tantos talentos entre los niños y adolescentes motivó la creación de Bituca Universidad de Música Popular en Barbacena, 800 kilómetros al sur de Araçuaí, por iniciativa del GPP, y con el padrinazgo de Nascimento, apodado «Bituca», un conocido cantautor y síntesis musical de Minas Gerais.

En esa escuela libre fundada en 2004 estudiaron Yuri y sus compañeros, y otros dos niños araçuienses se incorporaron este año, entre 137 aprendices aprobados, provenientes de varias partes de este país sudamericano.

Son ejemplos que alientan a Higor, que no logró ser seleccionado este año. «Quiero estudiar en Bituca, lo seguiré intentando», afirmó, seguro de que tiene «una voz bonita» y es «bueno en la danza… el mejor en la escuela» donde estudia. Por eso tampoco descarta el Bolshoi, que también intentó sin éxito porque en la prueba no pudo «poner el pie en la cabeza, por nerviosismo».

Otra consecuencia del coro fue la inauguración en 2008 de un cine en la ciudad de Araçuaí, que estuvo tres décadas sin sala de exhibición, y en torno de él se creó un grupo de formación y producción audiovisual.

Casi un centenar de niños han vivido la experiencia coral. El grupo inicial de 40 cantantes se renovó cuatro veces en 11 años. En abril se seleccionaron 20 nuevos miembros para reemplazar a los que salieron por la edad u otras razones. Muchos de los 130 rechazados lloraron, pues «todos anhelaban participar», señaló Ana Paula Silva, coordinadora del proyecto infantil «Ser Criança», del que salen los pequeños cantores y actores.

EDUCAR JUGANDO

Esa ola creativa en Araçuaí tuvo origen en la innovación pedagógica practicada por el Centro Popular de Cultura y Desarrollo (CPCD), una organización no gubernamental fundada en 1984 por Sebastião Rocha, un antropólogo que dejó la docencia universitaria para ser educador. «El profesor sólo quiere enseñar, el educador aprende», suele explicar.

Su método, la «Pedagogía de la rueda», promueve el diálogo en círculo entre educadores y educandos, frente a frente, como «sujetos del aprendizaje» en «un proceso plural» que respeta las diferencias y el conocimiento acumulado por las experiencias de cada uno. La sombra de un árbol o un parque pueden sustituir al edificio escolar.

Aprender jugando es la consigna. Las actividades lúdicas y creativas reemplazan las clases aburridas. Los mismos niños y educadores hacen juguetes pedagógicos que van enriqueciendo la «brinquedoteca» (juegoteca) y los morrales con juegos, portables, permiten llevarlos a las clases o ruedas.

«Yo era malo en cuentas, pero mejoré mucho con la ‘damática’», ejemplificó Higor, explicando que se trata de un juego de damas con guarismos para las lecciones de matemática.

Un Banco de Libros, donde el asociado deja un ejemplar y se lleva otro, multiplicando por miles el libro que cada uno posee, es otro de los muchos inventos pedagógicos del CPCD.

Ese arsenal se aplica desde 1984 en la localidad de Curvelo, a 160 kilómetros de Belo Horizonte, la capital de Minas Gerais, en los proyectos Ser Criança, que significa bebé, niño o niña en portugués, para escolares de 7 a 16 años, y Sementinha (Semillita), para menores de seis años, apoyados por la alcaldía con instalaciones y profesores.

Actualmente 140 niños frecuentan el primero y 40 el segundo en el período libre de las escuelas oficiales. Es una gota en un municipio de 75.000 habitantes y cerca de 12.000 alumnos en la enseñanza primaria.

Pero estos proyectos, reconocidos por premios de varias instituciones, difundieron la «Pedagogía de la rueda» por decenas de ciudades brasileñas y llegaron a Mozambique y a Portugal.

Si se adoptasen los métodos de Ser Criança «no habría ausencias, repeticiones ni violencia en las escuelas», según la profesora municipal Marcelina Chaves, que trabaja temporalmente como educadora del proyecto. Allí «todo se resuelve con diálogo», asegura.

EL SALTO ARTÍSTICO

Pero fue en Araçuaí, donde el CPCD tuvo un impacto más visible cuando reprodujo sus proyectos por invitación de la alcaldía. El arte hizo la diferencia. Niños de Araçuaí se convirtió en una marca de productos y calidad.

Luego de iniciar allí el proyecto Ser Criança en 1998, surgió la idea de formar un coro infantil. El pueblo local es muy musical, explican todos. Hay por lo menos cinco coros permanentes en la ciudad.

«Tião» Rocha, como es conocido el presidente del CPCD, pidió al GPP que proporcionara calidad musical a los niños. El encuentro fue simbiótico, pese a las 15 horas de autobús que lleva trasladarse entre Barbacena y Araçuaí.

«Fue un descubrimiento para todos» que hubiese tantos talentos en Araçuaí, reconoció Rocha. La destreza rítmica de los niños, en especial, emocionó a los músicos que les ofrecieron talleres.

Los Niños de Araçuaí «empezaron a rescatar» la riqueza cultural del Valle de Jequitinhonha, conocido solo por su miseria, según Sergio Maioline, reportero de la televisora católica local. Su elogio, sin embargo, se acompaña de una crítica: el coro ganó notoriedad, pero no sacó a los niños de la pobreza.

«El CPCD ignoró iniciativas locales, decepcionando al movimiento cultural de Araçuaí», que comprende «cinco coros, tres grupos teatrales y una asociación de artesanos», lamentó Dostoievsky Americano do Brasil, profesor de arte en un colegio y miembro de un grupo teatral.

El docente recordó haber trabajado como voluntario en talleres de teatro de «Ser Criança». Pero cuando se logró dinero de patrocinios, el CPCD trajo al GPP para producir el espectáculo, y «ya los locales no servíamos», manifestó resentido.

De esa forma se limitaron los resultados del coro y de otros proyectos en la propia ciudad, aunque fue «positivo divulgar la cultural local y abrir oportunidades y horizontes para los niños», concluyó. (FIN/2009)

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*Este artículo es parte de la serie de reportajes El Arte es la Mejor Educación. El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística. Los abonados que lo reproduzcan deben incluir los logos correspondientes. La Fundación AVINA y la Casa Daros, socia en la categoría Arte y Sociedad, no asumen responsabilidad por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido.