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La brecha infantil

Nov 30 2009

Por Mirela Xanthaki

NACIONES UNIDAS, 30 nov (IPS) – Casi un tercio de los bebés nacidos con VIH en los países en desarrollo mueren antes de su primer cumpleaños, a diferencia de la mayoría de los portadores de este mal del mundo industrializado que pueden vivir décadas con buena salud gracias a tratamientos farmacológicos cada vez más efectivos.

Entre aquellos que sobreviven en los países pobres, la mitad morirá antes de cumplir dos años, y las tres cuartas partes no llegarán a los cinco años, según las últimas cifras de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En un debate sobre niños con VIH (virus de inmunodeficiencia humana) organizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) como parte de las celebraciones por el 20 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, activistas y expertos en salud pública enfatizaron la necesidad de una mayor accesibilidad a tratamientos, análisis adecuados y cuidados.

Sin embargo, el informe «La infancia y el sida: Cuarto inventario de la situación», que Unicef presentó este lunes, en víspera del Día Mundial del Sida, señala que se han logrado algunos avances.

Por ejemplo, ahora 45 por ciento de las madres con VIH, causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), reciben tratamiento antirretroviral durante el embarazo, en comparación con el escaso 10 por ciento de 2004.

Pero la transmisión de madre a hijo todavía ronda 80 por ciento en el mundo en desarrollo, mientras que en los países industrializados es de uno a dos por ciento.

Entre los pasos fundamentales figuran análisis simples, baratos e inmediatos para los niños, más terapias antirretrovirales para todas las embarazadas con VIH, y mayores esfuerzos de las empresas farmacéuticas y los gobiernos para hallar tratamientos más adecuados y accesibles para niños y bebés.

Se debe presionar a los laboratorios para que adapten los medicamentos a fin de que los usen los niños, donde sea posible, y abaraten su costo, señalan los expertos.

«El tratamiento para el VIH está disponible solamente desde mediados de los años 90, así que solamente tenemos de 12 a 13 años de experiencia», dijo a IPS Shaffiq Essajee, director de operaciones clínicas y alto asesor en pediatría de la Fundación Clinton.

«Las personas con VIH (se han mantenido) vivas y saludables durante este periodo. El cielo es el límite en relación a cuánto tiempo puede vivir un niño con VIH si recibe tratamiento», enfatizó.

«Los sistemas inmunológicos de los niños reaccionan más rápida y efectivamente que los de los adultos a los tratamientos antirretrovirales. El problema es la falta de fórmulas antirretrovirales baratas, adecuadas a los niños, y cómo hacer esto posible en contextos de recursos limitados», continuó Essajee.

En 2004, el tratamiento más barato costaba 600 dólares por niño por año. Apenas dos años después, el costo había caído a 60 dólares. Que haya medicamentos más baratos es una necesidad, pero esto no alcanzará para resolver el problema, sostienen los expertos.

«Aunque se ha logrado la ‘paridad’, no podemos dormirnos en nuestros laureles», dijo Essajee.

Todavía se necesita desarrollar sistemas tempranos y eficientes de análisis y diagnóstico infantil, explicó. «Hay un enorme problema sistémico porque estamos perdiendo alrededor de la mitad de los niños desde el análisis positivo inicial a un proceso de tratamiento. Un tercio de los niños diagnosticados como positivos nunca acceden a terapias», señaló.

Actualmente hay dos millones de niños y niñas que viven con VIH, lo que representa alrededor de siete por ciento del total mundial.

Hay muy pocos retornos después de obtenidos los resultados, planteó Deborah Birx, directora del Programa Mundial del Sida en los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

Revertir esta tendencia «puede insumir entre uno y cuatro meses. Muchos padres ni siquiera vuelven a buscar los resultados», dijo.

Según el sacerdote Ed Phillips, presidente del Programa de Deanery Oriental para el Alivio del Sida en Nairobi, «van una vez a la clínica, pero no tienen dinero para otro boleto de autobús para ir de nuevo».

La solución es que haya sistema de diagnóstico que sean más fácil de manejar y que permitan procesar la muestra mientras los padres esperan, sostienen Phillips y otros.

También hay que aconsejar a las mujeres, para que se den cuenta de que necesitan someterse a análisis. «No podemos acceder a los niños si no podemos acceder a sus madres», dijo Birx.

Las pruebas del VIH y la orientación tras el diagnóstico son fundamentales para impedir que las madres transmitan la enfermedad a sus hijos.

Karen Plater, secretaria adjunta de la Iglesia Presbiterana de Canadá, dijo a IPS que en los últimos años se registraron grandes mejoras en las vidas de muchas personas.

«Visité Malawi por primera vez en 1997. En ese momento no había acceso a antirretrovirales y la gente todavía se negaba a aceptar que había un problema en su comunidad», relató.

«Cuando fui de nuevo, en 2001-2002, vi una diferencia considerable. La gente tenía más disposición a hablar del tema. Al aumentar los porcentajes de personas infectadas con VIH, todos conocían a alguien (que tuviera el virus), directamente o en su familia inmediata. Eso hizo que se asesoraran y realizaran análisis voluntariamente», explicó.

«Había una sensación de esperanza. El estigma es menor que antes, y ahora los grupos de apoyo a personas con VIH implican individuos saludables, que trabajan juntos en proyectos, huertas, intentando apoyarse el uno al otro», enfatizó Plater.

La Alianza Ecuménica de Acción Mundial, una amplia red internacional de iglesias y organizaciones cristianas que cooperan en asuntos de alimentación y VIH/sida, inició la Campaña Prescripción para la Vida, donde se pidió a niños de 14 países diferentes que escribieran cartas a ejecutivos de empresas farmacéuticas y funcionarios gubernamentales exigiéndoles acción.

Una exhibición de extractos de sus peticiones comenzó este mes en la sede de la ONU, en Nueva York, y continuará hasta este viernes.

Eric Sawyer, asesor del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida) y fundador de las entidades Act Up New York y Housing Works, que vive con VIH desde hace casi 30 años, dijo en la inauguración: «¿Es justicia moral que yo pueda comprar casi tres décadas de vida e incluso más porque tengo acceso a las últimas medicaciones apenas éstas se desarrollan?».

«No creo que sea moral. No creo que sea justo. No creo que sea correcto. Todos deben poder comprar la vida, como yo lo he hecho», opinó. (FIN/2009)