General

Lula, el hijo de Barreto

Nov 19 2009

Por Fabiana Frayssinet

RÍO DE JANEIRO, nov (IPS) – El primer presidente de izquierda del gigante latinoamericano no tuvo que esperar ser un mito para llegar a la pantalla grande. La película «Lula, el hijo de Brasil» relata la primera etapa de la azarosa vida de este ex inmigrante nordestino, obrero y sindicalista.

El filme, que muestra «la odisea de una familia igual a la de otras tantas familias pobres del país» según las palabras de su director, Fabio Barreto, ya despertó una expectativa inusual antes de su estreno, previsto para el 1 de enero. Retrata los primeros 35 años de la vida del presidente de Brasil, en pleno ejercicio del poder hasta enero del 2011.

Va desde su nacimiento el 27 de octubre de 1945, en la pequeña aldea de Garanhuns, en el noroccidental estado de Pernambuco, hasta la década del 80, cuando ya líder de importantes huelgas sindicales del poderoso sector metalúrgico del cordón industrial de Sao Paulo, el llamado «ABC paulista», es llevado preso por la dictadura militar (1964-1985).

La fecha, según la sinopsis, marca también la muerte de una persona «extremadamente influyente» en la vida de Lula. La de su madre, Doña Lindú (Euridice Ferreira de Mello), una mujer simple y analfabeta que crió ocho hijos sola bajo el lema «En esta familia nadie va a ser ladrón o prostituta».

«El resto todo el mundo lo conoce: La fundación del PT (Partido de los Trabajadores), su carrera política hacia la presidencia», señala a IPS Barreto, director entre otras de la película «El cuarteto», candidata al Oscar como mejor filme extranjero en 1996.

Lula, el nuevo hijo de celuloide de Barreto, se estrena, según el director, a propósito fuera de las campaña electoral anterior, de 2006, que lo consagró por segunda vez consecutiva como presidente del país más grande de América Latina, para evitar comentarios maliciosos sobre sus fines propagandísticos.

Sin embargo, aunque en la campaña presidencial de 2010 Lula no puede participar por estar impedido de pugnar por un tercer mandato consecutivo, los comentarios suspicaces ya surgieron de parte de la oposición del Partido de la Social Democracia Brasileña.

Dilma Rousseff, actual jefa del gabinete civil del gobierno (especie de primera ministra), es la elegida de Lula para heredar su mandato.

Con una candidatura cuestionada por muchos, el espaldarazo del mandatario, que recoge hoy más de 80 por ciento de apoyo popular, es considerado fundamental para los fines electorales de Rousseff.

Además, según se destacó el miércoles en la primera exhibición del filme en la inauguración del Festival de Cine de Brasilia, el filme fue patrocinado por 18 empresas que se identifican y por otras cuatro que prefirieron no aparecer en los créditos, un hecho inusual para quien quiere promocionarse a través de una película.

Algunas de las firmas que apoyan la película tienen negocios directos con el gobierno y han sido patrocinadoras de campañas electorales.

Pero Barreto asegura que el lanzamiento en enero es por una simple cuestión de mercado. Es la fecha habitual para los estrenos. Además, dice que su película no busca ser una apología y que el libreto original, extraído del libro homónimo de Denise Paraná, respeta la recomendación del presidente de que no se trate de una historia para halagarlo y de que se actuara con total libertad.

Los productores tampoco apelaron a los incentivos fiscales que favorecen a la industria cinematográfica brasileña.

«Sólo lo consulté (a Lula) para obtener detalles de ciertas escenas que no tenía muy claras», pero muy poco antes del rodaje, asegura Barreto.

«Mi padre (el director y productor Luiz Carlos Barreto) tuvo la idea original de hacer la película al ver que a todos los lugares que iba ya no era más Ronaldo ni Pelé (los dos destacados futbolistas representativos de distintas épocas) los nombres que estaban en boca de todos sino que es Lula y Lula y Lula», recuerda Barreto.

La historia, empero, comienza con una profecía: «tu vas a llamarte Luiz Inácio Lula da Silva», dice Doña Lindú, interpretada por la famosa actriz brasileña, Gloria Pires, cuando nace en medio de una especie de pesebre del pobrísimo nordeste.

Un nacimiento del séptimo hijo, que, aunque no es el séptimo varón, está lleno de simbologías importantes que ayudaron a trazar los caminos de la vida del hoy presidente, según Barreto.

Lula nace menos de un mes después de la partida del hogar de su padre, Arístides Inácio da Silva, quien parte en busca de mejor vida en Sao Paulo acompañado de una mujer mucho más joven que Doña Lindú.

Una ausencia de un padre, por otra parte violento y alcohólico, que según Barreto es un «trauma» en su vida. Uno de los tantos que tuvo que enfrentar y que por eso mismo le dieron «fuerza» para superarse, dice.

«La familia Silva pasó por todo. La miseria, accidentes de trabajo, enfermedades, problemas de desnutrición. Luego escaparon de un holocausto miserable que era el nordeste de Brasil en aquella época para triunfar en el sur».

En esa línea, Barreto destaca en su creación tres cosas que considera fundamentales en la vida de Lula, además de «la principal, sobre todo su madre, de cómo lo cuidó y lo protegió». «La madre, pese a todo lo que sufría, era una persona que nunca se salía de sus casillas. Tenía una fuerza muy grande, mucha fe. Y esto es Lula, Lula actúa mucho, es difícil que se salga de sí», analiza Barreto, que junto a su familia es amigo de Lula desde hace muchos años.

Aunque también fueron determinantes, según Barreto, la figura de su padre «muy opresor y que aplastaba su personalidad. Lula, quien de pequeño era muy tímido, conoce a su progenitor recién cuando tenía cinco años y debido a que su madre, a través de una carta que resulta falsa, se traslada a Sao Paulo en medio de una de las peores sequías de la región donde vivían.

Un padre que le pegaba a su madre y a sus hijos, según retrata el libro. Lula presidente suele recordar a esa figura en sus discursos oficiales, cuando habla de las iniciativas de su gobierno a favor de la mujer y contra la violencia doméstica. Su madre termina abandonando al padre en la ciudad paulista de Santos y se traslada una vez más con sus hijos a la capital del estado.

Es sin embargo ese drama, según Barreto, que, para olvidarlo, impulsa la carrera sindical de Lula, sin la cual «tal vez seguiría siendo un simple operario, casado y sólo dedicado a su familia».

En medio del dolor, el entonces joven sindicalista emerge como una «fuerza política renovadora» y se transforma en un líder sindical, actividad que «anteriormente rechazaba», de las huelgas metalúrgicas de los años 80.

«Este hombre encabezó una elite operaria, formó un ejército –de obreros– contra el ejército brasileño que defendía las empresas multinacionales. El hombre que precipitó el final de régimen militar», subraya el director.

Barreto destaca otro hecho que también influyó en esa carrera sindical. Los consejos de su hermano Frei Chico, inmediatamente mayor que Lula, que militaba en el Partido Comunista. Aunque recuerda que el hoy presidente consideraba «aburridísimas» las reuniones políticas del partido» y «las cosas prohibidas» que se hacían.

«Lula seguía mucho lo que decía su hermano, pero políticamente no tuvo influencia», afirma Barreto.

«Nunca le gustó el comunismo»… «Lula no es de izquierda ni de derecha. Es un hombre que tiene una ideología de sobrevivencia. Que lucha por la sobrevivencia», según la interpretación del director, quien ratifica la opinión de muchos que hablan de la supuesta «apoliticidad» del líder del PT.

Hasta su hermano dijo «qué bueno que Lula no se dejó influenciar por mi ideología, sino no sería el presidente que es hoy», agrega el director, que lo define sobre todo como un hombre «carismático», como un «hombre que no se deslumbró y que, como siempre le recomendó su madre, nunca se olvidó de su origen humilde».

Origen que es explotado en otras de las escenas principales, no sólo de la película sino también de la biografía del Lula electoral.

La que lo muestra durante más de una semana con su familia en un «pau de arara», el camión típico que trasladaba a los inmigrantes del noroccidente pobre al rico sudeste de Brasil, el estado de Sao Paulo en su caso, durante la mayor inmigración interna conocida, según Barreto.

También se pone énfasis en otros momentos de «pérdida» de los tantos que marcaron la vida del presidente, como cuando siendo trabajador metalúrgico perdió un dedo de la mano en un accidente laboral.

Y para los amantes de las telenovelas brasileñas, aparecen otras conmovedoras escenas de amor, como el encuentro con su segunda mujer y actual primera dama, Marisa Letícia Rocco Casa, «Doña Leticia», con quien tuvo cuatro hijos y que en ese entonces también viuda y con un hijo.

O como el momento en que su madre se emociona cuando Lula recibe el título de «tornero mecánico».

Y claro, la escena mayor es la que recuerda un histórico discurso suyo en un estadio lleno, realizado sin sistema de sonido, mientras 80.000 trabajadores repetían una a una sus frases para que todos pudieran oírlas.

La película muestra a un Lula de cinco años, de ocho, de 15 y de 18 a 35 años, interpretado por Rui Ricardo Días, un actor de teatro desconocido, pero que las críticas aplauden como el más creíble Lula, pese a no hablar con «su lengua trabada», con la zeta marcada como hace el presidente.

Un desafío como muchos, pero que según Barreto no se compara con el de tener que retratar un presidente que se convierte en mito.

«Yo no estoy haciendo una película de un presidente. Estoy haciendo la película de un ser humano que casualmente ahora está ahí como Presidente de la República», aclara el director.

«La intención de la película es desmitificar el mito. Es adentrarnos en las vísceras, corazón, emociones de un ser humano común», dice pese a los maliciosos que no le creen. (FIN/2009)