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La derecha chilena acaricia el poder

Dic 14 2009

Análisis de Gustavo González

SANTIAGO, 14 dic (IPS) – El empresario derechista Sebastián Piñera emergió como claro favorito para ganar la segunda vuelta presidencial del 17 de enero en Chile, con una clara ventaja sobre el oficialista Eduardo Frei-Ruiz Tagle, quien logró el segundo lugar en los comicios celebrados este domingo.

Desde el restablecimiento de la democracia, en marzo de 1990, jamás la derecha había estado en una posición tan cierta de acceder al gobierno por el voto popular, cuestión que logró por última vez entre 1958 y 1964 con Jorge Alessandri (1896-1986), sin olvidar el poder que ejerció en conjunto con los militares en la dictadura de 1973 a 19890 del general Augusto Pinochet (1915-2006).

La holgada ventaja de Piñera sobre Frei- Ruiz Tagle, de 14 puntos porcentuales, no fue la única novedad de estas elecciones generales. También marcaron el retorno al parlamento del Partido Comunista, excluido desde hace 37 años, así como un ostensible desgaste de la gobernante Concertación de Partidos por la Democracia, capitalizado por Marco Enríquez-Ominami, un político emergente de expectante y a la vez incierto futuro.

Piñera alcanzó 44,05 por ciento de los sufragios válidos, sin contabilizar las papeletas nulas o en blanco, seguido por Frei Ruiz-Tagle con 29,60 por ciento, mientras Enríquez-Ominami logró 20,13 por ciento y el izquierdista Jorge Arrate se situó en el cuarto lugar con 6,21 por ciento.

El apoyo de los votantes de Arrate a Frei- Ruiz Tagle en la segunda vuelta es un hecho. Así, la disputa por ganar el balotaje (segunda ronda presidencial) entre Piñera y el candidato oficialista se remite a conquistar a los electores de Enríquez-Ominami, quien dijo en la noche del domingo que sus votos «no son endosables».

El hijo biológico de Miguel Enríquez, el líder histórico del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) asesinado por agentes represivos de la dictadura de Pinochet en 1974, elegido diputado en diciembre de 2005, renunció al Partido Socialista (PS) para lanzarse a la aventura presidencial donde logró 1.379.219 votos.

Piñera debe capitalizar al menos un tercio de esos sufragios para alcanzar la mayoría absoluta en la segunda vuelta y derrotar a Frei, quien tiene aún la tarea más difícil de captar casi toda la votación del «fenómeno ME-O», como lo bautizó la prensa, para remontar los casi 14 puntos porcentuales de ventaja que le lleva el abanderado de la derecha.

Enríquez-Ominami, hijo adoptivo del saliente senador y ex ministro Carlos Ominami, renunciado también al PS, se convierte así a sus 36 años en un protagonista clave de la política chilena, que proclama la construcción de una «nueva mayoría progresista», con líneas divisorias entre liberales y conservadores, en lugar de izquierda y derecha, una dicotomía anacrónica a su juicio.

Un proyecto así formulado representa una apuesta pragmática, que se asienta hacia el futuro en el desgaste de la Concertación, la coalición de centroizquierda que gobierna Chile desde marzo de 1990, pero que en el corto plazo de la segunda vuelta contribuye a una incertidumbre que favorece a Piñera.

«Recibiremos a los simpatizantes de Marco con los brazos abiertos», dijo este lunes el candidato triunfante de la primera vuelta, consciente de que le corresponde a él atraer a los descontentos con el oficialismo que este domingo respaldaron a Enríquez-Ominami y a su proyecto político denominado Nueva Mayoría para Chile.

Piñera, una de las personas con más dinero en este país de 16,5 millones de habitantes, dueño entre otras empresas de un canal de televisión, sabe que su perfil de empresario liberal, distanciado del conservadurismo pinochetista, le permitirá levantar una retórica propagandística atractiva para muchos de los seguidores de ME-O.

En la segunda vuelta de los comicios presidenciales anteriores, de enero de 2006, Piñera fue derrotado por la actual presidenta, la socialista Michelle Bachelet, pero quedó instalado como la gran carta de la derecha en la llamada Coalición por el Cambio, que integran los partidos Renovación Nacional (RN) y Unión Demócrata Independiente (UDI).

El senador Frei Ruiz-Tagle, un ingeniero hidraúlico de 67 años, es hijo del ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), el líder histórico del Partido Demócrata Cristiano (PDC), asesinado por envenenamiento en una clínica en enero de 1982 por agentes de la dictadura, según estableció una investigación judicial cerrada hace una semana.

Frei Ruiz-Tagle fue también presidente de Chile entre 1994 y 2000, siendo el segundo mandatario de la transición democrática, que triunfó con 58 por ciento de los votos en la primera vuelta de las elecciones de diciembre de 1993, cuando la Concertación por la Democracia se asentaba como una potente coalición.

Además del PDC y el PS, la Concertación esta integrada por los partidos Por la Democracia (PPD) y Radical Socialdemócrata (PRSD).

Este conglomerado, que derrotó a Pinochet en el plebiscito presidencial de octubre de 1988, gobernó posteriormente con los socialistas Ricardo Lagos (2000-2006) y Bachelet (2006-2010), quienes ganaron en segunda vuelta. Lagos derrotó a Joaquín Lavín, de la UDI, y Bachelet, como ya se dijo, a Piñera, líder de RN.

En un cuadro paradojal, mientras la actual presidenta se apresta a dejar el gobierno con la aprobación de más de 70 por ciento de sus compatriotas, según encuestas, su partido, el PS, se sitúa hoy como el factótum y a la vez el mayor perjudicado de la crisis de la Concertación.

De las filas del PS emergieron Enríquez-Ominami y otro precandidato presidencial, el senador Alejandro Navarro, quien terminó aliado con ME-O en una entente de los «díscolos» de la coalición gobernante, y que atrajo a un variopinto mosaico de empresarios jóvenes, ex dirigentes del MIR, activistas del ecologismo y al pequeño Partido Humanista, entre otros grupos.

También del PS se desprendió Arrate, ex ministro y ex embajador de los gobiernos de la Concertación, quien reivindicó el legado del presidente Salvador Allende (1970-1973) para romper con las posiciones neoliberales que a su juicio son hegemónicas en el oficialismo y aliarse con los comunistas y otros grupos menores de la llamada izquierda extraparlamentaria.

La dirección del PS, que encabeza el senador Camilo Escalona, se empeñó en respaldar a Frei-Ruiz Tagle, luego de que el ex presidente Lagos declinara la candidatura, mientras se producían éxodos de parlamentarios y militantes también en el PDC y en el PPD.

La candidatura de Frei Ruiz-Tagle, un político de escaso carisma, nació herida, sin capacidad para captar a su favor la popularidad de Bachelet e incapaz también de contener a los desencantados con una coalición que ya gobierna por casi 20 años.

Con un dejo de optimismo, el propio Frei-Ruiz Tagle y otros dirigentes, como Escalona, advirtieron que el apoyo de 44 por ciento de Piñera es el mismo que logró Pinochet en el plebiscito de 1988 y que es menor al casi 48 por ciento con el cual Lavín obligó a Lagos a una segunda vuelta en enero de 2000.

Pero el oficialismo no puede desconocer que la votación de su candidato representa la peor performance de un abanderado de la Concertación desde los comicios presidenciales de diciembre de 1989, que ganó con 54 por ciento en primera vuelta Patricio Aylwin, para poner fin en marzo de 1990 a la dictadura de Pinochet.

«No nos da lo mismo que gane la derecha, pero si pierde la Concertación será por su culpa, no por culpa nuestra», dijo Max Marambio, un ex escolta personal del presidente Allende, ex dirigente del MIR y hoy acaudalado empresario gracias a sus negocios con Cuba, brazo derecho de Enríquez-Ominami.

Más allá de la relativa incertidumbre para la segunda vuelta presidencial, la jornada electoral del domingo en Chile arrojó un virtual empate entre las dos grandes coaliciones: la Concertación de centro izquierda y la Coalición por el Cambio, que se declara de centro derecha.

Pero en ambas cámaras habrá cuotas de senadores y diputados de pequeños partidos e independientes que podrán inclinar la balanza en las decisiones parlamentarias y que obligarán al próximo mandatario, sea Piñera o Frei, a la búsqueda de consensos entre las diversas fuerzas políticas.

En el Senado de 38 miembros, que se renovó parcialmente, habrá 19 escaños del oficialismo y 16 de la coalición derechista, con tres independientes. La DC y la UDI conquistaron cada una nueve senadurías, RN siete, el PS cinco, el PPD cuatro y el PRSD, una.

En la Cámara de Diputados, donde se renovaron los 120 sillones, la derecha conquistó 58 cargos, con 36 para la UDI, el partido más votado en las parlamentarias, 19 para RN y los tres restantes para independientes afines a su sector. En tanto la Concertación quedó con 53 parlamentarios: 19 de la DC, 18 del PPD, 11 del PS y cinco del PRD.

El conglomerado opositor a un eventual gobierno de Piñera incluirá también a tres militantes del PC: el presidente de ese partido, Guillermo Teillier, el secretario general Lautaro Carmona y el abogado de derechos humanos Hugo Gutiérrez.

Juntos Podemos, el frente del PC y sus aliados de izquierda, hizo un pacto en estas elecciones para llevar listas conjuntas con la Concertación y sortear así su endémica marginación del parlamento, a la que los condenaba el sistema binominal.

La presidenta Bachellet destacó como un hecho histórico «el fin de la exclusión» en estas elecciones, con el retorno a la Cámara de Diputados de los comunistas, que están fuera del Legislativo desde el golpe de 1973. La mandataria recalcó también que «la elección presidencial aún no está definida». (FIN/2009)