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El Caribe tiembla

Mar 23 2010

Por Kathy Barrett

KINGSTON, mar (Tierramérica) – Conocida por sus huracanes, la región que se extiende desde las Islas Caimán en el oeste hasta la cadena de islas de Barlovento y Sotavento en el este se asienta en uno de los principales cinturones sísmicos terrestres.
Con 7.000 islas, islotes, arrecifes y cayos, el Caribe tiene franjas marinas de gran profundidad y zonas de fallas tectónicas, cuyas presiones producen terremotos como el que afectó a Haití el 12 de enero.

«El Caribe es muy complicado. Tiene una variedad de placas tectónicas en una región muy reducida», sostiene el geofísico Jian Lin, de la Institución Oceanográfica Woods Hole, con sede en Estados Unidos.

El huracán que derribó Puerto Príncipe, la capital haitiana, fue uno de los más destructivos del Caribe y llevó a los gobiernos vecinos a movilizarse para la prevención.

Según Joan Latchman, sismóloga del Centro de Investigaciones Sísmicas de la University of the West Indies (Universidad de las Indias Occidentales), los temblores poderosos son parte de la historia caribeña.

«Es un peligro real… Lo que hemos visto continuará porque las placas siguen moviéndose», dijo.

Jamaica tuvo su cuota. En 1692, la entonces capital Port Royal, situada al este de Kingston, fue destruida por un terremoto. Lo que queda de ella es una tranquila aldea de pescadores.

En 1907 le tocó el turno a Kingston. La asociación de ingenieros de Jamaica sostiene que al menos 70 por ciento de sus estructuras se verían gravemente dañadas o destruidas si sobreviene un sismo como el del 27 de febrero en Chile, de 8,8 grados en la escala de Richter.

El código de la construcción tiene 102 años y fue redactado un año después del terremoto de 1907. En 1983 se revisó esa norma, pero el nuevo texto no se completó ni obtuvo fuerza legal, explicó a Tierramérica el ingeniero Noel DaCosta.

La tarea de redactar un nuevo código se retomó en 2003 y ya ha finalizado. «Lo que queremos es un acuerdo para convertirlo en ley, de lo contrario volvemos a la situación de 1983», dijo.

Con todo, la norma de 1908 establece que el acero debe formar parte de las estructuras edilicias. Sin embargo, muchas empresas constructoras extranjeras aplican sus propias normas de construcción, según DaCosta.

Para el veterano ambientalista y periodista John Maxwell el verdadero riesgo es la ubicación de los edificios jamaiquinos.

«La mayor parte de la planicie de Liguanea (donde se encuentra Kingston) es un depósito de arcilla aluvial con mucha agua. Buena parte de esa formación es muy inestable», dijo Maxwell a Tierramérica.

Entonces el problema de Jamaica «no es que los edificios se desmoronen, sino que se hundan en el suelo. Podrían ser tragados», añadió.

El diagnóstico de Latchman para el Caribe es «gran densidad de población en una zona de temblores y con malas construcciones». Por eso recomienda mirar lo que hace Japón.

Allí hay «terremotos de gran magnitud con más regularidad que aquí, pero no se ve este tipo de desastre, porque han aprendido y han adaptado su desarrollo a ese peligro».

Ninguna isla del Caribe oriental está a más de 200 kilómetros de zonas que han padecido grandes terremotos y daños consecuentes.

En 2004, esta realidad tocó la puerta de Dominica. El 21 de noviembre un terremoto causó grandes deslizamientos de lodo en una zona que había padecido intensas lluvias.

Ahora que Haití llora la muerte de más de 220.000 personas, el gobierno de Dominica decidió reformar sus normas edilicias.

«Nuestro código está destinado sobre todo a soportar huracanes. Ahora intentamos prestar atención a la prevención de derrumbes por sismos, pero construir edificios a prueba de terremotos requiere una enorme tecnología y es muy caro», dijo a Tierramérica el ministro del Interior, Charles Savarin.

En Trinidad y Tobago, la situación edilicia podría ser tan mala como la de Haití.

«Si nos golpea un huracán de magnitud 8, tres cuartas parte de los edificios se vendrán al suelo», según el académico en ingeniería civil Richard Clarke, de la University of West Indies.

La industria petroquímica, que domina la economía de Trinidad, sería otra grave víctima. El jefe de la oficina de prevención y manejo de desastres, George Robinson, prevé grandes explosiones y violentos incendios por los escapes de gas natural de las tuberías y gasoductos que atraviesan la isla. Esto formaría, además, «nubes de sustancias tóxicas», dijo.

Aunque no hay estimaciones oficiales, Clarke calcula que morirían al menos 30.000 personas y la cifra de heridos serían decenas de miles.

Las islas Caimán, que tienen el riesgo más bajo, cuentan sin embargo desde hace tres años con una red de cuatro estaciones de control sísmico.

Las autoridades de Caimán prevén que este sistema, ubicado en sitios seguros, se conecte en el futuro a una gran red caribeña de monitoreo sísmico que provea información inmediata.

En los últimos 500 años se registraron 105 maremotos en el Caribe y zonas adyacentes. Hoy, con 20 millones de caribeños viviendo en este destino turístico y un gran terremoto cada 50 años, los científicos advierten que no se trata de decir si ocurrirá o no un gran tsunami, sino cuándo.

La V Reunión del Grupo Intergubernamental de Coordinación del Sistema de Alerta contra los Tsunamis y Otras Amenazas Costeras en el Caribe y Regiones Adyacentes, celebrada en Managua entre el 13 y el 17 de este mes, resolvió organizar un simulacro de maremoto para marzo de 2011.

* Este artículo fue publicado originalmente el 20 de marzo por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica. (FIN/2010)