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Reflexiones sobre la crisis actual

Dic 9 2010

Por Roberto Savio *

En los días que corren, los ciudadanos de todo el mundo se han visto confrontados con una serie de noticias ciertamente impactantes: las revelaciones en WikiLeaks de la manera como los funcionarios americanos ven el mundo y cómo el capital financiero especula usando la debilidad de los estados, que ya alcanza a Italia y empieza a intentar en la propia Alemania.

Se verifican cortes masivos en los presupuestos nacionales de todos los países industrializados, con despidos generalizados, mientras que todos los gobiernos del mundo que se encuentran en la ciudad mexicana de Cancún para enfrentar el vital problema del control climático, ya han declarado que no se va a llegar lejos.

A la luz de estos hechos, habría que empezar a reflexionar sobre algunos temas, que por cierto están ausentes de la información que nos llega todos los días. ¿Es por falta de capacidad del sistema informativo? ¿O porque estos temas no están en el debate político, y por lo tanto no son noticia?.

Hoy ya sabemos que el sistema cada día más comercial de la información –que es vendible, o no sirve, especialmente con la crisis de los medios–, es dirigido cada vez más a los acontecimientos, mientras los procesos están de salida del trabajo informativo. Demasiado complejo leer el mundo y el análisis se va restringiendo progresivamente al ámbito local.

En otras palabras, los diarios no hablan de lo que no acontece. Y si en el debate político un tema no hace parte de la agenda, este nuevo periodismo no lo puede cubrir.

No obstante, es claro que habría que empezar a discutir tres temas, que son la guía de lectura de los acontecimientos: La globalización revertida, el déficit social versus el déficit fiscal y la resaca del post-unilateralismo estadounidense. Comencemos por este último, que es más fácil.

Que Estados Unidos es un país en declive, está cada día mas claro, inclusive para las elites americanas. Hasta ahora, la mayoría de los ciudadanos escapa a esta realidad, inventando movimientos populares como el Tea Party, formado por blancos que quieren por un lado, reducir el papel del Estado para que los ciudadanos asuman el control de su vida, y por otro,el regreso de su país al liderazgo mundial.

Como escribía Roger Cohen, en TheNew York Times, esto es en el interés del pueblo americano y para el bien de la humanidad. Y a Obama le va a costar caro su rol de gestor moderno de la necesidad de reajustar EEUU a su nueva realidad. Las tentativas que ha hecho para iniciar un nuevo dialogo con Rusia o con China, le han creado grandes resistencias.

Washington se presenta en Cancún sin ningún apoyo del Congreso sobre el tema del medio ambiente, y con una pirueta táctica se sale de un papel constructivo abriendo una gran polémica con China, que va a paralizar todo debate real. Y el partido republicano, en los próximos dos años va a intentar bloquear la administración Obama, cueste lo que cueste. El mensaje es muy claro: Obama tiene que perder las elecciones de 2012.

Entretanto, las revelaciones de WikiLeaks no arrojan nada nuevo para los especialistas. Pero demuestran dos cosas: que Estados Unidos sigue convencido que debe gobernar el mundo, a pesar de que George W. Bush ya salió de la escena y que los que dialogan con los diplomáticos americanos les dicen lo que a ellos le gustaría escuchar.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, pidió por escrito que se reúnan todos los datos privados de la clase política de varios países, desde su cuenta bancaria hasta sus actividades privadas. Ningún hombre de Estado americano soñaría con pedir estos datos sobre ciudadanos americanos y la CIA tiene restricciones formales en ese sentido, nada menos que del Congreso.

A la vez, no hay un solo documento en las decenas de miles que se han revelado, en que un informe mencione alguna crítica o desacuerdo de los interlocutores de esos países con los diplomáticos norteamericanos.

Nos guste o no, en su inmensa mayoría, Estados Unidos sigue si no en la borrachera, al menos en la resaca del mundo unilateral en que ha vivido desde la segunda guerra mundial. Estamos cada día más en un mundo multilateral, donde no solo China e India, sino una serie de países antes considerados del Tercer Mundo, de Brasil a Indonesia, empiezan a tener su propia voz y acción en la gobernabilidad mundial.

Pero, si no se tiene en cuenta esa resaca, va a ser muy difícil entender y procesar las relaciones con Estados Unidos.

Es evidente que cuando China se convierta en el primer país industrializado del mundo, alrededor de 2025, en Estados Unidos el proceso de reconversión a la realidad tendría que estar concluido. El camino que este proceso seguirá, es en buena medida imprevisible. Hoy opta por caminos de personajes irreales, como Sarah Palin, que ha aumentado considerablemente su popularidad en los sondajes de opinión, superando a Obama.

La segunda reflexión es más compleja, pero fácil de resumir, ya que esta a la vista de todos. La primera preocupación de los estados es hoy reaccionar ante el capital especulativo, que es mucho mayor que las defensas de que ellos disponen. La opinión generalizada es que el capital especulativo va a insistir en los países que tienen debilidades estructurales en su sistema financiero.

Por lo tanto hay que reducir los déficits fiscales, cortando en el presupuesto del Estado, cueste lo que cueste. En esta conducta, los despidos masivos son prueba de sabiduría política, así como los recortes de los servicios sociales, de educación y salud, postergar la edad de jubilación y usar los fondos de pensiones para salvar a las instituciones financieras, son medidas de modernización.

Nadie, excepto de manera tímida la señora Angela Merkel, ha tocado el tema de la paradoja sin precedentes en la que nos encontramos: los especuladores que juegan contra los estados, si ganan cobran, y si pierden los compensan los mismos estados.

El último cálculo es que mundialmente se han invertido mas de 12 billones de dólares para salvar al sistema financiero. Como parte del plan de socorro, solo el Federal Reserve Bank de Estados Unidos ha distribuido más de 9 billones en títulos a corto plazo, o sea más de la entera economía americana. Citigroup ha recibido 1.8 billones de dólares, MerrylLinch 1.3 billones, Morgan Stanley 1.4 billones y Bear Sterns 960.000 millones.

En diciembre, Wall Street entre bonos y premios va a distribuir 179.000 millones de dólares. La Reserva Federal, que esta imprimiendo 600.000 millones de dólares, para defender su maniobra económica, ha declarado que esto va a crear casi 700.000 puestos de trabajo. Si la creación de un puesto de trabajo va a costar ahora cerca de un millón de dólares, ¿de que institución financiera van a salir los recursos para eliminar el desempleo?

En la lógica del capitalismo, eliminar los riesgos de la ley del mercado, es un error dramático. Ese ha sido siempre el argumento en contra de las lógicas económicas de la izquierda. Pero ahora, esta eliminación no la está llevando a cabo la izquierda, sino todo el establishment político. El déficit fiscal prima mucho más que el déficit social, que normalmente tendría que ser la primera preocupación de la política.

Sube el número de desempleados y se teoriza una nueva economía en que el desempleo sea la normalidad; se asiste sin discusión al hecho que en los últimos veinte años, desde la caída del muro de Berlín, el aumento de la riqueza se va distribuyendo de manera profundamente desigual, concentrándose sobretodo en el 2% más rico de la población.

Este proceso no conoce diferencias ideológicas o políticas. El año pasado, China recibió 37 veces más inversiones privadas que Brasil. Hoy China tiene 89 billonarios, frente a 20 de India y hace dos décadas, ninguno de los dos países tenia billionarios. ¿Estamos frente a una nueva legitimidad del sistema financiero, o a la incapacidad del sistema político?

Llegamos a la tercera reflexión, la globalización revertida. No es un misterio que la globalización económica fue puesta en marcha por el Norte del Mundo, para seguir enriqueciéndose a través de las finanzas y del comercio.

Henry Kissinger designó la globalización como la nueva fase de la supremacía de Estados Unidos. Washington quitó los dos motores de la globalización del sistema de Naciones Unidas, que ha quedado restringida al área de la asistencia al desarrollo, la ayuda humanitaria y a servicios técnicos o sociales, tales como la salud, la educación y todo lo que no genera ganancia. El Comercio, con la OMC, esta fuera de Naciones Unidas. Las finanzas, simplemente no tienen órganos de gobernabilidad. Y las finanzas van donde hay crecimiento, sin ninguna consideración ideológica.

La globalización del transporte ha llevado a un acceso del Sur a los mercados, antes imposible. El proprio Pascal Lamy, director de la Organización Mundial de Comercio, observa que el viaje de cien kilómetros de un contenedor entre Marsella a Aviñón, cuesta lo mismo que enviarlo de Bangkok a Marsella, un traslado de 9.400 kilómetros desde el lado opuesto del mundo.

Lamy observa también que hablar de un producto como algo nacional, es cada día más improbable. Un teléfono, un televisor, un coche, por ejemplo, casi siempre son ensamblajes de distintas fabricas en el mundo, con licencias comerciales y tecnológicas no locales. Así lo descubrió la Unión Europea cuando quiso bloquear las importaciones de China, concluyendo que la mayoría de los bienes eran en realidad producción reubicada de empresas europeas.

Cada vez se habla más, y no casualmente, de los «mercados emergentes», que entraron en el G20, cuyo peso cuenta en los procesos internacionales. No se trata solo de China, India y Brasil, sino también de Indonesia o de Sudáfrica.

En el siglo XVI, los países del norte representaban 20 % del Producto Bruto Mundial (PBM), frente a80% de los que se llamaron después países en vías de desarrollo, correspondiendo a China casi la mitad de este porcentaje. Con el colonialismo, en 1820 saltaron a 30% del PMB y en 1913, con el imperialismo a 60% del PMB. A partir de 1950, el norte ha bajado a 40% del PBM y los países del sur recuperan, alcanzando 60 por ciento.

En otras palabras, la pregunta es: sin acceso a materias primas baratas y mecanismos privilegiados en el comercio con el sur del mundo, habitado por más de 5.000 millones de personas, ¿pueden los mil millones de ciudadanos del norte mantener su estilo de vida y su uso privilegiado del planeta?

¿No es que estamos entrando en un periodo de globalización al revés, que terminará con los privilegios del norte?. Ha llegado la hora de colocar esa interrogante.

Roma, diciembre de 2010.

(*) Roberto Savio, fundador y presidente emérito de la agencia de noticias Inter Press Service (IPS). Publisher de Othernews.