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¿Cómo quedará el mundo?

Mar 8 2011

Por Esteban Valenti (*)

Las grandes protestas populares que ya determinaron la caída del presidente de Túnez Ben Ali, del Rais egipcio Hosni Mubarak y tienen contra las cuerdas a Muammar el Gadafi están teniendo y tendrán en el futuro un fuerte impacto a nivel mundial, en especial entre los países árabes y en el continente africano.

África está en permanente rediseño, por su pasado colonial que dibujó las fronteras con un teodolito separando pueblos, tribus y etnias y generando bombas de tiempo social e histórico de acción permanente o retardada. El penúltimo caso es la división de Sudán. Ahora estamos asistiendo a una serie encadenada de rebeliones en el norte del continente, por causas muy diversas.

¿Qué tienen en común? Se producen en países de mayoría musulmana y estaban y están gobernados por tiranías en el poder – aún con signos diferentes y cambiantes – desde hace muchas décadas haciendo uso y abuso de la represión, de la corrupción más escandalosa y de una situación geográfica privilegiada en relación a Europa y al cercano y al medio oriente. Zona de vital importancia estratégica para el aprovisionamiento de hidrocarburos y el comercio mundial (Canal de Suez). Todos los países tienen altas tasas de desocupación, en especial entre los jóvenes que han sido en todos los casos – como civiles o como militares rebeldes- los grandes protagonistas de las revueltas.

Esto recién comienza, es la expresión más común entre todos los analistas. Hay otros países en revuelta, como Yemen, Barhéim, Marruecos, Argelia, Jordania. Todos países que tienen en común que la mayoría de su población es musulmana, aunque en algunos es de clara mayoría suní y en otras como Barheim el 75% son chiíes, lo que agrega un nuevo factor a las tensiones, lo otro que comparten es que sus gobiernos se mantienen hace varias décadas como dictaduras o como monarquías autoritarias.

Y no son los únicos con estas características. La expresión máxima de la combinación de estos dos factores es Arabia Saudita, con una abrumadora mayoría de musulmanes sunitas y con una monarquía profundamente antidemocrática y autoritaria, con los niveles más escandalosos en la distribución de la riqueza. Arabia Saudita que produce 8 millones diarios de barriles de crudo, es el factor central de todo el esquema mundial de la energía. Es obviamente el principal exportador mundial de hidrocarburos.

Para determinar la continuidad de las protestas, su profundidad y sus rumbos mucho dependerá de los resultados que obtengan. La caída de Gadafi reforzará sin duda el impulso, pero mucho depende de hacia donde irán estos países. Y el abanico es grande y diverso.

En el plano político institucional pueden ir hacia formas de democracia que vayan evolucionando, con participación de partidos diversos o hacia teocracias donde prevalezcan los partidos religiosos más o menos radicales. Utilizar el ejemplo de Turquía, es desconocer la historia y como se forjó en muchas décadas ese equilibrio entre un gobierno actual de fuerte presencia religiosa y fuerzas armadas de clara posición laica. No es la situación en ninguno de los países en crisis o en revuelta.

Hay otra posibilidad y es en algunos países como Libia donde las tensiones tribales son muy fuertes que vayamos hacia procesos de división y de tensiones muy importantes. A una balcanización del país y una prolongada guerra interna.

Los cambios institucionales no tienen porque estar ligados mecánicamente a las políticas económicas y sociales que se apliquen. Las tiranías no consideraban entre sus prioridades el impacto popular de sus políticas, de las enormes riquezas amasadas por pocas familias y la pobreza y la desocupación masiva. Y ante las primeras dificultades importadas de la crisis mundial, aplicaron duras políticas de ajuste, de aumentos de precios y en la explosión popular y la rebeldía militar hay un fuerte componente de descontento de la gente por motivos económicos y sociales. La gente aprendió que puede hacerlo y obtener resultados.

Esto seguramente tendrá cambios, más o menos profundos. Obviamente la lucha interna e internacional por el uso de los recursos petroleros o de otro tipo está abierta, la caída de los dictadores no garantiza que los sectores más ricos de esos países nos combatirán duramente por mantener privilegios, poderes y propiedades. Lo harán, lo están haciendo. Ferozmente. Las riquezas en juego son enormes.

A los intereses nacionales se suman los internacionales. Las grandes empresas petroleras como la ENI (Italia) que absorbe el 32% del total de las exportaciones de crudo, están además la británica BP, la anglo holandesa Royal Dutch Shell y Total, BASF, Statoil, Repsol. Gazprom el gigante del gas ruso tienen cientos de funcionarios en Libia y más de 30.000 trabajadores chinos de la compañía petrolera y de la construcción también se fueron.

Libia tiene una balanza comercial positiva de 27 mil millones de dólares anuales, donde el gas y el petróleo son todo. Cerca de un 85% de las exportaciones libias de energía van a Europa: Italia tiene el primer lugar seguido por Alemania, Francia y China.

Las reacciones a nivel internacional han sido diversas, porque los intereses son muy distintos. China – por ejemplo – que es hoy el socio privilegiado de todos los países petroleros de Africa, con una fuerte presencia de inversiones y de sus propios trabajadores, sigue con mucha atención y preocupación los acontecimientos. Rusia también está en una posición semejante.

«Europa se interesó por los petrodólares, no por la liberación de los pueblos» afirmó en un reciente reportaje Jean-Daniel Bensaïd, la gran figura viviente del periodismo francés. Y agregó «El gran mérito político de esta revolución inteligente que han lanzado los jóvenes es el hecho de haber provocado una enorme fisura en la autoridad simbólica. A partir de ahora, nadie, ningún dictador, autócrata o déspota quedará al abrigo» Y esto vale para todo el mundo, es un mensaje global.

Estados Unidos que a pesar de tener un acuerdo con Libia para la lucha contra Al Qaeda y el terrorismo islámico se ha manejado de manera muy diferente que con Egipto donde en todo momento trató de participar en una transición ordenada, conciente de que es un país clave para todos los equilibrios de la región y del continente y donde los pronunciamientos del gobierno de Israel apoyando a Mubarak eran parte del lastre que lo llevaría al fondo. En el caso de Gadafi hizo prevalecer sus antiguos odios y declaró que prepara “toda la gama de opciones que tenemos a nuestra disposición para responder a esta crisis, incluidas ‘acciones que ponemos emprender solos y otras que podemos coordinar con nuestros aliados a través de instituciones multilaterales” Pero no es sólo el pasado, también mira hacia el futuro…

Están abriendo la posibilidad de una intervención militar directa de los Estados Unidos con o sin la OTAN en Libia, naturalmente con un argumento humanitario. En Libia los Estados unidos tienen todo para ganar y para desplazar a los europeos, chinos y rusos. Es una movida colosal.

Y la disputa no termina aquí. China tiene en la actualidad cinco millones de sus profesionales, trabajadores, técnicos y gerentes en todo el continente africano y sus inversiones son enormes a nivel de construcción de infraestructura y de empresas y en la explotación de materias primas estratégicas. Naturalmente el petróleo.

Estados Unidos e incluso Europa con su pasado colonial a cuestas tiene serias dificultades para seguirle el paso al coloso chino. Sus principales cartas son la influencia en las fuerzas armadas de muchos países a través de los programas de formación y de ayuda en armamento.

La caída en cadena de diversos gobiernos árabes y africanos y las rebeliones en curso son muy diferentes al proceso que derrumbó el muro del Berlín a principio de los años 90, incluso con una diferencia fundamental, esos fueron procesos sin víctimas, una implosión interna y la abstinencia de las poderosas fuerzas armadas de los diversos países. Comenzando por la Unión Soviética. Lo que tienen en común es que agarró a los servicios de inteligencia occidentales otra vez en babia.

En este derrumbe en cadena, la represión y la resistencia de los regímenes va creciendo y se va organizando y ya ha costado miles de vidas y decenas de miles de heridos. ¿El mejor resumen? Esto recién comienza.

(*) Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de www.uypress.net Uruguay.