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La metamorfosis de Hezbolá

Mar 30 2011

Análisis de Mona Alami

BEIRUT, mar (IPS) – El creciente peso de Hezbolá (Partido de Dios) en Líbano lo puso en una situación difícil al tener que conciliar los intereses nacionales de sus seguidores chiitas y de sus patrocinadores iraníes.

«Hezbolá está en un periodo de consolidación y preparándose para la próxima guerra con Israel», aseguró Nicholas Blanford, corresponsal de Jane’s Defence, quien prepara la publicación de un libro sobre el ala militar de ese partido.

Arraigado en la población chiita del sur de Líbano, Hezbolá ha logrado reinventarse en los últimos años. La organización comenzó siendo un grupo armado conocido por sus acciones terroristas como el atentado de 1983 contra la embajada de Estados Unidos en Beirut, que dejó más de 60 personas muertas.

Tras el fin de la guerra civil de 1975 a 1990, el Partido de Dios se transformó en un movimiento dedicado a luchar contra la ocupación israelí en el sur de Líbano hasta 2000, cuando las fuerzas del estado judío se retiraron del territorio.

En la actualidad, Hezbolá es un partido político nacional, que mantiene una fuerza militar paralela a las Fuerzas Armadas regualres.

A lo largo de los años, la organización aprendió a incidir en la política libanesa a su favor, a menudo con el uso de la fuerza.

«Pero los objetivos políticos de Hezbolá, liberar a Jerusalén y crear un estado islámico, nunca cambiaron. El Partido Dios entiende la realidad libanesa, lo que hace que lo último sea más difícil», arguyó Blanford.

«El partido sostiene que ideológicamente defiende la creación de un estado islámico, pero aprendió que no es un programa político práctico por la naturaleza confesional y sectaria de Líbano y por la oposición que afrontarán de la mayoría de la población, tanto cristianos como musulmanes», coincidió el analista político Jospeh Alagha.

Siempre pragmático, Hezbolá eligió, por el momento, archivar su ideología y adoptar un enfoque más «bajado a tierra» y afín con la población y, más importante aun, con sus aliados cristianos.

Además de su ideología religiosa, Hezbolá también debió negociar la legitimidad de sus armas tras el retiro de Israel de territorio libanés. La organización elude el asunto desde 2000 con el argumento de que el estado judío sigue ocupando las granjas de Shebaa.

Pero la liberación de Shebaa es un asunto controvertido porque no hay un acuerdo sobre a quien pertenece. Hezbolá sostiene que es territorio libanés, pero Israel arguye que es sirio. Durante el impasse, el debate sobre la «resistencia armada» se pospuso hasta que Siria se retiró de este país en 2005.

«Otra cuestión delicada en la historia de Hezbolá es, por cierto, la retirada de Siria de Líbano», indicó el investigador Kassem Kassir, especialista en movimientos islámicos.

Hasta 2005, Hezbolá encontró en Siria a un aliado dócil que protegería y justificaría su uso de las armas. Pero el fin de la ocupación siria hizo resurgir el debate dado que el Partido de Dios es el único grupo armado de Líbano.

«Hezbolá debió adoptar un enfoque defensivo en cuestiones internas y externas que le permitiera proteger su programa de resistencia», añadió Kassir.

El nuevo equilibrio de poder no contó con el apoyo general de la población. Muchas de las personas que habían apoyado la resistencia de Hezbolá, pidieron que se integrara al ejército libanés. La situación llevó a una división entre el movimiento «8 de Marzo», encabezado por el Partido de Dios, y el «14 de marzo», liderado por los sunitas.

La situación entre ambas entidades se tensó en 2006, cuando Hezbolá secuestró a dos soldados israelíes y mató a otros tres en una embocada, lo que derivó en una guerra de un mes que le costó la vida a más de 1.200 civiles libaneses.

«Irán y Hezbolá saben que la guerra de 2006 tuvo un alto costo», subrayó Blanford.

Tras el enfrentamiento con Israel, Irán envió dinero a Líbano para sofocar cualquier discrepancia que pudiera surgir dentro de la comunidad chiita. Pero sus planes de tener un mayor poder político no terminan ahí.

El partido pudo impulsarse en el ámbito interno en 2007 mediante una movilización en el centro de Beirut en reclamo de un «presidente de consenso» y poder de veto en el nuevo gobierno después de que el movimiento 14 de Marzo fuera el más votado en las elecciones.

Hezbolá profundizó sus reclamos en mayo de 2008, cuando desplegaron hombres armados en Beirut y en ciertos poblados montañosos en protesta por la ofensiva del gobierno contra su red ilegal de telecomunicaciones.

Otros enfrentamientos violentos profundizaron la brecha entre chiitas y otras comunidades.

«Hezbolá opera esencialmente en torno a dos polos, su obediencia al sistema Wilayat al Fakih, de Irán, y su obligación hacia sus partidarios chiitas», indicó Blanford.

La teoría de Wilayat al Faqih, promovido por el ayatolá Jomeini como una de las bases de la Constitución iraní, declara que los magistrados religiosos deben liderar los gobiernos islámicos.

En los últimos años es claro que Hezbolá está frente al desafío de combinar ambas exigencias.

El líder de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah, no se abstuvo de realizar duras declaraciones contra países árabes favorables a Occidente, como Egipto y, en los últimos tiempos, Barhein, donde fue reprimida con violencia una protesta organizada por la comunidad chiita.

Las duras críticas contra ese pequeño país insular del Golfo tuvieron repercusiones locales significativas.

Bahrein dejó de dar visas a los chiitas libaneses por el discurso de Nasrallah. La medida siguió a la expulsión en 2009 de miembros de esa comunidad de Emiratos Árabes Unidos por razones similares.

El camino que transita Hezbolá parece estrecharse cada vez más. Si estalla un conflicto entre Israel e Irán, sobre lo que especulan muchos analistas y figuras políticas, su imagen decaerá de forma significativa a los ojos de su comunidad. (FIN/IPS)