General

La guerra que Obama no puede ganar

May 26 2011

LUIS MATÍAS LÓPEZ

Obama intenta demostrar que ha llevado la paz y la democracia al Irak que Bush invadió sin motivo y que hará otro tanto con el Afganistán atacado en 2001 para vengar el 11-S.

No es cierto en el primer caso, como lo demuestra que la retirada militar dejó atrás 50.000 soldados, las últimas elecciones condujeron a una agonía para formar Gobierno, el país está en ruinas y la violencia y el terrorismo, aunque mitigados, siguen omnipresentes.

En cuanto a Afganistán, a diez años de la invasión, el balance es aún peor. ¿Democracia? El corrupto Karzai es presidente gracias al fraude electoral. ¿Bienestar? El país sigue en la miseria, con el opio y la ayuda exterior de principales fuentes de ingresos. ¿Seguridad? Ni con las 30.000 tropas adicionales enviadas en 2009 se ha derrotado a los talibanes, fuertes en parte del país y que impiden a los ocupantes y a Kabul controlar el resto. Este será el año más letal de la guerra.

¿Perspectivas? La opción más realista es negociar con el enemigo. Que los objetivos de los talibanes y Al Qaeda no coincidan en aspectos sustanciales permite tratar con los primeros y combatir a la segunda.

¿Lo peor? Que la guerra se extiende por Pakistán, más allá del santuario de las zonas tribales fronterizas. El riesgo de desestabilización de esta potencia nuclear de 170 millones de habitantes, en perpetuo enfrentamiento con India, es hoy la principal amenaza a la paz mundial.

Así las cosas, son visibles las lagunas del plan de iniciar en julio un repliegue parcial del contingente y completarlo en 2014 según la fórmula iraquí: manteniendo unos 30.000 soldados y pasando el testigo al Ejército y la Policía afganos. La euforia y la sensación de misión cumplida tras la muerte de Bin Laden añaden presión interna a Obama, concentrado en demasía en buscar la reelección.

Haría bien entre tanto en repasar los errores que condujeron a la humillante derrota y retirada de Vietnam en 1975 y a la caída en apenas tres años del régimen prosoviético que la URSS dejó atrás al huir de Afganistán en 1989, aunque por diversos motivos no sea previsible en este caso un desmoronamiento tan rápido.

Este es el maldito embrollo en el que también están metidos 1.500 soldados y guardias civiles españoles.

(En página de Opinión, diario Público de Madrid, 26 may 2011)