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Sebastián Piñera en Televisa: ¿error o provocación?

Jul 14 2011

Roberto Pizarro*

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, declaró a la cadena Televisa que el modelo bolivariano encabezado por Hugo Chávez, en Venezuela, Raúl Castro en Cuba, y que siguen Nicaragua, «tal vez Bolivia y Ecuador», no conduce a ninguna parte. Agregó, que los países que hacían bien las cosas eran México, Brasil, Colombia, Perú y Chile.

Estas afirmaciones resultan sorprendentes por varias razones: revelan desconocimiento de la realidad regional; le hacen un flaco favor a su política internacional y, en momentos de cuestionamiento ciudadano al sistema político y económico chileno, existe escasa autoridad para reivindicar este modelo como ejemplo para América Latina.

Piñera desconoce los importantes cambios acaecidos en la región en la última década. Los años 90 eran de pleno neoliberalismo y la derecha hegemonizaba los asuntos políticos. Actualmente, el panorama político y económico es completamente diferente al de los años 90. En efecto, los gobiernos de izquierda en Venezuela, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay, Argentina, al que ahora se agrega Humala en Perú, han configurado un nuevo cuadro político en la región. Por cierto existen diferencias entre estos gobiernos. Sin embargo, todos desafían la hegemonía norteamericana e intentan, con mayor o menor éxito, alejarse de las políticas económicas ortodoxas.

Piñera no debe olvidar que Brasil, al que identifica en su misma lógica económica y política, cerró las puertas al ALCA en la región, mientras Chile era su principal impulsor; tampoco puede desconocer las alianzas estatales entre Petrobas y la estatal petrolera venezolana; finalmente las iniciativas de política industrial y de fomento que impulsa el Bndes de Brasil revelan sustanciales diferencias con el Banco Estado de Chile, que realiza una política crediticia que en nada se diferencia de un banco privado.

Después de las declaraciones de Piñera es probable que las malas relaciones con Bolivia se acentúen y que la “alianza estratégica” con Ecuador se termine.

Meter en un mismo saco al Brasil de Lula-Rouseff y al Perú de Humala es poco riguroso y aventurado. El primero difícilmente puede asociarse al modelo chileno y el segundo, con el triunfo de Humala, es probable que camine por senderos distintos al que impusieran sus anteriores presidentes. Piñera se olvidó de Argentina, Paraguay y Uruguay. No se sabe si por omisión o porque al Presidente chileno le parece suficiente sumar conflictos sólo con los vecinos del norte de la región. Porque en la lógica de Piñera, el gobierno de los Kirchner también debió ser sujeto de su crítica, porque ha apostado por la reindustrialización de Argentina, con un rol activo del Estado y se ha propuesto mejorar sustancialmente la distribución primaria del ingreso entre el capital y el trabajo. Distinto radicalmente al modelo chileno.

En segundo lugar, el cuestionamiento al modelo de desarrollo de estos países resulta sorprendente y poco delicado, en momentos que el presidente Chávez se encuentra convaleciente de una delicada enfermedad.

Pero sobre todo porque desafía a Bolivia y a Ecuador, vecinos que merecen la máxima consideración, para la política exterior chilena. Ambos han ampliado la democracia política y hacen esfuerzos para que los frutos del crecimiento se extiendan a las mayorías. Es cierto que ambos países postulan un Estado más activo en asuntos económicos, regulan el accionar de las empresas transnacionales y han favorecido la instalación de nuevas constituciones. Pero ninguna de esas iniciativas, impulsadas democráticamente, justifica el cuestionamiento que le hace el presidente Piñera.

Con sus declaraciones, Piñera le ha hecho un flaco favor a la política exterior chilena. Las tensiones políticas con Bolivia han crecido últimamente porque no se avanza en una solución a su demanda marítima al Pacífico.

A ello se ha agregado la protesta de Evo Morales por el acuerdo de la inteligencia chilena con la DEA norteamericana para facilitar la captura de René Sanabria, sin informar previamente al gobierno boliviano. Por otra parte, las tradicionales buenas relaciones militares, políticas y culturales de Chile con Ecuador, atenuadas desde la emergencia del gobierno Piñera, se reducirán aún más con Humala en la presidencia del Perú, quien tiene mayores coincidencias económico-políticas con el modelo económico ecuatoriano que con el chileno. En consecuencia, después de las declaraciones de Piñera es probable que las malas relaciones con Bolivia se acentúen y que la “alianza estratégica” con Ecuador se termine.

A la política exterior chilena siempre le ha faltado delicadeza para reconocer y aceptar la diversidad en Sudamérica. Su distanciamiento de la CAF y el rechazo al Banco del Sur han sido expresiones evidentes del compromiso de Chile con las políticas del norte y de su molestia con las iniciativas integracionistas sudamericanas. Así fue con la Concertación y ahora, con Piñera, se persiste en una política de impugnación de gobiernos que entienden la economía y la política de manera diferente al establishment chileno. Ello se acentúa además con un gobierno declaradamente de derecha al que no se le hacen las mismas concesiones que a la Concertación.

En consecuencia, las declaraciones del presidente de Chile merecen dos interpretaciones. Un manifiesto error, un lapsus del presidente, a los que ya nos tiene acostumbrados. O quizás se trata de una provocación deliberada con el propósito de que los gobiernos agredidos reaccionen beligerantemente. En esta lógica Piñera buscaría recuperar mayor apoyo de la opinión pública interna, la que ha caído sustancialmente en los últimos meses frente a una protesta ciudadana que se fortalece cada día que pasa.07/13/2011

*Economista de la Universidad de Chile, con estudios de posgrado en la Universidad de Sussex (Reino Unido). Investigador Grupo Nueva Economia, fue decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, ministro de Planificación y rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (Chile).