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Ataque israelí a Irán no es tan sencillo como parece

Feb 17 2012

Análisis de David Isenberg*
WASHINGTON, 17 feb (IPS) – Pese a la especulación mediática sobre un ataque israelí contra las instalaciones nucleares de Irán en la próxima primavera boreal, hay un considerable escepticismo sobre el éxito de semejante campaña.

El dicho «perro que ladra no muerde» podría aplicarse a Israel.
Este país no puede esperar otro golpe como el de 1981, cuando un ataque aéreo le
permitió destruir el reactor Osirak en Al-Tuwaythah, al sur de Bagdad.

Irán está advertido de la capacidad de Israel y de la precisión de las
municiones con que cuenta, de fabricación estadounidense. El programa nuclear
iraní se encuentra disperso entre 12 y 20 sitios diferentes en un extenso
territorio, en instalaciones construidas para resistir ataques y protegidas por
modernos sistemas rusos de defensa antiaérea.

Se cree que el elemento
más crítico del programa iraní se encuentra en Natanz, en el centro-oeste de ese
país. El corazón de esa estructura es el área centrifugadora, situada en una
sólida construcción subterránea.

Incluso si Israel limita sus objetivos,
debería bombardear otros lugares además de Natanz. Por ejemplo, la nueva planta
de enriquecimiento de combustible nuclear de Fordow, cerca de la ciudad
noroccidental de Qom, adonde los iraníes han llevado 3,5 por ciento del uranio
enriquecido de Natanz, construida dentro de la ladera de una montaña y muy
fortificada.

Hay también una planta de conversión de uranio en Isfahan,
ciudad del centro-oeste, una central de agua pesada que se está construyendo en
la occidental ciudad de Arak y fábricas de centrifugadoras en las afueras de
Teherán.

En línea recta, Natanz está a 1.609 kilómetros de Israel.
Puesto que los dos países no comparten fronteras, los cazas o misiles israelíes
deben sobrevolar espacio aéreo extranjero, y quizás hostil, antes de llegar a su
objetivo.

El método menos riesgoso de atacar Natanz es con misiles
balísticos de medio alcance, como los Jericó II o III. Pero, para recorrer esa
distancia, los misiles deben cargarse con ojivas de peso limitado y es dudoso
que estas tengan el poder de penetrar lo suficientemente hondo bajo tierra para
lograr el grado de destrucción que se busca.

Un operativo de la fuerza
aérea, con cazabombarderos estadounidenses, es la opción más probable. Los
israelíes cuentan con 25 aviones F-15I y con unos 100 jets F-16I.

Los
F-15I pueden transportar hasta cuatro toneladas de combustible, que les permiten
volar unos 4.450 kilómetros. Y si repostan en el aire, el alcance es mayor.
Estos cazas pueden llevar una amplia variedad de armamento, como misiles,
explosivos teledirigidos y bombas de caída libre. En total, transporta unas 10
toneladas de municiones.

El F-16I tiene una autonomía de vuelo que
permitiría a las fuerzas israelíes atacar algunos objetivos dentro de Irán sin
necesidad de repostar combustible.

Si la opción es aérea, la pregunta es
cómo llegarán los cazas desde sus bases en Israel a objetivos situados muy
adentro del territorio iraní.

Podrían volar sobre Arabia Saudita o Iraq,
e incluso sobre Jordania. Cualquiera de esas rutas tiene una extensión de 1.931
kilómetros.

Sobrevolar territorio de Arabia Saudita requiere partir
desde el sur de Israel, ingresar al espacio aéreo saudita desde el golfo de
Aqaba o desde Jordania, volar 1.287 kilómetros hasta el Golfo y luego otros 483
kilómetros en cielos iraníes.

Los aviones serían detectados por los
sauditas. No está claro si sus fuerzas podrían, o querrían, detenerlos. Si es
real el temor de la casa real al desarrollo nuclear iraní, quizás hagan la vista
gorda.

Si la ruta elegida fuera Iraq, las aeronaves deben salir desde el
sur, atravesar entre 483 y 644 kilómetros del espacio aéreo saudita, o una parte
del de Jordania, e ingresar cuanto antes a cielos iraquíes, volar 805 kilómetros
hasta el Golfo y luego hacia el objetivo.

Ingresar a Irán desde Iraq
sería complejo políticamente. Si bien las tropas estadounidenses ya no están en
suelo iraquí, atravesar su espacio aéreo no es posible sin el conocimiento y,
sobre todo, sin el permiso de Estados Unidos.

El punto clave es si los
cazabombarderos israelíes pueden llevar a cabo su misión sin repostar
combustible.

El radio de combate –la distancia que un avión puede volar
de ida y vuelta– es difícil de calcular y depende del peso de las armas, los
tanques externos de combustible y el tipo de misión, entre otros factores.

La estimación más afinada del radio de combate de los F-15I y F-16I,
equipados con tanques de combustibles conformables –empotrados en el perfil de
la aeronave–, dos tanques externos en las alas y una carga de armamento decente,
es de unos 1.609 kilómetros.

Cualquiera de las dos rutas mencionadas
arriba es unos 322 kilómetros más larga. Para cubrir ese trayecto, los cazas
podrían equiparse con otro tanque externo de combustible, pero debería aligerar
su carga de armas. Con la precisión que tiene el arsenal israelí, esto no sería
un problema.

Sin embargo, si el avión es detectado e interceptado, los
pilotos tendrán de deshacerse de los tanques para poder repeler el ataque. Y
arrojar el combustible les impedirá llegar al objetivo.

Repostar en el
aire es una complicación para los israelíes. En los últimos años compraron cinco
aviones de transporte C-130 y entre cuatro y siete aviones cisterna Boeing 707.
Pero cualquiera de estos tendría que asistir a los cazas en espacio aéreo
hostil. El 707 es una enorme aeronave desarmada, muy vulnerable a la defensa
antiaérea.

En teoría, Israel podría hacer todo esto. Pero corriendo un
gran riesgo de fracasar. Si decide atacar Natanz, deberá infligir daño
suficiente en la primera ocasión, y probablemente no pueda efectuar bombardeos
posteriores a otras instalaciones.

La pregunta última es, desde luego,
qué pasará cuando los cazas hayan retornado. ¿Irán no sería capaz de reparar el
daño y acelerar su programa nuclear? ¿O Israel da por sentado que Washington
tomará de su mano la posta e iniciará una guerra de larga duración contra
Teherán? (FIN/2012)

*David Isenberg es
académico adjunto del Cato Institute y colaborador del Straus Military Reform
Project del Centro para la Información de Defensa de Estados Unidos.
(FIN/2012)

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