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Presupuesto para siete años

Nov 21 2012

Por Eric Maurice* – Editorial, Presseurop

Puede que durante los próximos días se perpetúe una gran tradición europea, la de las interminables y airadas negociaciones presupuestarias. El 22 y 23 de noviembre, los líderes de los veintisiete Estados miembros, de la Comisión, del Consejo y del Parlamento Europeo se dan cita en Bruselas para cerrar el próximo “marco financiero plurianual”, es decir, el presupuesto de la UE para el periodo 2014-2020. Y, como muestra de que todo el mundo espera una sesión complicada, los funcionarios, los diplomáticos y los periodistas se preparan para quedarse allí hasta el día 24, e incluso el 25.

Resumamos: el pasado julio, la Comisión propuso un presupuesto de 1,025 billones de euros para ese periodo, un aumento del 5% con respecto al de 2007-2013. Numerosos países, encabezados por Reino Unido que defiende el descuento que negoció Margaret Thatcher, rechazan pagar tanto mientas en todos los países se aplica una política de austeridad. Chipre, que ostenta la presidencia rotatoria, propone un presupuesto 50.000 euros más bajo. Eso no convence a los países reticentes, e inquieta a muchos más, liderados por Polonia, que teme perder gran parte de los fondos estructurales que recibe. El presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, plantea por su parte una reducción de 75.000 millones de euros con respecto al de la Comisión. Francia, que se opone a cualquier merma en el presupuesto de la Política Agraria Común, se suma a los reticentes y a los inquietos que se oponen. Alemania, que es partidaria de un presupuesto que equivalga a un 1% de la Renta Nacional Bruta (RNB) de la UE (que es similar a la propuesta de Chipre), se convierte en el árbitro de todas las discusiones.

En medio de una crisis económica que no se calma y se extiende a los países más potentes de la zona euro y a los países más sólidos fuera de ella, la elaboración de un presupuesto común plurianual podría ser la oportunidad de plantear el futuro de la UE de una forma mucho más concreta que las visiones institucionales, y más en profundidad que la mera puesta en marcha de la austeridad presupuestaria. Ahora bien, quienes van a sentarse alrededor de la mesa del Consejo son líderes armados de reivindicaciones esencialmente nacionales. Todo ello, por supuesto, en nombre del interés europeo.

Por supuesto, resulta legítimo estudiar, discutir y negociar la cantidad y la atribución de los cientos de miles de millones que están en juego (y que provienen del bolsillo de los europeos). Pero tras las sumas que los negociadores tratan de organizar en fórmulas y párrafos complejos para tratar de salvar la cara, son políticas esenciales que convendría definir precisamente para los próximos siete años.

Porque de los presupuestos de la agricultura, del desarrollo regional, o de la educación y de la investigación se derivan las opciones por las que optará Europa para poner en marcha una economía menos ávida de abonos y energía contaminante, para reducir de manera eficaz las desigualdades territoriales, para reinventar una política industrial que beneficie al conjunto del continente, para ayudar a las jóvenes generaciones a salir de la crisis.

En lugar de dar un espectáculo de un regateo nocturno, como Margaret Thatcher, Jacques Chirac o Gerhard Schröder en su tiempo, los líderes europeos podrían demostrar a sus conciudadanos que también pueden imaginar el futuro. Les quedan unos días para no dejar escapar esta oportunidad.

*Periodista francés, redactor jefe de presseurop.eu. Tras finalizar sus estudios en historia y periodismo, se unió a Courrier International en 2000, donde fue responsable de las páginas de Francia, cubrió la actualidad norteamericana y dirigió el servicio de Europa Occidental.

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