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Reflexiones después de Doha 2012

Dic 10 2012

Josep Xercavins i Valls*

Esta ya es la década perdida de la lucha contra el cambio climático

Ni el deshielo del ártico, ni el incremento de catástrofes naturales asociadas al calentamiento global, ni la cada vez mayor alerta científica sobre el tema han servido para nada. Doha ha hecho exactamente lo que le encomendó Durban (este sería un hecho político positivo pero, en este caso, de consecuencias muy nefastas como nefasto fue el resultado de Durban) y lo más a la baja posible.

Después de una lectura muy rápida de los principales documentos aprobados (que como todo el que sigue el tema sabe, no son precisamente sencillos de contextualizar y relacionar) que se pueden encontrar en:

http://unfccc.int/2860.php # decisiones

y de las informaciones que han ido dando diferentes medios de comunicación, me atrevo a dejar escritas unas primeras valoraciones / conclusiones sobre cómo ha quedado y qué futuro se puede prever sobre el estado de las negociaciones en el contexto de la Convención Marco de las NNUU sobre el Cambio Climático.

Kioto II: demasiado nombre para tan poca cosa

Por un lado se ha acabado con el ruido que tanta polémica generaba del segundo período de compromisos del Protocolo de Kioto. Hay pues, finalmente, un Kioto II en el período de 2013 a 2020, siendo el 2020, tal y como aprobó implícitamente Durban, el final definitivo del Protocolo (para volver a evitar la polémica permanente que nos ha acompañado desde 2007 en Bali alrededor de este instrumento que, con todos sus defectos, ha sido y seguirá siendo hasta 2020 el único buque insignia que identificará la lucha comprometida, cada vez más diluida, contra el cambio climático).

Eso si, con la salida de partes (estados) muy importantes (Canadá, Japón y Rusia), de tal modo que, en este segundo período, sólo se han comprometido a algo un conjunto de países que, actualmente, sólo son responsables del 15% de las emisiones mundiales. Y a lo que se han comprometido -lo menos que han podido-, prácticamente ya lo están cumpliendo debido (es el claro caso de Europa, el único actor realmente importante que ha continuado dentro del protocolo) a la crisis económica y al peso de las antiguas economías soviéticas (que económicamente siguen teniendo importantes descensos con respecto a su pasado soviético).

Con todo ello pero (y este pero es en un sentido de «politiquería») se han quitado de encima una piedra en el zapato que daba mucha fuerza negociadora a los países del sur en su reivindicación histórica del principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas.
El correspondiente grupo de trabajo ha quedado disuelto.

Incineración nada gloriosa del «Plan de acción de Bali» y del nefasto Copenhague, pero con una consigna-lastre importante como legado

Por otra parte se han incinerado, efectivamente, los restos de lo que había quedado de la muerte en Durban del «Plan de acción de Bali» que guio hasta Copenhague.

El grupo de trabajo correspondiente, que también ha terminado disuelto, ha cerrado un trabajo, no del todo malo, sin ninguna vinculación legal. Y no ha parado de repetir la cantinela del famoso «acuerdo de Copenhague» (que por no ser ni fue aprobado) según el cual no superaremos los 20C pero sin decir cómo. Que caro que pagaremos esta inútil e insensata sentencia política, mediante la cual las negociaciones siempre acaban con supuestos éxitos, porque reafirman la consigna.

Plataforma de Durban: «despacio que no tenemos ninguna prisa»

Y, finalmente, en el contexto de la Plataforma de Durban en la dirección de un nuevo protocolo (o «instrumento» no identificado similar) a aprobar, teóricamente, en 2015, para entrar en vigor en 2020, pues se han pasado las dos semanas de Doha mirando cómo les sacaban de encima los restos del pasado.

Y claro, buenos y experimentados conocedores de cómo van las negociaciones climáticas no se puede apostar nada acerca de que tendremos el nuevo «instrumento» para 2015 (total, no debe entrar en vigor hasta el 2020. Y quedan muchas noches de ahora hasta entonces para resultados de negociaciones por cansancio). Por lo tanto, tenemos desde el 2013 al 2019 para no hacer nada serio en la mitigación de emisiones. La concentración en la atmósfera de las emisiones de CO2 no parará de crecer porque, a pesar de las crisis, la economía mundial sigue creciendo y creciendo. Y por ello aquella llegada a un pico máximo de concentración en la atmosfera y una posterior bajada hasta las 350ppm (la que había en 1990), no la veremos en ningún caso dentro de esta década que debemos calificar, claramente, como perdida.

A modo de reflexiones finales

a) Pero … y la «madre tierra» ¿que dirá a todo esto? Sólo su sabiduría al nivel de Gaia puede hacer tambalear este panorama tan triste, a costa, claro está, de más desastres y sufrimientos que quién sabe si harán reaccionar a alguien.

b) La Plataforma de Durban prevé que el nuevo «instrumento» debe serlo en el contexto de la Convención Marco de las NNUU sobre el cambio climático. Y este es otro lastre que, en cambio, no nos hemos sacado de encima. El anexo I de la convención con la lista de partes (estados) que se comprometían a mitigar emisiones es obsoleto y, por lo tanto, la convención misma es, desde mi punto de vista, obsoleta. El mundo del año 1992 (en el que se redactó la convención) no se parece demasiado al mundo de este 2012 que ya se acaba. No sé pues como nos lo haremos para, algún día, estar a la altura de las circunstancias,
*Presidente de la asociación proyecto Gobernanza Democrática Mundial. Profesor de la UPC (Universitat Politècnica de Catalunya)

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