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BOLIVIA NOS DEMUESTRA QUE OTRO MUNDO ES POSIBLE

Sep 22 2014

Joe Turnball* – Primera Piedra, Chile

Después de siglos de sometimiento, los pueblos indígenas de Bolivia están mostrando el camino de la sostenibilidad y de la igualdad
El ánimo de lucro que preside el paradigma neoliberal es una de las mayores fuentes, tanto de la degradación ambiental como de la creciente desigualdad económica. Esto se ha traducido en que los 200 individuos más ricos tienen más riqueza que 11 los 3,5 millones más pobres.

Esa última estadística reenvía la «teoría del goteo» del neoliberalismo al basurero de la historia. Su otro gran principio, el crecimiento infinito, puede ser refutado con el simple sentido común ya que vivimos en un planeta finito con recursos cada vez más escasos. Para hacer frente a los problemas de la sostenibilidad y la desigualdad, lo que se requiere no es simplemente innovaciones materiales, sino un cambio de paradigma como un todo.

América del Sur, tan rapazmente devastado por las lógicas del neoliberalismo, está a la vanguardia de este cambio. Al comienzo del nuevo milenio en Bolivia, una ola de protestas populares de base dirigida por grupos democráticos derrotaron con éxito a empresas transnacionales del agua. Los manifestantes protestaban contra una política de ajuste estructural neoliberal típico, donde instituciones como el Banco Mundial y el FMI presionan a los países en desarrollo para vender sus activos a las compañías extranjeras a precios de ganga. En este caso fue el suministro de agua, que rápidamente llegó a ser tan prohibitivamente caro para los sectores más pobres de la sociedad boliviana que no podían acceder al recurso. Esto resultó ser el catalizador para la carrera política de Evo Morales, que culminó con su histórica elección como presidente en 2006, convirtiéndose en el primer presidente indígena elegido democráticamente en América Latina desde 1858.

Desde que llegó al poder, Morales ha logrado la hazaña envidiable de reducir la desigualdad logrando, al mismo tiempo, el crecimiento económico. La tasa de pobreza de Bolivia se redujo en 26% entre 2005 a 2011, sin embargo, el crecimiento ha sido en promedio de más de 4% al año desde 2007. Esto ha estado aún lejos de ser una revolución verde, porque el crecimiento y la redistribución de los ingresos dependen, en gran medida, de la extracción de los recursos naturales de Bolivia. La visión a largo plazo de Morales se centra alrededor de la noción de Suma Qamaña, o «vivir bien».

Este concepto no es simplemente acerca de la prosperidad material, sino que abarca el equilibrio entre las personas y la naturaleza, un bienestar holístico; para vivir bien, pero no a expensas de los demás o del medio ambiente. Está consagrado en la nueva Constitución boliviana y se puede ver en oposición directa al concepto neoliberal de progreso, que equivale a la explotación sin trabas de las poblaciones y recursos en beneficio de una élite transnacional. Como Morales dice: «Nosotros no creemos en una concepción lineal acumulativa del progreso y de un desarrollo ilimitado a costa de otras personas y de la naturaleza. Vivir bien es pensar no sólo en términos de ingreso per cápita, sino de la identidad cultural, la comunidad, la armonía entre nosotros y con la Madre Tierra». Lo central de la estrategia es el empoderamiento de la mayoría indígena subyugada gracias a la distribución del excedente económico resultante de la nacionalización de 34% de la economía.

Como parte de Suma Qamaña, Bolivia tomó la medida sin precedentes de reconocer el medio ambiente como un actor legal. La ley de la Madre Tierra garantiza a ésta, constituir sistemas de vida, incluyendo derechos específicos de las comunidades humanas y entre ellas: el derecho a la vida; la libertad de la alteración genética; el derecho al aire limpio y al agua; el derecho de equilibrio (continuación de los ciclos y procesos vitales); el derecho a la restauración de los sistemas de vida afectados por las actividades humanas; y el derecho a estar libre de la contaminación. Esto está en marcado contraste con la mayoría de las leyes habituales en los países donde la naturaleza y el medio ambiente gozan de muy poca protección legal de los apetitos insaciables de las empresas contaminantes.

Sabiendo muy bien de los efectos devastadores que el cambio climático puede tener, Bolivia no se contenta con pasar unas pocas leyes nacionales. Morales ha sido un abierto crítico de las emisiones de las naciones más ricas, llamando a recortes del 50% de ellas en lugar de los miserables porcentajes ofrecidos por los peores contaminadores.

El Suma Qamaña y la Ley de la Madre Tierra están fuertemente influenciados por la visión espiritual del mundo andino en torno a la deidad de la tierra, la Pachamama, aún así, sus principios parecen sumamente universales. Uno no tiene que creer en una deidad para apreciar la naturaleza y el medio ambiente, y consagrar su protección en los sistemas políticos y legales. lo que tiene sentido intrínseco, tanto desde el punto de vista de la supervivencia como de la sostenibilidad. Pero no es tan simple. Hay países que simplemente emulan una única ley, pero si queremos lograr el cambio de paradigma como un todo se necesita también prestar atención a cómo Bolivia llegó a este punto: una verdadera democratización, dirigida por la población indígena subyugada, con una participación significativa de la mayoría, que debe ser consciente de los problemas y que además comparte la agenda política; no basta con sólo marcar una cruz en una casilla en la jornada electoral y esperar por otros cinco años.

Tal vez es un vestigio de orgullo del hombre blanco que nuestros líderes no aceptan seguir el ejemplo de pueblos indígenas de un país «subdesarrollado»; o, tal vez, tiene algo que ver con todos los intereses empresariales que infestan nuestros procesos democráticos. De cualquier manera, parece que de los pueblos indígenas pueden hacernos ver que un camino más sostenible e igualitario es posible.

*Periodista independiente. Primera Piedra 588, Análisis Semanal del 22 de septiembre de 2014

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