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Grecia: devolverle su sentido a la democracia

Ene 29 2015

Adolfo Sánchez Rebolledo – La Jornada, México

Es difícil recordar un momento tan esperanzador como el de la reciente victoria de la Coalición de Izquierda Radical en Grecia (Syriza), un partido surgido en las aguas profundas de la crisis que sacudió al capitalismo y puso en jaque a la fortaleza europea. El castigo recibido por el país helénico, incomparablemente mayor al de otras economías afectadas por el cataclismo financiero, como las de España, Irlanda o Portugal, lo puso en un callejón sin salida, a merced de los dictados de la potencia alemana, artífice mayor de las políticas de austeridad salvaje impuestas en Europa desde 2008.

Sin embargo, el fracaso de los grupos de poder y la resistencia a favor de la sobrevivencia más elemental para afrontar la crisis alentó la creación de una opción política que, admitiendo las reglas democráticas, pudo convertirse en una alternativa creíble frente a los discursos convencionales de la tecnocracia, de las izquierdas conocidas y la extrema derecha emergida según su vertiente más hostil y de masas. El liderazgo de Alexis Tsipras, un personaje de izquierda formado en el río de la indignación popular europea, pasó a representar un símbolo para todos aquellos que consideran posibles otras políticas, distintas por sus fines a las que hoy aparecen como las únicas posibles en el mundo global. Tsipras mantuvo la serenidad sin aflojar sus compromisos y supo eludir las provocaciones y la política del miedo con la cual se le quería involucrar en una aventura irracional contra el euro y las instituciones comunitarias, sin darle oportunidad de aplicar nuevas ideas para cambiar el rumbo. Gracias a eso, sobrevivió y consiguió tejer una red solidaria capaz de ganarse a la mayoría que hoy ha vencido en las urnas.

No es sorprendente, por tanto, que la izquierda cosmopolita y, en particular, corrientes como Podemos en España (coincidentes mas no idénticas en un repertorio de temas), sientan el triunfo como propio, aunque el mismo Tsipras ya ha señalado sin falsos optimismos que el camino que viene será aún más duro y difícil. Sin embargo el viraje ya es formidable. Permítaseme, pues, traer a cuento algunas de las reacciones que nos ayudan a comprender lo sucedido y lo que viene, comenzando por el apunte del periodista griego Yiannis Mantas cuando escribe: “La gente en Grecia tiene muchas expectativas. Pero hay que aclarar algo: los griegos no esperan que a partir de ya los problemas se solucionen de forma mágica. No es lo que piden, o por lo menos no es esta la prioridad. La prioridad es que se recupere la justicia y la dignidad, valores que durante los últimos años perdieron por completo su significado”. Junto a estos matices indispensables, hemos leído en estos días comentarios que merecen glosarse.

Por lo pronto, el economista superstar T. Pikkety, justo en el contexto electoral griego, dijo que Europa requería de una revolución democrática, desatando la irritación de los grandes partidos dominantes, al tiempo que contradecía con todas sus letras las políticas de Bruselas para Atenas. El célebre estudioso de la desigualdad señaló que a Syriza le toca “… como primerísima cosa una renegociación de la deuda pública, una ampliación de los plazos y, eventualmente, condonaciones de verdad de algunas partes. Es posible, se lo aseguro. ¿Se han preguntado por qué Norteamérica va viento en popa, como la Europa que está fuera del euro, como Gran Bretaña? Pero ¿por qué Italia debe destinar 6 por ciento de su PIB a pagar los intereses y sólo uno por ciento a la mejora de sus escuelas y universidades? Una política centrada solamente en la reducción de la deuda resulta destructiva para la eurozona. Segundo punto: (se requiere) una centralización en las instituciones europeas de políticas de base para el desarrollo común a partir de la fiscal y, a lo mejor, reorientar esta última gravando más las mayores rentas personales e industriales”.

Entre otros analistas, el ex ministro de Economía del gobierno de Letta en Italia Stefano Fassino se pregunta por los cambios de gran calado que están implícitos en el triunfo de Syriza y no duda en formularlos como la ruptura de un modelo hasta ahora intocado. Cito in extenso: “Lo que está en juego –escribe en SinPermiso– es, en primer lugar, la reanimación de la democracia sustantiva tras una larga fase de hibernación, debida a causas culturales y políticas antes que económicas. En el plano cultural, plantea un desafío en términos competitivos, esperemos que victoriosos, al pensamiento único de matriz neoliberal. Por primera vez en unas décadas en Europa, el partido a la cabeza en las encuestas de voto expresa un paradigma que es autónomo del neoliberalismo, versión hard (derechas) o soft (izquierdas de la “tercera vía”), y propone una receta alternativa y realista a la devaluación del trabajo: recorte de la deuda, subida de la demanda agregada, estado de bienestar universal, inversiones, normativa de despidos menos desequilibrada, redistribución de la renta empezando por un nivel digno en el salario mínimo. Por primera vez en unas décadas, en Europa, el partido ganador… desvela, más allá del conflicto económico entre estados, la naturaleza de clase del conflicto entre acreedores y deudores, donde la aristocracia de las finanzas y de la economía internacional e interna, ayudada por una tecnocracia presuntamente por encima de las partes, afirma sus intereses, de modo miope y feroz, contra las clases medias y el pueblo del trabajo subordinado, dependiente, precario o autónomo. Por primera vez en unas décadas, la alternativa posible al neoliberalismo es popular sin ser populista y asume caracteres progresistas y no signos nacionalistas o xenófobos”. Nada de esto será sencillo, pero la moneda está en el aire. Toca ahora a la lucha política en Grecia, Europa y el mundo probar que todo esto es posible, sin esquemas preconcebidos sacados de algunos manuales extraviados. Mientras, como afirma Stefano, Grecia puede comenzar el arduo camino de devolverle su sentido a la democracia. (29.01.15)

Anexo:

Señoras y señores: los ciudadanos

Por Luis García Montero – Público.es

Muchos periodistas y tertulianos políticos preguntan cómo va a conseguir Alexis Tsipras romper las normas de austeridad impuestas por los capitanes económicos de la Unión Europea. Centran después sus preguntas en el pago de la deuda. Son, claro está, preguntas retóricas para sugerir que las promesas electorales que ha hecho Syriza no se podrán cumplir. ¿Por qué va a conseguir Tsipras lo que no han conseguido otros políticos más amigos del Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y Angela Merkel?

Las preguntas retóricas no se interesan por las respuestas. Son ejercicios de afirmación oblicua, y en el caso de Grecia lo que se intenta es denunciar las intenciones de una izquierda radical, populista, demagógica, peligrosa e inútil. ¿Más adjetivos? Pues todos los que se quieran. En España hay un amplio abanico de adjetivos para descalificar a Izquierda Unida y Podemos. En los últimos tiempos, no cabe duda, Podemos ha desatado la imaginación verbal de los poderes españoles que temen una catástrofe. Profetizan, advierten, amenazan.

En esta situación conviene recordar que lo importante no es lo que Alexis Tsipras vaya a decir a Alemania. Lo importante, lo que puede cambiar las cosas, lo que puede abrir un tiempo nuevo, es lo que han dicho en las urnas los ciudadanos. De pronto toda Europa se ve en la obligación de escuchar la opinión y la voluntad de los ciudadanos, algo novedoso en unas democracias impotentes y acostumbradasya a olvidar las pretensiones de la soberanía popular en favor de los lobbies económicos.

Y los ciudadanos griegos han dicho tres cosas de valor político:

1).- Que no resisten más una programación social, política y económica elaborada en contra de la gente. En la novela La mano invisible, Isaac Rosa contó la historia de unos trabajadores que eran sometidos a una meticulosa prueba de resistencia y explotación. Una nave industrial se convertía en un gran laboratorio humano para ver hasta dónde llegaba la paciencia, el egoísmo, la solidaridad y lasderrotas de los protagonistas.

Eso es hoy Europa: la geografía de unas políticas descarnadas que favorecen la pérdida de derechos, el empobrecimiento de las mayorías y el enrequecimiento de las élites. El capitalismo alemán, con la ayuda de las distintas élites nacionales, ha extremado los mecanismos de enrequecimiento a costa de liquidar los derechos laborales y golpear el poder adquisitivo de los ciudadanos. Los votantes griegos han dicho que basta ya, que no aceptan una democracia basada en unas cuantas libertades formales, pero sin relación con un sistema equitativo en la producción y el reparto de la riqueza. El capitalismo especulativo ha encontrado en la deuda una fórmula de neocolonialismo, y los ciudadanos griegos han dicho que no aceptan la situación y que ya está bien de considerar salvadores de su patria a aquellos que la están devorando. Se ha encendido la alarma roja en el termostato del laboratorio.

2) Que no se tragan una vez más las mentiras de un poder mediático en manos de los especuladores. La situación de estafa es tan larga y tan grave que ya no funcionan las manipulaciones del miedo. Nuevas formas de comunicación, además, han roto el dominio absoluto de los que crean opinión al servicio de un sentido común, un miedo y una prudencia dibujada por las élites. La experiencia de carne y hueso ha agrietado la realidad virtual de la especulación. Agamenón y su porquero tienen perspectivas distintas sobre la verdad.

Y 3) Que ya no es creíble un partido que se llama socialista y que responde a los engranajes más profundos del neoliberalismo actual cada vez que gobierna. Los llamados partidos socialdemócratas no sólo son responsables de colaborar en la creación de una Europa injusta, sin un Estado capaz de regular la economía y amparar a los ciudadanos, sino que parecen imposibilitados para renovarse a sí mismos. No pueden ni quieren salirse del mar neoliberal en el que flotan perdidos, sumisos y cada vez menos útiles. Los cambios generacionales no suponen aquí un cambio de políticas. En España, por ejemplo, la diferencia más grave que se da hoy entre el PSOE y el PP, es que el PP sigue siendo útil ideológicamente para muchos de sus votantes y el PSOE es una inutilidad para los suyos.

Lo importante no es lo que tenga que decir Alexis Tsipras, sino lo que ha dicho la ciudadanía griega. Si Tsipras consigue llevar la palabra de los griehos a los ámbitos de la representación política, las élites económicas tendrán que oírlo y toda Europa recibirá una lección de democracia. Es la única manera de hacerle ver a los especuladores y sus vasallos que la población no está dispuesta a soportar más los experimentos del laboratorio. Y no se olvide: la bondad de los poderosos nace de su miedo o de su egoísmo. Sólo dejarán de ser crueles cuando sientan que es mejor perder un poco que perderlo todo.

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