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La nueva izquierda europea

Feb 18 2015

Por Luis C. Turiansky – Revista Digital VADENUEVO, Uruguay

La anunciada victoria de la «izquierda radical» griega no fue una sorpresa para nadie, porque lo único para apostar era si sacaban la mayoría absoluta en el Parlamento. No la sacaron, pero Europa ya no es como era.

Las grandes protestas masivas contra el orden establecido que conmovieron Europa y Estados Unidos en 2011 y 2012 carecían de propuestas alternativas. Eran solo actas de acusación sobre los males del sistema y representaban la “indignación” que, en sus tiempos respectivos, reclamaron Bertolt Brecht y Stéphane Hessel.[1] Fueron la noticia durante sus movilizaciones callejeras pero no dejaron huellas al abandonar la escena, salvo su probable utilización como modelo útil para desestabilizar a regímenes incómodos.
La crisis iniciada en 2009, además de profundizar las contradicciones, particularmente en Europa, impuso la necesidad de pasar a formas superiores de lucha, a través de plataformas políticas. Fue en los países más afectados, en el Mediterráneo, que los resultados han sido más notorios.

EL FENÓMENO SYRIZA. Grecia, considerada la patria de la democracia, sufrió durante muchos años una cruel dictadura militar. Su retorno a la vida republicana en 1975 estuvo marcado por la alternancia en el poder entre dos partidos predominantes, la Nueva Democracia, de tendencia liberal‑conservadora, y el Movimiento Socialista Panhelénico (cuyo acrónimo griego es PASOK). Sendos clanes familiares han dominado históricamente ambas formaciones, los Karamanlis por un lado y los Papandreu por el otro. El actual sucesor de la segunda dinastía nombrada, Gueorgui Papandreu, hijo del fundador de PASOK Andreas Papandreu y primer ministro de 2009 a 2011, abandonó recientemente el partido para fundar otro. De todos modos pesaba sobre él la amenaza de expulsión, debido a su responsabilidad personal en el escándalo que disparó la gran crisis financiera que hundió al país, comprometiendo seriamente a los socialistas.

En 2011 se descubrió que su gobierno había adulterado las cifras sobre la deuda externa con el fin de presentar en el exterior una imagen más favorable de la situación económica del país. Esto precipitó una crisis de fiabilidad en la economía griega en los mercados internacionales, la caída del gobierno y la intervención de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. La terapia impuesta por estas instituciones golpeó duramente sobre todo a los sectores más modestos de la sociedad, precisamente los que nada tenían que ver con la corrupción ni con las maquinaciones del gran capital. Los indicadores de desempleo superan el 25 por ciento, incluyendo a la mitad de la fuerza de trabajo joven; un tercio de la población vive por debajo del umbral de pobreza y tres millones de personas se encuentran fuera del seguro de salud. En medio de la ola de protestas y enfrentamientos con las fuerzas del orden frente al Parlamento, un viejo jubilado se inmoló dejando un cartel que decía: “No puedo vivir de mi jubilación”. No obstante el repudio general, el nuevo gobierno de Antonis Samarás aceptó todas las condiciones de austeridad social exigidas por los prestamistas internacionales.

Es en medio de este ambiente convulsionado que la Coalición de Izquierda Radical, más conocida por su acrónimo SYRIZA, se transformó en partido en 2013, lo que le permite aspirar a la bonificación de 50 escaños suplementarios (en un total de 300), prevista para el partido más votado. Algunas fuerzas integrantes no aceptaron fusionarse, como el grupo “Ciudadanos Activos” del legendario Manolis Glezos, pero mantienen sus vínculos de cooperación y alianza. Fuera de la coalición se mantiene el viejo Partido Comunista, enquistado en su rechazo a la Unión Europea, al euro, al FMI y todo lo demás, pero de escaso poder electoral.

Líder carismático del nuevo partido es Alexis Tsipras, un ingeniero civil de 40 años que fue miembro del Partido Comunista y militó en el movimiento estudiantil, le puso a un hijo el nombre Ernesto en honor al Che y ganó prestigio participando en grupos independientes de izquierda. El espaldarazo al nuevo partido fueron las elecciones europeas de 2014, en las que venció a la derechista Nueva Democracia, encaramada en el poder desde la crisis de 2011. Convertida en nueva alternativa de poder, se dio el lujo de decidir la convocación de elecciones extraordinarias al bloquear en el Parlamento la elección del nuevo Presidente de la República. Las encuestas previas le daban una victoria segura y en los círculos de derecha europeos cundió el pánico.

La campaña de descrédito y amenazas de los grandes medios fue especialmente morbosa. Qué no se dijo contra Tsipras y su movimiento, que iban a destruir el sistema monetario europeo único, que volverían a la vieja dracma helénica, que se retirarían de la Unión Europea y llevarían a Grecia a la bancarrota al repudiar la deuda externa… También que carecían de un programa económico sólido, en una palabra que su eventual victoria electoral sería una gran desgracia y traería mucho sufrimiento adicional al pueblo griego y a los europeos en general, cuando lo peor ya estaba pasando. De hecho, nada de estas afirmaciones figura en el programa del nuevo partido, de modo que “retirarse de la UE” hay que entenderlo como un eufemismo cuyo verdadero sentido es la expulsión lisa y llana de un socio indisciplinado.

Sin embargo, la gran mayoría del electorado no se dejó amedrentar. Los resultados de la elección son elocuentes: SIRIZA llega en primer lugar con el 36% de los votos (en Grecia, como en Uruguay, el voto es obligatorio), seguida por la Nueva Democracia con el 24%. Con los 50 diputados de premio que le corresponden al partido vencedor, SYRIZA termina rozando la mayoría absoluta, es decir 149 puestos en 300. La extrema derecha, “Alba Dorada”, se afirma como tercera fuerza, lo cual no deja de ser un motivo de preocupación, sobre todo ante la derrota de los socialistas, pero sigue bastante de lejos a los dos primeros.

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Documento :

SYRIZA
El programa de Salónica (octubre de 2014)

EL CONTEXTO DE NEGOCIACIÓN

Reclamamos elecciones parlamentarias inmediatas y aspiramos a un fuerte mandato de negociación con el objeto de:

· Anular la mayor parte del valor nominal de la deuda pública para hacerla sostenible, a través de una Conferencia Europea sobre la Deuda. Ocurrió en el caso alemán en 1953. También puede hacerse ahora para el sur de Europa y Grecia.

· Incluir una “cláusula de crecimiento” para el pago del resto de la deuda, a fin de que se financie con arreglo al crecimiento y no con cargo exclusivo al presupuesto.

· Incluir un período de gracia sustancial o “moratoria” del servicio de la deuda a los efectos de ahorrar fondos con destino al crecimiento.

· Excluir la inversión pública de las restricciones establecidas por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (de la Unión Europea, n. del trad.).

· Instaurar un “Nuevo Trato Europeo” sobre inversiones públicas con financiación del Banco Europeo de Inversión.

· Medidas de alivio cuantitativo a cargo del Banco Central Europeo mediante la compra directa de obligaciones del Estado.

Por último, declaramos una vez más que para nosotros sigue abierta la cuestión de los préstamos del Banco de Grecia arrancados durante la ocupación nazi. Nuestros interlocutores lo saben. Será la posición oficial de Grecia desde los primeros días de nuestro gobierno.

Basándonos en este plan, nos esforzaremos por lograr una solución socialmente viable del problema de la deuda de Grecia a partir de la creación de nuevos valores y no mediante un mayor déficit que prive a la sociedad de sus recursos.

Con este plan, conduciremos al país de manera segura a la recuperación y la reconstrucción productiva mediante:

· El aumento inmediato de la inversión pública en 4.000 millones de euros como mínimo.

· La inversión gradual de todas las injusticias del Memorándum (de entendimiento con el FMI, n. del trad.).

· Una restauración gradual de salarios y pensiones con el fin de estimular el consumo y la demanda.

· La concesión de incentivos en favor del empleo a las empresas pequeñas y medianas, así como subsidios para cubrir costos de energía a la industria, a cambio de la adopción de cláusulas de protección del empleo y el medio ambiente.

· La inversión en la esfera del conocimiento, la investigación y la nueva tecnología, con el fin de permitir el regreso de los jóvenes científicos que emigraron estos últimos años.

· La reconstrucción del Estado de bienestar, la restauración del imperio de la ley y la creación de un Estado en el que sean los méritos lo decisivo.

Estamos dispuestos a negociar y trabajamos por las más amplias alianzas en Europa.

(Traducido del inglés por el autor)

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El programa en sí no tiene nada de revolucionario y no justifica el nerviosismo de la banca internacional. La parte aquí reproducida se acompaña de lineamientos de política económica y de reconstrucción del Estado que poco difieren de las orientaciones de muchos gobiernos actuales en Latinoamérica. Es cierto que un documento anterior, de 2012, era bastante más radical y se planteaba también la salida de Grecia de la OTAN (pero no de la UE ni de la zona del euro); se ve no obstante que lo que más duele a los acreedores es la posibilidad de que el nuevo gobierno griego se aparte de la dura política de austeridad que le habían impuesto al anterior. Ahora bien, al no haber alcanzado la mayoría absoluta en el Parlamento, SYRIZA ha tenido que negociar con sus eventuales aliados. Precisamente la elección del único compañero de coalición gubernamental ha sorprendido bastante: se trata de un pequeño partido nacionalista de derecha, “Griegos Independientes” (ANEL). Los motivos son sin duda de orden pragmático, en momentos en que una coalición estratégica de la izquierda se excluye dada la posición intransigente de los comunistas y el compromiso de los socialistas con la línea dominante en la Unión Europea. Da la casualidad que ANEL coincide con SYRIZA en la defensa de los intereses nacionales frente a la expoliación de las instituciones financieras. Fenómeno típico de la política europea actual, en la que el abandono de los objetivos de soberanía nacional por la socialdemocracia tradicional conduce a la toma de estas banderas por la derecha nacionalista.

Del éxito o fracaso de la experiencia griega depende la apertura de un proceso de renovación de las instituciones europeas o su anquilosamiento y conversión en pieza de museo. Una de las situaciones más cercanas a la experiencia griega se da en España, como puede verse a continuación.

EN ESPAÑA TAMBIÉN SE PUEDE. Todos nos acordamos de las jornadas de los “Indignados” y la ocupación de las plazas públicas, particularmente en Madrid la Puerta del Sol. Sus actores rebosaban de imaginación y entusiasmo juvenil, pero rechazaban la política como tal, hartos como estaban de la corrupción generalizada, y no pensaban siquiera participar en las elecciones previstas para poco después. Tampoco proponían alternativas. Fue necesario que esta experiencia madurara y que algunos sectores más experimentados retomaran la bandera de la crítica con un sentido de reconstrucción de la sociedad, para que el esfuerzo pudiera traducirse en acción política, lo único capaz de cambiar las cosas.

“Yes, we can” fue el lema electoral de la primera campaña de Barack Obama en 2008. Su fuerza simbólica estaba vinculada al hecho de que se iba a elegir al primer Presidente negro de los Estados Unidos. Signo de nuestros tiempos eclécticos fue su posterior adopción por los más variados movimientos y en torno a los objetivos más heterogéneos. Curiosamente, en España lo adoptó un movimiento surgido de la oposición radical al capitalismo y cuyo Secretario General, Pablo Iglesias, proviene de un pasado antifranquista de vieja alcurnia. En pocos meses, Podemos se impuso a nivel europeo y hoy no oculta la pretensión de ganar las próximas elecciones nacionales. Hasta el punto que el Jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, maniobra a los efectos de postergar las elecciones, que normalmente deberían tener lugar a fines de este año, hasta comienzos del año próximo, en la esperanza de que mientras tanto haya pasado lo peor de la crisis y que la mejoría económica alegre los corazones de los españoles como para otorgarle otro mandato.

Por otro lado, sin embargo, la victoria de SYRIZA en Grecia puede dar nuevos impulsos a las ansias renovadoras del electorado. Ambos movimientos son bastante cercanos y a sus líderes, Alexis Tsipras y Pablo Iglesias, unen años de amistad. En España falta una sólida tradición de convivencia y colaboración de la izquierda, no obstante la coalición Izquierda Unida aparece como un aliado natural de Podemos. Las siguientes pruebas será toda una serie de elecciones locales y regionales, que servirán de fogueo a la nueva formación.

En el proyecto de “Documento económico para la gente”, elaborado a pedido de Podemos por los economistas Vicenç Navarro y Juan Torres López a los efectos de un debate público, se plantea el objetivo de “democratizar la economía para salir de la crisis mejorando la equidad, el bienestar y la calidad de vida”. Obsérvese este concepto, “democratizar la economía”: coincide casualmente con la conclusión del artículo Los avatares de la democracia en este mismo número y representa una visión optimista del posible retorno del ideal de justicia social a la política real europea.

Un elemento novedoso de este movimiento es que todas las decisiones importantes se refrendan por el voto electrónico del conjunto de miembros registrados, es decir todo lo contrario de las tradiciones partidarias precedentes, basadas en una dirección central. Así por ejemplo, la versión final de los “Principios políticos” fue aprobada por 112.070 votos favorables. Lo permite la tecnología moderna y no está excluido que sea un anticipo de las formas participativas de la sociedad futura.

EL TURBULENTO CONTEXTO REGIONAL. Mientras el Mediterráneo se agita y mueve hacia la izquierda, en el otro extremo del continente, en Suecia, país de generosas tradiciones solidarias de las que también se beneficiaron nuestros compatriotas durante la dictadura, las encuestas admitían la posible victoria del partido nacionalista de extrema derecha “Demócratas de Suecia” en caso de realizarse las elecciones en marzo de este año en respuesta a la crisis producida por el rechazo del proyecto de Presupuesto Nacional en el Parlamento. Finalmente, los partidos de la coalición gobernante llegaron a un acuerdo con la oposición, ya que más vale convivir en sus diferencias que correr el riesgo de que la vida política sueca caiga en una espiral de prejuicios y fanatismo.

Lo que está en juego es el fantasma de la inmigración masiva y los problemas de integración, particularmente de la población de cultura islámica, junto con la exacerbación de los sentimientos xenófobos de la población autóctona. Porque el sangriento atentado de París el pasado 7 de enero contra la redacción de la revista Charlie Hebdoy sus secuelas son quizás la parte más visible del drama actualmente, pero tampoco hay que olvidar la matanza de jóvenes socialdemócratas noruegos perpetrada en 2011 por un terrorista perfectamente “ario”, que quería con su acto castigar a quienes creía responsables de la inmigración masiva de gente extraña al país. Invitaciones a una “guerra santa” desde posiciones cristianas hoy se oyen aquí y allá, incluso a nivel de jefe de Estado, como las recientes declaraciones del presidente checo Milos Zeman llamando a una guerra global “bajo la égida del Consejo de Seguridad” contra el Estado Islámico;[2] todo parece dar la razón a Samuel Huntington y sus predicciones contenidas en el libro El choque de civilizaciones.[3]

El nuevo jefe del Gobierno griego Alexis Tsipras ha encontrado en su reciente gira europea palabras de comprensión y apoyo en el sur, en Italia, donde gobierna una izquierda más moderada pero que también aspira a una reforma del sistema europeo de ayuda e inversiones, y también en la Francia del socialista François Hollande, partidario del crecimiento como orientación estratégica, en lugar de la austeridad que ordena su compatriota Christine Lagarde desde el FMI.

Al mismo tiempo, sin embargo, el conflicto frontal entre Occidente y Rusia en torno a los destinos de Ucrania sigue siendo la principal amenaza capaz de arrastrar al mundo a una conflagración de consecuencias inimaginables. Hoy Grecia se da el lujo de adoptar una actitud más independiente en este terreno, sin pararse a pensar ni un minuto que con esta posición de principio probablemente perjudica la búsqueda de un compromiso en los temas relacionados con la deuda, que tanto necesita resolver.

¿Podrá el nuevo gobierno griego realizar su programa en medio de tantos desafíos? En todo caso, el estilo político ya está cambiando y tal vez podamos ser testigos de cambios más profundos en el plano social. Quienes deseamos un mundo más justo no podemos dejar de apoyar las esperanzas suscitadas por estos nuevos movimientos de izquierda europeos y desearles el mayor de los éxitos. (www.vadenuevo.com.uy)

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