General

¿La tragedia griega llegó a su fin?

Feb 27 2015

Ulises Noyola Rodríguez – ALAI

Gracias a la victoria electoral de Syriza, Grecia pudo salir provisionalmente del programa de austeridad impuesto por la troika (conformada por el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea) implementado desde 2011.

La recuperación de la economía está vinculada con la renegociación de la deuda pública, que alcanzó los 320,000 millones de euros en 2014 (175% del PIB nacional). Los principales acreedores del gobierno griego son el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Fondo de Estabilidad Financiera (FEF) y el Banco Central Europeo (BCE), instituciones que poseen 76% de las obligaciones gubernamentales, según la empresa de análisis estadístico Citi Research.

En busca de apoyo, el primer ministro Alexis Tsipras, así como el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, visitaron Londres, París, Roma, Nicosia y Fráncfort las primeras semanas de febrero, con la mira puesta en alcanzar un acuerdo a su favor en el encuentro con el Eurogrupo (compuesto por los 19 ministros de Finanzas de la Zona Euro). No obstante, los dirigentes europeos se alinearon en torno a la posición de Alemania y con ello, desecharon las demandas del gobierno griego: la emisión de deuda por un monto de 10,000 millones de euros y la devolución de las ganancias de los bonos griegos con vencimiento del BCE.

La negativa del BCE precipitó el cierre del financiamiento de corto plazo al sistema financiero griego. En consecuencia, la única fuente disponible de crédito en la actualidad es la Asistencia de Liquidez de Emergencia (ELA, por sus siglas en inglés), también sujeta a la aprobación del BCE. Es indudable, el BCE buscó echar abajo las propuestas de Grecia.

Las negociaciones del gobierno helénico con el Eurogrupo fueron cruciales para alcanzar un arreglo provisional. Lo anterior se confirma con el vencimiento de las obligaciones pendientes para el mes de marzo, que alcanzarán 3,500 millones de euros. Muy a su pesar, Grecia aceptó finalmente prorrogar el programa de emergencia de la troika por cuatro meses, acción que ayudará al gobierno a pagar sus obligaciones de corto plazo.

La reestructuración de la deuda quedó sin resolver, Grecia deberá esperar hasta mediados de año, cuando finalice el programa de emergencia. El monto del superávit primario también quedó indefinido en las negociaciones con el Eurogrupo. En los meses venideros se realizará una nueva estimación de acuerdo a la evolución de la economía griega.

El primer plan de reformas enviado a Bruselas el lunes 23 de febrero por el gobierno griego está dividido en cuatro rubros: política fiscal; política de estabilidad financiera; política para promover el crecimiento; y política para resolver la crisis humanitaria. Este programa deberá aprobarse por los parlamentos nacionales de la Zona Euro a más tardar a finales de abril.

En primer lugar, las medidas de política fiscal tienen como objetivo aumentar los ingresos del Estado a través de la eliminación de la evasión fiscal y la modernización del sector público. De acuerdo con la misiva, estas acciones permitirán al gobierno de Atenas equilibrar el saldo de las cuentas públicas que anteriormente representaban una carga significativa.

Sin embargo, el gobierno de Alexis Tsipras manifestó su compromiso de no emprender acciones que afecten el superávit presupuestario. De este modo, la implementación de un plan de inversiones de largo plazo financiado por recursos públicos está descartada por las restricciones presupuestarias impuestas por el Eurogrupo.

En segundo lugar, la política de estabilidad financiera pretende disminuir las obligaciones de los sectores de la población de menores ingresos, mientras que obliga a los sectores más acaudalados a liquidar sus deudas con el sector financiero. Además, Grecia implementará mecanismos para reestructurar la deuda privada. Consideran urgente evitar la deflación en el sector inmobiliario y la insolvencia de los créditos otorgados por el sistema bancario.

Sin embargo, el gobierno griego sólo se limita a reducir el endeudamiento privado de los sectores más vulnerables. De esta manera, el plan de reformas no plantea la creación de instrumentos que incentiven a los bancos griegos a realizar préstamos a las pequeñas y medianas empresas: la incidencia del sistema bancario griego sobre la recuperación económica brilla por su ausencia.

En tercer lugar, la política para promover el crecimiento respetará las privatizaciones en curso. Y sólo aceptarán inversión extranjera directa en los sectores productivos que apoyen la recuperación. En cuanto a las reformas del mercado laboral, tienen el objetivo de extender el programa de empleos temporales, aumentando el salario mínimo en estricta consulta con Bruselas.

Actualmente, el salario mínimo en Grecia es de 683.76 euros mensuales, cifra muy por debajo de la remuneración promedio en la Zona Euro, que es de 952.65 euros. El programa de masificación de empleos temporales, sin cambios en el salario mínimo, no tendrá un efecto multiplicador en la dinamización de la actividad productiva ni en la ampliación del mercado interno.

Y en cuarto lugar finalmente, la política de ayuda humanitaria abordará el problema de la pobreza extrema en Grecia mediante la provisión gratuita de los servicios de electricidad, salud, alimentación y asilo. De esta manera, el gobierno griego evaluará en un tiempo breve los resultados del Programa Piloto de Ingreso Mínimo Garantizado para extenderlo en escala nacional.

En conclusión, el mayor logro de Atenas hasta ahora, consiste en haber atenuado las políticas de austeridad aplicadas por la troika, sin embargo, la recuperación económica de Grecia requiere de cambios de mayor envergadura que los acordados durante las primeras negociaciones entre el nuevo gobierno y el Eurogrupo, sólo así la tragedia griega habrá terminado.

Anexo:

La desventaja de ser de Syriza y griego

Vicente Clavero – Público.es

La Troika, o como quiera que ahora se llame, ha sometido a Grecia durante semanas a un chantaje infame. Hasta que su nuevo Gobierno ha hincado la rodilla so pena de verse condenado a una insoportable asfixia financiera.

El porqué de que esos señores hayan exhibido modos propios de una mafia no se le escapa a nadie. Querían dar un escarmiento a los griegos por haber depositado su confianza en Syriza y, de paso, advertir a los españoles de lo que puede ocurrir si en las próximas elecciones generales respaldan mayoritariamente a Podemos. A unos y a otros les ha recordado la Troika, casi con estas palabras, que aquí no mandan los votos, sino que manda el dinero.

Alexis Tsipras ha tenido que envainarse por ello algunas de sus más populares promesas electorales y diferir el cumplimiento de otras. Los que confiaban en una distribución más justa de las carga fiscales, en la vuelta al trabajo de los funcionarios despedidos o en la reversión de las privatizaciones ya comenzadas, tendrán que esperar. Y, sobre todo, no tiene visos de que vaya a producirse a corto plazo el esperado plan de rescate ciudadano. O al menos no en los términos anunciados. Porque, como ha dejado claro la Troika, para lo único que está dispuesta a poner fondos ilimitados es para salvar a la banca. Ya sea en Irlanda, en Grecia… o, naturalmente, en España.

Para que la humillación sufrida parezca menos, los gobernantes de Syriza han tenido que hacer auténtico encaje de bolillos ante la facción más férrea de su partido y ante el conjunto pueblo griego.

Pero la Troika no les ha dado mucho margen para salvar la cara. En realidad no les ha dado prácticamente ninguno, porque era de eso de lo que se trataba: de que tuvieran que salir con el rabo entre las patas. No bastaba con doblarles el brazo, había que aplastarlos. Su atrevimiento al retar al poder por excelencia exhibiendo la inocente arma de la legitimidad popular no iba a quedar impune. Y, como era previsible en gente de esta calaña, se lo están haciendo pagar.

Es muy probable que, de tener enfrente un oponente más dócil a priori o más fuerte, los señores del dinero se habrían desenvuelto con mayores miramientos. Dócil como España, cuyo Gobierno siempre ha acudido a Bruselas en busca de árnica absolutamente genuflexo. O fuerte como Francia, a la que no han tenido redaños para negarle esta misma semana nuevas facilidades en orden al cumplimiento de los objetivos comunes de déficit.

Pero con Tsipras, Varoufakis y compañía no han querido aplicar paños calientes. Para ellos, se pusieran como se pusieran, esta vez sólo había lentejas. Son demasiado díscolos y Grecia es un país demasiado pequeño.

admin