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Cambio Climático: En París, será necesario un compromiso auténtico de los industrializados

Jul 21 2015

Por José Ramos-Horta*

Dili, Timor Oriental, 21 de Julio 2015 – La cuenta regresiva para la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, que se celebrará en París en diciembre de 2015, ya ha comenzado.

A menos de seis meses de la cita que se han dado delegaciones gubernamentales, organizaciones internacionales y de la sociedad civil, no cesan de aparecer datos cada vez más preocupantes sobre la salud del Planeta.

En un nuevo informe basado en los aportes de 413 científicos de 58 países, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos concluyó que 2014 fue el año más cálido de la historia.

El cambio del clima no solo se registra en la temperatura del aire, sino también en los fondos oceánicos y en la atmósfera exterior, advirtió el director de los Centros Nacionales de Información Ambiental de la NOAA, Thomas Karl.

El contundente informe muestra las tendencias y los cambios del sistema climático mundial, tales como varios tipos de gases de efecto invernadero, temperaturas en la atmósfera, los océanos y la tierra, la cubierta de las nubes, el nivel del mar, la salinidad oceánica, la extensión del hielo marino y el manto de nieve.

Las temperaturas de la superficie marina, los niveles del mar y el contenido de calor del océano superior en todo el mundo también alcanzaron niveles nunca vistos. Como consecuencia de esta situación se produjeron 91 ciclones tropicales en 2014, muy por encima del promedio de 82 tormentas sucedidas en el lapso de 1981 a 2010, señala un análisis de la agencia IPS citando las conclusiones de la NOAA.

Según Greg Johnson, un oceanógrafo del Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA, el cambio climático ya es irreversible.

Una vez más se trata de una cuestión de compromisos auténticos de los países. Por supuesto, es difícil renunciar a algo que ya se tiene. Pero cuando la alternativa es un desastre global, ¡no tenemos opción!

La opinión pública mundial, los medios de comunicación y la sociedad civil están ahora mucho más comprometidos y hay un mayor enfoque y presión sobre gobiernos para dejar de lado los intereses nacionales egoístas y consensuar un sólido Tratado Cambio Climático, para mitigar la extrema gravedad de la degradación de nuestro planeta como resultado de las actividades humanas.

Los pueblos del mundo en desarrollo, en particular los de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, desde los siglos XIX y XX poco se han beneficiado de la revolución industrial y no son culpables por el bárbaro daño causado al Planeta Tierra.

Sin embargo, son los más vulnerables al cambio climático y los que pagan un precio desproporcionado. Ya se ha traspasado el límite de los delitos ambientales en estos últimos dos siglos, que incluyen derramar desechos nucleares, químicos e industriales en el mar en la costa de África Oriental, la pesca de las flotas de países ricos lejanos que conducen al agotamiento de los recursos pesqueros y el empobrecimiento de decenas de millones de personas cuyos medios de vida dependen de los mares; y a la tala incontrolada en Asia y África, que contribuye a la desertificación.

Los seres humanos fueron y son responsables por el cambio climático y los seres humanos deben encontrar las soluciones. Décadas de estudios meticulosos e incuestionables de miles de científicos de renombre nos han alertado sobre la extrema gravedad de la salud de nuestro planeta. Los hombres y mujeres de la ciencia han hecho su parte al compartir con nosotros los datos que han recogido meticulosamente durante muchas décadas y que están mostrando el camino a seguir para revertir la degradación del medio ambiente de nuestro planeta.

Ahora les toca a los políticos mostrar su dimensión de estadistas a escala global. Los diplomáticos y los políticos serán responsables por cualquier falla en París. Así que el fracaso no es una opción.

Estamos confrontando desafíos ambientales cada vez más dramáticos y al mismo tiempo, nuestro mundo está enfrentando amenazas sin precedentes para la paz y la seguridad regional y mundial. En el año 2050 el mundo tendrá 9.000 millones de habitantes. La mantención y la recuperación de los ecosistemas sanos serán fundamentales para el cumplimiento de la Agenda de Desarrollo Posterior a 2015 de la ONU.

El deterioro de los ecosistemas también amenaza con agravar las consecuencias del cambio climático, incrementar la escasez de agua e intensificar el hambre. Los expertos vaticinan que debido a esos problemas, hacia el año 2050 podría perderse 25% de la producción mundial de alimentos.

Como Presidente del Panel Independiente de Alto Nivel sobre las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas, mis colegas y yo entregamos al Secretario General nuestro análisis completo y detallado sobre los desafíos de seguridad que el mundo enfrenta. También produjimos recomendaciones sobre la forma como mejor podemos dotar a nuestra Organización con el propósito de hacer lo mejor en la prevención y resolución de conflictos cuando hayan estallado.

Sólo colectivamente nosotros podemos tener éxito en la resolución de las devastadoras guerras en Afganistán, Siria, Libia, Irak, Malí, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sudán del Sur, Ucrania y en el extremismo violento que cuestiona la existencia misma de los Estados.

La crisis humanitaria que sobrevino a partir de estos conflictos no tienen paralelo en la historia reciente, los que están haciendo retroceder décadas en los indicadores económicos y sociales positivos en los países de Oriente Medio afectados, además de los daños colosales al medio ambiente que estas guerras están causando.

Estos son todos desafíos interrelacionados. Además de matar gente y destruir bienes, las guerras se traducen en un alto precio sobre el medio ambiente. Establecer de nuevo esfuerzos hacia el desarrollo sostenible y equitativo, son una condición “sine quo non” para la paz.

El PNUD ha descrito y propuso cuatro áreas principales para centrar los recursos. Yo suscribo este punto de vista:

La incorporación de la gestión del riesgo climático en la planificación del desarrollo

Capacitar a las comunidades para identificar soluciones y ampliar las innovaciones locales

Fortalecer la propia capacidad de los países para trabajar hacia una pobreza cero – cero emisiones en el futuro.

Apoyar a los países para estimular el espíritu empresarial.

Entre los temas en discusión después de la última reunión COP 20 en Lima, Perú, en diciembre pasado, se destacan:

Necesidad de un resultado acordado con fuerza legal: Todo el mundo quiere un acuerdo en París. Todos están de acuerdo en que es necesaria una cierta diferenciación entre los países en cuanto a quién debe llevar la carga de las acciones de cambio climático.

El principio de que todo el mundo debería hacer todo lo posible está en la base de esto, pero ¿cómo ponerse de acuerdo sobre cuánto debe participar cada país? Esto sólo se puede resolver con la solidaridad y con una verdadera voluntad de contribuir al bien común global.

Destinatarios Aportes Determinación Nacional (INDCs): El principio ha sido ampliamente discutido y se ha vuelto más realista y posible de alcanzar. El éxito de la utilización de INDCs dependerá del genuino compromiso de los países, la auténtica voluntad de contribuir.

Gran parte de la discusión es acerca de la mitigación. Sin embargo, como sabemos que el cambio climático se está produciendo ahora mismo, no en un futuro lejano, por lo que las medidas de adaptación son cruciales para muchos países.

Esto tiene un significado especial para mi país y para muchos otros Pequeños Estados Insulares en Desarrollo. Nuestro pueblo está en una posición particularmente vulnerable, lo que puede afectar a la seguridad y el desarrollo sostenible, peligros que se han acentuado más aún por el cambio climático.

La discusión prosigue en cuanto a en qué medida los planes de adaptación pueden ser financiados con cargo al Fondo Verde para el Clima. Esto es de importancia crucial para los países ya afectados, y espero que se logre un acuerdo para darle la suficiente prioridad.

La pérdida y el daño ha sido un tema polémico, ya que en el debate sobre pérdidas y daños fue visto como una herramienta de “compensación” histórica por el cambio climático de los países en desarrollo, con la oposición de los países desarrollados.

Polémico o no, el hecho es que los países han sufrido pérdidas y daños y debe darse especial consideración a las necesidades de los que necesitan.

Algunos resultados serán alcanzados por los países individualmente reduciendo las emisiones, así como implementando medidas de adaptación. Pero el objetivo no es alcanzable sin el apoyo financiero entre los países. El Grupo de Trabajo de los Gobernadores de Clima y Bosques (GCF por sus siglas en inglés), es crucial, pero para hacerlo funcionar se requiere que todos elevemos nuestra apuesta.

Se necesitan U$ 100.000 millones al año para la financiación general de nuestras acciones globales de cambio climático. No hemos llegado todavía a los U$ 100.000 millones necesarios para el Fondo Verde para el Clima. Mucho de esto debe ser canalizado a través de la formación bruta de capital. Logramos empezar bien con la constitución de garantía de más de U$ 10.000 millones después de la conferencia de Lima el año pasado. Vamos a pasar de ahí a la magnitud que podría crear los resultados que necesitamos.

China, cuya economía experimentó el más espectacular progreso en la historia, catapultándose a la condición de potencia emergente mundial, ha hecho mucho para ayudar a otros países en desarrollo en sus esfuerzos nacionales para sacar a sus pueblos de la pobreza extrema.

Los líderes chinos están muy conscientes de que el bienestar de su propio país está íntimamente vinculado al bienestar de la región y del mundo en su conjunto. La rápida industrialización y modernización ha tenido un enorme impacto en el medio ambiente, lo que es reconocido por los líderes chinos y han tomado medidas innovadoras para hacer frente a estos desafíos.

También la India, otra potencia emergente asiática gigante, ha adoptado reglas y ha tomado medidas para remediar la degradación ambiental causada por la presión demográfica y la industrialización.

El reto para los dos gigantes asiáticos es cómo conciliar su derecho natural y legítimo para continuar su industrialización y modernización con la imperiosa necesidad de cumplir con sus propias metas nacionales de mitigación y adaptación. Yo creo que están haciendo su todo lo posible para reconciliar estas metas aparentemente contradictorias.

El resto de nosotros cuyas emisiones de CO2 combinados es mínima en comparación con los de las economías de la OCDE y de las otras economías emergentes del Sur, tienen también responsabilidades para con nuestro propio pueblo, nuestras futuras generaciones.

Sin embargo hay que enfrentar el impacto corrosivo de la corrupción, el despilfarro y la mala gestión, las políticas económicas excluyentes, los déficits en el diálogo social y político, la política de exclusión en lugar de la inclusión y reconocer que estas son las causas de la mayor parte de los conflictos devastadores que ocurren en varias partes del mundo, en particular en el continente africano.

Todos estamos conscientes de las dificultades económicas y políticas que enfrentan nuestros amigos de los EE.UU., Europa y Japón, pero es en este contexto que las nuevas alianzas deben construirse entre los países industrializados y las economías emergentes, con miras a forjar una estrategia para hacer frente a los desafíos multidimensionales que enfrentamos. El resto del mundo no puede seguir siendo rehén de los intereses egoístas en conflicto de unos pocos.

Las grandes potencias deben comportarse realmente como grandes potencias, mostrando liderazgo y habilidad política en la reducción de sus diferencias y explorar ideas innovadoras y estrategias que en última instancia beneficien a todos.

Mientras que los países ricos fueron vistos durante mucho tiempo como la única fuente de financiamiento, los países emergentes cambiaron de opinión, reconociendo que se convirtieron en los principales emisores de carbono y que tienen un papel que desempeñar en la financiación de la lucha contra las emisiones de carbono.

Aunque todavía nos enfrentamos a muchos retos para conseguir todas las condiciones con el fin de llegar a la meta de diciembre 2015, han tenido lugar avances significativos y hay razones para estar optimista sobre COP21 der Paris: todas las partes reconocieron la urgencia para actuar y tomar medidas adicionales.

– Artículo proporcionado a Other News por el autor.

*Premio Nobel de la Paz 1996. Ex Presidente de la República, ex primer ministro y ex canciller de Timor Oriental, así como presidente del Grupo de Alto Nivel Independiente de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU.

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