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Ud. tranquilo, está en buenas manos…

Feb 20 2017

 Por Luis Casado

Como sabes, los enteraos de la comunidad financiera inventaron los instrumentos que miden el riesgo con una confiabilidad semejante a la de Yolanda Sultana (sin faltarle el respeto a Yolanda…). Los inversionistas miran el índice VaR con la misma atención con la que el capitán de un velero escruta la fuerza y la dirección de los vientos.

Ahora bien, si no dispones del dichoso índice, te queda el recurso de consultar un “experto”. Un banco, por ejemplo, que vive de eso. Los bancos gozan de un fino olfato que les permite identificar los riesgos y evaluarlos en un santiamén, ya verás.

En el año 2012 una filial londinense del banco JP Morgan comenzó a perder dinero. El responsable: Bruno Iksil, un trader. Sin embargo, la gerencia de la filial –aún más “expertos” que Iksil, por algo eran sus jefes– convenció a Jamie Dimon, patrón de JP Morgan, que todo iba bien. Dimon pudo declarar que todo no era sino a tempest in a teapot (una tormenta en un vaso de agua). Fin del cuento: JP Morgan perdió más de 6 mil millones de dólares. Caro el vaso de agua…

En el año 2008, el trader Jerôme Kerviel, cuyo trabajo consistía en invertir en los mercados financieros, perdió –en un par de horas– 5 mil millones de euros. Kerviel era “uno de los mejores especialistas” del banco Société Générale”. Daniel Bouton, patrón del banco, intentó echarle toda la culpa a Kerviel y sacudirse de encima toda responsabilidad. ¿Te sorprende?

El 9 de octubre de 2001, el banco Goldman Sachs calificó la empresa Enron como “Lo mejor de lo mejor”. El 2 de diciembre, apenas dos meses después, Enron declaró su quiebra, haciendo desaparecer un 2% del PIB de los EEUU y las pensiones de más de 40 mil de sus trabajadores.

En el año 1995, Nick Leeson ocasionó la pérdida de mil 400 millones de dólares causando la quiebra del Barings Bank, el banco más antiguo de Inglaterra. Si no sabías porqué la City de Londres es la capital de los “expertos” financieros, ahora lo sabes.

La crisis de los créditos subprime, que hizo quebrar el sistema financiero planetario en los años 2008-2009, tuvo sus raíces en la gigantesca incapacidad de los bancos para evaluar los riesgos, en su inagotable codicia y su insondable voracidad, que les lleva a no detenerse ante nada con el fin de aumentar el lucro. Ni siquiera ante el suicidio.

Afortunadamente nos quedan las agencias de calificación de crédito: tengo el placer, el honor y la ventaja de nombrar a The Big Three: Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s.

Las tres ganan fortunas vendiendo su ciencia infusa en materia de evaluación de riesgos. Ellas establecen, sin la sombra de una duda, la capacidad de una entidad para pagar su deuda y el riesgo que conlleva invertir en esa deuda.

Pongamos que el gobierno de los EEUU necesita dinero (siempre es el caso). Antes de comprar Bonos del Tesoro Americano con tus pinches ahorros, le preguntas a una de las Big Three cual es su apreciación del riesgo que comporta esa inversión. Por un puñado de dólares tienes la respuesta.

El tema es más sensible si se trata de la deuda soberana de Grecia, de Irlanda, de España o de Italia, pero gracias a las agencias de calificación de crédito puedes colocar tu capital a ojos cerrados.

Las cosas se complican si se trata de una empresa privada que ‘levanta’ capital para su desarrollo, para nuevas inversiones o, –como ocurre frecuentemente–, para pagar dividendos truchos. El triste ignorante que eres, la AFP de la cual eres víctima o el consultor financiero que cobra por cosas que no sabe, le pregunta a Moody’s, a Fitch o a Standard & Poor’s.

Escuchada la palabra infalible, los inversionistas se precipitan a colocar sus capitales. Y pueden optar –con plena tranquilidad– por la compra de activos de renta fija o activos de renta variable. Todo está en el riesgo, pero habida cuenta que The Big Three están ahí para iluminar el sendero…

La calificación del riesgo es presentada con una sencillez que la hace accesible hasta a un economista: AAA quiere decir que no hay riesgo ninguno. Si la calificación baja a C, o peor aún a D… quiere decir que estás por desembarcar en Normandía en junio de 1944, ¡en Omaha Beach!

¿Te queda claro? Tanto mejor, porque ahora viene lo sabroso.

Una empresa que quiere ‘levantar’ capitales se dirige a una de las Big Three, y le pide, a título oneroso, que califique la calidad de su crédito, o su solvencia si prefieres. Si la calificación que obtiene no es satisfactoria, cambia de agencia. En claro: las agencias calificadoras de riesgo ofrecen la calificación que les piden y cobran por ello. La calidad del análisis del riesgo es la última de sus preocupaciones. ¿No me crees? Mira ver.

Ninguna de las Big Three señaló nunca la “toxicidad” de los créditos subprimes. Muy por el contrario, estimulaban su compra, aún cuando los miembros de la comunidad financiera sabían –y lo decían– que estaban vendiendo “productos de mierda” (sic).

El 5 de agosto del año 2011 Standard & Poor’s degradó la calificación de la deuda de los EEUU. Los mercados bursátiles se hundieron, hubo pánico y los inversionistas vendieron sus acciones para huir del riesgo. Uno o dos días después, el Tesoro de los EEUU (Hacienda) aclaró que Standard & Poor’s se había equivocado en sus cálculos en la módica suma de… ¡dos billones de dólares! Dos millones de millones de dólares, el equivalente a más del 13% del PIB de los EEUU. ¿Qué nota le pondrías tú a Standard & Poor’s?

El campo de flores bordado también ofrece bellos ejemplos. El 7 de febrero del año 2011, la agencia Moody’s le entregó pleno respaldo al grupo Alsacia Express, –principal concesionario del Transantiago–, para ‘levantar’ 464 millones de dólares en el mercado financiero de New York.

Moody’s Investors Service precisó: “La calificación del activo es portadora de una proyección estable”. Como lo que abunda no daña, Moody’s argumentó su juicio:

“La calificación refleja el bien desarrollado y maduro marco de concesiones en Chile y la solidez del intermediario financiero, que es el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones (MTT) del Gobierno de Chile.”

Imitando a Bachelet, Piñera no se detuvo ante nada para darle oxígeno al zombi que es Transantiago. Lo bueno llegó poco después. El 3 de marzo del año 2014, tras algunas dificultades, Moody’s mejoró la calificación del Grupo Alsacia Express. Moody’s “revisó su proyección a estable”, y agregó que eso se debía a la mejora de los resultados financieros de Alsacia Express y a “la reducción de los riesgos de default en los próximos seis a doce meses”.

Para no dejar dudas de su optimismo, Moody’s agregó:

“La proyección de la calificación es estable, y refleja nuestra opinión de que (…) los resultados financieros mejorarán gradualmente en los próximos meses”.

El 18 de agosto de 2014, o sea tres meses más tarde, el Grupo Alsacia Express se declaró insolvente, o sea en default.

Desesperado, te tornas hacia el mundo académico: ellos sí saben.

Frederic Mishkin, eminente economista y profesor de “Instituciones Bancarias y Financieras en la Escuela Superior de Negocios de la Universidad de Columbia”, tiene un currículo más largo que el columpio de Heidi. Gobernador de la FED de 2006 a 2008, autor de textos utilizados en universidades de todo el mundo, consultor del BID, del BM y del FMI, Mishkin cometió un informe sobre la economía de Islandia en el año 2006, opus que tituló “Estabilidad Financiera en Islandia”. He aquí los subtítulos de algunos capítulos:

1.2 Un país avanzado con excelentes instituciones
1.3 Una fuerte situación fiscal
1.4 La Naturaleza única del sector financiero

El informe concluyó en que la situación financiera de Islandia era fuerte e iba a mejor. Dos años y medio más tarde Islandia sufrió un espectacular colapso financiero, y todo su sistema bancario quebró. ¿Por qué razones Mishkin mintió? Una sola. Un cheque de 124 mil dólares que le pagó la Cámara de Comercio de Islandia. Cuando todo se vino abajo, Mishkin modificó su currículo y le cambió el título a su estudio sobre Islandia por “Inestabilidad Financiera en Islandia”. Mentiroso y además pillín.

Justo para terminar, –con el propósito confeso de no dejarte dormir–, te preciso que las AFP, que mangonean con el dinero destinado a tu pensión, siguen fielmente los consejos de los “expertos” financieros.

Bernie

Por Luis Casado

Se trata de Madoff. Bernie Madoff. ¿No sabes quién es Bernie Madoff? Deberías leer Vanity Fair, en particular a Mark Seal, quién en el año 2009 publicó tres artículos sobre el –hasta ahora– más gran estafador de la historia. No es que Bernie haya inventado el llamado esquema de Ponzi, pero se puede decir que llevó el truco a niveles nunca antes vistos.

Bernie, un tipo de origen más bien modesto, logró encaramarse a las altas esferas de los mercados financieros de New York. Miembro activo de la Asociación Nacional de Agentes de Cambio, su empresa fue una de las cinco que impulsaron el desarrollo del Nasdaq, la segunda bolsa de valores electrónica más grande de los EEUU: la National Association of Securities Dealers Automatic Quotation.

Bernie llegó a ser el presidente (Chairman) de tan encantadora institución, aún cuando el sitio web del Nasdaq eliminó su nombre como si nunca hubiese existido (lo que recuerda el caso de Frederic Mishkin: se ve que traficar el currículo es costumbre en los EEUU).

Bernard Madoff Investment Securities actuaba como corredor de Bolsa y como consultoría financiera. Tú ya sabes: quienes amasan fortunas suelen no tener idea de cómo, ni de dónde, ni qué hacer con el dinero. Ahí entraba Bernie, quién, en su calidad de “experto”, amablemente, tomaba el dinero y les aseguraba una alta rentabilidad: 10 a 12% anual.

Bernie trabajaba (es un decir) para millonarios a título individual, para algunos hedge funds como Fairfield Sentry, Kingate u Optimal (del grupo Santander) y para las fundaciones filantrópicas que les ganan el paraíso a multimillonarios con complejo de culpabilidad. Lo cierto es que Bernie organizó una red de vendedores del cuento del tío en la que se contó lo más granado de las finanzas de New York y de Europa. Los grandes bancos le servían de gancho.

Cuando se destapó el escándalo, se descubrió que los auditores de Madoff –los evaluadores de riesgo– formaban un pequeño despacho en el que no había prácticamente nadie.

Aparte algunas viudas herederas de grandes fortunas, los clientes de Madoff no eran lo que pueda llamarse ignorantes supinos. Eran hombres de negocios, banqueros, empresarios, profesionales de las finanzas. ¿Qué es lo que explica su candidez? El ansia de lucro, la codicia, la voracidad, la avidez con la que intentaban atesorar más y más millones, aún cuando era evidente hasta para el economista más idiota (y mira que hay…), que era imposible obtener rentabilidades gigantescas en un planeta cuya economía crece a tasas inferiores al 5% anual.

Miles de millonarios, de parejas que acumularon toda su vida para vivir una vejez tranquila, de ejecutivos ansiosos de jugar en las grandes ligas, de viudas ignorantes, de artistas en busca de su destino, de bancos inescrupulosos, de empresarios exitosos, en suma un verdadero zoológico de imbéciles, le rogaba a Bernie que les acogiese como clientes.

Bernie, melindroso pero exigente, no siempre aceptaba nuevas víctimas. Imponía mínimos cifrados en millones de dólares, por bajo de los cuales no se molestaba en abrir su puerta. Entretanto, vivía a cuerpo de rey, disponía de yates en los EEUU y en el sur de Francia, y se codeaba con los grandes. Conocer a Bernie ya te situaba. No en New York, sino en el planeta.

Aún cuando en el año 1999 el gestor de inversiones Harry Markopolos hizo una denuncia en la SEC de Boston describiendo lo que sucedía, todo el mundo miró para el otro lado.

Cuando finalmente –el 11 de diciembre del 2008– se descubrió el pastel y Bernie le confesó al FBI que toda su actividad no era sino una gran estafa, quedó en evidencia que Bernard Madoff Investment Securities había hecho desaparecer unos 68 mil millones de dólares, enviando a la ruina a más de 13.800 incautos.

Bernie fue acusado de defraudar valores, de asesorar inversiones fraudulentas, de fraude postal, de fraude electrónico, de lavado de dinero, de falso testimonio, de perjurio, de fraude a la seguridad social y de robo de un plan de beneficios (AFP) para sus empleados.

Aún cuando toda la familia –su hermano, su mujer, una sobrina, y sus dos hijos– trabajaban en Bernard Madoff Investment Securities, el buen Bernie aseguró que él, y solo él, estaba al corriente del dolo.

El 29 de junio del 2009, el juez federal Denny Chin lo condenó a la máxima pena prevista para estos casos: 150 años de prisión. Mark, su hijo mayor, dizque ‘se suicidó’ dos años más tarde.

Aún así, según The New York Time Magazine, que lo entrevistó en junio del año 2010, Bernie declara: “no me arrepiento ni siento el daño causado a mis estafados (…) que se jodan mis víctimas (…) eran avaros y estúpidos (…) fue una pesadilla para mí (..) me habría gustado que me hubiesen cogido hace seis u ocho años (…) la prisión es una liberación”.

Si te cuento lo de Bernie es porque, tras la difusión de dos notas sobre las dudosas prácticas del mundo de las finanzas, hay quién reclama el remedio. Una amable lectora dice que es “porque generalmente cuando se plantean dificultades, lo lógico y esperado es que el que formula las críticas proponga posibles soluciones. Eso es lo que pedimos.”

En otras palabras, que servidor actúe como los ‘consultores financieros’ que denuncia… y además ¡gratuitamente! En más de una ocasión he afirmado que pasarle dinero a los bancos, a los traders, a los brokers y en general a los intermediarios financieros (las AFP por ejemplo) es ponerse la soga al cuello. Es cuanto puedo decir y que cada palo aguante su vela.

Tranquilitat y recolliment, y que haya paz y después gloria.

 

Nota 1: entre los “ganchos” (o cómplices) institucionales de Bernie se contaron: Access International Advisors LLC (a través del American Selection Fund) – Ascot Partners – Banco Espirito Santo – Banque Bénédict Hentsch – Banco Santander (a través del Optimal Fund) – BBVA – BNP Paribas – NPB Neue Privat Bank (Zurich) – Bramdean Alternatives – Fairfield Sentry Ltd – Fairfield, Connecticut – Kingate Global Fund Ltd – Robert I. Lappin Charitable Foundation – M&B Capital Advisers – Maxam Capital Management – Nomura Holdings – North Shore-Long Island Jewish Health System – Sterling Equities, Inc. led by New York Mets co-owner Fred Wilpon – Tremont Capital Management.

Nota 2: entre los raros clientes que Bernie buscó él mismo, se cuenta… Donald Trump. Éste último le respondió algo así como “No nos podemos ver la suerte entre gitanos” (traducción libre del inglés americano).

Nota 3: Bernie Madoff pasa agradables días en la Institución Correccional de Mediana Seguridad Butner (North Carolina), y se encuentra registrado con el nº 61727-054 de la Agencia Federal de Prisiones de los EEUU. Si fue a prisión, no es porque haya robado (que también), sino porque le robó a los ricos. Contrariamente a lo que se ha rumoreado en Chile, nadie le ha invitado a pasar sus años de prisión en Frutillar.

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