General

El mundo de Trump

Sep 25 2017

EDITORIAL – El País

El presidente de EE UU pretende abolir el actual sistema de relaciones 

La impresentable escalada verbal entre el presidente de EE UU, Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, más allá de un intercambio de bravatas impropio incluso de una pelea de adolescentes, muestra hasta qué punto la concepción que tiene el mandatario estadounidense de las relaciones internacionales le incapacita para lidiar con crisis complejas que, mal conducidas —como es el caso—, pueden tener graves consecuencias.

Debería resultar innecesario decir que Estados Unidos y Corea del Norte no son equiparables. Y en primer lugar por el régimen de libertad y derechos de que disfrutan sus ciudadanos. La democracia más poderosa del mundo no juega de ninguna manera en el mismo plano que una oscura dictadura comunista hereditaria. Pero es precisamente eso mismo lo que debería recordar el inquilino de la Casa Blanca cuando se sube al principal atril de la comunidad de naciones —la Asamblea General de Naciones Unidas— y comienza a exponer su visión de lo que va ser el mundo durante los próximos años. Y debe ser cualquier cosa menos un lugar donde vuelen los insultos y las amenazas nada veladas.

Sin embargo, siendo alarmante el grado de hostilidad al que están llegando las cosas en la crisis norcoreana, el presidente de EE UU ha deslizado una idea todavía más preocupante a medio y largo plazo para la supervivencia del actual sistema de relaciones diplomáticas. En una suerte de aplicación del neoliberalismo económico salvaje al diálogo entre las naciones, Trump ha proclamado su visión de una comunidad internacional compuesta por fuertes naciones-Estado cada una mirando primero —y proclamando— el propio interés por encima de cualquier otra consideración. El mandatario estadounidense añadió que esto facilitaría unas relaciones pacíficas obviando —o ignorando— que ese sistema fue el que imperó durante todo el siglo XIX y tuvo un dramático resultado plasmado en dos Guerras Mundiales con cientos de millones de muertos y un mundo dividido durante los siguientes 70 años. Un sistema en el que, por cierto, Estados Unidos optó por no participar prefiriendo quedar aislado la mayor parte del tiempo hasta que algunos de sus mandatarios entendieron —a la fuerza— que vivimos en un planeta donde ya no es posible encerrarse.

Desde 1945 —con sus altos y bajos y sus, tristemente, numerosísimas excepciones— la comunidad internacional ha encontrado y afianzado un sistema para vivir en paz y dirimir conflictos mediante la negociación y la intervención de grupos de países, a veces sin ningún interés directo en un problema en concreto. Un sistema integrador que incluso ha dado ejemplos de gran éxito en términos de democracia y progreso como en el caso de la Unión Europea tan despreciada por Trump. Sustituir los foros de diálogo multilaterales por conciliábulos a dos donde se suponga que el egoísmo —mal llamado por Trump patriotismo— es el garante de que todo salga bien es, sencillamente, un ejercicio dialéctico difícil de creer. Todavía peor, en sus palabras el presidente estadounidense deslizó que en ese sistema cada país podría organizarse según sus diferencias. ¿Deben dejar de importarnos las violaciones de derechos humanos en otros lugares? Decididamente, el mundo de Donald Trump no será mejor.  25 SEP 2017

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Anexo:

Antecedentes del conflicto NorCorea/USA

Jorge Schaerer*

Durante unos 30 años fui miembro de la Asia Society of New York, que poseía un conjunto multidisciplinario de expertos en ese continente. Éramos reunidos unas pocas veces al año en algún país asiático, para analizar temas de la coyuntura. Mis dos años adscrito como asesor en Promoción de Exportaciones al Secretariado de la ASEAN en Jakarta, otro tanto en ESCAP, la Comisión Social y Económica para Asia y el Pacífico en Bangkok, y cinco años como Comisionado de Comercio de ProChile para Asia, con sede en Hong Kong, donde además serví como Agregado Comercial, hicieron que me interesara en Corea del Norte.

Cuando los japoneses ocupaban ese país, la industria estaba en el norte por sus recursos mineros. El sur era agrícola. Como sabes, al término de la Segunda Guerra Mundial, estadounidenses y soviéticos se repartieron ese país. Lo que es menos sabido es que, cumpliendo con un mandato de las Naciones Unidas, los soviéticos se retiraron en 1948, en cambio los estadounidenses continúan manteniendo un poderoso ejército en Corea del Sur. Ambos establecieron gobiernos dictatoriales en sus zonas. Los soviéticos pusieron a Kim Il Sung, héroe nacional líder de la resistencia contra la ocupación japonesa (había comandado el ejército de Liberación Nacional de la República de Corea en exilio). El parlamento de Corea del Sur y el pueblo coreano querían como presidente a Kim Koo, quien desde 1919 había luchado contra los japoneses, y entre 1940 y 1947 había sido el último presidente de la República de Corea en exilio con sede en Chungking (China), pero los estadounidenses colocaron a Singman Rhee, ciudadano norteamericano de origen coreano educado en Harvard y Princeton. Ambos dieron origen a dinastías. Corea del Norte es gobernado por un nieto de Kim, y hasta hace pocos meses Corea del Sur era gobernado por una hija de Singman Rhee, destituida por corrupción. Como Kim Koo continuó siendo popular, fue asesinado en 1949.

En abril de 1948, repitiendo lo dichos por la Junta de Comandantes en Jefe (Eisenhower, Leahy, Nimitz y Spaatz, pues en los EE.UU. hay cuatro fuerzas armadas. La infantería de marina es otro ejército)) en su declaración del 25 de septiembre de 1947, Mac Arthur informó: “Corea no es necesaria para hacer del Pacífico un lago estadounidense”. En realidad la línea defensiva durante la Guerra Fría se iniciaba por el norte en las Aleucianas, pasaba por Japón, Okinawa, Formosa, Hong Kong, Indochina francesa, Malasia Inglesa (incluido Singapur), Indonesia holandesa, Nueva Zelanda, y Australia. La independencia de Indochina obligó a los estadounidenses a cerrar la brecha provocando la guerra de Vietnam, y a colocar en el poder al dictador general Suharto en Indonesia, siguiendo la tradición impuesta por el Departamento de Estado en América Latina.

El triunfo de Mao en China, en Octubre de 1949 cambió por completo el escenario. Corea del Norte advirtió que por su posición geográfica los estadounidenses y los surcoreanos la invadiría por ser una flecha dirigida directamente a Manchuria, una región tan rica que los emperadores manchúes eran emperadores de China. Ante el cambio en la política internacional de los EE.UU. en 1950 Corea del Norte se anticipó a invadir Corea del Sur, a pesar de las fuerzas armadas estadounidenses que se mantenían en ese país violando el acuerdo de partición.

Mac Arthur, Comandante Supremo Aliado, tuvo victorias pero tuvo también tantas derrotas. Cuando después de Inchón avanzó hacia el río Yalú, Truman le prohibió cualquier acción en China, bombardeó un aeropuerto en la Unión Soviética situado a 92 quilómetros de la frontera. Alegó un error. Los chinos vieron en ello preparativos para invadir Manchuria, como habían hecho anteriormente los japoneses, porque es una región tan rica, que los emperadores manchúes eran al mismo tiempo emperadores de China. 400.000 voluntarios, según Chou Enlai coreanos residentes en Manchuria, apoyaron a los norcoreanos obligando a los estadounidenses a retroceder. Finalmente el frente se estabilizó en el paralelo 38, donde todo había comenzado. La popularidad de los estadounidenses se desplomó en Corea del Sur, después que se descubriera que soldados de los EE.UU. habían causado masacres de miles de ciudadanos surcoreanos. Hace ya unos ocho años se filmó una película sobre este tema en Corea, que provocó mucho revuelo en la prensa de ese país. Las nuevas generaciones ignoraban lo que había sucedido realmente en la Guerra de Corea.

Su orgullo herido, que perjudicaba sus ambiciones políticas de acceder a la presidencia de los EE.UU. (había sido un excelente gobernador militar en Filipinas antes de la Segunda Guerra, donde su padre lo había sido anteriormente, y luego artífice de la rápida recuperación económica de Japón) llevó a Mac Arthur a pedir el uso de bombas atómicas en Corea. Truman tomó medidas, pero dudó. Entonces Mac Arthur empleó la task force 44 de la Sétima Flota para crear un incidente en la costa de China, con el propósito de provocar una guerra con ese país. Truman se vio obligado a destituir a MacArthur por insubordinación, y se firmó el Armisticio que dura hasta hoy.

Según estimaciones oficiales, habían sido muertos o heridos seis millones de civiles sur coreanos, el 20% de la población de Corea del Norte, 233.870 soldados surcoreanos, 518.000 norcoreanos, 494.000 chinos 128.650 estadounidenses, 3.783 británicos, 2.832 turcos, 1.558 canadienses, y 300 franceses, todos para nada. Al término del conflicto se encontraban en la base aérea en Guam, antigua posesión española en el Pacífico que pasó a los EE.UU. después de la guerra americano-española de 1898 junto con Puerto Rico, Cuba, las Marianas y las Filipinas, cuatro Superfortalezas B-29, bombarderos estratégicos, cargados con bombas atómicas destinadas a destruir las principales ciudades de Corea del Norte. Como la cultura asiática otorga gran importancia a los símbolos, hoy Corea del Norte amenaza con un ataque atómico a Guam.

La tensión continúa, porque los EE.UU. necesitan presentar un enemigo favorito al pueblo de los EE.UU. para que permita que los recursos del país vayan a la industria de armamentos (USA es el mayor comerciante en armamentos del mundo) en vez de a recuperar el nivel de vida perdido. Hoy, el poder adquisitivo de un obrero estadounidenses es un poco menos de la mitad que hace 50 años. Por eso votaron por Trump. Como los EE.UU. sólo respetan a los países que poseen armas nucleares, Corea del Norte con grandes sacrificios se dotó de esas armas. Ahora espera que la dejen en paz.

A pesar del bloqueo, el año pasado la economía de Corea del Norte creció en un 4,2%. Ello se debe a sus exportaciones de minerales a China y Japón (a este último a través de terceros países), a las remesas de aproximadamente un millón de trabajadores norcoreanos en China, y a un cordón de industrias surcoreanas establecidas en el lado Norcoreano de la frontera en el paralelo 38, para aprovechar el menor costo de la altamente calificada mano de obra norcoreana. Está pendiente el desarrollo del potencialmente riquísimo triángulo del Tumen, en la triple frontera entre Corea del Norte, China y Rusia.

Finalmente, cuando participé en reuniones empresariales en Seúl a fines de 1995, en un cóctel el ministro de economía de Corea del Sur nos dijo a un pequeño grupo, que desgraciadamente no disponían de los recursos económicos de Alemania para financiar la unión con Corea del Norte. Las condiciones estaban dadas, pero los EE.UU. se oponían a ello, igual como negaron todo apoyo a la democracia en Rusia después de la desintegración de la Unión Soviética. Como dije anteriormente, necesitan de enemigos favoritos para que su industria bélica pueda maximizar sus ganancias.

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*Jorge Schaerer es economista, especialista en comercio internacional y marketing.  Se ha desempeñado como Asesor de políticas de desarrollo en los países de África (Kenia) y Asia; Coordinador de ProChile para la región Asia Pacífico; Consultor en Irak como experto de las Naciones Unidas.

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