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Bolsonaro vs. Haddad: 6 datos para entender la segunda vuelta presidencial de Brasil

Oct 26 2018

CNN Español

Entre Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal, PSL) y Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores, PT) está el próximo presidente de Brasil. La segunda vuelta electoral se celebrará este domingo y una encuesta de Ibope, dada a conocer este martes, da un margen de diferencia de más de diez puntos porcentuales a Bolsonaro.

En una encuesta anterior, también de Ibope, publicada la semana pasada, Jair Bolsonaro obtuvo el 59% de las preferencias, frente al 41% de Fernando Haddad. En la más reciente la diferencia se acortó, pero aún sigue siendo amplia: 57% para Bolsonaro y 43% para Haddad.

Según analistas consultados, la dinámica electoral no ha cambiado mucho en esta segunda vuelta y la polarización entre los electores brasileños es la constante. A continuación, seis puntos para entender la segunda vuelta de las elecciones en Brasil:

  1. El antivoto

Los analistas consultados coinciden en que muchos de los electores de Jair Bolsonaro no lo apoyan en las urnas por creer en él o en sus ideas, sino en rechazo a lo que representa su oponente, Fernando Haddad. ¿Qué evoca para los electores el candidato del Partido de los Trabajadores?

«Son dos los factores que encarna Haddad», Sostiene Vitor Oliveira, analista brasileño de la consultora política Pulso Público. «Por un lado, tenemos el pasado reciente de Brasil, con el gobierno de Dilma [Rousseff] y una economía deprimida con una inflación de dos dígitos», señala. «Por el otro, obviamente, a un PT con todos los grandes escándalos de corrupción y la prisión de Lula da Silva», agrega.

Dilma Rousseff fue destituida de la Presidencia de Brasil en 2016 por el Senado. Enfrentó un juicio político por decretos que alteraron el presupuesto de la nación y fue acusada de modificar ilegalmente cuentas antes de su reelección en 2014 para ocultar un déficit en el presupuesto y seguir financiando programas sociales populares.

Lula da Silva permanece preso en Curitiba por corrupción, como resultado de las investigaciones de la operación Lava Jato. Asimismo, el principal tribunal electoral de Brasil prohibió en agosto su candidatura. Haddad lo reemplazó.

 

  1. Noticias falsas en redes sociales

Whatsapp, el popular servicio de mensajería instantánea, habría sido empleado para enviar noticias falsas sobre Haddad. La denuncia más concreta es la del diario Folha de Sao Paulo. En ella que se señala a un grupo de empresarios de financiar una red de envío masivo de noticias falsas vía Whatsapp para perjudicar la candidatura del Partido de los Trabajadores.

La justicia electoral brasileña investigará el caso a pedido del PT, que basa su denuncia en la investigación periodística de Folha. En tanto, desde el lado de Bolsonaro niegan cualquier conocimiento de ese sistema de envío de noticias falsas. «Quien nada debe, nada teme», ha dicho Gustavo Bebianno, presidente del Partido Social Liberal, con el que postula Bolsonaro.

  1. Discursos de odio

Bolsonaro tiene varias frases en las que se ha referido peyorativamente a homosexuales, negros, extranjeros. Algunos ejemplos: «los negros no sirven ni como reproductores», «sería incapaz de amar a un hijo homosexual, «las mujeres deben ganar menos dinero que los hombres porque se embarazan y pasan seis meses de vacaciones».

Para André Perfeito, analista económico de al consultora Spinelli, el discurso de odio de Bolsonaro va dirigido a una parte de su potencial electorado: los brasileños del altos ingresos. «Brasil es un país muy desigual y esa desigualdad se expresa en un tema racial también». Y la discriminación, refiere Perfeito, suele ser «una característica de las élites del país, las más educadas, las más ricas».

Sin embargo, dice Perfeito, el grueso de los electores de Bolsonaro no pertenecen a dicha clase social. ¿Por qué los brasileños de bajos ingresos votan por Bolsonaro? Perfeito coincide con Oliveira: «Si Bolsonaro gana será porque los pobres votarán por él y lo hacen porque quedaron con recelo y rechazo ante el PT».

Si bien en esta segunda vuelta Bolsonaro ha buscado tener un discurso más inclusivo, para Perfeito resulta difícil de creer. «Él está hablando para la audiencia que tiene al frente», explica.

  1. Lula

Si bien Lula da Silva fue el gran respaldo electoral de Haddad, y el mayor endose de votos en primera vuelta de acuerdo a los expertos consultados, también ha trabado el crecimiento del candidato del PT en la segunda vuelta.

¿Puede Lula da Silva hacer algo para ayudar a Haddad en este último tramo electoral? «Lo mejor que puede hacer Lula es quedare quieto, ni moverse», ironiza Vitor Oliveira.

El científico político considera que lo que más le puede favorecer a Haddad es que sean otras figuras políticas de la izquierda brasileña, ajenas al PT, apoyen activamente su candidatura. «Eso permitiría que se sumen votos de personas que rechazan al PT, pero que son afines a otros grupos de izquierda», explica Oliveira. Sin embargo, asegura, eso hasta ahora no se ha dado efusivamente.

  1. La democracia y la economía

Jair Bolsonaro ha sido diputado federal por 28 años y a lo largo de ese lapso ha apoyado la dictadura de la década de 1960-1970 en Brasil y ha respaldado a los violadores de derechos humanos de esa época.

Por ejemplo, al argumentar su voto en favor del impeachment a Dilma Rousseff, en 2016, Bolsonaro exaltó la memoria de un torturador de la época militar.

«Por la familia, por la inocencia de los niños en el aula, que el PT nunca tuvo, contra el comunismo, por nuestra libertad, contra el Foro de Sao Paulo, por la memoria del coronel Brilhante Ustra, el pavor de Rousseff, por el ejército de Caxias, por las Fuerzas Armadas, por Brasil por encima de todo y por Dios por encima de todo, mi voto es sí», dijo en aquella ocasión.

Dicho discurso le valió un proceso en la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados de Brasil que luego acabó archivado.

«Es un tipo que no tuvo ningún problema o el menor pudor en elogiar la dictadura y la tortura, que tiene un discurso antisistema y autoritario más que evidente», indica Vitor Oliveira. «La gran interrogante es saber hasta dónde va a llegar», agrega.

En cuanto al mercado financiero brasileño, que ha reaccionado de forma positiva en las últimas semanas, Spinelli deja en claro que el comportamiento no se debe a la posible llegada de Bolsonaro al poder.

«Esas alzas son menos por Bolsonaro y más porque el PT no va a ganar», asevera. «¿Por qué digo eso? Porque hasta ahora no se sabe qué va a hacer Bolsonaro, lo que sí parece es que el PT no sigue más», explica.

  1. Venezuela

Uno de los argumentos más fuertes que emplea Bolsonaro para invitar a los brasileños a votar por él es que Fernando Haddad llevaría a Brasil a una situación similar a la catástrofe económica y social en que está sumida Venezuela.

En su discurso tras pasar a segunda vuelta, y que fue transmitido en redes sociales, Bolsonaro aseguró que Brasil tiene dos caminos. Uno «de la prosperidad, de la libertad, de la familia, de estar al lado de Dios, de los que tienen religión y de los que no también, pero que son responsables», y el otro que lo resumió en una sola palabra: Venezuela.

«El otro candidato sabe con quién se aconseja y dónde, no queremos la vuelta de este tipo de personas para ocupar el Palacio de Planalto», continuó Bolsonaro en esa ocasión.

«Esta narrativa toma fuerza en la idea de muchos brasileños, de que el PT forma parte de un movimiento internacional para instituir el socialismo en la forma del bolivarianismo y de eso se ha apropiado Bolsonaro», explica Oliveira.

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Anexo:

La irresistible atracción del macho alfa

Raúl Zibechi*

Las elecciones brasileñas muestran una enorme diferencia de comportamientos entre varones y mujeres, tan amplia y profunda como pocas veces se registra en nuestras sociedades. Según la primera encuesta de Datafolha luego de la primera vuelta, existe un empate técnico entre las preferencias femeninas: 42 por ciento apoyaban a Jair Bolsonaro y 39 por ciento a Fernando Haddad, cuando el primero tiene casi 20 puntos de diferencia (goo.gl/B769dj).

Las preferencias masculinas se vuelcan en 57 por ciento por el candidato de la extrema derecha y sólo 33 por ciento por Haddad. La diferencia es tan grande que merece alguna explicación. Bolsonaro es un personaje machista, militarista y racista, que nunca ocultó sus opiniones y hasta se jacta de ellas, de modo que quienes lo apoyan es porque simpatizan con sus ideas y actitudes. Lo que debemos explicarnos entonces son las razones por las cuales la mayoría de la población brasileña se siente atraída por él.

La primera es la profunda crisis, tanto económica como social, con un aumento importante de la violencia. En 2017 se produjeron casi 64 mil muertes violentas, una cifra que aumenta de modo exponencial: al comienzo del periodo neoliberal en 1990 eran 14 mil y en 2002, cuando Lula ganó las elecciones, eran 49 mil personas muertes cada año (goo.gl/82jd9i). La violencia no deja de crecer y se ha llevado medio millón de personas en la reciente década.

Un aspecto central de la crisis es la disolución de los vínculos sociales y comunitarios. Mucho antes de la centralidad que adquirió Bolsonaro, las grandes ciudades se habían convertido en espacios de violencia desbordada. La principal diferencia desde 2013, es que ahora la violencia arraigó también en los barrios de clase media, cuando históricamente estuvo focalizada en las favelas y periferias urbanas, donde la sociedad más desigual del mundo descerrajaba sus armas contra la población negra.

La segunda es el clima de inseguridad imperante. Por curioso que parezca, en los barrios populares las cosas han cambiado poco. En la noche, en la Maré, la mayor favela de Brasil en Río de Janeiro, la gente continúa haciendo su vida en calles que siempre están atestadas. En los barrios nobles (así le llaman en este país a la ciudad formal), las calles están desiertas y los pocos peatones deambulan como fantasmas apurando el paso.

La inseguridad es cosa de clase media, ya que los más pobres nunca vivieron otra realidad que el temor a la Policía Militar y a sus aliados: políticos conservadores, traficantes y, más recientemente, iglesias pentecostales y evangélicas que persiguen con saña las religiones afro.

Son los miedos de las clases medias los que se vuelven noticias, sus paranoias ganan titulares y sus barrios se llenan de guardias privados, cuando pueden pagarlos. Con la crisis un sector muy amplio de las clases medias teme, además, perder el empleo y el estatus económico y social. En este punto, Bolsonaro promete acabar con la inseguridad, se ofrece como el gran protector, liberando el gatillo contra los pequeños delincuentes y prometiendo castración química a los violadores. Todo parece tan fácil que resulta poco creíble.

La tercera cuestión es que el macho alfa, en sus variantes duras o blandas, es el estereotipo conocido, tanto a derecha como a izquierda. Salvo el pequeño sector de universitarios exitosos, el resto de la población sigue creyendo en la mano dura y el hombre fuerte que la practique, desde la familia y el barrio hasta las instituciones estatales. Por algo las fuerzas armadas gozan de tan buena reputación, al punto que toda la campaña de Bolsonaro gira en torno a militares que no rechazan ni la tortura ni las soluciones represivas.

La cuarta cuestión se relaciona con el campo emancipatorio. Los partidos y movimientos, incluso los varones que nos decimos antipatriarcales, no hemos trabajado otros modelos masculinos diferentes a los que nos ofrece el sistema. Nuestra izquierda sigue apostando en caudillos, algo que parecía hasta cierto punto entendible hasta la revolución mundial de 1968.

Hemos hablado de leninismo, de peronismo y de castrismo. Ahora seguimos por el mismo camino: chavismo, lulismo y todos los ismos imaginables vinculados siempre a un caudillo que, naturalmente, remite al patriarcado. Somos tan grotescos que incluso cuando un movimiento cubre las caras de sus portavoces y los denomina subcomandantes para que se entienda que obedecen a las comunidades, incluso en este caso, los analistas creen que son Galeano y Moisés los que mandan.

Nuestra cultura política no deja de producir machos alfa. Vladimir Putin y Xi Jinping provocan suspiros de amor revolucionario entre no pocos intelectuales que, en tanto, se horrorizan cuando el macho resulta de signo contrario a sus ideologías.

Finalmente, creo que no debe confundirse la figura del guerrero/guerrera, necesaria para defendernos, con el macho alfa. Éste se manda solo y hace lo que su testosterona le indica. El guerrero obedece a su pueblo.

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*Periodista uruguayo, especializado en los movimientos sociales de América Latina, docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales. Artículo de opinión, en La Jornada de México, 26.10.18

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