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Misión: salvar al príncipe

Oct 26 2018

Ramón Lobo – Tribuna, El País

Riad ha trazado una línea Maginot: el heredero no supo nada del operativo que mató al disidente Jamal Khashoggi

Afirmar que el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salmán, corre peligro sería, en este momento, una exageración. Asistimos a varias partidas de ajedrez simultáneas. En una juegan Arabia Saudí y Turquía; en otra, Riad y la UE, dividida en tres subgrupos: Reino Unido, Francia-Alemania y el resto. Donald Trump no está ante un tercer tablero porque él juega al póker.

Riad ha trazado una línea Maginot: el heredero no supo nada del operativo que mató al periodista crítico Jamal Khashoggi. Él mismo se ha declarado horrorizado y prometido justicia. No sabemos nada del cuerpo, pero sí que hay 18 detenidos-candidatos a la ejecución. ¿Está entre ellos Maher Abdulaziz Mutreb, persona cercana al príncipe? Se le fotografió dentro del consulado. La prensa turca asegura que telefoneó tres veces a la oficina de su mentor.

Dependerá de las pruebas que pueda presentar Erdogan. Su protagonismo es un sarcasmo porque el presidente turco es un carcelero de periodistas. Afirmó ante su Parlamento que el escuadrón de la muerte saudí formado por 15 agentes viajó a Estambul con un objetivo: matar a Khashoggi. Ankara dispone de audios de lo ocurrido, de las torturas y el descuartizamiento. Erdogan responsabilizó al príncipe heredero, y no al rey Salmán, al que considera ajeno al crimen. Trump se ha sumado tímidamente a esta línea, tal vez porque conoce la verdad. The Washington Post informó de que la CIA ya ha escuchado las cintas. Todos los actores, incluso Ankara, tienen precio. Solo hay una certeza gatopardiana: nada cambiará. El reino saudí mantendrá su puño de hierro sobre su disidencia, bombardeará Yemen con nuestras armas y mantendrá la expansión global del wahabismo, su versión fanática del islam.

Tampoco cambiará Occidente; venderemos armas sin preguntas. Merkel, también. En este asunto, Pedro Sánchez es un adelantado a la hipocresía ambiental. Nuestro precio son cinco fragatas y la amenaza saudí de hacer efectivas las multas por los retrasos del AVE del desierto.

Una caída del príncipe podría llegar a ser conveniente para los partícipes en la farsa. Así podríamos presumir, “se hizo justicia”. El rey tiene otro hijo, Khaled bin Salmán, embajador en Washington. Sería una operación peligrosa. Mostrar debilidad daría vida a las familias del régimen purgadas. Su trono correría peligro.

La ejemplar Alemania es el quinto vendedor mundial de armas. Los otros líderes son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad: EE UU, Rusia, Reino Unido, Francia y China. Los responsables de mantener la paz son los beneficiarios de la existencia de guerras o del temor a ellas. A Khashoggi lo mataría una mano saudí, pero a la decencia la estamos matando entre todos.

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Anexo  (sobre la decisión del gobierno socialista español de mantener la venta de barcos de guerra a Arabia Saudita):

Barcos sin honra

Jorge M. Reverte*

Se ha alzado, insobornable, la voz unida de toda la política española: la libertad de expresión no está en venta

A la portavoz del Gobierno, Isabel Celáa, se le ha llenado la boca más de una vez con una frase que nos complace a muchos: “Este es un Gobierno decente”. Y con la decencia hemos estado jugando durante unos cuantos días en la política en España. Desde Podemos hasta el PP, pasando por los nacionalistas, y con el partido del Gobierno en medio. Desde Méndez Núñez, y su “honra sin barcos” en Cavite, no habíamos tenido semejante ataque de decencia. El almirante perdió toda una flota de madera, y la España actual intenta salvar cuatro modernas corbetas de metal.

El listón lo había puesto alto el heredero del monarca saudí, Mohamed Bin Salmán, un salvaje reconocido internacionalmente, que se pasea por el mundo deshaciendo vidas a su antojo. El heredero parece ser que mandó matar, de la manera más cruel que se puede imaginar, a un periodista, Jamal Khashoggi, que tuvo la osadía de reclamar para el mundo árabe derechos que, al menos antes, nos parecían a los españoles algo intocable.

Hasta no hace tantos años, en España se tenía que luchar por la libertad de expresión. Y eso no tenía precio. O eso se pensaba. Ahora sí sabemos cuánto es: 1.800 millones de euros. A cambio de esa cantidad, Bin Salmán podrá desmembrar vivos a todos los periodistas que quiera y bombardear escuelas yemeníes cuando le plazca, sin que nadie diga nada, en España al menos. No es barato, pero Bin Salmán, pariente de Osama Bin Laden, tiene ese dinero. Con el que consigue que ni Donald Trump le tosa sin pensárselo dos veces.

En Lawrence de Arabia, la película de David Lean sobre el nacimiento de la brutal teocracia que gobierna sobre el inmenso mar de petróleo escondido bajo el desierto de la península arábiga, se pueden ya intuir bastantes elementos de esta historia, como la crueldad de sus líderes y el odio a los otomanos. Por supuesto, el desprecio por la libertad de los más débiles.

Pero ante todo eso se ha alzado, insobornable, la voz unida de toda la política española: la libertad de expresión no está en venta. Bueno, un poco sí, pero el precio será muy caro: 1.800 millones de euros.

Los cadáveres de José Couso (1) y de Jamal Khashoggi, muertos los dos defendiendo la libertad de informar, se removerán para discutir entre ellos si el precio está ajustado o no a lo que pedían, que era al fin y al cabo lo mismo: la libertad.

Barcos sin honra.

(1) Nota del editor de Other News : José Couso, periodista español,  reportero de Telecinco asesinado en Bagdad en 2003 por disparos procedentes de un tanque estadounidense.

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*Jorge Martínez Reverte, columnista de El País de Madrid. Firma sus obras como Jorge M. Reverte es un escritor, periodista e historiador español.

 

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