Derechos Humanos, Extremismo radical, Migraciones y refugiados, Populismo, Racismo&discriminación

Violencia fronteriza y deportaciones ilegales en los Balcanes

May 23 2019

No Name Kitchen* 

El informe de abril sobre la violencia fronteriza y las deportaciones ilegales en la región de los Balcanes, compilado por personas voluntarias de No Name Kitchen, Border Violence Monitoring y de otras organizaciones en el terreno detalla, entre otras cosas, la presencia de un sitio de detención dentro de un garaje en la estación de policía de Korenica en Croacia.

Desde Diciembre, han sido muchos los grupos de refugiados que han hablado de este lugar. Se utiliza como una célula de retención que parece muy común donde se retiene a las personas refugiadas y migrantes antes de ser deportadas. A continuación se encuentran citas de personas que han descrito sus horas detenidas en este lugar:

«El suelo es todo cemento, hace frío y tenemos que dormir sobre él. Sólo hay un grifo de agua y un pequeño calentador en la pared. La puerta es azul y hay muchos mensajes escritos sobre ella en muchos idiomas, como fechas, nombres, y lugares de origen como pakistaní, argelino, marroquí, árabe, iraní, sirio, de todas partes.»

«Es un garaje, como un viejo cuartel. Justo al lado hay una entrada y una estación de policía frente al edificio. El cuarto es de 25 o 30 metros de grande con una puerta azul. Hay un patio entre la estación de policía y el edificio. El camino para acceder a este lugar es muy pequeño.

«olía como en un váter sucio. Me disculpo por la elección de la palabra, pero había mierda, meadas y basura por el suelo. El olor era muy malo. El garaje no era muy grande, pero había mucha gente dentro.»

«Nos pusieron en una celda, pero no creo que fuera una celda, es más como un garaje, hay una puerta azul cielo y baldosa en el suelo. En el medio hay un agujero de evacuación de agua. En el parking del coche, hay coche policial marca Ford, un Ford Fiesta y dos furgonetas.»

Estos informes nos dan la oportunidad de arrojar algo de luz sobre un proceso que sigue unas pautas sistemáticas. El sistema de deportaciones colectivas, se acompaña de la negación de estas prácticas ilegales. Los procedimientos de deportación se llevan a cabo a escondidas y en zonas aisladas, minimizando el riesgo de que estos actos cuenten con testigos. El uso de este garaje para detener discretamente a un gran número de personas en tránsito, escondido de la vista pública, es sólo otro mecanismo más utilizado para proteger violentamente las fronteras de la Unión Europea.

La tierra tiene memoria. Las pisadas dejan huellas por donde pasan y, a veces, ni la lluvia las puede borrar. En lo que va de año, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, 3.357 personas llegaron a Serbia por vía terrestre. Tan solo en febrero, 467 de ellas mostraron intención de pedir asilo en el país. Fueron 36 las solicitudes admitidas a trámite y 6 las finalmente aceptadas.

Muchos de los asentamientos informales de refugiados en Serbia han sido desalojados para transferir a estas personas a campos oficiales que, según un informe de Amnistía Internacional, están abarrotados. Las condiciones de vida en los campos son pésimas y el aislamiento geográfico de estos lugares con respecto a cualquier núcleo poblacional imposibilitan la comunicación, la coexistencia y el acercamiento con el resto de la sociedad.

Un país que en un principio era de tránsito se ha convertido en la última línea fronteriza para muchos. Las infranqueables fronteras húngara y croata han transformado a este pedazo de tierra en un espacio de insoportable espera y estancamiento. La externalización de las fronteras europeas en la zona occidental de los Balcanes aumenta por momentos. En septiembre de 2018, la Unión Europea y Serbia rubricaron un acuerdo que conllevará el potencial despliegue de operativos de FRONTEX en el país. La Europa Fortaleza cómplice de la constante vulneración de derechos humanos se hace cada vez más grande y, en contra de su principal argumento, insegura para miles de personas.

Las noches sin dormir, los encarcelamientos injustificados y las cicatrices pesan en los pasos. Las huellas son profundas.

Tres compañeros desde Velika Kladusa, Sid y Patras nos cuentan cómo ha sido la última semana en estos tres puestos fronterizos europeos. Los contantes ‘games’ fallidos por ir en busca de una vida mejor, las frustraciones de las personas refugiadas sin refugio y las consecuencias directas de las fronteras selladas de esta Europa nuestra.

Crónica de un voluntario de NNK en Sid, Serbia

Me gustaría escribir que este es realmente un lugar de tránsito en el que las personas que huyen de guerras y persecuciones recuperan fuerzas para seguir. Me gustaría escribir que esto sigue un ritmo constante y que ninguno de ellos está atrapado en Serbia desde hace casi un año. Me gustaría escribir que la policía no les pega hasta extenuarles, hasta romperles los brazos y las caras y que nadie ha perdido la consciencia tras largos minutos de palos ininterrumpidos.

Me gustaría, pero sigo viendo zapatos rotos tras largas horas de caminar y sigo viendo personas llegando al squat a las 9 de la mañana tras ser deportados. Sigo (y todo apunta a que seguiré) viendo como los mandamases, lejos de cerrar los ojos frente a esta crisis, los tienen bien abiertos y juegan desde sus altos edificios una partida de ajedrez humano.

¿Lo que veo cada día? Unas vías del tren que asustan si se sabe todo lo que ahí pasa; una fábrica sin ventanas, inundada por las lluvias primaverales, recubierta de tiendas de campaña veraniegas; veo cantidades de dinero inimaginables entregadas a traficantes de personas para llegar a Europa, con las que cualquier occidental podría pagarse las vacaciones de su vida; veo violencia policial, veo la destrucción de la humanidad frente a mis ojos en la carne herida de jóvenes apagados, que todavía son capaces de sonreír.

También me gustaría escribir los últimos capítulos de esta historia, que está más cerca de la ficción que de la realidad, pero no puedo. Me gustaría poder escribir que lo peor es el frío, los golpes, el hambre o la sed, pero escribiré la verdad: lo peor es la mella, el daño psicológico, que será más difícil de curar que todo el sufrimiento físico temporal que puedan pasar estas personas. A falta de políticas, pido respeto, empatía, solidaridad, empoderamiento, integración. Pido humanidad.

Crónica desde la frontera de una voluntaria:

En días lluviosos como este, Velika Kladusa parece un pueblo fantasma. El ajetreo habitual es sustituido por el sonido de la lluvia. El viento susurra entre las grietas de los edificios abandonados donde personas migrantes se hacinan buscando cobijo. Después, solo se escucha el silencio.

Velika Kladusa es un grito a la desesperanza. Un sinfín de historias terribles por contar. Velika Kladusa es un retrato devastador del resultado de un sistema político inhumano, que está consumiendo la vida de miles de personas. Velika Kladusa es una procesión de almas exhaustas y cuerpos magullados debido a la violencia en nuestras fronteras.

La situación de esta pequeña localidad fronteriza es crítica y la inacción gubernamental es el denominador común. La mal llamada crisis de refugiados ha dejado en evidencia las debilidades del proyecto europeo y la volatilidad de sus valores. Los derechos de las personas refugiadas son papel mojado. Y no hay aires de cambio, solo un estanque de promesas vacías.

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*No Name Kitchen (NNK) es una ONG compuesta por voluntarios de varios países y desarrolla sus actividades en Šid (Serbia), a 5 km de la frontera croata, en Velika Kladuša (Bosnia), a 2 km de Croacia.

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Países Bajos: vanguardia en el populismo antimigración (*)

Ana González-Páramo – Fundación porCausa

¿Qué ha sido de la tradicional tolerancia holandesa? ¿Cómo han pasado de ser una sociedad abierta, laica y pragmática a colocarse en la vanguardia del populismo antimigración?  La Fundación porCausa, en su informe ‘La Franquicia Antimigratoria: cómo se expande el populismo xenófobo en Europa’ escogió los Países Bajos como uno de los estudios de caso para ilustrar el avance del populismo xenófobo. La elección se debió al avance de esta opción política, con dos formaciones, una que encabeza la oposición en la Cámara baja y la otra que lidera el Senado. El Partido para la Libertad (PVV) de Geert Wilders y el Foro para la Democracia (FvD) de Thierry Baudet representan, dos versiones de un mismo populismo antimigración que podría incluso gobernar el país en un futuro próximo.

La sociedad holandesa podría definirse hoy más como una sociedad tolerante que multicultural. Tras décadas de transición desde el multiculturalismo hacia un enfoque más asimilacionista en los 90, el gobierno de Jan Peter Balkenende y su línea dura de asimilación con multas, deportaciones y controles más estrictos sobre inmigración y asilo, enterraba definitivamente el multiculturalismo. En el Manifiesto de 2006 ya se declaraba que “la cultura, las normas y los valores holandeses deben ser dominantes”.

La creación del discurso islamófobo es sin embargo más tardía. Ya en el escenario posterior al 11-S, los asesinatos del político Pym Fortuyn en 2002 y el de Theo van Gogh en 2004 marcaron un antes y un después en la historia reciente del país. En el caso de Theo Van Gogh, cineasta y celebridad influyente, asesinado brutalmente en plena calle a manos de un holandés fundamentalista de origen marroquí, conmocionó profundamente a la sociedad, rompió el tabú en torno a la inmigración e inició el debate político sobre la incompatibilidad del Islam con la identidad nacional.

Las teorías conspirativas sobre la islamización de Europa (Eurabia) fueron personalizadas en Geert Wilders y el PVV. Ya en campaña electoral en 2017, y en el contexto de crisis económica iniciada en 2007, Wilders consiguió ligar y explotar el vínculo entre el odio a la inmigración y el empobrecimiento de la clase obrera y media, jubilados y parados holandeses. Wilders, populista al 100%, se erigió en representante de los desprotegidos frente a las élites gobernantes (entonces liberales y socialdemócratas que aplicaban recortes y austeridad) y frente a la inmigración, formada según él, por gorrones, criminales y delincuentes. Aunque Wilders presumió en campaña de su sintonía con Trump y del éxito del Brexit, los resultados, algo decepcionantes en 2017, demostraron que esa comunión con el nuevo presidente de EEUU, cuyas primeras medidas rompían el statu quo internacional, asustaban a los pragmáticos holandeses.

El PVV quedó como primer partido de la oposición, pero no consiguió llegar al gobierno, no por su ideología sino por no ser un socio fiable. En esas elecciones se estrenaba otro partido xenófobo, Foro para la Democracia, que entraría en la vida política nacional y hoy hace peligrar la hegemonía de Wilders en el populismo xenófobo holandés. Geert Wilders, salido de las filas del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del actual Primer Ministro Rutte, fundó su Partido de la Libertad (PVV) en 2006 como rechazo a la entrada de Turquía en la UE. Wilders es el único miembro de su partido, según él para evitar la infiltración de extremistas y sortear el odiado aparato partidista, pero parece más bien motivado por el miedo a la pérdida de poder y su obsesión por el control y la seguridad. Amenazado de muerte, vive blindado y aislado de la sociedad. No es accesible a los medios de comunicación convencionales, no interactúa y se comunica básicamente a través de Twitter y otras redes sociales. Ha sido enjuiciado dos veces por declaraciones de odio contra los musulmanes y en 2016 fue declarado culpable de difamación e incitación a la discriminación contra los marroquíes. Wilders tiene un discurso islamófobo y ultranacionalista. Él mismo reconoce que creó el PVV para luchar contra el Islam. No obstante, para intentar ocultar el factor racista que está implícito en su discurso, argumenta que su rechazo es al Islam como ideología fascista y totalitaria similar al nazismo. Según él, ataca los valores judeocristianos, humanistas y liberales en los que se basa la cultura de los Países Bajos.

Un dandy al frente de un partido machista, racista y xenófobo

Pero el gran protagonista de la política holandesa actual es Thierry Baudet, fundador y líder del Foro para la Democracia (Forum Voor Democratie-FVD). Se prevé que su partido será el más votado en las europeas del 23 de mayo,  según las proyecciones de Politico.eu. El FvD irrumpirá en el Europarlamento con cinco eurodiputados y dejará al PVV de Wilders de segundón en la carrera populista con un solo escaño (antes cuatro).

El FVD es un partido nacionalista, ultra conservador y euroescéptico, que promueve el establecimiento de un estado social basado en la democracia directa que acabe con el “cártel” de los partidos políticos. Aunque FvD es un partido con aparato y organización, el liderazgo de Thierry Baudet (36 años), como en la mayoría de los populismos es determinante.  Joven, guapo, intelectual, y con un ego desmedido, tiene entre sus ocupaciones la de político, jurista, historiador, periodista, escritor, columnista, editor, productor de televisión, activista, tertuliano, investigador y docente. Al contrario que Wilders, más huraño y huidizo para los medios, Baudet es una celebridad. No es religioso, pero simpatiza con los valores cristianos y es ante todo un firme opositor del multiculturalismo.

El Foro ha destronado a Wilders en la hegemonía del populismo identitario holandés. No solo le ha quitado gran parte de su electorado sino que ha ampliado el suyo a sectores más educados y pudientes que despreciaban a Wilders por sus formas rudas. El perfil de su votante es el de hombre blanco joven, con creciente apoyo entre algunas minorías étnicas y la élite intelectual conservadora. Aunque sus formas y discurso son más sofisticadas, su impronta ideológica es mucho más extrema que la del PVV. Baudet es profundamente anti-izquierda (acusa a los progresistas de estar infiltrados en los medios, la educación y el sector público), machista y misógino (en una entrevista llegó a decir de las mujeres: “en general tienen menos ocupaciones y ambiciones” y en un artículo más reciente, llegó a decir: “no quieren que respetes su ‘no’, que respetes su resistencia. La realidad es que las mujeres quieren ser abrumadas, poseídas, sí, quieren ser dominadas“).

Baudet también es racista y supremacista blanco, aunque ha preferido no insistir en campaña en esta faceta y apostar por la islamofobia. También hace campaña contra la “histeria del cambio climático” y sobre todo contra la inmigración. Explotó sin ningún miramiento el atentado de Utrech de marzo de 2019, tan solo dos días antes de los comicios regionales, en un momento electoral perfecto. Y arrasó. Las proyecciones de voto para las Europeas de mayo de 2019 le siguen poniendo en racha. El huracán Baudet parece que se llevará por delante al extraño Wilders y su populismo kitch, rudo y sin matices, centrado en la frustración popular y en la retórica islamófoba y con un lenguaje casi bélico. Baudet, en su rol de dandy intelectual, que con elocuencia y teatralidad introduce en campaña mensajes aún más radicales y profundos que los de Wilders, se arma para una guerra cultural contra los burócratas europeos, los inmigrantes, los musulmanes y las feministas por igual. Él es el más claro reflejo europeo de la guerra cultural de la Alt-right americana. Habla de una ‘disolución homeopática’ de la sociedad holandesa, que debido a la inmigración y el mestizaje presagian la decadencia política. Baudet recurre a la concepción fascista del pueblo como un ser vivo que necesita higiene para protegerse de las enfermedades internas y externas. Habla de la “Europa boreal”, mito por el que los europeos son de ascendencia polar y aria, en un espacio étnicamente blanco. Baudet es un lobo con piel de cordero.

En los últimos años, el mapa político holandés se ha escorado claramente a la derecha. La socialdemocracia se ha derrumbado estrepitosamente, pasando de ser socio minoritario en el anterior gobierno Rutte a la séptima posición en las elecciones de 2017, que paga el precio de haber sido ejecutor de los severos recortes de la crisis. Tan solo la Izquierda Verde (GroenLinks) crece como alternativa progresista de futuro. Si finalmente el Primer Ministro Rutte es nombrado para algún alto cargo institucional europeo, su partido se quedará huérfano y será la oportunidad de los populistas, y especialmente del Foro de Baudet para llegar al poder.

Por el momento, ambas formaciones marcan distancias entre sí en Bruselas. Wilders ya ha manifestado su apoyo al grupo de populistas identitarios que está patrocinando Salvini, mientras el Foro para la Democracia se incorporaría al de los Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), junto a los polacos de Ley y Justicia o a los tories británicos. Unidos o separados, después del 23 de mayo el populismo xenófobo será mucho más fuerte en los Países Bajos.

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(*) Artículo divulgado por Público.es

 

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