Economía y Finanzas, Neoliberalismo, Proteccionismo

El dinero fiat

Jul 29 2019

Por Luis Casado*

Emitir moneda está dejando de ser un privilegio de los Estados. Estos últimos siempre fueron el órgano de ejercicio del poder de la clase dominante. Hoy en día hay empresas -léase empresarios- que buscan eliminar la exclusividad monetaria de los Estados, como una forma de imponer su propia dominación sobre sus pares

Si vas a Wikipedia tendrás una explicación luminosa sobre el vil billete por el que te juegas el pellejo cada mañana, ese que te hace perder tu vida intentando ganártela:

“El dinero fiat (fiat: del latín ‘hágase’, como en fiat lux: hágase la luz) o dinero por decreto, es una forma de dinero sin valor intrínseco. Su valor se basa en su declaración como dinero por el Estado.”

Nótese que entretanto el Estado deshizo los lazos que alguna vez lo unieron a la institución dizque especializada en el dinero: el Banco Central. No deja de ser curioso que un Estado declare una moneda como su dinero, y luego le confíe la gestión a terceros a quienes el interés general les inquieta tanto como su primera diarrea infantil.

El dinero fiat suele confundirse con el dinero fiduciario, pero no son equivalentes. A priori, el dólar, el euro y el yen son dinero fiat, así como las principales monedas de curso internacional. El dinero fiat tiene su respaldo en una imposición legal del gobierno que lo impone como moneda de curso legal.

El dinero fiduciario, por su parte, se basa en la confianza: es aceptado por los agentes económicos como medio de cambio, sin necesidad de que un gobierno imponga su uso. Mientras haya confianza, ya puedes aceptar que te paguen con canicas, con un vale por, o con bostas de ganado bovino.

En la Historia reciente, dos gigantescas revoluciones se financiaron con papelitos que terminaron sirviendo para usos un pelín escatológicos: la americana y la francesa. No es que los Continentales, los greenbacks o los assignats, como moneda fiduciaria, hayan inspirado mucha confianza, pero negarse a aceptarlos era un poquillo arriesgado: los Minutemen, que fusilaban por quítame allá estas pajas, y el Tribunal Revolucionario, que recetaba la guillotina por menos que eso, respaldaron los dineros fiduciarios de dos nacientes repúblicas.

Luego, en los EEUU, el dinero fiduciario –ese basado en la confianza– tuvo más popularidad que Elvis Presley: cualquier hijo de vecino podía emitir libremente su propio dólar, a tal punto que cuando –como consecuencia de una serie de pánicos bancarios, entre los cuales el de 1907– pararon el recreo con la creación de la Reserva Federal en diciembre de 2013, circulaban en el territorio de la Unión no menos de 8 mil dólares diferentes, diversamente apreciados, y depositarios de diferentes niveles de confianza (James K. Galbraith. “El dinero”).

Lo que contribuye a asimilar el dinero fiat al dinero fiduciario tiene que ver con la evolución del dólar. Hoy en día, después de que Nixon quitase la convertibilidad en oro, los EEUU emiten dólares que es un gusto, y hace años que no le informan a nadie de las respectivas estadísticas. Como dijo John Connally, Secretario del Tesoro de Richard Nixon… “El dólar es nuestra moneda, pero es vuestro problema”.

Los EEUU producen dólares para comprar lo que producen otros países. ¿Con qué respaldo? Dos: los cojones del Imperio y la pusilanimidad del resto del mundo.

En claro, el dólar vale lo que vale, porque en el fondo no vale un cuesco: lo sostiene la confianza, esa que cada cual deposita en el dólar, o en los EEUU de América, anda a saber. Ya sé que es poco, pero por el momento basta. Hasta que la confianza se vaya al diablo.

Suelo decir que no hemos inventado nada. Caterina la Grande, zarina de todas las Rusias (siglo XVIII), vivió en la opulencia emitiendo rublos que todos aceptaban sólo porque se trataba de Caterina la Grande. Detrás había –mayormente– pueblitos Potemkin, aldeas móviles que el amante de la zarina desplazaba siguiendo el curso del río de Crimea por donde navegaba su ama y señora, para que constatase cuan próspera era Rusia y cuanto la amaban sus súbditos.

Este sistema monetario tan apañado –vale por– se utilizó por primera vez en el siglo XI en China, y favoreció la expansión de las dinastías Yuan y Ming. Lo dicho: no hemos inventado nada.

Quien sabe, en una de esas, hace 45 mil años un Cromañón ya había negociado con un Neanderthal: “Déjame el uro que has cazado, y te doy dos lajas para hacer patitos en el agua…” Solo la confianza facilita transacciones de este tipo.

Cuando pienso que sobre este frágil edificio los economistas construyeron pinches teorías monetaristas que enseñan en las universidades…. Y lo peor es que cobran…

Como se dijo, la era contemporánea del dinero fiduciario comenzó con Nixon en 1971, cuando terminó con la convertibilidad en oro del pinche dólar. Los Acuerdos de Bretton Woods, al final de la 2ª Guerra Mundial, cuando los europeos estaban en las cuerdas, hicieron del dólar la moneda planetaria y de los EEUU su amo y señor. ¿Para qué producir nada si los EEUU producen los dólares que compran todo?

Así empezaron a quedarse sin laburo los actuales electores de Donald Trump. Los beneficiarios de la estafa no frecuentan las fábricas. Así se inició también la fluctuación de las divisas, que basan su valor en relación al valor de las demás (?), y con ello el altamente lucrativo mercado de divisas, que mueve alrededor de 3 billones de dólares al día. ¿Capici?

Ya puestos, ¿porqué no crear tu propia moneda? Es lo que se dijo Mark Zuckerberg, patrón de Facebook: “¿Qué tiene la Reserva Federal que yo no tenga?” Después de todo Facebook tiene más adeptos que la FED. Ni corto ni perezoso inventó una moneda, la Libra, mezcla de dinero fiat y dinero fiduciario.

Fiduciario porque sugiere disponer de un “respaldo” que garantice la confianzaFiat porque él lo dice, no te jode. Y porque logró reunir en torno a sí un paquete de filibusteros de mucho cuidado (ver la imagen). Visto así… la Libra tiene más credibilidad que muchas monedas sudakas y unas cuantas del primer mundo.

John Mauldin, mi experto financiero preferido, proclama:

“Lo primero que noté –que me sorprendió grandemente hasta que comprendí las matemáticas de la asociación– es que no hay grandes bancos. Asumo generalmente que los grandes bancos, junto a los reguladores gubernamentales, traerán la principal moneda electrónica. Pero, una vez más, nótese que MasterCard y Visa son miembros. Así como PayPal y otros medios de pago financieros. Mmmmm…”

“Contrariamente al Bitcoin, la Libra no será operada resolviendo problemas matemáticos. Estará respaldada por activos financieros, que según la asociación consistirán de líquido en varias monedas, bonos gubernamentales, y otros activos similares de corto plazo. Todos irán a una ‘reserva de la Libra’ a medida que los usuarios contribuirán con dinero, y cada Libra será una porción de esa cuenta. Su valor fluctuará con relación a las monedas convencionales, pero no mucho (eso es lo que esperan).”

No sé si captas, pero hasta ahora las monedas solían tener el respaldo de un Estado. Los valores fiduciarios vivían colgando del dinero fiat, y de alguna manera eran un reflejo de su salud.

Las monedas de nueva generación serán (¿son?) el producto de la voluntad, el poder y las ansias de lucro de empresas privadas. Sin ser una novedad, este hecho contribuye a poner los Estados en el sitial que les corresponde en el siglo XXI: simples condotieros de intereses privados.

Para darse cuenta basta con sacar la cabeza por la ventana y abrir los ojos.

Prevenidos quedamos.

———————

*Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos

 

admin