Conflictos armados, Economía y Finanzas, Extremismo radical, Fuerzas Armadas, Neoliberalismo, Populismo

El Estrecho de Ormuz al rojo vivo

Jul 25 2019

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) * – elclarín.cl

Este Estrecho es un lugar estratégico, pues por él  pasan 19 millones de barriles de petróleo diariamente. Si se cerrara, el precio  del petróleo podría aumentar a 200 dólares el barril, favoreciendo a los productores y la consecuente ruina para los países importadores. El Estrecho de Ormuz comunica el Golfo Pérsico  con el mar de Omán, por consiguiente, es un lugar estratégico en el Medio Oriente.

El Estrecho de Ormuz   colinda con Irán, y en la otra ribera, con los Emiratos Árabes y Omán; Arabia Saudita, el principal competidor de Irán en el dominio del Medio Oriente, también sus costas dan al Golfo Pérsico, a su vez, en Bahréin se encuentra la quinta flota de Estados Unidos.

Desde el mes de mayo de 2018 el gobierno de Trump se retiró del Tratado de “5+1” que controlaba el desarrollo nuclear de Irán y, partir de ahí, las restricciones económicas se han ido radicalizando hasta llegar a la amenaza de prohibir a los demás países de  comprar  petróleo y gas natural a Irán.

En el fondo, si analizamos bien el conflicto entre Estados Unidos e Irán, encontramos que se ha convertido en el punto álgido con respecto al dominio del Medio Oriente, con Israel y Arabia Saudita interpuestos como peones de Estados Unidos.

La Unión Europea, cuyo poder cada vez es más disminuido al depender de la OTAN y no poseer un ejército propio, no ha roto el Tratado de no proliferación de armas nucleares con Irán, sin embargo, el poder de arbitraje de la Unión Europea es, prácticamente, nulo.

Irán, una especie de teocracia, con 80 millones de habitantes de alto nivel cultural, heredero del gran imperio persa, posee un poderoso ejército, cuyas tropas de élite la constituyen los Guardianes de la Revolución.

Para todos aquellos que buscan una explicación geopolítica en la ruptura del islam entre chiitas y sunitas, centran sus análisis en el hecho de que los iraníes son hegemónicamente chiitas, mientras que los árabes saudíes, sunitas;  se equivocan de plano, pues la región petrolera que da al Golfo Pérsico de Arabia saudita es chiita.

La explicación religiosa de los conflictos debería ser relativizada en los  análisis políticos, que puede ser muy válida para el historiador, pero secundaria para la actualidad. En cierto grado, conflictos entre chiitas y sunitas que podrían ser comparables al de católicos y protestantes, tema muy bien tratado por Max Weber a comienzos del siglo XX, pero que no son capaces de explicar fehacientemente las relaciones políticas entre Estados y la derecha latinoamericana.

Irán, aliado de Rusia, ha logrado dominar gran parte del territorio sirio por el sur, y por el norte, Turquía pretende penetrar en Siria, (el Presidente Erdogan está en conflicto con la OTAN  y Estados Unidos); por otro lado, Irán tiene influencia en el grupo hezbolá, en lucha con los israelíes en los Altos del Golán, además de las guerrillas en Yemen.

Los ¾ de las exportaciones iraníes corresponden al petróleo y al gas natural, por consiguiente, el bloqueo por parte de Estados Unidos y sus aliados están afectando en forma importante la economía persa, cuyo PIB ha bajado en un 6%, y su moneda se ha devaluado considerablemente. El objetivo de Donald Trump, (no  muy distinto al que aplicara Richard Nixon en Chile, en la década del 70), es hacer crujir la economía iraní  provocando una rebelión que derroque el gobierno de Hassan Rouhani.

Ante la amenaza de no comprar ni una gota de petróleo a los persas, el Ayatolá ha respondido con la misma fuerza de que impedirán el paso de una sola gota de petróleo por el Estrecho de Ormuz.

El conflicto en el Golfo Pérsico y en el Estrecho de Ormuz ha ido escalando: de la cuasi guerra del mes de junio último, se ha agudizado hasta llegar a un mutuo derribo de drones y, últimamente, a la confiscación  de un buque-tanque petrolero inglés, el Stena Imperio, y por parte de los ingleses, también un buque-tanque iraní que, según los británicos, se dirigía a Siria.

En una situación como la protagonizada por Estados Unidos e Irán es muy fácil ser profeta milenarista, sin embargo, es preciso considerar que a ninguna potencia hoy le conviene el cierre del Estrecho de Ormuz, pues provocaría una crisis económica mundial. A su vez, si explotase por error humano una tercera guerra mundial, (aún los historiadores ignoramos cuál fue la verdadera causa de la primera guerra mundial), no estaríamos vivos para narrar los hechos, y el género humano desaparecería, como antes los dinosaurios).

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*Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) ha sido Profesor de Historia en la Universidad Católica de Valparaíso, Chile y en la Universidad Bolivariana (entelequia de Chávez), Venezuela. Ha sido Diplomático. Colabora en diferentes Medios aportando artículos sobre temas de actualidad.

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Anexo:

 Brasil mantiene varados dos buques iraníes

Por Por Eric Nepomuceno – Página12, Argentina

Bolsonaro tensa la cuerda con Irán

«Ustedes saben que estamos alineados con la política de EE.UU.», dijo el mandatario brasileño, temiendo sanciones. Pone en riesgo el comercio con Teherán 

Desde principios de junio dos buques iraníes permanecen varados en el puerto de Paranaguá, en la sureña provincia de Paraná. Uno de ellos, el Bavand, está cargado con unas 50 mil toneladas de maíz. El otro, Termeh, debería haber zarpado el domingo 9 de junio para el puerto de Imbituba, al sur de Paranaguá, para recibir otras tantas toneladas de maíz.

La insólita situación se debe a que la estatal Petrobras se niega a proveer combustible a los buques, alegando temer sanciones de los Estados Unidos. Consultado sobre el tema, el presidente Jair Bolsonaro, un ultraderechista que tiene a su par norteamericano Donald Trump como guía, contestó en su estilo típico: ‘Ustedes saben que estamos alineados con la política de los Estados Unidos. Por eso hacemos lo que tenemos que  hacer’.

Tanto la estatal petrolera como el presidente deberían saber que las sanciones impuestas por Trump a Irán abren excepciones para venta de alimentos y medicinas. Y, hasta donde se sepa, el maíz es alimento.

Bolsonaro, además, debe – o debería – saber que una tercera parte de todas las exportaciones brasileñas de maíz tienen como destino Irán. Y que buena parte de la urea empleada en la fabricación de fertilizantes brasileños viene de Irán. Además, los iraníes son buenos compradores de soja y carne de Brasil.

Otro punto que el presidente parece despreciar es que el comercio bilateral con los iraníes deja elevados superávits para Brasil. En el primer semestre de 2019, o sea, ya con Bolsonaro ocupando el sillón presidencial, ese superávit ha sido de nada depreciables mil 273 millones de dólares. Brasil exportó a Irán exactos mil 299 millones de dólares, un aumento de casi 18% en comparación con el primer semestre de 2018, mientras que los iraníes vendieron al país escasos 27 millones de dólares.

El combustible que Petrobras se niega a entregar fue comprado por la empresa brasileña Eleva, que importó la urea iraní. La propietaria de los buques, la Sepid Shipping, instalada en Irán, efectivamente aparece en la lista de empresas sancionadas por Washington, pero quien compra el combustible es una empresa brasileña. No hay dinero iraní en la compra que la estatal se niega a entregar.

La Petrobras asegura que hay otras empresas que venden diesel en el puerto de Paranaguá, lo que es verdad. Ocurre que la única empresa que vende el tipo de diesel utilizado tanto por el Bavand como por el Termeh es la estatal. Además, por razones de seguridad se descarta que se llenen los tanques buques a partir de otro buque.

La estatal brasileña dice que la urea está entre los productos iraníes sancionados por los Estados Unidos.

También es verdad. Pero esas sanciones empezaron a ser aplicadas el pasado mayo, y la venta del producto a la Eleva había sido debidamente autorizada antes por Washington.

O sea, ninguno de los argumentos de la Petrobras se sostiene. Se trata de destacar la nueva política externa brasileña, transformada en seguidora absoluta de lo que determina Washington.

El tema viene causando roces diplomáticos – por ahora discretos – entre Brasil e Irán. El martes 23, el embajador iraní fue hasta el ministerio de Relaciones Exteriores, en Brasilia, para informarse sobre las eventuales iniciativas del gobierno de Bolsonaro para el problema. Salió sin oír nada concreto. El tema deberá llegar a la Corte Suprema.

Esa situación tensa es la primera experimentada, en términos concretos, por las relaciones Brasil-Irán luego del alineamiento absoluto de Bolsonaro a la política externa de Trump.

El mismo martes en que estuvo en el ministerio de Relaciones Exteriores, el embajador iraní Seyed Ali Saghaeyan concedió una entrevista a una agencia de noticias diciendo que su país estudia la posibilidad de suspender las compras de maíz brasileño.

Lo que está en riesgo es uno de los principales destinos del maíz exportado por Brasil. Para no mencionar, desde luego, algo que había antes de la llegada del nuevo gobierno, un viejísimo concepto llamado ‘soberanía’.

 

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