Comercio, Economía y Finanzas, Racismo&discriminación, Xenofobia

El coronavirus amenaza al comercio mundial

Feb 19 2020

Por Gustavo Capdevila

GINEBRA,  feb 2020 (IPS) – El crecimiento del volumen del comercio mundial seguirá debilitándose en el comienzo de 2020 y un nuevo componente, el efecto de la enfermedad del coronavirus (Covid-19), se sumará a los factores que determinan la celeridad con que la economía global pueda recuperarse, vaticina la Organización Mundial del Comercio (OMC).

El último informe periódico de la OMC, el Barómetro del Comercio de Bienes, divulgó este lunes 17 los datos recogidos en diciembre de 2019, cuando el fiel que registra las variaciones del volumen del comercio se detuvo en 95,5, inferior a la lectura de 96,6 obtenida en noviembre y en ambos casos por debajo del punto de referencia, 100, que utiliza el índice.

En esa señal se apoya la OMC para adelantar que el crecimiento seguirá siendo débil este año. Y a continuación pronostica que la lenta partida de 2020 puede agravarse en los meses siguientes por las amenazas en la sanidad mundial y otros episodios internacionales recientes que hasta ahora no habían aparecido entre los datos que históricamente se emplean para medir la marcha del comercio global.

Con anterioridad, las estadísticas de la OMC habían señalado que los volúmenes de comercio de mercancías registrados en el tercer cuatrimestre de 2019 cayeron 0,2 por ciento con relación al mismo período de 2018.

En la comparación anual de los indicadores de crecimiento correspondientes al cuarto cuatrimestre aparece una leve recuperación, pero las últimas lecturas del Barómetro no proveen indicación alguna de recuperación sostenible, observó la institución.

La OMC arriesga el vaticinio de que en la comparación anual el crecimiento del comercio puede caer otra vez en el primer cuatrimestre de 2020, aunque las estadísticas oficiales solo podrán confirmarlo en junio.

El descenso del Barómetro a partir de noviembre de 2019 ha sido causado por las declinaciones en los índices de embarques de contenedores (94,8) y de materias primas agrícolas (90,9), mientras se estancaba (en 100) el índice de productos del sector automotor.

Otros indicadores, como órdenes de exportación (98,5), carga aérea (94,6) y componentes electrónicos (92,8), se encuentran por debajo del punto de referencia, pero parecen haberse estabilizado y se espera que aumenten en los próximos meses.

De cualquier manera, todos los componentes del Barómetro serán influenciados por el efecto económico del Covid-19 y por la eficacia de los esfuerzos por tratar y contener ese mal, sentenció la OMC.

En ese caso, la eventual expansión de la epidemia, descubierta en China a fines de 2019, se sumaría a los demás “episodios” que mantienen en la incertidumbre a la OMC y al comercio mundial como son, entre otros, las consecuencias colaterales de la guerra arancelaria declarada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, contra la ascendente potencia asiática y las contingencias que depara la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

El brote del virus Covid-19 fue detectado en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia china de Hubei. Las primeras reacciones y preocupaciones se orientaron a aislar el virus, atender a los pacientes y establecer medidas de prevención.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Gebreyesus,  declaró el 30 de enero el estado sanitario de alerta internacional. Ya para esa fecha fuentes oficiosas de orígenes diversos comenzaron a poner sobre aviso de los riesgos colaterales que la epidemia acarrea a las actividades humanas y en particular a la economía.

Por lo pronto, la reputada economista estadounidense Ives Smith, observó en  la entrega del 17 de febrero del blog Naked Capitalism (capitalismo desnudo), que los tenedores de acciones bursátiles de su país “están alegremente despreocupados acerca de la posibilidad de que la economía china salga dañada del brote de coronavirus”.

En contraste, apuntó la editora del blog, varios artículos coincidentes de medios de comunicación de gran difusión sostuvieron que las perspectivas negativas para China son más probables y graves de lo que cree la opinión generalizada.

“Hay que reconocer que el mercado de bonos está trastornado y que los productos básicos, en gran medida supeditados a las operaciones chinas, ya están tambaleando”, afirmó Smith.

“Nos concentramos en China pues la preocupación económica inmediata es cómo el avance de la enfermedad y los esfuerzos por controlarla perjudicaran a sus ciudadanos y a sus empresas de manera directa a Occidente (la alteración de las cadenas de abastecimiento, la pérdida de existencias críticas, daños a empresas que hacen muchos negocios en y con China) y de manera indirecta (un golpe a la demanda global)”, reseñó la economista.

El artículo de Naked Capitalism recuerda que la epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS, en inglés), que apareció en China entre 2002 y 2003, fue más fácil de controlar porque entonces el país era más pobre y en consecuencia la población china viajaba menos.

Cita también al columnista Cary Huang, del South China Morning Post, quien apunta que en la actualidad China tiene 288 millones de trabajadores migrantes internos, que representan un tercio de la fuerza de trabajo del país con una población total de más de 1400 millones de habitantes.

“Muchos que viajaron a sus viviendas rurales para las fiestas (de la extensa celebración del Año Nuevo Chino) se sentirán imposibilitados o remisos a regresar a sus trabajos en las ciudades”, deduce el autor.

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Anexos de La Jornada de México:

1. El virus, las naciones y la mundialización

La epidemia de coronavirus (Covid-19) abre una rendija que deja entrever el grado de integración de la economía política mundial, y exhibe las pequeñas maniobras políticas de los estados nacionales, que insisten en pensarse a sí mismos como si fueran soberanos.

Aunque la proporción de fatalidades entre las personas infectadas por el Covid-19 es baja (menos de 2 por ciento de los casi 74 mil casos confirmados hasta ayer), el ritmo de contagio es muy acelerado, mucho más que el de la epidemia viral del SARS, en 2003. Por otra parte, en esa época la economía china llegaba apenas a 4 por ciento del PIB mundial, mientras hoy representa 16 por ciento. Por eso, entre la importancia económica mundial que tiene hoy China y la velocidad de transmisión del nuevo virus los efectos de la epidemia se resienten en una geografía económica sorprendentemente diversa.

Lo primero que afectan las cuarentenas es el transporte; el tráfico aéreo del territorio chino se ha reducido a tal grado, que su volumen es hoy equiparable al de Portugal. Los chinos se están quedando en casa y los efectos de esto se resienten por todas partes. En 2019, los chinos hicieron 150 millones de viajes aéreos internacionales y se gastaron casi 130 mil millones de dólares haciendo turismo. Pero desde que empezó lo del virus, el volumen de sus turistas internacionales se contrajo más de 70 por ciento y, por tanto, los negocios turísticos en Europa occidental, Rusia y el sureste asiático sufren bastante. Macao decidió cerrar sus casinos durante 15 días, que es más o menos como decir que Las Vegas los hubiera cerrado. Por otra parte, hay 14 países que han cancelado todos sus vuelos a China, lo que afecta duramente al turismo en ese país.

Ayer, Rusia anunció que cierra su frontera con China–que mide más que la frontera entre México y Estados Unidos– y suspende los permisos de entrada a los ciudadanos chinos. Así nomás. Por su parte, Corea del Sur suena la alerta de que su economía podrá transitar pronto a un estado de emergencia; Sin­gapur, por su lado, inyectó 4.6 mil millones de dólares a su economía para defenderse de la reducción de comercio con China, pues el tráfico marítimo chino también se ha reducido entre 20 y 50 por ciento.

Muchas fábricas están paradas, sobre todo en la provincia de Hubai, que es una región manufacturera muy potente, pero no sólo, y hay bastantes empresas trasnacionales que sufren porque no les llegan componentes desde China. La fábrica principal de iPhones lleva cerrada algunas semanas, y la Apple anunció ayer que la empresa sufrirá pérdidas este trimestre. En un caso con tintes épicos, el Financial Times cuenta que algunos empleados de la firma inglesa Jaguar Land Rover transportaron en maletas 38 componentes indispensables, usando vuelos comerciales, para con ellos aguantar la producción de co­ches en Gran Bretaña, aunque fuera du­rante una semana.

La semana pasada se devaluaron las monedas de países que están prácticamente integrados a la economía China, como Tailandia, Sudcorea, Singapur y Australia. Ayer se anunció que Alemania entra en una desaceleración económica, así como Japón. A diferencia de 2003 con la epidemia del SARS, el Covid-19 sí tendrá un impacto medible en todo el mundo. Así, la banca francesa Société Générale estima que los mercados bursátiles del mundo podrían perder hasta 10 por ciento de su valor.

En China, los efectos de la epidemia, aunque en gran parte desconocidos, son impresionantes. Muchas cadenas trasnacionales, tipo McDonald’s, están cerradas, cosa quizá previsible, pero hay muchos detalles que sugieren que la prevención –en algunos casos, pánico– afecta la cotidianidad de mucha gente. Así, en Hong Kong hay ya un mercado negro de papel de baño, porque la gente está haciendo compras de pánico.

Los precios del petróleo han caído –eso lo sentimos desde México– como han bajado también los precios del hierro y del acero, todo eso era quizá previsible, pero en muchas zonas rurales de China, aún en provincias bien distantes de Hubei, muchos pueblos están cerrando carreteras para impedir que entren y salgan personas que puedan infectarlos. Da la sensación de que pedazos importantes de China se cierran sobre sí mismos.

Obviamente esta situación no puede extenderse demasiado tiempo. La gente tiene que salir de sus casas, de sus barrios y sus pueblos. Además, hasta ahora sólo hay unos 70 mil casos confirmados de pacientes con Covid-19, mientras tan sólo en Estados Unidos mueren más de 60 mil personas de influenza cada año. Pero, aun así, los costos sociales, económicos y políticos del virus son incalculables.

Así, el doctor Li Wenliang, que sonó la alarma del coronavirus en contra de un gobierno que prefería acallar la enfermedad, se convirtió en héroe nacional antisistema, después de que la enfermedad le cobró la vida. El virus ha exhibido la falta de transparencia en China. Hace unos días irrumpió otro escándalo, cuando se supo que el Primer Ministro Xi Jinping supo de la enfermedad dos semanas antes de que sonara la alarma; de esto se inculpó a algunos líderes locales, pero el escándalo en realidad toca la legitimidad del sistema entero.

En resumen, el coronavirus deja entrever que nuestro mundo está sorprendentemente interconectado, pero que está también tozudamente dividido en el plano político y ante una amenaza que es, en su esencia, mundial, las barreras políticas se intensifican.

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2 – Xenofobia, otro peligro de la epidemia

Tatiana Golikova, viceprimera ministra encargada de Salud de Rusia, anunció que a partir de mañana los ciudadanos chinos tendrán prohibido ingresar a Rusia, sin importar que viajen por motivos de negocios, privados, de estudios o turísticos. La drástica medida se suma al cierre de la frontera sino-rusa de más de 4 mil kilómetros, la suspensión de los enlaces ferroviarios y las restricciones de vuelos con que Moscú intenta contener la propagación del Covid-19, patógeno que ha causado alrededor de mil 900 muertes desde su aparición en la ciudad china de Wuhan a finales de diciembre pasado.

Como ya se ha indicado en este espacio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desaconseja este tipo de restricciones, pues no sólo tienen un impacto limitado en la contención efectiva de la epidemia, sino que dejan graves secuelas sociales y económicas. En este sentido, ayer mismo la instancia de las Naciones Unidas hizo un llamado a la calma y recordó que la letalidad del Covid-19 se ubica en 2.3 por ciento de las personas infectadas, muy por debajo de otras enfermedades respiratorias de origen viral. Asimismo, la OMS señaló que 81 por ciento de los 73 mil pacientes presentan infecciones leves, mientras la Comisión Nacional de Salud de China informó que 85 por ciento de las personas pueden superar la enfermedad si reciben los cuidados adecuados.

Tal como se presenta, la medida anunciada por Moscú carece de sentido en términos del control epidemiológico, pero además constituye un acto de racismo institucionalizado: al prohibir la entrada no a personas procedentes de China con independencia de su nacionalidad, sino a ciudadanos chinos vengan de donde vengan, se insinúa el absurdo de que éstos son genética o nacionalmente portadores del virus.

Lo anterior resulta preocupante por una serie de razones. En primer lugar, porque es una política en todo punto contraria a consideraciones básicas de derechos humanos; en segundo, porque contribuye a reforzar la tendencia global a la xenofobia y el cierre compulsivo de fronteras, cuyo máximo representante es el mandatario estadunidense, Donald Trump; por último, porque el territorio ruso es un importante lugar de tránsito para las comunicaciones entre China y Europa, además de residencia para gran cantidad de ciudadanos chinos que sufrirán un “ apartheid epidemiológico” y se verán en riesgo de padecer ataques por parte de sectores de la población rusa susceptibles a la desinformación y el pánico.

Además de preocupante, el anuncio de las autoridades rusas tiene un aspecto sorpresivo, pues durante los años recientes Moscú y Pekín han estrechado sus relaciones hasta conformar una robusta asociación estratégica en los ámbitos económico, geopolítico y militar, y cabría pensar que dichos lazos disuadirían al Kremlin de adoptar medidas tan nocivas como la que se comenta.

En suma, la epidemia exige que todos los estados adopten medidas de prevención y control, tales como la revisión e interrogatorio a los pasajeros procedentes de zonas de contagio, las cuarentenas a embarcaciones donde se detecten brotes de la enfermedad o la sugerencia de no viajar a menos que resulte indispensable, entre otras. Pero dichas medidas no deben incluir la prohibición de tránsito a toda una ciudadanía, la cual resulta tanto irracional como inhumana.

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