Corrupción, Derechos Humanos, Economía y Finanzas, Neoliberalismo, Política, Populismo

¿El mundo patas p’arriba?

Abr 3 2020

Por Luis Casado*

Jodido coronavirus… En un abrir y cerrar de ojos puso al mundo patas p’arriba. Un examen –aun distraído– de la actualidad internacional, fuerza la admiración.

Si me haces la amabilidad de leer lo que escribo ya sabes que Emmanuel Macron, presidente de Francia, es un neoliberal en comisión de servicios, venido directamente de Rotschild, el Banco de negocios en el que hizo su fortunita vendiéndole la industria francesa a los amerloks.

Como ministro de Finanzas de Hollande, y luego como presidente, su fe en el mercado le llevó a recortar los presupuestos de la Salud pública a niveles infames.

Coronavirus mediante, el mismo Macron declara ahora, los ojos como mirando al horizonte… “La Salud debe quedar fuera del mercado”. Peor aun, hace saber que Francia recuperará su “soberanía industrial” en la materia: fabricará localmente los productos críticos destinados a la actividad sanitaria: ventiladores respiratorios, reactivos, medicamentos, mascarillas, guantes, vacunas, etc.

Si los productos terminan costando más que en China o en India… ¡p’al carajo! ¿Globalización? Andá a cagar… Neoliberalismo: Ubi est, mors, victoria tua ? Ubi est, mors, stimulus tuus ?

No contento con este salto mortal sin impulso hacia atrás, –en plan doble axel de Mundial de patinaje en el hielo–, Macron sufre una crisis de keynesianismo aguda y recurrente, matizada de accesos de estatismo epidérmico cosa mala. De entrada puso 45 mil millones de euros sobre la mesa para hacerle frente a las consecuencias económicas de la llegada del bicho. Los empresarios, siempre dispuestos a colaborar, contrariando a duras penas su rechazo absoluto de la intervención del Estado en la economía, propusieron hacerse cargo del billete. Los economistas, por una vez, cerraron el tarro.

Hasta aquí, parece película catástrofe de Hollywood, úsease sin credibilidad ninguna. Lo realmente traumático, inimaginable, aterrador, apocalíptico, Armaggedon y compañía, un bíblico fin de los tiempos… es lo que escuché en la radio hoy por la mañana: el gobierno de Macron, no contento con requisicionar lo que hace falta, confiscar esto o lo otro y despojar a españoles e italianos de parte de las mascarillas que les enviaron desde China, se propone –para la oreja… aguza el oído– se propone digo… nacionalizar algunas industrias.

El ministro de Finanzas, acojonado, solo atinó a balbucear “Transitoriamente… transitoriamente”. Pos bueno, pos fale, pos m’alegro. Porque lo de transitorio, habida cuenta del estado de las Bolsas y de los mercados financieros, va para largo. No queda una pijotera cotización en las AFP, y los fondos buitres esperan que desaparezca la humareda de las incineraciones para contar los muertos y saber cómo está el patio. Waterloo, triste llanura… (V. Hugo) con sus 9.500 muertos y sus 4.000 desaparecidos fue una alpargata al lado del coronavirus de los cojones.

Si miras a los EEUU, o bien a la desplumada UE, solo ves keynesianismo. Los mismos hocicones que babearon sobre John Maynard, los “expertos”, los economistas, los investigadores, los politólogos, los académicos y otros ‘cretinos diplomados’ (Emmanuel Todd dixit) ahora le hacen mandas, releen sus textos de los cuales nunca entendieron nada si los leyeron, le prenden velas y, aguerridamente, se ponen en la fila para recibir subvenciones, subsidios y otras mamadas del Estado.

En Chile los primeros en pedir papita p’al loro fueron los accionistas de Latam. No hace un año Delta Airlines pagó algo así como 1.900 millones de dólares por un 20% de participación. Tres familias chilenas se repartieron lo esencial de la pasta. Lo que no les impidió, coronavirus mediante, estirarle la poruña al gobierno de Piñera: la crisis del transporte aéreo les estaba perjudicando la degustación de langostas.

De este modo, los más recalcitrantes defensores del ‘liure mercao’, de la ley de la oferta y la demanda, del Estado subsidiario, de la empresa privada y la competencia sin trabas ni distorsiones, corren a llorarle al Estado que controlan para recibir la solidaridad de los pringaos: lo esencial de los Presupuestos del Estado de Chile proviene del producto del IVA que pagan los miserables. ¡Alabao!

Como dice el inenarrable Warren Buffet, cuya fortuna ha sido cifrada en unos 60 mil millones de dólares: “Hay una guerra de clases, y la estamos ganando los ricos».

Para forzar la victoria no se detienen ante nada, ni siquiera ante una ayuda financiera del Estado.

Entretanto Mario Marcel, presidente del Banco Central, empapado en el dogma agonizante, declara que está fuera de cuestión que el BC le preste plata al Fisco (como era normal hasta los años 1970).

El Consenso de Washington, el FMI y el Banco Mundial impusieron hace algún tiempo la “independencia” de los Bancos Centrales (¿independencia de qué, de quien?). Junto a ella lograron que los Estados puedan pedirle plata solo a los bancos privados, que viven cobrando “modestos intereses” en el monto de los cuales intervienen las clasificadoras de riesgo… que son privadas (Fitch, S&P, Moody’s…). El pinche “riesgo país”… ¿te dice algo?

¿Y quien financia a los bancos privados? Pues los Bancos Centrales a tasas del cero por ciento, e incluso a tasas negativas. El negocio es redondo, o no es.

De acuerdo: ahora me dirás, en esto el mundo no está patas p’arriba, visto que seguimos en las mismas.

Pasa que no has entendido nada. Ya en el siglo XVI Giordano Bruno había descubierto que no hay ni arriba, ni abajo, sino posiciones relativas en el espacio. Además los capitalistas son como los gatos: los sueltas en cualquier posición… y caen parados.

Estamos jodidos. De nada. Cuando se te ofrezca. (03.04.2020)

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*Editor de POLITIKA. . Ingeniero del Centre d’Etudes Supérieures Industrielles (CESI – París). Ha sido profesor invitado del Institut National des Télécommunications de Francia y Consultor del Banco Mundial. Su vida profesional, ligada a las nuevas tecnologías destinadas a los Transportes Públicos, le llevó a trabajar en más de 40 países de los cinco continentes. Ha publicado varios libros  en los que aborda temas económicos, lingüísticos y políticos.

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