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Portugal, los suecos del sur

Abr 13 2020

Javier Martín del Barrio – El País

Previsiones sanitarias, planes de control a tiempo y la unión política controlan la epidemia mejor que en países con más recursos económicos

Lisboa   – Hace no mucho, el presidente luso dijo que Portugal era la Suecia del sur. Aunque entonces, el popular Marcelo Rebelo de Sousa se refería a los logros diplomáticos del país, bien podría extenderse hoy a la lucha contra el coronavirus. Portugal capea la pandemia con la mitad de muertes que Suecia por millón de habitantes. Aunque el mundo siga boquiabierto mirando al Norte, británicos, suizos, holandeses o alemanes podrían aprender alguna cosa del sureño y latino Portugal, donde el coronavirus avanza bajo control.

Él no lo sabe, pero el corderillo del que aún cuelga el cordón umbilical ha nacido con estrella. Gracias a estos tiempos de calamidad no acabará la Pascua en algún asador castellano. “Esta mañana ha parido”, confirma el pastor Horacio. Apenas puede mantenerse en pie junto a los otros corderillos, unos días más viejos que él, todos indultados por el coronavirus. “Ahora es el bicho ese y no hay demanda, mañana la sequía y no habrá pasto; en 10 años aquí no queda nada ni nadie”. Horacio pastorea las ovejas en una aldea del Alentejo, una región del tamaño de Cataluña donde el coronavirus no ha conseguido matar. Un caso excepcional dentro del ejemplo ya excepcional que es Portugal.

El 2 de marzo se descubrieron los dos primeros positivos en Portugal, prácticamente el último país infectado de la Europa occidental, y por importaciones de Italia y España. Aunque la autoridad sanitaria lo consideraba días antes una “gripe fuerte”, las previsiones más pesimistas contaban con un millón de contagiados, la décima parte del país. Cuarenta días después apenas hay 16.000 casos y 470 muertes. En una guerra sin acabar, los sanitarios portugueses renuncian a colgarse medallas. “No somos mejores que los italianos o los españoles”, asegura el neumólogo Filipe Froes. “Nos encontramos en fases diferentes. Vamos tres semanas por detrás de Italia y una o dos por detrás de España. Es pronto para evaluar a Portugal”.

De momento, los datos lusos son mucho más halagüeños que los de Francia, Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Bélgica o Suiza, estereotipos de la supuesta eficacia, disciplina y racionalidad del norte de Europa.

“Todos los países aplicamos las mismas medidas, pero nosotros tuvimos más tiempo para prepararlas”, asegura Froes. “En el inicio, la actividad del virus fue más brusca en Italia y España, actuando en más focos geográficos y en instituciones sensibles, como hospitales y hogares de ancianos”.

El 13 de marzo, el primer ministro, António Costa, decretó el estado de alerta y el cierre de los colegios. Fue a la vez que en España, con la diferencia de que esta sumaba 6.000 contagios y 132 muertos y Portugal apenas 112 positivos, ninguno mortal. Ese mismo día había sido detectado el primer caso de contagio local, un dato clave para frenar la expansión del virus, según la epidemióloga Inês Fronteira. Del primer caso importado al primero entre locales habían pasado 11 días, a diferencia de Italia y España, que tardaron 23 y 28 días, respectivamente, en localizarlos. El estudio de la profesora de Salud Pública de la Universidad Nova de Lisboa señala que la reproducción del virus en Portugal en los 25 primeros días de epidemia fue por eso la más baja de Europa, incluso inferior a las cifras de Corea del Sur y China.Pese a la cautela de los expertos portugueses, desde hace una semana los contagios se duplican cada ocho o nueve días. “Es verdad”, reconoce el neumólogo Froe, “que en la fase de desarrollo del contagio activamos la red de cuidados primarios; con ello conseguimos una respuesta domiciliaria al paciente para seguir el tratamiento en casa y de rebote una mejor respuesta al enfermo grave en los hospitales”. Hoy, el 82% de los contagiados sigue recuperación domiciliaria.

Los hospitales están lejos de la saturación y los de campaña ni se han estrenado. João Mota, el jefe de protección civil de Grándola, ha reconvertido el recinto ferial en un hospital provisional. “De momento, no hace falta [hay 4 casos en la villa], pero está preparado para que otros hospitales desvíen aquí pacientes con enfermedades no contagiosas”. Los 233 internos en las UCI del país tocan a seis ventiladores por cabeza y en esta semana llegarán otros tantos para completar un parque nacional de 3.000 aparatos.

La epidemia se concentra en la gran Lisboa y la región de Oporto, con el 90% de los casos. En el extremo opuesto, la tierra de Horacio, el Alentejo, con 0,5% de los positivos. Con el 33% de la superficie del país continental, en la región apenas residen 23 habitantes por kilómetro cuadrado, como en Suecia. “La densidad de población es un factor fundamental en una expansión epidemiológica”, señala la demógrafa María Filomena Mendes, de la Universidad de Évora.

El coronavirus, lejos de agrietar a instituciones y partidos, los ha acercado. El presidente, Rebelo de Sousa (PSD), y el primer ministro, Costa (PS), se complementan y, públicamente, se tragan sus discrepancias. Si no hay pruebas de que la unidad institucional cure epidemias, sí que las reyertas políticas alientan el malestar social. En las redes portuguesas es imposible encontrar vídeos de ciudadanos insultantes o rabiosos (tampoco graciosos). En las calles, la policía no controla, “sensibiliza”; no multa, “recomienda”. En abril, apenas ha detenido -en el sentido más liviano del término- a 74 personas por saltarse el confinamiento. Empresas y tiendas se mantienen abiertas -con las excepciones de bares y restaurantes- mientras el presidente ya anuncia que el estado de emergencia continuará hasta mayo.

Sea por los médicos, por los políticos o por el pueblo, Portugal lo lleva mejor que muchos países, aunque la situación no es ideal. Faltan test, mascarillas, gel desinfectante y los planes de prevención olvidaron a los asilos, como reconoce el neumólogo Froes. “Teníamos que haber sido más rigurosos en la evaluación del riesgo en los hogares de ancianos”.

A sus 70 años, el pastor Horacio no teme al coronavirus. “Luché en la guerra de Mozambique, después fui a Angola, después a Irak… si viene, aquí estamos. ¿Usted cree que el bicho se acordará de nosotros?”.

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Luís, el enfermero portugués que salvó a Boris Jonhson, pese al ‘Brexit’ – El País

Desde el referéndum para salir de la UE ha bajado un 90% la entrada de sanitarios extranjeros

El domingo, el primer ministro británico, Boris Johnson, ojeroso y demacrado, reconocía que se iba a Downing Street y no al otro barrio gracias —entre otros— a una enfermera neozelandesa y a un enfermero portugués, “Luís, de cerca de Oporto”, que le velaron cada segundo de la noche durante su hospitalización a causa del coronavirus.

«Luís, el portugués», lleva en el Reino Unido desde 2014. Es uno de los miles de enfermeros que emigraron en este siglo al país en busca de mayor reconocimiento profesional y de un mayor salario, unas cuatro veces el de Portugal.

Luís Pitarma, que así se apellida, nació hace 29 años en Aveiro, la llamada Venecia portuguesa por los canales de sus rías. Con 18 años se mudó a Lisboa para estudiar enfermería y luego disfrutó de una beca Erasmus en Lahti (Finlandia), según informa su perfil de LinkedIn.

Pero su vida profesional la inició en Inglaterra, donde reside desde 2014. Según informa el diario Observador, primero ejerció en el hospital de Luton, a unos 50 kilómetros al norte de Londres, donde ya destacó, pues quedó en segundo lugar en un premio a los enfermeros más prometedores. De Luton cambió a otro hospital del servicio público, el Saint Thomas, en el centro de la capital británica.

Desde mayo de 2016 —un mes antes de que los británicos aprobaran en referéndum el Brexit— Luís Pitarma trabaja en la unidad de cuidados intensivos del centro hospitalario londinense. Forma parte del programa de oxigenación por membrana extracorporal (ECMO), un sistema para suministrar oxígeno al corazón y a los pulmones en enfermos con dificultades respiratorias. Así le llegó el jueves Boris Johnson.

No fue una casualidad que le asistiera un portugués, porque en los hospitales públicos británicos abundan los profesionales de esta nacionalidad. En el año del Brexit, el Consejo de Enfermería y Obstetricia británico tenía registrados 1.064 sanitarios lusos. Desde su aprobación, los nuevos registros han caído un 85% por año. La tendencia general es a la baja también entre los profesionales de otros países, entre las que se constatan caídas de incluso el 90%.

A Pitarma le llueven los mensajes de felicitación en sus cuentas de las redes sociales, entre ellos el del presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, a quien telefoneó y, posteriormente, publicó un comunicado oficial para agradecer “a todos los profesionales de salud portugueses que en Portugal y en todo el mundo prestan una ayuda decisiva al combate de la pandemia”.

Pero Luís Pitarma y su compañera neozelandesa de guardia se llevan la fama de haber salvado a Boris Johnson: “Espero que no les importe [al resto de profesionales] mencionar a dos enfermeros en particular que estuvieron al lado de mi cama durante 48 horas cuando las cosas podían haber tomado otro rumbo. Ellos son Jeny, de Nueva Zelanda, (…) y Luis, de Portugal, de cerca de Oporto. La razón por la que mi cuerpo comenzó a tener oxígeno suficiente fue porque ellos se quedaron a vigilarme durante cada segundo durante la noche y porque estaban preocupados en hacer todo lo que necesitaba”. ¿Con el Brexit en vigor, estaría muerto Boris Johnson?

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Anexo: Las cifras de la expansión del virus:

https://elpais.com/sociedad/2020/04/09/actualidad/1586437657_937910.html

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