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Los países ricos acaparan la mitad de la reserva mundial de vacunas del Covid

Dic 17 2020

Cristina Castro – El Independiente, España

Un estudio en ‘British Medical Journal’ recoge que el desafío de la distribución de la vacuna será tan grande como el de su desarrollo y que casi una cuarta parte de la población no tendrá acceso a la vacuna al menos hasta 2022.

El 14% de la población mundial vive en países de altos ingresos donde, hasta el 15 de noviembre, sus Gobiernos habían reservado el 51% de las vacunas candidatas contra el coronavirus en fase de ensayos clínicos. Eran 7.480 millones de dosis procedentes de 13 fabricantes, según un estudio que publica British Medical Journal en el que se advierte de los problemas que puede tener el resto de la población mundial para acceder a las vacunas.

Han sido investigadores de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de John Hopkins los que analizaron los pedidos de vacunas realizados por los países y estimaron que si todos los candidatos se llegaran a comercializar, la fabricación total en 2021 podría alcanzar los 5.960 millones de vacunas en un rango de precios desde 4,9 a 60,4 euros. Aún en ese caso, los investigadores señalan que casi una cuarta parte de la población se quedaría sin vacuna al menos hasta 2022.

Este análisis resulta optimista al lado de otro reciente, de la Alianza People’s Vaccine, que mostraba que nueve de cada 10 personas que viven en países pobres (en 67 países de renta baja) no podrán vacunarse el año que viene. «Mientras, los países ricos en su conjunto ya tienen vacunas compradas para vacunar a su población tres veces. Canadá, por ejemplo, podría vacunar a su población hasta cinco veces. Es escandaloso. Y esta avaricia no hace sino poner palos en la rueda, es un freno directo en el avance global hacia el final de esta pandemia», denuncia Eva Iráizoz, investigadora de Salud por Derecho, una de las entidades que forma parte de la alianza.

Mientras que los investigadores del análisis de British Medical Journal estiman en su trabajo que un 40% de las dosis reservadas podrían ir potencialmente a países de ingresos medios y bajos, afirman que dependerá tanto de los que los países de altos ingresos decidan compartir como en la actitud de países como Estados Unidos o Rusia. «Este análisis refleja cómo los países de altos ingresos han asegurado suministros futuros de vacunas frente al Covid, pero el acceso para el resto del mundo es incierto», detalla el estudio, «los gobiernos y los fabricantes podrían proporcionar garantías muy necesarias para la asignación equitativa de las vacunas covid-19 a través de una mayor transparencia y responsabilidad sobre estos acuerdos».

Según el análisis, el país que más vacunas había reservado (hasta el 15 de noviembre) era Canadá, con casi cinco vacunas por habitante. Después Australia, Reino Unido y Japón, con más de dos vacunas por habitante y después la Unión Europea, con cerca de dos per cápita, y Estados Unidos con casi 1,5 por habitante reservadas hasta mitad de noviembre. Por último Brasil e Indonesia, con vacunas reservadas para alrededor de la mitad de su población.

En sus resultados, los científicos ponen sobre la mesa que mientras que Estados Unidos ha reservado 800 millones de dosis con una quinta parte de los casos a nivel mundial, Japón, Australia y Canadá tienen más de 1.000 millones de dosis reservadas con ni el 1% de los casos actuales de Covid (11 millones en EEUU frente a 0,45 en estos tres últimos países).

Otra investigación también publicado en la misma revista estima en 3.700 los millones de personas adultas que serían público objetivo para la vacunación y estarían dispuestas a ser vacunadas. El estudio destaca, en consecuencia, la necesidad de establecer estrategias que garanticen que la oferta casa con la demanda, especialmente en países de ingresos bajos y medios.

Aunque el estudio declara que algunos países se han comprometido a buscar un acceso global a las vacunas a través del fondo Covax (creado específicamente para ello), algunas entidades ponen en duda que se puedan cumplir sus objetivos de disponer de 2.000 millones de dosis para 2021 en los países más desfavorecidos y por ello entidades como Médicos Sin Fronteras o Salud Por Derecho han ido más allá y han pedido a la Unión Europea que suspenda temporalmente las patentes de estas vacunas, algo que de momento los distintos países han rechazado.

«Es triste observar cómo las buenas intenciones de los discursos de la mayoría de líderes mundiales se han quedado solo en palabras. Se habló de garantizar el acceso universal, de la vacuna como bien público global… La realidad es que, a día de hoy y con la capacidad de producción actual de vacunas, la gran mayoría de la población mundial no podrá acceder a ellas en los próximos meses. La consecuencia directa es que tendremos un mundo a dos ritmos: los que sí podamos ir avanzando y los que se queden atrás en la lucha contra la pandemia», afirma Iráizoz.

Para la investigadora de Salud por Derecho, la consecuencia no sólo sanitaria de esta desigualdad es que «la economía global seguirá resintiéndose y las personas y las comunidades más vulnerables serán, como siempre, las grandes perdedoras. No hay que olvidar que las enfermedades y la falta de acceso a servicios de salud y a medicamentos o vacunas perpetúan y acentúan la pobreza y la desigualdad».

En este sentido, Salud por Derecho ha enviado este mismo martes una carta al presidente del Gobierno en la que la que le piden «apoyar la propuesta de Sudáfrica e India y perseguir una solución rápida que permita suspender temporalmente las patentes y otros derechos de propiedad intelectual relacionados con los medicamentos, las vacunas, los diagnósticos y otras tecnologías de Covid».

La propuesta de estos países ha sido ya apoyada por 99 de los 164 países de la Organización Mundial del Comercio (OMC) aunque con el rechazo de los países más ricos (Australia, Brasil, Canadá, Japón, Noruega, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea). El debate se prolongará hasta marzo de 2021 y su aprobación «permitiría a los países miembros la posibilidad de no otorgar ni hacer cumplir las patentes y otras medidas de propiedad intelectual hasta que se logre la inmunidad de grupo mundial y contribuiría a que se desarrollaran y se fabricaran a mayor escala no solo vacunas, sino de medicamentos, diagnósticos y otras tecnologías para combatir la covid19. Un aspecto clave para el acceso universal».

Para la investigadora, la situación aún puede revertirse y recuerda al hito de hace dos décadas, también en el seno de la OMC. «Los gobiernos dieron un paso valiente impulsando el uso de medicamentos genéricos asequibles contra el VIH/sida. Hoy de nuevo estamos ante una de las mayores crisis de salud pública de los últimos tiempos y no podemos permitirnos que el acceso global sea una utopía», concluye Iráizoz.

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