{"id":13886,"date":"2017-09-26T11:22:15","date_gmt":"2017-09-26T14:22:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.other-news.info\/noticias\/?p=13886"},"modified":"2017-09-26T11:22:15","modified_gmt":"2017-09-26T14:22:15","slug":"el-pato-donald-y-el-otro-donald","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/el-pato-donald-y-el-otro-donald\/","title":{"rendered":"El Pato Donald y el otro Donald"},"content":{"rendered":"<p><strong>Ariel Dorfman*<\/strong><\/p>\n<p>Hace cuarenta y dos a\u00f1os, en julio de 1975, un oscuro funcionario del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos ocupado en asegurar el cumplimiento de la ley de importaciones, decidi\u00f3 que un cargamento de libros impresos en Londres podr\u00edan constituir un acto de pirater\u00eda intelectual contra los derechos de Walt Disney, y procedi\u00f3 a \u201cdetener\u201d, \u201cincautar\u201d y \u201csometer a custodia\u201d los cuatro mil ejemplares respectivos, solicitando que las partes en disputa, los editores brit\u00e1nicos y la Disney Corporation, entregaran declaraciones legales sobre el caso antes de que se determinara el destino final de ese env\u00edo.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El libro que hab\u00eda suscitado la suspicacia del Departament of the Treasury (Finanzas), del que depende la Aduana norteamericana, era la versi\u00f3n al ingl\u00e9s de Para Leer al Pato Donald que yo hab\u00eda escrito con el soci\u00f3logo belga Armand Mattelart en 1971 durante el gobierno revolucionario de Salvador Allende. Si he citado las palabras exactas con que se anunciaba el secuestro de nuestro libro es para acentuar que tal agresi\u00f3n era una m\u00e1s entre muchas que ya hab\u00eda sufrido nuestra cr\u00edtica a Disney despu\u00e9s del golpe de septiembre de 1973 que derroc\u00f3 a Allende y su experimento de socialismo democr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Agua: diez mil ejemplares de la tercera tirada del libro fueron lanzados por la Armada chilena a la bah\u00eda de Valpara\u00edso. Y fuego: unos d\u00edas despu\u00e9s de la asonada militar, encontr\u00e1ndome en la clandestinidad, vi por televisi\u00f3n c\u00f3mo un grupo de soldados quemaban, en vivo, centenares de libros, entre los cuales se hallaba Para Leer Al Pato Donald. No me sorprendi\u00f3 tal pira inquisitorial. Nuestro desmenuzamiento de los valores dominantes que escond\u00edan las historietas que Disney propagaba por nuestro pa\u00eds y tantas otras naciones de lo que se denominaba en esa \u00e9poca el Tercer Mundo hab\u00eda tocado un nervio en la burgues\u00eda chilena. Un airado automovilista hab\u00eda tratado de atropellarme, gritando \u201c\u00a1Viva el Pato Donald!\u201d Fui rescatado de una turba anti-semita por un camarada karateca y la casa en que viv\u00edamos con mi mujer y nuestro hijo Rodrigo fue el objeto de protestas de vecinos del barrio.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, el espect\u00e1culo de ver mi propio libro ardiendo por televisi\u00f3n era particularmente inquietante. Hab\u00eda asumido, equivocadamente y con ingenuidad, que despu\u00e9s de las infamantes hogueras nazis de mayo de 1933 en que toneladas de vol\u00famenes que se juzgaban subversivos, decadentes e insuficientemente \u201calemanes\u201d hab\u00edan sido consignados al fuego, tales actos ser\u00edan considerados demasiado reprehensibles para llevarse a cabo en forma p\u00fablica. Pero los militares chilenos no ten\u00edan problemas con difundir flagrantemente su furia y odio. Y me record\u00f3 que quienes quemaban mi libro no tendr\u00edan problemas con hacer algo id\u00e9ntico o peor al cuerpo indefenso del autor. Tal experiencia ayud\u00f3 a convencerme de que aceptara, muy de mala gana, la orden de mi partido pol\u00edtico para que abandonara Chile a fin de unirme a la campa\u00f1a contra el General Pinochet en el exterior.<\/p>\n<p>Esa imagen de mi libro incinerado me acompa\u00f1\u00f3 al exilio, incit\u00e1ndome a meditar dilatadamente acerca del sentido profundo y desesperante de aquella hoguera. Hab\u00eda sido nuestra intenci\u00f3n asar al spiedo a Disney y a su Pato, vacunar al pueblo chileno contra la plaga del American Dream of Life y su ideolog\u00eda competitiva, super-individualista y voraz. En vez de ello, como Chile mismo, el libro hab\u00eda sido consumido por una conflagraci\u00f3n sin fin. El hecho de que los conspiradores militares y civiles hab\u00edan sido financiados y alentados por Washington y la CIA, que Nixon y Kissinger hab\u00edan desestabilizado el experimento maravilloso de Allende, le dio una sensaci\u00f3n de derrota especialmente amarga a la quema del texto que desnudaba justamente la forma en que los Estados Unidos trataba a pa\u00edses como el nuestro. Cre\u00edamos con tanto fervor que nuestras palabras \u2013y los obreros en marcha que las estimularon\u2013 eran m\u00e1s fuertes que el Imperio y ahora el Imperio hab\u00eda probado su poder\u00edo, nosotros \u00e9ramos los que hab\u00edamos sido chamuscados y digeridos y escupidos.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, pese a que tantos ejemplares de Para Leer al Pato Donald hab\u00edan sido obliterados, el libro mismo cobraba una segunda vida en otras latitudes. Entre todas las traducciones, la que m\u00e1s nos importaba a Armand y a m\u00ed era la que se hizo al ingl\u00e9s. Si aquel \u201cmanual de la descolonizaci\u00f3n\u201d (como la llam\u00f3 el gran John Berger) no pod\u00eda circular en la tierra que lo vio nacer, ten\u00edamos la esperanza de que podr\u00eda encontrar nuevos lectores en la tierra que le dio nacimiento a Disney.<\/p>\n<p>No tardamos mucho en darnos cuenta de que el creador del Pato Donald, igual que el gobierno gringo que lo defend\u00eda y difund\u00eda, era m\u00e1s poderoso de lo que hab\u00edamos anticipado. Debido a que no le hab\u00edamos pedido autorizaci\u00f3n a Disney para reproducir algunas im\u00e1genes de las historietas que Walt publicaba con tanto desparpajo masivo en nuestras naciones, ning\u00fan editor en los Estados Unidos estaba dispuesto a arriesgar los juicios y pleitos que una armada de abogados hab\u00eda ya desplegado en tant\u00edsimas ocasiones para defender el copyright de la Disney Corporation.<\/p>\n<p>De manera que cuando el Servicio de Aduanas confisc\u00f3 los ejemplares de How To Read Donald Duck, pens\u00e1bamos que \u00edbamos a volver a perder la pelea contra Disney. Para nuestra alegr\u00eda y desconcierto, abogados del Center for Constitutional Rights en Nueva York convencieron al Treasury Department que no hab\u00edamos cometido pirater\u00eda al reproducir los monitos y permiti\u00f3 la importaci\u00f3n del libro. Con la salvedad de que, ampar\u00e1ndose en una ley de fines del siglo XIX, decidi\u00f3 que tan solo 1.500 copias pod\u00edan ingresar a los Estados Unidos. Esta decisi\u00f3n burocr\u00e1tica bloque\u00f3 efectivamente a los lectores de ese pa\u00eds de tener acceso al libro que se convirti\u00f3 as\u00ed en un \u00edtem de coleccionista, por el que se paga hoy centenares de d\u00f3lares en el mercado virtual.<\/p>\n<p>Ahora, por fin, despu\u00e9s de cuatro d\u00e9cadas, How To Read Donald Duck va a circular en la patria de Disney como parte de un cat\u00e1logo del Museo MAK de Los Angeles. No puedo negar que me da cierta satisfacci\u00f3n pensar que el libro reaparece tan cerca de Disneylandia y, tambi\u00e9n, de la tumba donde descansan los restos no tan inmortales de Walt mismo (el que no fue congelado criog\u00e9nicamente, como murmuran las lenguas). M\u00e1s importante, sin embargo es que nuestro texto carbonizado y prohibido ha logrado pasar subrepticiamente la frontera de los Estados Unidos en el preciso momento en que sus ciudadanos, animados por el tipo de xenofobia y nacionalismo exacerbado que recuerda mi propio Chile regentado por Pinochet, ha elegido a otro Donald (aunque se parezca m\u00e1s al T\u00edo Rico MacPato que a su sobrino m\u00e1s notorio) a la Presidencia en virtud de su promesa de \u201cConstruir Una Muralla\u201d y \u201c\u00a1Hacer De Nuevo Grande a Am\u00e9rica!\u201d. Nos encontramos, sin duda, en una coyuntura donde reina el deseo nost\u00e1lgico de retornar a un pa\u00eds que Disney concibi\u00f3 en sus historietas como inmaculado, inocente y eterno.<\/p>\n<p>Me conforta que nuestras ideas, forjadas durante la revoluci\u00f3n chilena, hayan arribado a estas orillas precisamente cuando algunos \u2013\u00a1demasiados!\u2013 estadounidenses se pasean con antorchas en lugares como Charlottesville, haci\u00e9ndose eco de las hogueras de Santiago y Berl\u00edn, pero tambi\u00e9n en un momento cuando muchos otros compatriotas suyos se preguntan acerca de las condiciones que llevaron a Donald Trump al poder. Me pregunto si hay algo que podr\u00edan extraer quienes hoy son mis conciudadanos gringos de nuestra exploraci\u00f3n de la ideolog\u00eda subterr\u00e1nea de este pa\u00eds. \u00bfEs posible ver la sombra de Donald Trump dentro del libro que desnuda a ese otro Donald, el plum\u00edfero?<\/p>\n<p>Por cierto que muchos valores que impugnamos en nuestro libro \u2013la codicia, la ultra-competitividad, la sujeci\u00f3n de las razas m\u00e1s oscuras, la desconfianza y desprecio hacia los extranjeros (mejicanos, \u00e1rabes, asi\u00e1ticos), todo ello edulcorado en un himno constante a una felicidad inalcanzable\u2013 anima a cantidad de entusiastas de Trump (y no solo a sus seguidores). Pero tales blancos son demasiado evidentes y f\u00e1ciles. Tal vez m\u00e1s crucial hoy es el pecado cardinal de los Estados Unidos que se agita en el coraz\u00f3n de las historietas de Disney: la creencia en una innata inocencia de la patria de Lincoln, la presunci\u00f3n de la excepcionalidad, la singularidad \u00e9tica y destino manifest\u00f3 de este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Cuando escribimos el libro nos refer\u00edamos a la incapacidad \u2013que sigue hoy\u2013 de la naci\u00f3n que Walt exportaba como un modelo de perfecci\u00f3n a reconocer su propia historia. Si se desmorona la amnesia recurrente de la violencia y trasgresiones pret\u00e9ritas (la esclavitud, el extermino de nativos, las masacres de obreros en huelga, la persecuci\u00f3n y deportaci\u00f3n de inmigrantes y rebeldes, tantas aventuras militares en suelo extranjero, tantas invasiones y conquistas de territorio ajeno, y la complicidad con autocracias y dictaduras en todos los continentes), lo que se derrumba es la cosmovisi\u00f3n supuestamente pr\u00edstina de Disney, abriendo espacio para que otro tipo de pa\u00eds haga su lenta aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque escogimos a Walt Disney como el ejemplo excelso de esta inocencia, ella se encarna hondamente, por cierto, en los pre-juicios de la inmensa mayor\u00eda de los norteamericanos, aun entre los m\u00e1s ilustrados. Una casi imperceptible muestra de ello es la reciente decisi\u00f3n de Ken Burns, el documentalista m\u00e1s celebre y admirable de las costumbres y trayectoria de su pa\u00eds, de comentar en su nueva serie televisiva sobre Vietnam, que esa intervenci\u00f3n desastrosa y genocida en una naci\u00f3n lejana fue iniciada \u201cde buena fe y por gente decente\u201d y que se trataba de un \u201cfracaso\u201d y no de una \u201cderrota\u201d.<\/p>\n<p>Es una advertencia de cu\u00e1n dif\u00edcil ser\u00e1 deshacerse de la idea abismalmente arraigada que los Estados Unidos, pese a sus fallas, es una fuente incuestionable de benevolencia en el mundo. Solo un pa\u00eds que contin\u00faa a ba\u00f1arse en la mitolog\u00eda de esta inocencia, de una virtud otorgada por Dios y por lo tanto destinada a imperar en toda la Tierra, puede haber producido una victoria como la de Trump. Solo el reconocimiento de cu\u00e1n perversa y enceguecedora viene a ser aquella inocencia puede conducir a una comprensi\u00f3n m\u00e1s amplia de las causas de la ascendencia de Trump y su dominio alucinante sobre tantos seguidores suyos, un reconocimiento al que nuestro libro quisiera contribuir, aunque fuera en forma m\u00ednima.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, un aspecto de How To Read Donald Duck que tal vez ofrezca una contribuci\u00f3n de otro tipo a la b\u00fasqueda colectiva en que tantos estadounidenses perplejos est\u00e1n empe\u00f1ados. Volviendo a leer este texto nuestro lo que me sigue inspirando hoy es su tono rebelde, la insolencia, el humor, la euforia que fluye por sus p\u00e1ginas. Es un libro que se r\u00ede de s\u00ed mismo mientras se burla de Donald y sus sobrinos y sus compinches. Detr\u00e1s de su deseo de un nuevo lenguaje para la liberaci\u00f3n puedo escuchar a un pueblo que no se deja avasallar. Me devuelve al inmenso salto imaginativo que exige toda demanda de un cambio radical, Y captura algo que a menudo falta en esta era de cat\u00e1strofes y derrotas: la certeza de que m\u00faltiples realidades alternativas son posibles, que est\u00e1n a nuestro alcance si tenemos el coraje y la inteligencia y la osad\u00eda de enfrentar el futuro sin miedo. Para Leer Al Pato Donald fue y sigue siendo una celebraci\u00f3n de la alegr\u00eda que acompa\u00f1a el desborde de la imaginaci\u00f3n, una alegr\u00eda que es su propia recompensa, que no puede ser quemada en Santiago o desaparecer en la bah\u00eda de Valpara\u00edso.<\/p>\n<p>Es esa alegr\u00eda liberadora, ese esp\u00edritu de resistencia que me gustar\u00eda compartir con lo mejor que tiene Estados Unidos por medio de un libro que no lograron liquidar los soldados de Pinochet ni bloquear del pa\u00eds de Martin Luther King los abogados de Disney. Espero que en este momento confuso y terrible sea un modo modesto de recordar que de veras no tenemos por qu\u00e9 dejar el mundo tal como lo heredamos al nacer. Si pudiera re-escribir ese libro hoy, es probable que un mejor t\u00edtulo ser\u00eda, quiz\u00e1s, Para Leer a Donald Trump.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p><em>*Ariel Dorfman es ensayista, novelista, poeta y activista de los derechos humanos argentino-chileno-estadounidense. Autor de La Muerte y la Doncella,\u00a0 Para Leer al Pato Donald, y m\u00e1s recientemente, la novela Allegro. Vive con su mujer en Chile y en Carolina del Norte, donde es profesor em\u00e9rito de Literatura en la Universidad de Duke. Publicado en P\u00e1gina 12<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ariel Dorfman* Hace cuarenta y dos a\u00f1os, en julio de 1975, un oscuro funcionario del Servicio de Aduanas de los Estados Unidos ocupado en asegurar el cumplimiento de la ley de importaciones, decidi\u00f3 que un cargamento de libros impresos en Londres podr\u00edan constituir un acto de\u2026<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[293],"tags":[],"class_list":["post-13886","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v16.7 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El Pato Donald y el otro Donald - Other News - Voz en contra de la corriente<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/el-pato-donald-y-el-otro-donald\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"El Pato Donald y el otro Donald - 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