{"id":16742,"date":"2020-01-21T12:48:14","date_gmt":"2020-01-21T15:48:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.other-news.info\/noticias\/?p=16742"},"modified":"2020-01-21T12:48:14","modified_gmt":"2020-01-21T15:48:14","slug":"para-una-nueva-declaracion-universal-de-los-derechos-humanos-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/para-una-nueva-declaracion-universal-de-los-derechos-humanos-i\/","title":{"rendered":"Para una nueva declaraci\u00f3n universal de los derechos humanos (I)"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>Por Boaventura de Sousa Santos*<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gran fil\u00f3sofo del siglo XVII, Baruch Spinoza, escribi\u00f3 que los dos<br \/> sentimientos b\u00e1sicos del ser humano (afectos, en su terminolog\u00eda) son el<br \/> miedo y la esperanza. Y sugiri\u00f3 que es necesario lograr un equilibrio entre<br \/> ambos, ya que el miedo sin esperanza conduce al abandono y la esperanza<br \/> sin miedo puede conducir a una autoconfianza destructiva. Esta idea puede<br \/> extrapolarse a las sociedades contempor\u00e1neas, especialmente en una \u00e9poca<br \/> en la que, con el ciberespacio, las comunicaciones digitales interpersonales<br \/> instant\u00e1neas, la masificaci\u00f3n del entretenimiento industrial y la<br \/> personalizaci\u00f3n masiva del microtargeting comercial y pol\u00edtico, los<br \/> sentimientos colectivos son cada vez m\u00e1s \u201cparecidos\u201d a los sentimientos<br \/> individuales, aunque siempre sean agregaciones selectivas. Es por ello que<br \/> actualmente la identificaci\u00f3n con lo que se oye o se lee resulta tan inmediata  (\u201ceso es precisamente lo que pienso\u201d, aunque nunca antes se haya pensado sobre \u201ceso\u201d), al igual que la repulsi\u00f3n (\u201cten\u00eda buenas razones para odiar eso\u201d, a pesar de que nunca se haya odiado \u201ceso\u201d). De este modo, los sentimientos colectivos se convierten f\u00e1cilmente en una memoria inventada, en el futuro del pasado de los individuos. Por supuesto, esto solo es posible porque, a falta de una alternativa, la degradaci\u00f3n de las condiciones materiales de vida se vuelve vulnerable a una reconfortante ratificaci\u00f3n del statu quo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br \/> Si convertimos los sentimientos de esperanza y miedo en sentimientos<br \/> colectivos, podemos concluir que tal vez nunca haya habido una distribuci\u00f3n tan desigual del miedo y la esperanza a escala global. La gran mayor\u00eda de la  poblaci\u00f3n mundial vive dominada por el miedo: al hambre, a la guerra, a la violencia, a la enfermedad, al jefe, a la p\u00e9rdida del empleo o a la improbabilidad de encontrar trabajo, a la pr\u00f3xima sequ\u00eda o a la pr\u00f3xima<br \/> inundaci\u00f3n. Este miedo casi siempre se vive sin la esperanza de que se pueda hacer algo para que las cosas mejoren. Por el contrario, una diminuta fracci\u00f3n de la poblaci\u00f3n mundial vive con una esperanza tan excesiva que parece totalmente carente de miedo. No teme a los enemigos porque considera que estos han sido anulados o desarmados; no teme la incertidumbre del futuro porque dispone de un seguro a todo riesgo; no teme las inseguridades de su lugar de residencia porque en cualquier momento puede trasladarse a otro pa\u00eds o continente (e incluso comienza a barajar la posibilidad de ocupar otros planetas); no teme la violencia porque cuenta con servicios de seguridad y vigilancia: alarmas sofisticadas, muros electrificados, ej\u00e9rcitos privados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br \/> La divisi\u00f3n social global del miedo y la esperanza es tan desigual que<br \/> fen\u00f3menos impensables hace menos de treinta a\u00f1os hoy parecen<br \/> caracter\u00edsticas normales de una nueva normalidad. Los trabajadores<br \/> \u201caceptan\u201d ser explotados cada vez m\u00e1s a trav\u00e9s del trabajo sin derechos; los<br \/> j\u00f3venes emprendedores \u201cconfunden\u201d la autonom\u00eda con la autoesclavitud; las poblaciones racializadas se enfrentan a prejuicios racistas que a menudo provienen de aquellos que no se consideran racistas; las mujeres y la poblaci\u00f3n LGTBI siguen siendo v\u00edctimas de violencia de g\u00e9nero, a pesar de todas las victorias de los movimientos feministas y antihomof\u00f3bicos; los no creyentes o creyentes de religiones \u201cequivocadas\u201d son v\u00edctimas de los peores fundamentalismos. En el plano pol\u00edtico, la democracia, concebida como el gobierno de muchos en beneficio de muchos, tiende a convertirse en el gobierno de pocos en beneficio de pocos, el estado de excepci\u00f3n con pulsi\u00f3n fascista se va infiltrando en la normalidad democr\u00e1tica, mientras que el sistema judicial, concebido como el Estado de derecho para proteger a los  d\u00e9biles contra el poder arbitrario de los fuertes, se est\u00e1 convirtiendo en la guerra jur\u00eddica de los poderosos contra los oprimidos y de los fascistas contra los dem\u00f3cratas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es urgente cambiar este estado de cosas o la vida se volver\u00e1 absolutamente insoportable para la gran mayor\u00eda de la humanidad. Cuando la \u00fanica libertad que le quede a esta mayor\u00eda sea la libertad de ser miserable, estaremos ante la miseria de la libertad. Para salir de este infierno, que pareceprogramado por un plan voraz y poco inteligente, es necesario alterar la distribuci\u00f3n desigual del miedo y la esperanza. Es urgente que las grandes mayor\u00edas vuelvan a tener algo de esperanza y, para ello, es necesario que las peque\u00f1as minor\u00edas con exceso de esperanza (porque no temen la resistencia de quienes solo tienen miedo) tengan miedo de nuevo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para que esto ocurra, se necesitar\u00e1n muchas rupturas y luchas en los terrenos social, pol\u00edtico, cultural, epistemol\u00f3gico, subjetivo e intersubjetivo. El siglo pasado comenz\u00f3 con el optimismo de que rupturas con el miedo y luchas por la esperanza estaban cerca y ser\u00edan eficaces. Este optimismo tuvo el nombre inicial e inici\u00e1tico de socialismo o comunismo. Otros nombres-sat\u00e9lite se unieron a ellos, como republicanismo, secularismo, laicismo. A medida que el siglo avanzaba se unieron nuevos nombres, como liberaci\u00f3n del yugo colonial, autodeterminaci\u00f3n, democracia, derechos humanos, liberaci\u00f3n y emancipaci\u00f3n de las mujeres, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, en la primera mitad el siglo XXI, vivimos entre las ruinas de<br \/> muchos de esos nombres. Los dos primeros parecen reducirse, en el mejor<br \/> de los casos, a los libros de historia y, en el peor, al olvido. Los restantes<br \/> subsisten desfigurados o, como m\u00ednimo, se ven confrontados ante la<br \/> perplejidad de acumular tantas derrotas como victorias protagonizan. Por<br \/> estas razones, las rupturas y las luchas contra la distribuci\u00f3n torpemente<br \/> desigual del miedo y la esperanza ser\u00e1n una tarea ingente, porque todos los<br \/> instrumentos disponibles para llevarlas a cabo son fr\u00e1giles. Adem\u00e1s, esta<br \/> discrepancia constituye en s\u00ed misma una manifestaci\u00f3n del desequilibrio<br \/> contempor\u00e1neo entre el miedo y la esperanza. La lucha contra tal<br \/> desequilibrio debe comenzar por los instrumentos que reflejan este mismo<br \/> desequilibrio. Solo a trav\u00e9s de luchas eficaces contra este desequilibrio ser\u00e1<br \/> posible se\u00f1alar la expansi\u00f3n de la esperanza y la retracci\u00f3n del miedo entre las grandes mayor\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"> Cuando los cimientos se derrumban, se convierten en ruinas. Cuando<br \/> todo parece estar en ruinas, no hay m\u00e1s alternativa que buscar entre las<br \/> ruinas, no solo el recuerdo de lo que fue mejor, sino especialmente la<br \/> desidentificaci\u00f3n con lo que al dise\u00f1ar los cimientos contribuy\u00f3 a la<br \/> fragilidad del edificio. Este proceso consiste en transformar las ruinas muertas en ruinas vivas. Y tendr\u00e1 tantas dimensiones cuantas sean exigidas<br \/> por la predictora socioarqueolog\u00eda. Comencemos hoy, al inicio de a\u00f1o, por<br \/> los derechos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los derechos humanos tienen una doble genealog\u00eda. A lo largo de su<br \/> vasta historia desde el siglo XVI, fueron sucesivamente (a veces de manera<br \/> simult\u00e1nea) un instrumento de legitimaci\u00f3n de la opresi\u00f3n euroc\u00e9ntrica,<br \/> capitalista y colonialista, y un instrumento de legitimaci\u00f3n de las luchas<br \/> contra esa opresi\u00f3n. Pero siempre fueron m\u00e1s intensamente instrumento de opresi\u00f3n que de lucha contra ella. Por eso contribuyeron a la situaci\u00f3n de extrema desigualdad de la divisi\u00f3n global del miedo y la esperanza en la que nos encontramos hoy. A mediados del siglo pasado, tras la devastaci\u00f3n de las dos guerras en Europa (con impacto mundial debido al colonialismo), los derechos humanos tuvieron un momento alto con la proclamaci\u00f3n de la<br \/> Declaraci\u00f3n Universal de los Derechos Humanos, que vino a sustentar <br \/> ideol\u00f3gicamente el trabajo de la ONU. El 10 de diciembre pasado se<br \/> conmemoraron los 71 a\u00f1os de la Declaraci\u00f3n. No es aqu\u00ed el lugar para<br \/> analizar en detalle este documento, que en su origen no es universal (de<br \/> hecho, es cultural y pol\u00edticamente muy euroc\u00e9ntrico) pero que gradualmente se fue estableciendo como una narrativa global de dignidad humana. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es posible decir que entre 1948 y 1989, los derechos humanos fueron<br \/> predominantemente un instrumento de la guerra fr\u00eda, lectura que durante<br \/> mucho tiempo fue minoritaria. El discurso hegem\u00f3nico de los derechos<br \/> humanos fue usado por los gobiernos democr\u00e1ticos occidentales para exaltar la superioridad del capitalismo en relaci\u00f3n al comunismo del bloque socialista de los reg\u00edmenes sovi\u00e9tico y chino. Seg\u00fan tal discurso, las<br \/> violaciones de los derechos humanos solamente ocurr\u00edan en ese bloque y en todos los pa\u00edses simpatizantes o bajo su influencia. Las violaciones que hab\u00eda en los pa\u00edses \u201camigos\u201d de Occidente, crecientemente bajo influencia de los Estados Unidos, eran ignoradas o silenciadas. El fascismo portugu\u00e9s, por ejemplo, se benefici\u00f3 durante mucho tiempo de esa \u201csociolog\u00eda de las<br \/> ausencias\u201d, tal como sucedi\u00f3 con Indonesia durante el per\u00edodo en que invadi\u00f3 y ocup\u00f3 Timor Oriental, o con Israel desde el inicio de la ocupaci\u00f3n colonial de Palestina hasta hoy. En general, el colonialismo europeo fue por mucho tiempo el beneficiario principal de esa sociolog\u00eda de las ausencias. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed se fue construyendo la superioridad moral del capitalismo en relaci\u00f3n al socialismo, una construcci\u00f3n en la que colaboraron activamente los partidos socialistas del mundo occidental.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta construcci\u00f3n no estuvo libre de contradicciones. Durante este<br \/> per\u00edodo, los derechos humanos en los pa\u00edses capitalistas y bajo la influencia de los Estados Unidos fueron muchas veces invocados por organizaciones y movimientos sociales en la resistencia contra violaciones flagrantes de esos  derechos. Las intervenciones imperiales del Reino Unido y de los Estados Unidos en el Medio Oriente, y de los Estados Unidos en Am\u00e9rica Latina, a lo largo de todo el siglo XX, nunca fueron consideradas internacionalmente violaciones de derechos humanos, aunque muchos activistas de derechos humanos sacrificasen su vida defendi\u00e9ndolos. Por otro lado, sobre todo en los pa\u00edses capitalistas del Atl\u00e1ntico Norte, las luchas pol\u00edticas llevaron a la ampliaci\u00f3n progresiva del cat\u00e1logo de derechos humanos: los derechos sociales, econ\u00f3micos y culturales se juntaron a los derechos civiles y pol\u00edticos. Surgi\u00f3 entonces cierta disociaci\u00f3n entre los defensores de la prioridad de los derechos civiles y pol\u00edticos sobre los dem\u00e1s (corriente liberal), y los defensores de la prioridad de los derechos econ\u00f3micos y sociales o de la indivisibilidad de los derechos humanos (corriente socialista o socialdem\u00f3crata).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn en 1989 fue vista como la victoria<br \/> incondicional de los derechos humanos. Pero la verdad es que la pol\u00edtica<br \/> internacional posterior revel\u00f3 que, con la ca\u00edda del bloque socialista, cayeron tambi\u00e9n los derechos humanos. Desde ese momento, el tipo de capitalismo global que se impuso desde la d\u00e9cada de 1980 (el neoliberalismo y el capital  financiero global) fue promoviendo una narrativa cada vez m\u00e1s restringida de derechos humanos. Comenz\u00f3 por suscitar una lucha contra los derechos sociales y econ\u00f3micos. Y hoy, con la prioridad total de la libertad econ\u00f3mica sobre todas las otras libertades, y con el ascenso de la extrema derecha, los propios derechos civiles y pol\u00edticos, y con ellos la propia democracia liberal, son puestos en cuesti\u00f3n como obst\u00e1culos al crecimiento capitalista. Todo esto confirma la relaci\u00f3n entre la concepci\u00f3n hegem\u00f3nica de los derechos humanos y la guerra fr\u00eda.<br \/> <br \/> Ante este escenario, se imponen dos conclusiones parad\u00f3jicas e<br \/> inquietantes, y un desaf\u00edo exigente. La aparente victoria hist\u00f3rica de los<br \/> derechos humanos est\u00e1 derivando en una degradaci\u00f3n sin precedentes de las expectativas de vida digna de la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n mundial. Los<br \/> derechos humanos dejaron de ser una condicionalidad en las relaciones<br \/> internacionales. Cuando mucho, en vez de sujetos de derechos humanos, los individuos y los pueblos se ven reducidos a la condici\u00f3n de objetos de<br \/> discursos de derechos humanos. A su vez, el desaf\u00edo puede formularse as\u00ed:<br \/> \u00bfser\u00e1 todav\u00eda posible transformar los derechos humanos en una ruina viva, en un instrumento para transformar la desesperaci\u00f3n en esperanza? Estoy convencido que s\u00ed. En la pr\u00f3xima cr\u00f3nica intentar\u00e9 rescatar las semillas de esperanza que habitan la ruina viva de los derechos humanos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>*Acad\u00e9mico portugu\u00e9s.\nDoctor en sociolog\u00eda, catedr\u00e1tico de la Facultad de Econom\u00eda y Director del\nCentro de Estudios Sociales de la Universidad de Co\u00edmbra (Portugal). Profesor\ndistinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU) y de diversos\nestablecimientos acad\u00e9micos del mundo. Es uno de los cient\u00edficos sociales e\ninvestigadores m\u00e1s importantes del mundo en el \u00e1rea de la sociolog\u00eda jur\u00eddica y\nes uno de los principales dinamizadores del Foro Social Mundial.Art\u00edculo\nenviado a OtherNews por el autor, el 20.01.20<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Boaventura de Sousa Santos* El gran fil\u00f3sofo del siglo XVII, Baruch Spinoza, escribi\u00f3 que los dos sentimientos b\u00e1sicos del ser humano (afectos, en su terminolog\u00eda) son el miedo y la esperanza. 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