{"id":25764,"date":"2026-04-02T17:23:03","date_gmt":"2026-04-02T15:23:03","guid":{"rendered":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/?p=25764"},"modified":"2026-04-02T17:23:04","modified_gmt":"2026-04-02T15:23:04","slug":"la-esclavitud-en-el-centro-del-mundo-memoria-poder-y-reparacion-en-disputa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/la-esclavitud-en-el-centro-del-mundo-memoria-poder-y-reparacion-en-disputa\/","title":{"rendered":"La Esclavitud en el Centro del Mundo: Memoria, Poder y Reparaci\u00f3n en Disputa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Beto Cremonte- Periodismo Internacional Alternativo (PIA Global)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La historia es circular y a veces basta un solo hecho para revisar cientos de a\u00f1os. La votaci\u00f3n en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los cr\u00edmenes de la esclavitud es uno de ellos, ya que no solo reconoci\u00f3 la magnitud de la esclavitud atl\u00e1ntica sino que expuso las bases materiales sobre las que se construy\u00f3 el poder occidental. En la negativa y la abstenci\u00f3n de las potencias aparece con claridad el l\u00edmite del reconocimiento: la memoria es tolerable, la reparaci\u00f3n no.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La votaci\u00f3n en la Asamblea General de la ONU no fue un gesto ceremonial ni una concesi\u00f3n moral de \u00faltimo momento. Fue, sin dudas, una se\u00f1al pol\u00edtica de esta \u00e9poca, que adem\u00e1s reabre una discusi\u00f3n que durante siglos se intent\u00f3 clausurar. Con 123 votos a favor, 3 en contra y 52 abstenciones, la ONU aprob\u00f3 la resoluci\u00f3n A\/80\/L.48, impulsada por Ghana, que declara la trata transatl\u00e1ntica de africanos esclavizados y el sistema de esclavitud racializada como \u201cel crimen m\u00e1s grave contra la humanidad\u201d. Votaron en contra Estados Unidos, Israel y Argentina; se abstuvieron, entre otros, el Reino Unido y los pa\u00edses de la Uni\u00f3n Europea. Aunque el texto no es jur\u00eddicamente vinculante, tiene un peso pol\u00edtico y normativo evidente: instala, en el coraz\u00f3n del sistema multilateral, una definici\u00f3n hist\u00f3rica que durante siglos fue relativizada, diluida o directamente negada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero lo verdaderamente significativo no es solo el contenido de la resoluci\u00f3n, sino el momento en que aparece y las preguntas que vuelve a poner en circulaci\u00f3n. No es casual que este reconocimiento emerja en un contexto en el que \u00c1frica y su di\u00e1spora han comenzado a articular con mayor fuerza una agenda internacional de reparaci\u00f3n, memoria y restituci\u00f3n hist\u00f3rica. Muchos pa\u00edses africanos le est\u00e1n exigiendo a las potencias colonizadoras la restituci\u00f3n de parte de su memoria hist\u00f3rica y cultural, que hoy permanece en las vitrinas de los museos m\u00e1s importantes de Europa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Reconocer la esclavitud atl\u00e1ntica como el crimen m\u00e1s grave contra la humanidad implica algo m\u00e1s que un gesto de memoria: obliga a revisar no solo el pasado, sino la legitimidad hist\u00f3rica del orden global que se construy\u00f3 sobre ese pasado. La acumulaci\u00f3n originaria del capitalismo, la expansi\u00f3n de los imperios mar\u00edtimos europeos, el crecimiento de los puertos atl\u00e1nticos y el desarrollo de las finanzas modernas no pueden comprenderse sin ese sistema de captura, transporte y explotaci\u00f3n de millones de africanos. Ghana sostuvo en la ONU que al menos 12,5 millones de personas fueron arrancadas del continente entre los siglos XV y XIX, y que las consecuencias de ese proceso persisten hasta hoy bajo la forma de desigualdades estructurales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, la resoluci\u00f3n no incomoda por lo que recuerda, sino por lo que pone en movimiento. Porque si la esclavitud no fue una desviaci\u00f3n marginal sino uno de los pilares sobre los que se construy\u00f3 la modernidad occidental, entonces la discusi\u00f3n ya no puede quedar limitada al pasado: pasa a ser, necesariamente, una discusi\u00f3n sobre riqueza, poder, herencia hist\u00f3rica y responsabilidad pol\u00edtica en el presente. Y, en \u00faltima instancia, sobre qui\u00e9nes se beneficiaron de ese sistema y qui\u00e9nes siguen pagando, hasta hoy, sus consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El engranaje del Atl\u00e1ntico: el \u201ctri\u00e1ngulo\u201d que fund\u00f3 el mundo moderno<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante m\u00e1s de cuatro siglos, entre los siglos XV y XIX, el Atl\u00e1ntico fue el escenario de uno de los sistemas de explotaci\u00f3n m\u00e1s vastos de la historia humana. Millones de africanos fueron embarcados por la fuerza hacia Am\u00e9rica y millones murieron en el viaje, en condiciones que hoy encuadrar\u00edan sin discusi\u00f3n como cr\u00edmenes masivos. Pero incluso esas cifras, por su magnitud, corren el riesgo de ocultar algo m\u00e1s profundo: no describen solo una tragedia humana, sino el funcionamiento de un sistema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque esas cifras, las que exhibi\u00f3 Ghana en sus argumentos respaldatorios en la ONU, solo adquieren sentido cuando se entiende el engranaje. La trata fue el n\u00facleo de una econom\u00eda global en expansi\u00f3n: Europa enviaba manufacturas y armas hacia \u00c1frica; desde all\u00ed se capturaban y exportaban seres humanos hacia Am\u00e9rica; y desde Am\u00e9rica regresaban a Europa productos como az\u00facar, algod\u00f3n, tabaco y caf\u00e9, generados mediante trabajo esclavo. No se trat\u00f3 de un comercio m\u00e1s, sino de una estructura organizada para convertir cuerpos en mercanc\u00eda y violencia en acumulaci\u00f3n, estableciendo una l\u00f3gica que no desapareci\u00f3 con la abolici\u00f3n, sino que se transform\u00f3 \u2014con otras formas\u2014 en desigualdades persistentes en el sistema global.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese circuito, tambi\u00e9n llamado \u201ctri\u00e1ngulo de oro\u201d, fue en realidad una arquitectura de poder profundamente asim\u00e9trica. \u00c1frica fue el territorio del despojo humano; Am\u00e9rica, el espacio de explotaci\u00f3n intensiva; y Europa, el centro de acumulaci\u00f3n, transformaci\u00f3n y refinamiento financiero. La desigualdad no fue una consecuencia del sistema: fue su principio organizador, una divisi\u00f3n del mundo que, con otras configuraciones, contin\u00faa estructurando las jerarqu\u00edas econ\u00f3micas y pol\u00edticas del orden internacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed est\u00e1 uno de los n\u00facleos m\u00e1s inc\u00f3modos del debate actual: la esclavitud no fue un exceso del sistema, fue su condici\u00f3n de posibilidad. La acumulaci\u00f3n originaria del capitalismo europeo, el crecimiento de los puertos atl\u00e1nticos, el desarrollo del cr\u00e9dito, de los seguros y de las redes comerciales globales no pueden entenderse sin ese circuito. No hubo expansi\u00f3n moderna sin esa base de violencia sistem\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Am\u00e9rica, ese impacto no fue accesorio, fue fundacional. Brasil recibi\u00f3 cerca del 40% de todos los africanos esclavizados del continente, con m\u00e1s de 5 millones de personas, convirti\u00e9ndose en el principal destino de la trata. El Caribe funcion\u00f3 como un laboratorio de explotaci\u00f3n extrema, donde las tasas de mortalidad eran tan elevadas que el sistema depend\u00eda de una reposici\u00f3n constante de mano de obra esclavizada, configurando econom\u00edas basadas en el desgaste humano permanente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso de Hait\u00ed sintetiza esa violencia estructural y sus consecuencias. La revoluci\u00f3n iniciada en 1791 \u2014\u00fanica en su tipo\u2014 no solo aboli\u00f3 la esclavitud, sino que puso en crisis el orden colonial atl\u00e1ntico. Sin embargo, lejos de ser reconocida como una ruptura emancipadora, fue castigada: Francia impuso una deuda que condicion\u00f3 su desarrollo durante m\u00e1s de un siglo, convirtiendo la libertad en una carga estructural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u00c1frica, el impacto demogr\u00e1fico y social fue igualmente devastador. Si se consideran las muertes asociadas a capturas, desplazamientos internos y guerras alimentadas por la propia l\u00f3gica de la trata, algunos c\u00e1lculos elevan el impacto total por encima de los 20 millones de personas. Pero m\u00e1s all\u00e1 de las cifras, lo que qued\u00f3 fue una desestructuraci\u00f3n profunda de sociedades, econom\u00edas y sistemas pol\u00edticos. La trata y el colonialismo no fueron procesos separados: fueron fases de un mismo sistema de subordinaci\u00f3n que no qued\u00f3 en el pasado, sino que se proyect\u00f3 en el tiempo como una estructura que a\u00fan condiciona las formas de desarrollo, dependencia y desigualdad en el mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La abolici\u00f3n en Nuestram\u00e9rica: entre revoluci\u00f3n, reforma y continuidad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si la esclavitud fue el motor del sistema, su abolici\u00f3n no fue un acto humanitario espont\u00e1neo ni el resultado natural de un progreso moral. Fue el producto de luchas, rebeliones, guerras y decisiones pol\u00edticas atravesadas por intereses, tensiones econ\u00f3micas y disputas de poder. En muchos casos, m\u00e1s que una ruptura, fue una transici\u00f3n controlada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el R\u00edo de la Plata, la Asamblea del A\u00f1o XIII no aboli\u00f3 completamente la esclavitud, pero marc\u00f3 un punto de inflexi\u00f3n con la llamada \u201clibertad de vientres\u201d, que declaraba libres a los hijos de personas esclavizadas nacidos desde ese momento. Era una medida gradual que proyectaba el fin del sistema hacia el futuro, pero que al mismo tiempo permit\u00eda su continuidad en el presente, mostrando los l\u00edmites de las reformas en contextos donde la estructura econ\u00f3mica todav\u00eda depend\u00eda de ese orden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante el per\u00edodo de Juan Manuel de Rosas, la esclavitud a\u00fan exist\u00eda formalmente, aunque en retroceso. Reci\u00e9n en 1853, con la Constituci\u00f3n Nacional, Argentina aboli\u00f3 definitivamente la esclavitud. Sin embargo, como en otros casos, la eliminaci\u00f3n jur\u00eddica no implic\u00f3 una transformaci\u00f3n inmediata de las condiciones sociales, ni la integraci\u00f3n plena de la poblaci\u00f3n afrodescendiente en el nuevo orden republicano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otros territorios, el proceso sigui\u00f3 ritmos distintos, pero con tensiones similares. Chile avanz\u00f3 tempranamente con la libertad de vientres en 1811 y aboli\u00f3 la esclavitud en 1823. M\u00e9xico lo hizo en 1829 bajo el gobierno de Vicente Guerrero, \u00e9l mismo de ascendencia afro. En estos casos, la abolici\u00f3n estuvo ligada a procesos revolucionarios m\u00e1s amplios, pero tampoco escap\u00f3 a las limitaciones estructurales de las nuevas rep\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso de Brasil, por su escala y persistencia, resulta particularmente revelador. All\u00ed, la esclavitud no solo fue masiva, sino tambi\u00e9n prolongada. Mientras gran parte de Am\u00e9rica Latina hab\u00eda avanzado en su eliminaci\u00f3n durante la primera mitad del siglo XIX, Brasil la mantuvo hasta 1888, cuando la Lei \u00c1urea puso fin formal al sistema. Esa demora no fue accidental: respond\u00eda a una econom\u00eda profundamente dependiente del trabajo esclavo, especialmente en el ciclo del caf\u00e9, y a una \u00e9lite que logr\u00f3 sostener ese orden hasta \u00faltimo momento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero incluso en su final, la abolici\u00f3n brasile\u00f1a expone uno de los rasgos m\u00e1s persistentes del proceso en toda la regi\u00f3n: se produjo sin pol\u00edticas de integraci\u00f3n, reparaci\u00f3n ni redistribuci\u00f3n. Millones de personas fueron liberadas jur\u00eddicamente, pero abandonadas en t\u00e9rminos materiales, lo que consolid\u00f3 nuevas formas de desigualdad sobre las bases del viejo sistema.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el Caribe, donde la econom\u00eda de plantaci\u00f3n alcanz\u00f3 algunos de los niveles m\u00e1s extremos de explotaci\u00f3n del mundo atl\u00e1ntico, el proceso fue igualmente revelador de los l\u00edmites de la abolici\u00f3n. Colonias como Jamaica, Barbados o Trinidad abolieron formalmente la esclavitud en la d\u00e9cada de 1830 bajo el dominio del Imperio brit\u00e1nico, pero lo hicieron a trav\u00e9s del sistema de \u201caprendizaje\u201d (apprenticeship), que obligaba a las personas liberadas a continuar trabajando para sus antiguos amos durante a\u00f1os, prolongando en los hechos la l\u00f3gica del trabajo forzado. La abolici\u00f3n, en estos casos, no implic\u00f3 una ruptura del sistema, sino su reconfiguraci\u00f3n bajo nuevas formas legales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al mismo tiempo, el Caribe fue tambi\u00e9n el escenario de la ruptura m\u00e1s radical del orden esclavista. La revoluci\u00f3n de Hait\u00ed, iniciada en 1791, no solo aboli\u00f3 la esclavitud, sino que destruy\u00f3 el sistema colonial en su conjunto y dio lugar al primer Estado negro independiente del mundo moderno. Pero esa ruptura fue r\u00e1pidamente contenida por el sistema internacional: aislamiento diplom\u00e1tico, bloqueo econ\u00f3mico y, sobre todo, la imposici\u00f3n por parte de Francia de una deuda que condicion\u00f3 el desarrollo del pa\u00eds durante m\u00e1s de un siglo. La experiencia haitiana dej\u00f3 una lecci\u00f3n duradera para el orden atl\u00e1ntico: incluso las revoluciones m\u00e1s profundas pod\u00edan ser disciplinadas cuando amenazaban la estructura global de poder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, el Caribe condensa como pocos espacios las tensiones de la abolici\u00f3n: all\u00ed donde el sistema fue m\u00e1s brutal, las salidas oscilaron entre reformas controladas que garantizaron la continuidad de la explotaci\u00f3n y rupturas radicales que fueron castigadas. Esa doble din\u00e1mica \u2014reforma sin transformaci\u00f3n o ruptura con sanci\u00f3n\u2014 ayuda a explicar por qu\u00e9 el fin jur\u00eddico de la esclavitud no signific\u00f3 el fin de sus efectos estructurales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed aparece una de las claves m\u00e1s importantes para leer la abolici\u00f3n en Nuestram\u00e9rica: la esclavitud termin\u00f3 como instituci\u00f3n legal, pero no como estructura social. Sus efectos econ\u00f3micos, raciales y pol\u00edticos no solo persistieron, sino que se reconfiguraron dentro de los nuevos Estados nacionales. Como muestran m\u00faltiples estudios sobre desigualdad en Am\u00e9rica Latina, las poblaciones afrodescendientes contin\u00faan enfrentando mayores niveles de pobreza, menor acceso a educaci\u00f3n y menor representaci\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Votos, silencios y resistencias: lo que la ONU dej\u00f3 al descubierto<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La resoluci\u00f3n incomoda porque no se limita a nombrar un crimen del pasado: obliga a mirar de frente la arquitectura hist\u00f3rica del poder mundial. Y es precisamente en la negativa y en la abstenci\u00f3n de las potencias occidentales donde esa arquitectura aparece con mayor nitidez. Estados Unidos vot\u00f3 en contra; el Reino Unido y los pa\u00edses de la Uni\u00f3n Europea se abstuvieron. Formalmente, sus delegaciones hablaron de dificultades jur\u00eddicas, de la inconveniencia de establecer jerarqu\u00edas entre cr\u00edmenes contra la humanidad y de la imposibilidad de aplicar de manera retroactiva categor\u00edas del derecho internacional contempor\u00e1neo a hechos ocurridos entre los siglos XV y XIX. Eso dijeron. Pero el problema de fondo no parece ser t\u00e9cnico, sino pol\u00edtico: reconocer plenamente la esclavitud atl\u00e1ntica como \u201cel crimen m\u00e1s grave contra la humanidad\u201d abre una discusi\u00f3n sobre responsabilidades hist\u00f3ricas que esas potencias no est\u00e1n dispuestas a asumir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed est\u00e1 el verdadero n\u00facleo del conflicto. Porque la discusi\u00f3n deja de ser memorial o moral y pasa a tocar la base material del orden global. Admitir que la esclavitud atl\u00e1ntica fue uno de los cr\u00edmenes fundacionales de la modernidad implica aceptar tambi\u00e9n que no fue un episodio perif\u00e9rico, sino uno de los grandes motores de la acumulaci\u00f3n occidental. No se trata solo de barcos negreros cruzando el Atl\u00e1ntico, sino de puertos que crecieron, casas comerciales que se expandieron, redes de cr\u00e9dito y seguros que se consolidaron, fortunas familiares que se multiplicaron y Estados que ampliaron su capacidad fiscal y financiera sobre esa base. La trata y la esclavitud no fueron una mancha en el sistema: ayudaron a construirlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El ejemplo brit\u00e1nico es especialmente elocuente porque permite ver con claridad c\u00f3mo esa riqueza no qued\u00f3 encerrada en el pasado. La investigaci\u00f3n del Bank of England recuerda que, tras la abolici\u00f3n de 1833, el Estado brit\u00e1nico destin\u00f3 20 millones de libras a compensar a los propietarios de esclavos por la \u201cp\u00e9rdida de su propiedad\u201d, una suma enorme para la \u00e9poca, administrada por el propio banco central. UCL, a trav\u00e9s de su proyecto Legacies of British Slave-Ownership, muestra que ese dinero no fue marginal: irrig\u00f3 sectores enteros de la sociedad brit\u00e1nica y ayud\u00f3 a consolidar patrimonios, inversiones e instituciones. Es decir, cuando la esclavitud termin\u00f3 legalmente en el Imperio, el Estado no repar\u00f3 a los esclavizados sino a los esclavistas, convirtiendo la abolici\u00f3n en una operaci\u00f3n de continuidad patrimonial para las \u00e9lites.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n los puertos hablan. Liverpool se convirti\u00f3 en el principal puerto esclavista europeo del siglo XVIII; archivos y colecciones hist\u00f3ricas de la propia ciudad sostienen que, hacia 1801-1807, concentraba cerca del 79% de la actividad brit\u00e1nica en la trata, hab\u00eda invertido m\u00e1s de un mill\u00f3n de libras en ese comercio hacia 1800 y sus barcos transportaron m\u00e1s de 1,1 millones de africanos esclavizados hacia Am\u00e9rica. No es un dato secundario: muestra c\u00f3mo una parte sustancial del ascenso comercial y mar\u00edtimo brit\u00e1nico estuvo anclada en ese circuito. Liverpool, Bristol y Londres no fueron simples testigos de la trata; fueron nodos de una econom\u00eda atl\u00e1ntica que convirti\u00f3 la captura de seres humanos en infraestructura, cr\u00e9dito, empleo portuario, seguros mar\u00edtimos y expansi\u00f3n imperial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la abstenci\u00f3n brit\u00e1nica y europea, y el voto negativo estadounidense, no pueden leerse como matices prudentes. Son, en realidad, una forma contempor\u00e1nea de administrar el l\u00edmite del reconocimiento. Se admite el horror, pero se bloquea la consecuencia. Se acepta que la esclavitud fue atroz, pero se resiste cualquier formulaci\u00f3n que pueda transformarse en demandas de disculpas formales, restituci\u00f3n de bienes, compensaciones, financiamiento reparador o redise\u00f1o de las relaciones econ\u00f3micas heredadas de ese proceso. La propia resoluci\u00f3n aprobada por la Asamblea General menciona expl\u00edcitamente medidas de justicia reparadora, entre ellas disculpas, restituci\u00f3n, compensaci\u00f3n y garant\u00edas de no repetici\u00f3n, y eso ayuda a entender por qu\u00e9 la reacci\u00f3n occidental fue de resistencia y no de acompa\u00f1amiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, la negativa y la abstenci\u00f3n son m\u00e1s reveladoras que cualquier discurso conmemorativo. Porque muestran que el problema no reside en el pasado lejano de la esclavitud, sino en su traducci\u00f3n presente. Lo que esas potencias parecen rechazar no es la memoria del crimen, sino la posibilidad de que esa memoria reorganice el campo de las responsabilidades. Aceptar la formulaci\u00f3n impulsada por Ghana implicar\u00eda reconocer que la riqueza atl\u00e1ntica no fue fruto exclusivo del ingenio comercial o la revoluci\u00f3n industrial, sino tambi\u00e9n del secuestro masivo, del trabajo forzado y de una econom\u00eda racializada que asign\u00f3 a \u00c1frica el lugar del despojo, a Am\u00e9rica el de la explotaci\u00f3n y a Europa el de la acumulaci\u00f3n y el mando.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ah\u00ed aparece el punto m\u00e1s inc\u00f3modo de todos: si la esclavitud atl\u00e1ntica ayud\u00f3 a fundar el orden econ\u00f3mico moderno, entonces la discusi\u00f3n sobre reparaciones no es una anomal\u00eda moral ni una demanda sentimental. Es una impugnaci\u00f3n directa a la legitimidad hist\u00f3rica de ese orden. Por eso este bloque de votos no es un detalle diplom\u00e1tico de la nota, sino su centro pol\u00edtico. En la abstenci\u00f3n y en la negativa no solo sobrevive la renuencia a nombrar plenamente el crimen; sobrevive, tambi\u00e9n, la voluntad de proteger las bases materiales del mundo que ese crimen ayud\u00f3 a construir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Ghana, \u00c1frica y la disputa por las reparaciones<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La pregunta es inevitable: \u00bfpor qu\u00e9 Ghana? \u00bfY hasta qu\u00e9 punto esta resoluci\u00f3n expresa una posici\u00f3n africana com\u00fan?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ghana no es un actor cualquiera en esta historia. Fue uno de los territorios centrales del comercio esclavista en \u00c1frica occidental \u2014la llamada \u201cCosta de Oro\u201d\u2014 y, al mismo tiempo, uno de los primeros pa\u00edses en romper con el colonialismo europeo bajo el liderazgo de Kwame Nkrumah. Esa doble condici\u00f3n \u2014territorio marcado por la trata y s\u00edmbolo del panafricanismo\u2014 le da una legitimidad particular para impulsar esta agenda. Pero tambi\u00e9n le otorga una posici\u00f3n pol\u00edtica espec\u00edfica: la de un Estado que no solo reclama memoria, sino que busca intervenir activamente en la disputa por el sentido del orden global.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los \u00faltimos a\u00f1os, Ghana ha desarrollado una pol\u00edtica sostenida de reconexi\u00f3n con la di\u00e1spora africana. Iniciativas como el \u201cYear of Return\u201d en 2019 o el programa \u201cBeyond the Return\u201d no son gestos culturales aislados: forman parte de una estrategia que articula identidad, turismo, inversi\u00f3n y posicionamiento geopol\u00edtico. No se trata solo de reconstruir v\u00ednculos simb\u00f3licos, sino de reconfigurar relaciones econ\u00f3micas y pol\u00edticas entre \u00c1frica y su di\u00e1spora, especialmente en el Atl\u00e1ntico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora bien, Ghana no es \u201ctoda \u00c1frica\u201d. Y ah\u00ed aparece una de las tensiones m\u00e1s relevantes del momento actual.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Uni\u00f3n Africana ha avanzado en una agenda com\u00fan sobre reparaciones \u2014declarando 2025 como el a\u00f1o de la justicia reparadora\u2014, pero esa convergencia no elimina las diferencias internas. No todos los Estados africanos priorizan este tema del mismo modo, ni lo hacen desde las mismas condiciones. En un continente atravesado por problemas urgentes \u2014deuda externa, seguridad, conflictos internos, dependencia econ\u00f3mica y disputas geopol\u00edticas\u2014, la agenda de reparaciones convive con otras urgencias que muchas veces condicionan su desarrollo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese contexto, la iniciativa de Ghana no representa una unanimidad, sino una apuesta pol\u00edtica: la de empujar una agenda hist\u00f3rica hacia el centro del escenario internacional, aun cuando no todos los actores est\u00e9n en condiciones de sostenerla con la misma intensidad. Es, en ese sentido, un movimiento que busca marcar direcci\u00f3n m\u00e1s que reflejar consenso pleno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed tambi\u00e9n aparece una diferencia clave con el Caribe. Los pa\u00edses agrupados en CARICOM han construido, durante d\u00e9cadas, una posici\u00f3n m\u00e1s estructurada y consistente en torno a las reparaciones, con programas concretos que incluyen disculpas formales, restituci\u00f3n, inversi\u00f3n en desarrollo y reparaci\u00f3n cultural. \u00c1frica, en cambio, se encuentra todav\u00eda en un proceso de articulaci\u00f3n pol\u00edtica m\u00e1s heterog\u00e9neo, donde la agenda de reparaciones empieza a consolidarse como horizonte com\u00fan, pero no siempre como prioridad inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, reducir esta iniciativa a una expresi\u00f3n fragmentaria ser\u00eda un error. Porque lo que est\u00e1 en juego no es solo el grado de consenso interno, sino la direcci\u00f3n del movimiento. Y en ese sentido, la resoluci\u00f3n impulsada por Ghana se\u00f1ala algo m\u00e1s profundo: la emergencia de una articulaci\u00f3n pol\u00edtica entre \u00c1frica, el Caribe y la di\u00e1spora africana que comienza a disputar, de manera m\u00e1s coordinada, el relato hist\u00f3rico y sus consecuencias materiales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noci\u00f3n de reparaciones, en este marco, deja de ser una consigna abstracta para convertirse en una demanda concreta que abarca m\u00faltiples dimensiones: desde disculpas oficiales y restituci\u00f3n de bienes culturales hasta programas de financiamiento, transferencia tecnol\u00f3gica, acceso a mercados y revisi\u00f3n de las condiciones estructurales de intercambio entre \u00c1frica y el resto del mundo. No se trata simplemente de compensar el pasado, sino de reconfigurar las bases del presente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la resoluci\u00f3n debe leerse como parte de un proceso m\u00e1s amplio. No es un gesto aislado ni una iniciativa simb\u00f3lica, sino un movimiento dentro de una disputa mayor: qui\u00e9n define la historia, qui\u00e9n administra sus consecuencias y qui\u00e9n tiene derecho a reclamar justicia. Y, en \u00faltima instancia, qui\u00e9n est\u00e1 en condiciones de transformar esa demanda en poder pol\u00edtico efectivo en el escenario internacional.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el fondo, lo que dej\u00f3 al descubierto la votaci\u00f3n en la Asamblea General de las Naciones Unidas no es solo una disputa sobre el pasado, sino un conflicto abierto sobre el presente. Porque si la esclavitud atl\u00e1ntica fue uno de los pilares sobre los que se construy\u00f3 el orden econ\u00f3mico moderno, entonces reconocerla como el crimen m\u00e1s grave contra la humanidad implica algo m\u00e1s que un gesto simb\u00f3lico: implica poner en cuesti\u00f3n la legitimidad de ese mismo orden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ah\u00ed es donde aparecen los l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se acepta la historia, pero se rechaza su consecuencia. Se admite el crimen, pero se protege la estructura que lo hizo posible. En la negativa y en la abstenci\u00f3n no solo sobrevive la incomodidad frente al pasado: sobrevive, tambi\u00e9n, la decisi\u00f3n de sostener un mundo que todav\u00eda funciona sobre sus huellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque la verdadera pregunta ya no es qu\u00e9 fue la esclavitud.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La verdadera pregunta es cu\u00e1nto de ese sistema sigue en pie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>*Beto Cremonte, Docente, profesor de Comunicaci\u00f3n social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicaci\u00f3n Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicaci\u00f3n p\u00fablica y pol\u00edtica. FPyCS UNLP. Redactor en jefe en PIA Global, especializado en el continente africano. Analista internacional en geopol\u00edtica.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Beto Cremonte- Periodismo Internacional Alternativo (PIA Global) La historia es circular y a veces basta un solo hecho para revisar cientos de a\u00f1os. 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