{"id":27881,"date":"2026-09-17T18:18:13","date_gmt":"2026-09-17T16:18:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/?p=27881"},"modified":"2026-09-17T18:21:02","modified_gmt":"2026-09-17T16:21:02","slug":"el-mapa-del-poder-africa-reclama-su-verdadera-dimension","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.other-news.info\/noticias\/el-mapa-del-poder-africa-reclama-su-verdadera-dimension\/","title":{"rendered":"El mapa del poder: \u00c1frica reclama su verdadera dimensi\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Beto Cremonte* &#8211; Noticias PIA (Periodismo Internacional Alternativo)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00c1frica impuls\u00f3 una reparaci\u00f3n cartogr\u00e1fica que fue mucho m\u00e1s all\u00e1 de Mercator. Puso en disputa qui\u00e9n representa el mundo, desde d\u00f3nde lo hace y cu\u00e1nto de la mirada colonial sobre el continente permanece todav\u00eda vigente.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Asamblea General de las Naciones Unidas aprob\u00f3, por 164 votos contra uno, una iniciativa impulsada desde \u00c1frica para corregir las distorsiones con las que durante siglos fue representado el continente en buena parte de los mapamundis. La discusi\u00f3n parece cartogr\u00e1fica, pero detr\u00e1s de Mercator y Equal Earth emerge una cuesti\u00f3n mucho m\u00e1s profunda: qui\u00e9n tuvo hist\u00f3ricamente el poder de representar el mundo, convertir esa representaci\u00f3n en conocimiento universal y determinar desde qu\u00e9 lugar \u00c1frica deb\u00eda observarse a s\u00ed misma. La reparaci\u00f3n del mapa aparece as\u00ed como otra dimensi\u00f3n de una descolonizaci\u00f3n que, m\u00e1s de seis d\u00e9cadas despu\u00e9s de las independencias, permanece inconclusa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 4 de septiembre de 2026 ocurri\u00f3 en la Asamblea General de Naciones Unidas un hecho cuya trascendencia resulta dif\u00edcil de advertir si se lo observa exclusivamente como una discusi\u00f3n entre cart\u00f3grafos. Por 164 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones, los Estados miembros aprobaron la iniciativa <em>\u201cCorrect the Map: Rebalancing global cartographic representation and promoting equitable representation of the world\u2019s regions, particularly Africa\u201d<\/em> (\u00abCorregir el mapa: reequilibrar la representaci\u00f3n cartogr\u00e1fica mundial y promover una representaci\u00f3n equitativa de las regiones del mundo, en particular de \u00c1frica\u00bb), presentada por Togo en representaci\u00f3n del Grupo Africano. Estados Unidos qued\u00f3 como \u00fanico voto negativo, mientras Estonia, Georgia, Lituania, Moldavia, Serbia y Ucrania se abstuvieron. La resoluci\u00f3n no proh\u00edbe la tradicional proyecci\u00f3n Mercator ni establece un \u00fanico mapa obligatorio, pero recomienda que gobiernos, instituciones educativas, organismos internacionales y empresas tecnol\u00f3gicas avancen hacia representaciones que respeten mejor las superficies relativas de los territorios y ense\u00f1en, al mismo tiempo, las limitaciones inevitables de cualquier intento de trasladar un planeta esf\u00e9rico a una superficie plana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El resultado posee una importancia que excede ampliamente la matem\u00e1tica cartogr\u00e1fica porque no naci\u00f3 como una reforma t\u00e9cnica impulsada desde los grandes centros acad\u00e9micos occidentales, sino como una demanda pol\u00edtica construida progresivamente desde \u00c1frica. Togo encabez\u00f3 las negociaciones en Naciones Unidas despu\u00e9s de que la iniciativa adquiriera respaldo continental y fuera asumida por la Uni\u00f3n Africana. Tras la votaci\u00f3n, el presidente de la Comisi\u00f3n de la UA, Mahmoud Ali Youssouf, defini\u00f3 la decisi\u00f3n como un paso importante para conseguir una representaci\u00f3n m\u00e1s justa y cient\u00edficamente adecuada del continente e inst\u00f3 a instituciones internacionales, sistemas educativos, editoriales y plataformas digitales a promover progresivamente mapas que reflejen con mayor fidelidad las superficies reales. La formulaci\u00f3n utilizada por la propia organizaci\u00f3n continental condensa el contenido pol\u00edtico de la campa\u00f1a: \u00c1frica debe ser representada de acuerdo con sus verdaderas dimensiones y con el lugar que efectivamente ocupa en el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La secuencia resulta especialmente significativa. Una discusi\u00f3n promovida inicialmente por organizaciones africanas consigui\u00f3 transformarse en una reivindicaci\u00f3n panafricana, fue posteriormente incorporada a la agenda institucional continental, encontr\u00f3 en Togo un veh\u00edculo diplom\u00e1tico para trasladarse al sistema multilateral y termin\u00f3 obteniendo el respaldo de una mayor\u00eda abrumadora de Naciones Unidas. M\u00e1s que la sustituci\u00f3n inmediata de un planisferio por otro, lo que ese recorrido demuestra es una capacidad africana creciente para transformar una discusi\u00f3n sobre su propia representaci\u00f3n en una cuesti\u00f3n internacional. Durante siglos fueron otros quienes dibujaron \u00c1frica y establecieron las categor\u00edas mediante las cuales deb\u00eda ser comprendida; esta vez es el continente el que obliga al mundo a discutir los criterios con los que contin\u00faa siendo representado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Mercator no invent\u00f3 el colonialismo, pero el mapa tampoco fue inocente<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para comprender la profundidad de esa discusi\u00f3n es necesario evitar una simplificaci\u00f3n tentadora. Gerardus Mercator no cre\u00f3 en 1569 su c\u00e9lebre proyecci\u00f3n con el prop\u00f3sito de reducir el tama\u00f1o de \u00c1frica ni de proporcionar una justificaci\u00f3n cartogr\u00e1fica para el colonialismo europeo que alcanzar\u00eda su fase m\u00e1s expansiva tres siglos despu\u00e9s. Su objetivo era resolver un problema concreto de la navegaci\u00f3n oce\u00e1nica: construir una representaci\u00f3n en la que las l\u00edneas de rumbo constante pudieran trazarse como l\u00edneas rectas, permitiendo a los navegantes mantener con mayor facilidad una direcci\u00f3n determinada. Desde ese punto de vista, la proyecci\u00f3n fue una extraordinaria herramienta t\u00e9cnica y contin\u00faa teniendo utilidad para determinadas aplicaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El problema comienza cuando una soluci\u00f3n dise\u00f1ada para una finalidad espec\u00edfica se transforma progresivamente en una representaci\u00f3n general del planeta. Ning\u00fan mapa plano puede reproducir perfectamente una superficie esf\u00e9rica: necesariamente deber\u00e1 sacrificar \u00e1reas, formas, distancias o direcciones. Mercator privilegia fundamentalmente los \u00e1ngulos y las direcciones, pero para conseguirlo aumenta la escala a medida que crece la latitud. Los territorios pr\u00f3ximos a los polos aparecen entonces enormemente ampliados respecto de aquellos ubicados alrededor del ecuador. \u00c1frica, atravesada por la l\u00ednea ecuatorial, no es literalmente achicada por Mercator; son Europa septentrional, Rusia, Canad\u00e1 o Groenlandia los territorios que aparecen desproporcionadamente agrandados frente a ella. Esa precisi\u00f3n t\u00e9cnica resulta importante porque permite abandonar una denuncia hist\u00f3ricamente d\u00e9bil para formular una pregunta pol\u00edticamente mucho m\u00e1s interesante: \u00bfqu\u00e9 sucede cuando una herramienta concebida para las necesidades de la navegaci\u00f3n europea termina convirti\u00e9ndose durante generaciones en una de las im\u00e1genes m\u00e1s reconocibles del mundo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La comparaci\u00f3n entre Groenlandia y \u00c1frica permite observar el fen\u00f3meno inmediatamente. En un mapamundi Mercator ambas pueden adquirir dimensiones visuales que parecen relativamente pr\u00f3ximas, aunque \u00c1frica es alrededor de catorce veces mayor. Algo semejante sucede con Europa, Canad\u00e1 o Rusia. El continente africano posee aproximadamente treinta millones de kil\u00f3metros cuadrados, pero la ampliaci\u00f3n progresiva de las regiones septentrionales modifica radicalmente la percepci\u00f3n de sus dimensiones relativas. Lo que millones de estudiantes aprendieron como una representaci\u00f3n objetiva del planeta era, en realidad, una elecci\u00f3n cartogr\u00e1fica perfectamente explicable desde el punto de vista matem\u00e1tico, pero inadecuada cuando el objetivo era comparar superficies territoriales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n adquiere entonces una dimensi\u00f3n cultural. Un estudiante africano que durante generaciones observ\u00f3 el mundo desde una escuela de Dakar, Lom\u00e9, Nairobi, Kinshasa o Lusaka encontr\u00f3 su continente representado frente a enormes extensiones septentrionales artificialmente ampliadas. La distorsi\u00f3n pod\u00eda tener una explicaci\u00f3n matem\u00e1tica, pero sus efectos sobre la percepci\u00f3n no eran necesariamente matem\u00e1ticos. Los mapas participan en la construcci\u00f3n de ideas sobre magnitud, centralidad, distancia y periferia, y por eso Robert Dussey, canciller togol\u00e9s y uno de los principales impulsores diplom\u00e1ticos de la iniciativa, sostuvo ante Naciones Unidas que los mapas moldean nuestra comprensi\u00f3n del planeta, alimentan la imaginaci\u00f3n e influyen sobre las percepciones colectivas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La resoluci\u00f3n aprobada en Naciones Unidas utiliza, de hecho, conceptos mucho m\u00e1s pol\u00edticos que los habituales en una discusi\u00f3n cartogr\u00e1fica. Presenta la correcci\u00f3n de esas distorsiones como una cuesti\u00f3n relacionada con la \u201cjusticia cognitiva\u201d y la \u201creparaci\u00f3n memorial\u201d, vinculando la representaci\u00f3n territorial con una discusi\u00f3n sobre historia, conocimiento y poder. No sostiene que Mercator deba desaparecer ni desconoce su utilidad para la navegaci\u00f3n; cuestiona que una determinada forma de mirar el planeta haya adquirido durante siglos un car\u00e1cter universal y contin\u00fae siendo utilizada all\u00ed donde existen alternativas m\u00e1s apropiadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La diferencia es fundamental porque permite ubicar correctamente el problema. La proyecci\u00f3n Mercator no cre\u00f3 el colonialismo europeo, pero la cartograf\u00eda s\u00ed desempe\u00f1\u00f3 posteriormente un papel central en la expansi\u00f3n imperial. Explorar, medir, nombrar, clasificar y delimitar territorios permiti\u00f3 transformar espacios desconocidos para las administraciones metropolitanas en superficies legibles y, por lo tanto, administrables. Las expediciones geogr\u00e1ficas produjeron informaci\u00f3n sobre r\u00edos, rutas, poblaciones, tierras productivas y recursos naturales que posteriormente pod\u00eda ser utilizada por comerciantes, compa\u00f1\u00edas concesionarias, ej\u00e9rcitos y administraciones coloniales. El mapa dej\u00f3 entonces de ser solamente una representaci\u00f3n del territorio para convertirse tambi\u00e9n en una tecnolog\u00eda de apropiaci\u00f3n y gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa relaci\u00f3n entre conocimiento y poder resulta mucho m\u00e1s \u00fatil para comprender la cartograf\u00eda colonial que la afirmaci\u00f3n simplista de que Mercator fue concebido para empeque\u00f1ecer \u00c1frica. El imperialismo no necesit\u00f3 inventar una falsa geometr\u00eda para dominar el continente; necesit\u00f3 conocerlo, clasificarlo y convertirlo en un espacio sobre el cual pudiera ejercerse autoridad. La capacidad para dibujar un territorio, establecer nombres, identificar recursos y determinar l\u00edmites form\u00f3 parte de la misma infraestructura intelectual que permiti\u00f3 posteriormente ocuparlo y administrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Berl\u00edn: cuando la regla y la escuadra se convirtieron en met\u00e1fora del poder<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Conferencia de Berl\u00edn de 1884-1885 constituye uno de los grandes momentos simb\u00f3licos de esa transformaci\u00f3n del mapa en instrumento de poder. Ser\u00eda hist\u00f3ricamente impreciso imaginar a las potencias europeas reunidas alrededor de una \u00fanica mesa dibujando durante aquellos meses cada una de las fronteras africanas que conocemos actualmente, porque buena parte de esos l\u00edmites fueron establecidos, negociados o modificados durante las d\u00e9cadas posteriores. Pero convertir esa precisi\u00f3n historiogr\u00e1fica en una relativizaci\u00f3n de Berl\u00edn conducir\u00eda al error contrario. La conferencia estableci\u00f3 reglas fundamentales para ordenar la competencia imperial, legitim\u00f3 una l\u00f3gica seg\u00fan la cual las potencias europeas pod\u00edan negociar entre ellas la ocupaci\u00f3n de territorios africanos y aceler\u00f3 un reparto en el que las sociedades afectadas tuvieron una capacidad extraordinariamente desigual para decidir sobre su propio destino.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la conocida imagen de \u00c1frica dividida con \u201cregla y escuadra\u201d conserva una enorme potencia hist\u00f3rica, siempre que sea entendida como met\u00e1fora de una racionalidad colonial y no como la descripci\u00f3n literal de una jornada de trabajo en Berl\u00edn. La caprichosidad del reparto no radic\u00f3 solamente en que algunas fronteras siguieran paralelos, meridianos o l\u00edneas geom\u00e9tricas, sino en algo bastante m\u00e1s profundo: espacios pol\u00edticos, econ\u00f3micos y culturales africanos fueron subordinados a las necesidades estrat\u00e9gicas de imperios cuyos centros de decisi\u00f3n estaban a miles de kil\u00f3metros del continente. Reinos, comunidades, circuitos comerciales, zonas de pastoreo y sistemas pol\u00edticos anteriores a la ocupaci\u00f3n quedaron fragmentados entre diferentes administraciones coloniales, mientras sociedades que hab\u00edan seguido trayectorias distintas fueron incorporadas dentro de una misma jurisdicci\u00f3n. Que determinadas fronteras utilizaran r\u00edos, accidentes geogr\u00e1ficos o incluso l\u00edmites africanos preexistentes no modifica la naturaleza fundamental del proceso, porque lo decisivo era qui\u00e9n pose\u00eda finalmente la capacidad de transformar esas referencias espaciales en soberan\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La arbitrariedad colonial tampoco deber\u00eda ser entendida exclusivamente como indiferencia o desconocimiento de las sociedades africanas. En numerosos casos ocurri\u00f3 algo incluso m\u00e1s complejo: las administraciones imperiales estudiaron las diferencias existentes, las clasificaron mediante categor\u00edas europeas y posteriormente las utilizaron como instrumentos de gobierno. El colonialismo no necesitaba encontrar un continente vac\u00edo de estructuras pol\u00edticas para reorganizarlo; pod\u00eda apropiarse de jerarqu\u00edas, identidades y conflictos preexistentes, modificarlos y convertirlos en piezas de una nueva arquitectura administrativa. De ese modo, el mapa colonial no s\u00f3lo dividi\u00f3 territorios: tambi\u00e9n contribuy\u00f3 a fijar identidades y a transformar relaciones sociales que anteriormente pod\u00edan haber sido considerablemente m\u00e1s m\u00f3viles.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El caso de Ruanda permite observar con particular claridad ese mecanismo. Las categor\u00edas hutu, tutsi y twa exist\u00edan antes de la colonizaci\u00f3n y estaban relacionadas con posiciones econ\u00f3micas, pol\u00edticas y sociales dentro del Reino de Ruanda, pero sus fronteras no funcionaban necesariamente como las identidades \u00e9tnico-raciales r\u00edgidas que posteriormente construir\u00eda la administraci\u00f3n colonial. Primero bajo dominio alem\u00e1n y especialmente durante el mandato belga, aquellas diferencias fueron reinterpretadas mediante teor\u00edas raciales europeas que presentaron a los tutsis como una poblaci\u00f3n supuestamente distinta y naturalmente destinada a gobernar. La administraci\u00f3n colonial institucionaliz\u00f3 esas clasificaciones, las incorpor\u00f3 progresivamente a sus mecanismos de gobierno y termin\u00f3 fij\u00e1ndolas incluso en documentos de identidad. Una relaci\u00f3n social hist\u00f3ricamente compleja fue transformada as\u00ed en una clasificaci\u00f3n pol\u00edtica mucho m\u00e1s r\u00edgida, cuyas consecuencias sobrevivieron largamente al dominio colonial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese proceso permite comprender que la violencia cartogr\u00e1fica del colonialismo africano tuvo al menos dos dimensiones complementarias. Por un lado, fragment\u00f3 territorialidades anteriores mediante fronteras construidas de acuerdo con la competencia entre imperios; por otro, clasific\u00f3 a las poblaciones que quedaron dentro de esas nuevas fronteras y convirti\u00f3 determinadas diferencias sociales, ling\u00fc\u00edsticas, regionales o econ\u00f3micas en identidades administrativas aparentemente permanentes. La regla y la escuadra operaron entonces no s\u00f3lo sobre el territorio sino tambi\u00e9n, metaf\u00f3ricamente, sobre las sociedades: dividir el espacio y clasificar a quienes lo habitaban formaron parte de una misma tecnolog\u00eda colonial de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El Congo ofrece otra expresi\u00f3n extraordinaria de esa l\u00f3gica. La inmensa cuenca congole\u00f1a no fue constituida como unidad pol\u00edtica moderna a partir de un proceso interno de integraci\u00f3n nacional, sino que termin\u00f3 convertida primero en el Estado Libre del Congo bajo propiedad personal de Leopoldo II y posteriormente en colonia belga. Dentro de aquel gigantesco espacio quedaron incorporadas sociedades, reinos y sistemas pol\u00edticos con historias diferentes, mientras otras comunidades quedaron atravesadas por l\u00edmites que las vinculaban administrativamente con posesiones francesas, portuguesas, brit\u00e1nicas o alemanas. La posterior Rep\u00fablica Democr\u00e1tica del Congo heredar\u00eda aquella dimensi\u00f3n territorial y aquellas fronteras, demostrando hasta qu\u00e9 punto el Estado poscolonial debi\u00f3 construir una identidad nacional dentro de una arquitectura espacial cuya configuraci\u00f3n moderna hab\u00eda sido determinada en gran medida por la expansi\u00f3n imperial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la Conferencia de Berl\u00edn conserva una centralidad que no depende de atribuirle literalmente cada l\u00ednea del actual mapa africano. Berl\u00edn representa el momento en que las potencias europeas institucionalizaron entre ellas el principio de que \u00c1frica pod\u00eda ser objeto de negociaci\u00f3n territorial sin que los pueblos africanos fueran reconocidos como sujetos equivalentes de esa negociaci\u00f3n. Las fronteras concretas continuar\u00edan traz\u00e1ndose durante d\u00e9cadas, pero la regla fundamental ya estaba establecida: el espacio africano pod\u00eda ser repartido seg\u00fan una correlaci\u00f3n de fuerzas definida fuera de \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La met\u00e1fora de la regla y la escuadra conserva entonces toda su fuerza. No porque cada frontera africana haya sido efectivamente dibujada con instrumentos geom\u00e9tricos sobre una mesa berlinesa, sino porque resume una realidad hist\u00f3rica mucho m\u00e1s profunda: el colonialismo convirti\u00f3 sociedades y territorialidades africanas en variables de una ecuaci\u00f3n imperial cuyos t\u00e9rminos principales fueron establecidos fuera del continente. La violencia no estuvo solamente en la forma de las l\u00edneas, sino en el poder de decidir qui\u00e9n pod\u00eda trazarlas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Equal Earth y la disputa por la representaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La principal alternativa promovida por la campa\u00f1a es Equal Earth, desarrollada en 2018 por los cart\u00f3grafos Bojan \u0160avri\u010d, Tom Patterson y Bernhard Jenny. Se trata de una proyecci\u00f3n pseudocil\u00edndrica equivalente dise\u00f1ada espec\u00edficamente para mapamundis, inspirada visualmente en la conocida proyecci\u00f3n Robinson pero con una diferencia decisiva: mantiene correctamente las relaciones entre las superficies territoriales. Si una regi\u00f3n posee el doble de superficie que otra, esa proporci\u00f3n se conserva tambi\u00e9n en el mapa. Sus creadores buscaron adem\u00e1s evitar algunas de las fuertes deformaciones visuales que hab\u00edan dificultado la popularizaci\u00f3n de otras proyecciones equivalentes, especialmente Gall-Peters.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Equal Earth tampoco representa un \u201cmapa verdadero\u201d en sentido absoluto. Como cualquier proyecci\u00f3n plana, deforma determinadas propiedades de la esfera terrestre y sacrifica exactitud en algunos aspectos para conservarla en otros. Esta limitaci\u00f3n, lejos de debilitar la campa\u00f1a africana, permite formularla con mayor rigor: no se trata de sustituir un mapa falso por uno verdadero, sino de utilizar representaciones adecuadas para cada finalidad y reconocer expl\u00edcitamente qu\u00e9 distorsiones produce cada una. Mercator puede continuar siendo \u00fatil all\u00ed donde resulta necesario conservar direcciones; Equal Earth u otras proyecciones equivalentes ofrecen una representaci\u00f3n mucho m\u00e1s adecuada cuando se pretende comparar las dimensiones territoriales de continentes y Estados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa es tambi\u00e9n la raz\u00f3n por la que Naciones Unidas no decidi\u00f3 prohibir Mercator ni imponer universalmente Equal Earth. La resoluci\u00f3n alienta el uso de Equal Earth y otras proyecciones equivalentes cuando importa representar correctamente las superficies y reclama que se ense\u00f1en las limitaciones inherentes a cualquier mapa plano. El contenido resulta menos espectacular que algunos titulares que anunciaron que \u201cla ONU cambi\u00f3 el mapa mundial\u201d, pero pol\u00edticamente es bastante m\u00e1s interesante: 164 Estados reconocieron que la manera en que se representa el planeta no constituye una cuesti\u00f3n completamente neutral y que las distorsiones cartogr\u00e1ficas pueden contribuir a producir percepciones desequilibradas de sus regiones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reacci\u00f3n estadounidense permite medir hasta qu\u00e9 punto la discusi\u00f3n hab\u00eda dejado de ser exclusivamente t\u00e9cnica. Washington fue el \u00fanico voto negativo y calific\u00f3 la iniciativa como parte de un proyecto ideol\u00f3gico m\u00e1s amplio, cuestionando particularmente las referencias a reparaci\u00f3n y justicia cognitiva. El contraste resulta significativo porque el resto de la Asamblea, incluidos Estados con posiciones geopol\u00edticas profundamente enfrentadas entre s\u00ed, acompa\u00f1\u00f3 la propuesta africana o evit\u00f3 votar en contra. La iniciativa consigui\u00f3 as\u00ed atravesar divisiones tradicionales entre Norte y Sur, Occidente y potencias emergentes, convirti\u00e9ndose en una de esas extra\u00f1as cuestiones en las que una demanda surgida desde \u00c1frica logr\u00f3 construir una mayor\u00eda internacional casi total.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No conviene, sin embargo, interpretar el aislamiento estadounidense como demostraci\u00f3n de una conspiraci\u00f3n occidental para conservar Mercator. La evidencia no permite sostener semejante afirmaci\u00f3n y, de hecho, varios pa\u00edses europeos apoyaron la resoluci\u00f3n. La importancia pol\u00edtica del voto reside en otro lugar: frente a una iniciativa que vinculaba expl\u00edcitamente cartograf\u00eda, reparaci\u00f3n hist\u00f3rica y justicia cognitiva, Washington decidi\u00f3 disputar precisamente esa interpretaci\u00f3n mientras la enorme mayor\u00eda del sistema internacional acept\u00f3 que la discusi\u00f3n sobre las representaciones tambi\u00e9n pod\u00eda formar parte de una agenda de reparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Descolonizar el territorio, descolonizar la mirada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es en este punto donde la reparaci\u00f3n cartogr\u00e1fica adquiere una dimensi\u00f3n espec\u00edficamente africana. Durante el siglo XX, las luchas anticoloniales estuvieron concentradas fundamentalmente en recuperar soberan\u00eda territorial y construir Estados capaces de gobernarse sin administraciones imperiales. Una vez conquistadas las independencias formales, aparecieron otras dimensiones de la dependencia: monedas vinculadas a antiguas metr\u00f3polis, estructuras productivas orientadas hacia la exportaci\u00f3n de materias primas, deuda externa, presencia militar extranjera, subordinaci\u00f3n tecnol\u00f3gica, concentraci\u00f3n del conocimiento cient\u00edfico y una arquitectura internacional en la que \u00c1frica contin\u00faa teniendo una representaci\u00f3n muy inferior a su peso demogr\u00e1fico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La discusi\u00f3n contempor\u00e1nea sobre soberan\u00eda narrativa se incorpora a ese proceso porque plantea que la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica tampoco puede considerarse completa mientras el continente dependa de categor\u00edas externas para comprenderse y explicarse. La Uni\u00f3n Africana ha relacionado expl\u00edcitamente Correct the Map con la necesidad de representar \u00c1frica sobre bases objetivas y cient\u00edficamente establecidas, y con una agenda continental m\u00e1s amplia de recuperaci\u00f3n de su capacidad para intervenir sobre los relatos mediante los cuales es conocida internacionalmente. No se trata de sustituir una narrativa occidental negativa por una propaganda africana positiva, sino de disputar qui\u00e9n posee autoridad para determinar cu\u00e1les son las categor\u00edas aparentemente universales con las que se describe al continente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cartograf\u00eda ocupa dentro de esa disputa un lugar singular porque su poder opera silenciosamente. Un mapa escolar no necesita afirmar que Europa es m\u00e1s importante que \u00c1frica, ni que las regiones septentrionales poseen una centralidad natural; simplemente presenta una determinada organizaci\u00f3n visual del mundo que, repetida durante generaciones, puede terminar siendo percibida como la \u00fanica posible. Las convenciones cartogr\u00e1ficas se transforman entonces en sentido com\u00fan y dejan de ser observadas como decisiones hist\u00f3ricas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo semejante ocurri\u00f3 con muchas otras categor\u00edas utilizadas para pensar \u00c1frica. Durante siglos el continente fue descrito desde afuera como territorio vac\u00edo, espacio tribal, continente oscuro, periferia econ\u00f3mica, reservorio de materias primas o escenario permanente de crisis humanitarias. La construcci\u00f3n colonial no consisti\u00f3 \u00fanicamente en apropiarse de tierras y recursos, sino tambi\u00e9n en producir conocimiento sobre las sociedades dominadas y establecer categor\u00edas que posteriormente adquirieron apariencia cient\u00edfica o universal. Por eso la discusi\u00f3n sobre el mapa no puede separarse completamente de la discusi\u00f3n sobre museos europeos llenos de patrimonio africano, archivos coloniales conservados fuera del continente, idiomas administrativos heredados, sistemas educativos construidos sobre curr\u00edculos metropolitanos o medios internacionales que contin\u00faan determinando buena parte de las im\u00e1genes globales sobre \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ser\u00eda exagerado afirmar que cambiar una proyecci\u00f3n cartogr\u00e1fica modificar\u00e1 por s\u00ed mismo esas relaciones materiales de poder. Equal Earth no recuperar\u00e1 minerales extra\u00eddos por compa\u00f1\u00edas extranjeras, no eliminar\u00e1 bases militares, no reformar\u00e1 el Consejo de Seguridad ni devolver\u00e1 patrimonio cultural expoliado. Convertir el mapa en explicaci\u00f3n de todos los problemas africanos reducir\u00eda una discusi\u00f3n compleja a un gesto simb\u00f3lico. Pero cometer\u00edamos el error contrario si consider\u00e1ramos que las representaciones carecen de importancia porque no modifican inmediatamente la estructura econ\u00f3mica. El poder tambi\u00e9n necesita categor\u00edas, relatos e im\u00e1genes capaces de presentar determinadas relaciones hist\u00f3ricas como naturales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La reparaci\u00f3n cartogr\u00e1fica adquiere sentido precisamente dentro de esa relaci\u00f3n entre lo material y lo simb\u00f3lico. \u00c1frica no reclama algunos cent\u00edmetros adicionales sobre una pared escolar; reclama capacidad para intervenir sobre una representaci\u00f3n global que durante demasiado tiempo acept\u00f3 como universal una perspectiva construida desde otras necesidades hist\u00f3ricas. La diferencia puede parecer peque\u00f1a frente a los enormes conflictos que atraviesan al continente, pero toca uno de los terrenos donde la dominaci\u00f3n resulta m\u00e1s dif\u00edcil de identificar: aquello que dejamos de cuestionar porque aprendimos a considerarlo normal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El recorrido de Correct the Map resulta por eso tan importante como el resultado de la votaci\u00f3n. Una campa\u00f1a africana consigui\u00f3 atravesar organizaciones civiles, instituciones continentales y diplomacia estatal hasta convertirse en una resoluci\u00f3n de Naciones Unidas apoyada por 164 pa\u00edses. \u00c1frica no apareci\u00f3 en ese proceso como objeto de una pol\u00edtica internacional dise\u00f1ada por otros, sino como productora de una demanda que termin\u00f3 obligando al sistema multilateral a discutir sus propios criterios de representaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese movimiento conecta la cartograf\u00eda con otras batallas que el continente est\u00e1 librando simult\u00e1neamente: la reforma del Consejo de Seguridad, las reparaciones por esclavitud y colonialismo, la restituci\u00f3n del patrimonio cultural, el control de los minerales estrat\u00e9gicos, la industrializaci\u00f3n en origen, la soberan\u00eda monetaria y financiera, la revisi\u00f3n de los acuerdos militares y la construcci\u00f3n de medios capaces de producir una narrativa africana propia. Ninguna de esas disputas es id\u00e9ntica a las dem\u00e1s, pero todas interrogan una estructura hist\u00f3rica en la que \u00c1frica ocup\u00f3 durante siglos el lugar de objeto mientras otros centros acumulaban capacidad para decidir, clasificar, extraer y representar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mapa permite observar esa historia de una manera casi pedag\u00f3gica. Primero los europeos navegaron utilizando sus propias herramientas cartogr\u00e1ficas; posteriormente exploraron y midieron los territorios africanos; m\u00e1s tarde utilizaron mapas para delimitarlos y administrarlos; finalmente, aquellas representaciones y convenciones fueron incorporadas a sistemas educativos y culturales que sobrevivieron ampliamente al colonialismo formal. La descolonizaci\u00f3n pol\u00edtica modific\u00f3 radicalmente qui\u00e9n gobernaba los Estados africanos, pero no elimin\u00f3 autom\u00e1ticamente todos los instrumentos intelectuales mediante los cuales el mundo colonial hab\u00eda sido organizado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso la reparaci\u00f3n del mapa no deber\u00eda interpretarse como un intento de reescribir la geograf\u00eda para favorecer a \u00c1frica. El continente no necesita ser artificialmente agrandado: necesita que dejen de ser artificialmente ampliados, cuando se comparan superficies, aquellos territorios cuya ubicaci\u00f3n septentrional los beneficia dentro de Mercator. Tampoco necesita sustituir una visi\u00f3n euroc\u00e9ntrica por otra que coloque arbitrariamente a \u00c1frica en una posici\u00f3n privilegiada. Lo que reclama es mucho m\u00e1s sencillo y, justamente por eso, pol\u00edticamente dif\u00edcil de impugnar: que cuando el objetivo sea comparar territorios, treinta millones de kil\u00f3metros cuadrados sean representados como treinta millones de kil\u00f3metros cuadrados y que las limitaciones de cualquier mapa sean ense\u00f1adas como tales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La votaci\u00f3n del 4 de septiembre no cambiar\u00e1 inmediatamente los planisferios de todas las escuelas ni har\u00e1 desaparecer Mercator de las plataformas digitales. La resoluci\u00f3n no es vinculante y su aplicaci\u00f3n depender\u00e1 de gobiernos, instituciones educativas, editoriales y empresas tecnol\u00f3gicas. Pero la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del episodio no reside \u00fanicamente en sus efectos inmediatos. Por primera vez, una reivindicaci\u00f3n continental que vincula expl\u00edcitamente cartograf\u00eda, representaci\u00f3n y reparaci\u00f3n consigui\u00f3 un respaldo pr\u00e1cticamente universal dentro de la principal organizaci\u00f3n multilateral del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Durante buena parte de los \u00faltimos dos siglos \u00c1frica luch\u00f3 primero por recuperar el derecho a gobernar su territorio y posteriormente por controlar los recursos contenidos en \u00e9l. Hoy esas disputas contin\u00faan, pero comienzan a ser acompa\u00f1adas por otra batalla menos visible: recuperar capacidad para determinar c\u00f3mo el continente es pensado, explicado y representado. Esa dimensi\u00f3n no reemplaza a la soberan\u00eda pol\u00edtica ni econ\u00f3mica, pero forma parte de una pregunta mucho m\u00e1s profunda acerca de qu\u00e9 significa realmente completar un proceso de descolonizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiz\u00e1s por eso Correct the Map consiga expresar algo bastante mayor que una discusi\u00f3n sobre proyecciones. El colonialismo no s\u00f3lo ocup\u00f3 territorios; produjo tambi\u00e9n una determinada representaci\u00f3n del mundo en la que Europa se convirti\u00f3 durante siglos en medida, centro y punto de observaci\u00f3n. Desmontar esa estructura no implica negar el conocimiento producido fuera de \u00c1frica ni reemplazarlo por otra verdad geogr\u00e1ficamente determinada. Implica reconocer que muchas de las categor\u00edas presentadas como universales surgieron de experiencias hist\u00f3ricas particulares y que tambi\u00e9n ellas pueden ser interrogadas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00c1frica no necesita un mapa que exagere su importancia. Su superficie, sus recursos, su poblaci\u00f3n y su creciente peso geopol\u00edtico hacen innecesaria cualquier exageraci\u00f3n. Lo que necesita \u2014y lo que acaba de conseguir que 164 Estados reconozcan\u2014 es el derecho a no continuar siendo disminuida por una representaci\u00f3n que confunde una soluci\u00f3n n\u00e1utica del siglo XVI con una imagen neutral y definitiva del planeta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese sentido, reparar el mapa no resuelve la descolonizaci\u00f3n africana, pero revela hasta qu\u00e9 punto permanece inconclusa. Porque despu\u00e9s de conquistar la independencia pol\u00edtica, discutir la soberan\u00eda sobre los recursos y reclamar una transformaci\u00f3n del orden internacional, \u00c1frica comienza tambi\u00e9n a disputar algo todav\u00eda m\u00e1s elemental: el lugar desde el cual el mundo aprendi\u00f3 a mirarla y desde el cual, durante demasiado tiempo, el propio continente fue obligado a mirarse a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong><em>*<\/em><\/strong><em>Redactor en jefe en PIA Global, especializado en el continente africano. Analista internacional en geopol\u00edtica. Docente, profesor de Comunicaci\u00f3n social y periodismo, egresado de la UNLP, Licenciado en Comunicaci\u00f3n Social, UNLP, estudiante avanzado en la Tecnicatura superior universitaria de Comunicaci\u00f3n p\u00fablica y pol\u00edtica. 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