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Trump le pone en bandeja la victoria a Putin

Editorial – Mundiario

En un giro surrealista de los acontecimientos, el mayor aliado de la victoria rusa en Ucrania podría estar sentado en Washington, no en Moscú.

A primera vista, la idea de que Donald Trump esté allanando el camino para una victoria de Vladimir Putin en la guerra de Ucrania puede parecer descabellada. Sin embargo, los últimos acontecimientos dejan claro que el expresidente estadounidense está dispuesto a romper con décadas de política exterior y debilitar la posición de Occidente en el conflicto. Sus recientes declaraciones y movimientos han puesto en evidencia una peligrosa inclinación hacia la normalización con Rusia, dejando a Ucrania en una situación aún más precaria.

Trump, fiel a su estilo polémico, ha culpado a Ucrania de haber iniciado la guerra, una afirmación que no solo es falsa, sino que también refuerza la narrativa del Kremlin. Al mismo tiempo, calificó a Volodímir Zelenski de “dictador” y le advirtió que “o se mueve rápido o se queda sin país”. Estas palabras, más allá de su agresividad retórica, tienen implicaciones diplomáticas preocupantes. Justo cuando Washington debía reafirmar su compromiso con Kiev, Trump ha optado por dinamitar la confianza de Ucrania en su mayor aliado.

Mientras tanto, la Unión Europea se ve forzada a reaccionar. Las sanciones contra Rusia se endurecen, aunque el bloque no puede ignorar que el deshielo entre Washington y Moscú le deja en una posición vulnerable. La reunión de Macron con líderes europeos y Canadá para coordinar una estrategia común llega en un momento crucial. Sin embargo, el daño ya está hecho: la vuelta de Trump a la Casa Blanca ha cambiado la dinámica del conflicto.

Moscú juega sus cartas

Putin, hábil estratega, ha entendido que este es el momento ideal para avanzar en su agenda. La aceptación de negociaciones con EE UU puede interpretarse de dos formas: o bien el Kremlin siente que obtendrá lo que desea en la mesa de negociación, o bien pretende explorar qué concesiones está dispuesto a hacer Washington. En cualquier caso, el escenario le favorece. La táctica rusa sigue el manual de Andrei Gromyko, el célebre ministro de exteriores de la escuela de Stalin: exigir al máximo, no ceder terreno y esperar a que Occidente haga una oferta.

Los objetivos de Moscú han sido claros desde el inicio de la guerra: convertir a Ucrania en un Estado fallido y forzar un rediseño de la seguridad europea en su beneficio. La estrategia rusa se ha mantenido constante, y las cartas enviadas a Bruselas y Washington en diciembre de 2021 ya delineaban su intención de obtener garantías de seguridad de la OTAN y EE UU. Ahora, con la posibilidad de un nuevo gobierno estadounidense más afín a sus intereses, el Kremlin tiene la oportunidad de lograrlo sin grandes sacrificios.

La debilidad de Occidente

Las divisiones dentro de la alianza occidental pueden convertirse en la mayor ventaja de Putin. Si Trump continúa con su retórica de distanciamiento de Europa y menosprecia a sus aliados, la unidad en el apoyo a Ucrania podría verse erosionada. Un EE UU replegado en sus propios intereses y sin voluntad de seguir financiando la defensa de Europa sería un regalo para Moscú.

El mayor peligro radica en las condiciones de un posible alto el fuego. Ucrania, debilitada militarmente y agotada económicamente, podría verse obligada a aceptar términos desventajosos, incluyendo la pérdida de territorios estratégicos. Si Washington prioriza un acuerdo con Rusia en detrimento de Kiev, la posición negociadora de Zelenski quedaría gravemente socavada.

Por otro lado, un acuerdo negociado sin la participación de la UE daría a Putin otra victoria diplomática. La exclusión de Europa en las conversaciones significaría que Rusia y EE UU decidirían el futuro de Ucrania sin contar con el bloque que más ha invertido en su supervivencia. Esto, a su vez, debilitaría la influencia de Bruselas en la futura arquitectura de seguridad europea y dejaría a la región aún más vulnerable.

El futuro de Ucrania y Europa

Aunque Rusia no logrará convertir a Ucrania en un país sometido, sí puede alcanzar objetivos parciales que le permitan consolidar su poder en la región. Si Trump cede ante las demandas del Kremlin, Ucrania podría enfrentar una situación insostenible: menos apoyo militar, menos ayuda económica y una negociación forzada en la que las concesiones sean inevitables. La guerra, lejos de resolverse en términos justos, se convertiría en una herida abierta que debilitaría a Ucrania durante décadas.

Las implicaciones van más allá del conflicto actual. Una retirada del apoyo estadounidense enviaría un mensaje preocupante a otros aliados de EE UU en el mundo. Si Washington está dispuesto a abandonar a Ucrania, ¿qué garantía tendrían otros países bajo amenaza de potencias hostiles? La credibilidad de EE UU como líder del mundo libre quedaría en entredicho.

En definitiva, lo que parecía una realidad impensable se está convirtiendo en una posibilidad tangible: Donald Trump, con su retórica y su inclinación a distanciarse de la política exterior tradicional de EE UU, está allanando el camino para que Putin logre sus objetivos sin necesidad de hacer concesiones significativas. En un giro surrealista de los acontecimientos, el mayor aliado de la victoria rusa podría estar sentado en Washington, no en Moscú.

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