Por Gimena Sanchez* – Razón Pública
¿Qué intereses explican la decisión del gobierno estadounidense de involucrarse de manera tan explícita en las elecciones presidenciales colombianas?
Durante más de doscientos años, los gobiernos de Estados Unidos y Colombia evitaron cuidadosamente intervenir en los procesos electorales del otro país. Esa tradición se rompió de manera inédita apenas dos días después de la primera vuelta presidencial en Colombia, cuando el presidente estadounidense Donald Trump expresó públicamente su respaldo al candidato Abelardo de la Espriella a través de su cuenta en Truth Social.
En su mensaje, Trump afirmó: “Los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos. Debido a sus enormes logros en la vida y a su apoyo político hacia mí personalmente, es un honor para mí brindar a Abelardo mi respaldo total y absoluto”. Días después del discurso del presidente Gustavo Petro ante las Naciones Unidas, Trump reiteró su apoyo a De la Espriella.
La pregunta es inevitable: ¿Qué intereses explican la decisión del gobierno estadounidense de involucrarse de manera tan explícita en las elecciones presidenciales colombianas?
La ruptura de una tradición bipartidista
Durante décadas, la relación entre Colombia y Estados Unidos fue considerada un ejemplo de cooperación bipartidista. Independientemente de qué partido político ocupara la Casa Blanca o la Presidencia de Colombia, ambos gobiernos mantenían el compromiso de trabajar con quien resultara elegido democráticamente. Sin embargo, esa tradición comenzó a erosionarse con la llegada de Gustavo Petro —el primer presidente de izquierda en la historia moderna de Colombia— al poder en 2022.
Un sector del Partido Republicano rechazó desde el inicio el gobierno de Petro, al cuestionar su pasado como exguerrillero, sus relaciones con Cuba y Venezuela y sus posiciones en política internacional, incluido su enfoque sobre Gaza. A ello se sumaron varios enfrentamientos públicos entre Petro y Trump en redes sociales sobre migración y otros temas, que derivaron en repetidas tensiones diplomáticas. Petro también criticó duramente los ataques militares estadounidenses contra barcos de supuestos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico, mientras que su decisión de adherirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China en mayo de 2025 profundizó aún más las diferencias con Washington.
Las consecuencias fueron significativas. Estados Unidos descertificó a Colombia en materia de política antidrogas, revocó la visa de Petro y lo incluyó en la lista de sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Aunque una reunión entre ambos mandatarios en la Casa Blanca, en febrero, ayudó a reducir las tensiones inmediatas, la relación bilateral ha continuado siendo compleja y distante.
Antes de la primera vuelta presidencial, Washington dejó claro que estaba siguiendo de cerca el proceso electoral colombiano para garantizar que se desarrollara de manera libre y transparente. Asimismo, el senador colombo-estadounidense Bernie Moreno —quien participó en una misión de observación electoral integrada por más de ochenta observadores estadounidenses— advirtió que no reconocería los resultados si grupos armados intimidaban a los votantes.
Un patrón de respaldo a candidatos afines
El apoyo directo de Trump a candidatos extranjeros no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de su administración para promover sus intereses políticos e ideológicos en distintas regiones del mundo. En abril, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, dedicó dos días a viajar a Hungría y respaldar la campaña de Viktor Orbán, apenas cinco días antes de que Orbán perdiera la reelección como primer ministro frente a Peter Magyar.
También se han registrado respaldos a candidatos y partidos políticos en países como Argentina y Honduras. De igual forma, Trump recibió en la Casa Blanca al aspirante presidencial brasileño Flavio Bolsonaro en mayo.
La visión regional de Washington
La administración Trump y los republicanos en el Congreso observan las elecciones colombianas con la expectativa de que un nuevo gobierno restablezca la estrecha alianza estratégica que existía antes de la llegada de Petro al poder. Esta visión busca fortalecer una red de gobiernos conservadores en América Latina y el Caribe que comparten prioridades políticas y de seguridad.
Ese objetivo quedó reflejado en la Cumbre para crear el Escudo de las Américas, celebrada en marzo en Doral, Florida. Aunque fue presentada como una iniciativa para coordinar esfuerzos contra los cárteles de droga y las organizaciones criminales transnacionales, la cumbre excluyó a varios gobiernos de izquierda de la región, incluido el de Colombia, el principal productor mundial de cocaína.
La Estrategia de Seguridad Nacional de la administración, emitida en noviembre de 2025, propone un llamado “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, orientado a reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio occidental. Entre sus prioridades figuran la reducción de la migración irregular, el combate a los cárteles, la reindustrialización regional y la contención de la influencia de China y Rusia. La estrategia combina presión económica, aranceles y una mayor cooperación militar para fortalecer las cadenas de suministro y consolidar las alianzas regionales.
De forma complementaria, la Estrategia de Defensa Nacional de 2026 otorga una importancia renovada al hemisferio occidental, con énfasis en la lucha contra el narcotráfico, las organizaciones criminales transnacionales y la expansión de la influencia de China en la región.
La respuesta de los demócratas
El respaldo de Trump a un candidato colombiano ha generado fuertes críticas entre los demócratas en el Congreso estadounidense. Tras la publicación de Trump, representantes como Gregory Meeks, Delia Ramírez y Adelita Grijalva expresaron públicamente su rechazo a estos hechos. Posteriormente, veinte miembros del Congreso, liderados por el representante Jim McGovern, emitieron una declaración conjunta en la que reafirmaron su apoyo a la soberanía de Colombia y al derecho exclusivo de los colombianos a elegir democráticamente a su próximo presidente.
En ese comunicado, los legisladores manifestaron su preocupación por los intentos de funcionarios estadounidenses—incluido el propio Trump— de influir en las elecciones colombianas. Ellos afirmaron que estas acciones son incompatibles con el principio de no intervención y una afrenta a la soberanía nacional. Asimismo, reiteraron su disposición a trabajar con quien resulte elegido democráticamente para fortalecer las relaciones bilaterales entre ambos países.
Conclusión
La intervención pública del presidente de Estados Unidos en las elecciones colombianas representa una ruptura con una larga tradición de no injerencia electoral entre ambos países. Más allá de un respaldo personal a un candidato, el episodio refleja una visión estratégica más amplia del futuro político del hemisferio y el papel que Washington espera desempeñar en él. Sin embargo, la reacción de amplios sectores políticos en Estados Unidos también demuestra que persiste un consenso importante a favor del respeto a la soberanía colombiana y del principio de que el futuro del país debe ser decidido exclusivamente por los colombianos.
*Directora para Los Andes de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
