Imagen: «Los medios de comunicación no pueden mentir»
Por Gloria Rodríguez-Pina* – El País
El Ejecutivo de Magyar emprende una renovación completa de los medios de comunicación que funcionaban como maquinaria propagandística.
Los oyentes y espectadores de la radio y televisión públicas de Hungría vieron este martes cómo sus aparatos dejaban de emitir la señal de golpe a las cuatro de la tarde. En las pantallas de televisión, tras el fundido a negro, apareció un mensaje: “Los medios de comunicación no pueden mentir. ¡Pedimos perdón por haberlo hecho durante tantos años!”. En redes sociales, el nuevo primer ministro, Péter Magyar, describió el corte de la emisión como un acontecimiento “histórico”: “Hoy, la radiodifusión propagandística de los medios públicos de Hungría ha llegado a su fin. Mentían de noche. Mentían de día. Mentían en todos los canales. Eso se ha acabado”.
El desmantelamiento y completa renovación de los medios de comunicación públicos era una de las promesas del líder de Tisza, que se haya inmerso en una gran operación de reforma tras 16 años de Gobierno iliberal de Viktor Orbán. Uno de los pilares fundamentales del régimen que este construyó fue el imperio mediático que funcionaba como una maquinaria de propaganda bien engrasada y que constituían el 80% de los medios del país.
Los medios públicos servían a los intereses de Fidesz, su partido, sin ningún disimulo. Tres días después de las elecciones del 13 de abril, Magyar fue entrevistado en la radio y la televisión después de un año y medio sin ser invitado, incluyendo toda la campaña electoral. En una tensa conversación en la que anunció las medidas que finalmente se pusieron en marcha este martes, afirmó que el trabajo de estos medios “le habría encantado a Goebbels [ministro de Propaganda de Hitler en la Alemania nazi] y a Corea del Norte”.
Ágnes Urbán, directora de Mérték Médiaelemző Műhely, un centro de análisis de medios, explica que lo que se encontraba el público húngaro al encender sus aparatos era “propaganda al estilo ruso, con una línea editorial anti Unión Europea y contraria a Occidente y completamente alineada con el Gobierno de Fidesz”. A la oposición “siempre se la presentaba con un tono negativo”, describe la experta por teléfono, que caracteriza la información que proporcionaban como “completamente sesgada y propagandística”.
El Ejecutivo ha dado los primeros pasos para la reforma de la radiotelevisión pública con una enmienda a la ley de medios que le permite renovar los altos cargos de los órganos de gobierno y de los entes públicos. Las nuevas normas establecen un procedimiento de nombramiento transparente, sujeto a consultas y con la participación de todos los partidos con representación parlamentaria y organismos de la sociedad civil.
Mientras se lanza ese proceso de nombramiento, el Gobierno ha relevado a la cúpula de los entes públicos con directores temporales que nombró la semana pasada. Este martes, los nuevos directivos notificaron despidos a editores, presentadores y redactores de los servicios informativos, algunos de los cuales fueron expulsados de los edificios sin tiempo para recoger sus cosas, según informan medios locales.
Kossuth Rádió, la emisora que emitía todos los viernes una entrevista con Orbán, se quedó en absoluto silencio el martes por la tarde. El canal M1, en la televisión, mostró durante varias horas el rótulo de disculpas, que continuaba así: “Los medios públicos están transformándose para ser independientes y creíbles en el futuro. Los servicios informativos estan suspendidos temporalmente. Permanezcan atentos”.
A las 19.56 —una hora que, según Magyar, evocaba de forma simbólica la revolución húngara contra Rusia de 1956, de la que se cumplen 70 años—, la televisión volvió a funcionar. Por ahora el canal informativo solo mostrará películas, mientras otros temáticos y de entretenimiento continúan sin alteraciones. El primer filme que puso M1 fue A tanú (Un testigo), un clásico húngaro de 1969 que es una sátira de un régimen comunista dictatorial y estuvo censurada 10 años. En Kossuth Rádió han enchufado la programación de una emisora de música clásica.
“Esto es solo la primera fase”, explica Urbán, que prevé un proceso largo hasta la redacción y aprobación de la nueva ley de medios. En otoño se abrirá una consulta pública para debatir sobre el futuro de los medios, detalla la especialista, también profesora universitaria de periodismo.
El fin de la era Orbán en Hungría generó un ambiente de optimismo en los numerosos sectores a los que el Gobierno de Fidesz trató de silenciar y controlar: la judicatura, las ONG, las universidades, el colectivo LGTBI, etc. “Entre los periodistas, hay también un cierto entusiasmo y una euforia comprensible, especialmente entre los que sufrieron campañas de difamación”, cuenta la directora de Mérték. En el índice de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, Hungría cayó al puesto 74 en 2026, desde el puesto 23 que ocupaba en 2010, cuando Orbán llego al poder por segunda vez.
El ecosistema de medios privados de empresarios cercanos a Fidesz se está disolviendo a una velocidad que a Urbán le resulta “sorprendente”. Era de esperar que sin la financiación y el apoyo que recibían del Gobierno muchos acabarían colapsando, pero la experta contaba que con que tendrían reservas para aguantar un tiempo. Desde las elecciones de abril y la toma de posesión del nuevo Gobierno en mayo, se están produciendo cierres, grandes recortes y despidos masivos de personal. Periódicos como Magyar Nemzet y buena parte de los diarios regionales han pasado a ser semanarios.
El entorno de Orbán ha cargado contra los movimientos de Magyar. El ex primer ministro escribió el martes en sus redes sociales: “Otro paso más en el autoritarismo de Tisza. Si te interesa la verdad, ¡sintoniza Hír TV!”. Su exjefe político, Balázs Orbán, censuró que “el primer ministro está decidiendo personalmente sobre lo que puede o no puede informar la televisión pública”.
Fidesz está intentando movilizar a sus seguidores contra el nuevo Gobierno, no solo por los cambios en los medios. Este miércoles ha convocado protestas por la reforma constitucional con la que Magyar espera destituir al presidente, Tamás Sulyok, que se niega a dimitir. La información que ha difundido el entorno de Fidesz sobre la detención durante unas horas este miércoles de István Szakács, un influencer del orbanismo que amenazó con una revuelta popular si Orbán era arrestado, ha añadido un nuevo argumento para la convocatoria.
*Redactora en la sección de Internacional.
