Imagen: Vista aérea de los daños causados por Israel en el campamento de refugiados de Beach, en la Franja de Gaza.
Por Juan Antonio Sanz* – Público.es
A pocas semanas de los comicios en Israel, la revelación de Emiratos Árabes Unidos de que hizo caso omiso de la alarma que le comunicaron varios países árabes acorrala al líder judío.
Benjamín Netanyahu necesitaba la guerra de Gaza por sus espurias motivaciones políticas y judiciales, y para destruir de una vez por todas el horizonte de un estado palestino. Por eso, en octubre de 2023, hizo caso omiso de la alarma que le comunicaron países como Emiratos Árabes Unidos o Egipto sobre un inminente y «sangriento» ataque contra el territorio israelí por parte del grupo islamista Hamás. Esta incursión, que causó 1.221 muertos y 251 secuestrados israelíes y que también había sido alertada por militares y agentes de la inteligencia de Israel, sirvió al primer ministro judío como pretexto para atacar Gaza y desatar un genocidio y una limpieza étnica que han dejado hasta ahora más de 73.000 palestinos asesinados, de ellos más de 21.000 niños, y ha llevado a la ocupación israelí de la mayor parte de esa Franja palestina.
Las revelaciones del Gobierno de EAU difundidas este martes por el diario opositor israelí Haaretz ponen en jaque a Netanyahu y a sus aspiraciones políticas de cara a las elecciones del 27 de octubre próximo, en las que quiere aunar a toda la oposición ultraconservadora y extremista para renovar su mandato. Esta apuesta electoral del jefe de Gobierno israelí pretende también sepultar de una vez por todas las causas judiciales abiertas contra él por corrupción y seguir con sus planes para anexionar Gaza a Israel y absorber la mayor parte de Cisjordania, el otro territorio palestino, también bajo asedio judío.
Ahora solo queda saber la respuesta en las urnas del pueblo israelí, arrastrado por Netanyahu y la ultraderecha en el poder hacia una espiral de odio y ansias de destrucción de los palestinos, por el ataque de Hamás hace tres años. Ante los comicios de octubre, el jefe de Gobierno israelí, ahora sospechoso de impulsar esa espiral, no parte con las mejores expectativas.
Las últimas encuestas indicaban que el Likud, el partido de Netanyahu, podría perder un tercio de sus diputados. Aunque siguiera siendo la fuerza más votada en el Parlamento israelí, con entre 20 y 30 escaños, necesitaría el apoyo de sus aliados en el Gobierno actual, sionistas y de extrema derecha. Ahora, las revelaciones sobre su auténtico papel en la crisis de octubre de 2023 pueden anegar sus últimas esperanzas para mantenerse en el poder.
No es la matanza de Gaza, que aún continúa, la razón del desgaste de Netanyahu. Pesa en contra suyo su incapacidad para destruir al régimen iraní, tras la guerra desatada el 28 de febrero junto a Estados Unidos, así como el empantanamiento en el sur del Líbano de las fuerzas israelíes, que atacaron de forma masiva el país vecino dos días después de comenzar la contienda contra Irán para acabar con los aliados libaneses de Teherán, las milicias de Hezbolá.
Un traidor ante su propio pueblo
Ahora hay una nueva vuelta de tuerca. Si son ciertas las informaciones recogidas por Haaretz y desveladas por el presidente de los EAU, el jeque Mohamed bin Zayed, quizá los israelíes podrían reconocer que el apoyo generalizado que han dado al genocidio de los gazatíes estaba erigido sobre un acto de traición al pueblo israelí por parte del propio Netanyahu, que añade esta infamia (de la que algunos ya sospechaban) a la orden de arresto emitida contra él por la Corte Penal Internacional por los crímenes de guerra cometidos en Gaza.
Netanyahu sería así también responsable de esa masacre de sus compatriotas y de algunos ciudadanos extranjeros el 7 de octubre de 2023, cuando miles de guerrilleros de Hamás irrumpieron en territorio israelí, asesinando a todos los civiles y militares que encontraron a su paso, sin que aparentemente nadie se hubiera percatado de sus intenciones.
Según Haaretz, en una conversación de 45 minutos mantenida diez días antes de esta matanza, Bin Zayed advirtió a Netanyahu de que el líder por entonces de Hamás, Yahya Sinwar, estaba planeando una operación militar a gran escala contra Israel para dinamitar los acuerdos de Abraham del Estado judío con varios países árabes y desestabilizar Oriente Medio.
Pese a que Bin Zayed instó al primer ministro israelí a tomarse en serio la advertencia, Netanyahu mostró una extraña «calma» y le dijo al presidente de EAU que Israel estaba preparado contra cualquier contingencia, pero que su principal preocupación era Cisjordania, no Gaza.
Aparentemente, los órganos de seguridad israelíes no fueron alertados de esta amenaza inminente confirmada por EAU, tal y como indicaron a Haaretz el entonces jefe del Estado Mayor del ejército israelí, Herzi Halevi, y el por aquel tiempo responsable del Shin Bet (servicios de inteligencia y seguridad interior), Ronen Bar.
Netanyahu «no hizo nada»
Pero, Netanyahu «no hizo nada», acusa Haaretz. El rotativo israelí explica que esta indagación sobre lo que ocurrió en esa trágica jornada del 7 de octubre de 2023 recoge los testimonios de «decenas de fuentes en Israel y en todo el mundo, incluyendo altos funcionarios, así como grabaciones, documentos internos y correspondencia». Las revelaciones forman parte de una investigación de los periodistas Ruth Yuval y Shlomi Eldar, como parte de un nuevo libro sobre la crisis de Gaza titulado Rehenes: 843 días de abandono.
En la conversación telefónica de Bin Zayed con Netanyahu (confirmada, según Haaretz, por fuentes extranjeras de alta credibilidad, aunque ahora la niegue el primer ministro), participó un palestino de Gaza que se encontraba en Abu Dabi como asesor, aunque seguía manteniendo fuertes contactos con la Franja. Fue esta persona quien urgió a Netanyahu a que aliviara la situación económica en Gaza y Cisjordania, asfixiadas por las presiones israelíes.
También indicó que Sinwar había apercibido un mes antes a los mediadores en EAU que estaba preparando un auténtico «terremoto» para Israel si éste no cumplía su compromiso de liberar presos palestinos a cambio de un par de soldados israelíes y los cuerpos de otros dos, e impulsar un programa minero en Gaza y la entrada de alimentos y materias primas a la Franja.
Es decir, a través de Abu Dabi, el primer ministro israelí recibió esa amenaza del jefe de Hamás. «Transmíteles que estoy preparando la madre de todas las sorpresas. Una operación aterradora. Algo extraordinario», advirtió Sinwar.
La maquiavélica estrategia de Netanyahu
O bien Netanyahu no dio importancia al asunto, poco probable dada su animadversión a Sinwar, o simplemente consintió lo que iba a ocurrir para después manejar las consecuencias en su beneficio. Una estrategia que el primer ministro ha aplicado una y otra vez en sus negociaciones con palestinos, sirios, libaneses de Hezbolá e iraníes. Primero llega a un principio de acuerdo y después, de una u otra forma, dinamita ese consenso y culpa a sus contrincantes.
Tras avisar a Netanyahu, Bin Zayed llamó al entonces director de la CIA, William J. Burns, a quien apuntó que «algo estaba a punto de estallar». Los estadounidenses estaban, pues, también avisados y habría sido lógico que consultaran a Netanyahu. La ascendencia de este tranquilizó a la Casa Blanca. O, aún peor, consiguió su connivencia ante lo que se avecinaba.
También Egipto había advertido días antes sobre el ataque de Hamás. El jefe de la inteligencia egipcia, el general Abbas Kamel, había informado a Israel sobre «una aterradora operación» que estaría preparando la guerrilla palestina. Tampoco se le escuchó.
Alarma interna también silenciada
Pero es que Netanyahu tenía informes incluso de sus propios servicios de inteligencia, que fueron igualmente ignorados, sobre los «movimientos» en el lado gazatí de la frontera. Desde Abu Dabi ya se había informado al Shin Bet de la amenaza de Hamás a mediados de septiembre, antes de la llamada del presidente de Emiratos a Netanyahu. El director de ese organismo de espionaje, el citado Ronen Bar, pidió al gobierno un refuerzo de las fronteras e incluso atacar directamente a los líderes de Hamás. Netanyahu desdeñó esas medidas.
Entonces se pensó que podría ser porque el líder judío tenía más en mente a Irán y a Hezbolá que a las milicias radicales palestinas. Tras lo que se ha conocido este martes, sin embargo, crece la sospecha de que Netanyahu manejaba un juego muy peligroso y buscaba una excusa para golpear definitivamente a Hamás en su propio territorio y apoderarse de éste.
Además, tanto los servicios de inteligencia como el Alto Mando de las fuerzas armadas israelíes estaban recibiendo informaciones sobre movimientos de Hamás en la frontera, con amplias sospechas de que unidades islamistas pudieran infiltrarse y asaltar puestos militares y asentamientos de colonos cerca de Gaza. Las alarmas repetidas de una de las unidades de ciberinteligencia del ejército de Israel fueron también desechadas.
El Canal 12 de la televisión israelí mostró semanas después del comienzo de la invasión de Gaza, en noviembre de 2023, correos electrónicos militares que en vísperas del ataque del día 7 de octubre alertaban sobre unidades de Hamás maniobrando en las inmediaciones de la frontera, con la sospecha de que se preparaba una incursión masiva al estar presentes en los ejercicios altos mandos de ese grupo radical. El propio diario Haaretz denunció entonces que se había menospreciado esta información vital por parte de las autoridades militares y políticas.
Me quedé dormido y no me despertaron
Esos mismos servicios de inteligencia entonces ninguneados por Tel Aviv son quienes posiblemente avisaron a Netanyahu de la que se le venía encima desde EAU este martes. En un intento de eludir responsabilidades, hace unos días el primer ministro acusó a miembros de la seguridad israelí y militares de no haberle «despertado» en la madrugada de ese 7 de octubre. Con esta excusa, Netanyahu apuesta por un ambiente conspirativo para desviar la atención ante el naufragio electoral que se le avecina.
La oposición israelí ya había planteado en sede parlamentaria las muchas dudas sobre lo ocurrido el 7 de octubre de 2023, pero hasta ahora fracasó a la hora de crear una comisión de investigación independiente para examinar aquellos hechos y el comportamiento de militares, policías y agentes de inteligencia en aquella jornada y en las previas al ataque.
Pero ya pocos se creen las palabras de Netanyahu, que niega haber hablado con Bin Zayed. Desde luego no quienes compiten con él en las elecciones del 27 de octubre y que no parecían sorprendidos ante las revelaciones de Haaretz. Según el exjefe de Gobierno y uno de los candidatos electorales Naftali Bennet, el actual primer ministro «tiene una responsabilidad personal y directa» en los 1.221 muertos del 7 de octubre. «No puede seguir en su puesto ni un minuto más» afirmó.
Netanyahu «no es apto»
Más contundente fue el contrincante principal de Netanyahu en esos comicios, el exjefe del Estado Mayor israelí Gadi Eisenkot, quien subrayó que el primer ministro llevó a Israel «ciegamente al fracaso», en referencia a la invasión de Gaza, devenida en una carnicería en la que ni siquiera Hamás ha sido aniquilado, como prometió el líder judío justo antes de ordenar la invasión. «Netanyahu recibió decenas de avisos antes del 7 de octubre y los ignoró todos», dijo Eisenkot en la red X. Para el militar israelí, el primer ministro «no es apto» para su cargo.
«Es arrogancia y una traición a la confianza que los ciudadanos de Israel depositaron en él y en su Gobierno», afirmó el presidente del partido centrista Yesh Atid, quien además prometió, si gana las elecciones, la creación de una comisión para investigar lo ocurrido.
Eisenkot lanzaba así un torpedo bajo la línea de flotación de Netanyahu, para quien las elecciones de fines del próximo mes pueden convertirse en una pesadilla y no solo por la pérdida del poder, sino por su eventual enjuiciamiento y por cargos mucho más graves que los de fraude, cohecho y abuso de confianza que ahora pesan sobre él.
*Analista especializado en temas internacionales.
