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Democracia sin taxativas

Arturo Balderas Rodríguez – La Jornada, México

El ejemplo más claro para arruinar los procesos democráticos nos lo ofreció la reciente elección del líder de la mayoría en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, mejor conocido como el speaker en la jerga política de este país. Es el número tres en el escalafón del gobierno y, en ausencia del presidente y el vicepresidente, es quien pudiera tomar las riendas del gobierno. Por lo pronto, es el responsable de conducir los asuntos en el Congreso.

Su elección fue un verdadero aquelarre debido a la férrea oposición que un grupo de legisladores de extrema derecha, de su propia fracción, interpuso para que Kevin McCarthy ocupara esa posición. Después de 14 votaciones y cinco días de tenso impasse, por fin en la ronda número 15 logró los votos necesarios para su elección. Desde la guerra civil no había sucedido algo igual y quedará como una de las experiencias más penosas en la democracia estadunidense. Durante esos días, el gobierno de Estados Unidos estuvo impedido parcialmente para realizar algunas de sus funciones esenciales que por ley deben ser aprobadas por el Congreso.

La desconfianza en la integridad de McCarthy fue uno de los principales argumentos en su contra. Pero, entre los oponentes más férreos estaban los integrantes de la derecha más radical de su partido. Para conseguir sus votos, tuvo que ceder importantes franjas del poder que normalmente le corresponden como líder de la mayoría. Por ello, la posibilidad de que sus propuestas, o las que él apoye, pasarán por una serie de taxativas de sus propios compañeros de partido, con los que tendrá que luchar una y otra vez para evitar defecciones en su nimia minoría. Tal vez una de sus más importantes concesiones fue aceptar que cualquiera que disienta con su proceder puede llamar a su destitución como líder de su propia bancada y, por lo tanto, como líder de la Cámara de Representantes. Con esta irresponsable concesión la inestabilidad en ese recinto será una espada de Damocles que penda no sólo sobre la cabeza de McCarthy, sino sobre la de la totalidad de esa rama del gobierno.

Tal vez la primera crisis está a la vuelta de la esquina con motivo de la necesidad de aprobar el aumento al límite de la deuda. Los más aguerridos ultraderechistas de la fracción republicana prometieron oponerse a cualquier intento de incrementar ese límite. Si McCarthy no cede a esa pretensión, estará garantizada su remoción del liderazgo en la fracción republicana, pero si para sobrevivir cede a esa irresponsable intención, la posibilidad de una crisis económica será enorme. Baste recordar que cuando en ocasiones pasadas se intentó limitar el techo de la deuda, hubo un impasse económico que impactó a todo el orbe ante la duda de que Estados Unidos incumpliera sus compromisos financieros.

Estos eventos demuestran que una democracia sin taxativas pone en entredicho las libertades que garantiza ella misma al suplantarla por el libertinaje y las mentiras que le son inherentes.

Donald Trump es el mejor ejemplo de ese virus que hoy continúa azotando al mundo entero.

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