Multilateralismo y unilateralismo

El BRICS Plus en la niebla de la guerra

Por Javier Vadell* – Tektónicos

Contradicciones, alineamientos y nueva geopolítica en la mejor herramienta del Sur Global.

I. Evolución del BRICS: de un cambio cuantitativo a uno cualitativo

Algunos analistas señalan que el principal punto débil del agrupamiento BRICS es su falta de institucionalización. Pero ¿por qué no pensar que esa característica tal vez sea su mayor virtud, aquella que le confiere cierta flexibilidad en épocas turbulentas? En medio de los grandes desórdenes globales de 2026 y de la arremetida del imperialismo estadounidense en Venezuela y, junto a Israel, contra Irán, las contradicciones del actual caos sistémico quedaron aún más expuestas, así como las alianzas políticas en la región de Asia Occidental, núcleo del conflicto euroasiático que involucra a países del recién creado BRICS Plus.

El BRIC nació originalmente en 2001 como una idea de Jim O’Neill, entonces ejecutivo de Goldman Sachs, para designar cuatro promisorios “mercados emergentes” para el capital financiero (Brasil, Rusia, India y China). Sin embargo, el colapso financiero global de 2008 invirtió esa lógica mercadológica en una articulación soberana y política, lo cual culminó en la Cumbre de Ekaterimburgo (2009) y en la rápida incorporación de Sudáfrica y la “S” final al acrónimo en 2010.

A partir de la crisis económica mundial, la evolución institucional del BRICS puede dividirse en cuatro fases. En la primera fase (2009–2010), momento inicial de la poscrisis, las potencias del bloque se enfocaron en la denominada “diplomacia de nicho”. Se trataba de una alineación cautelosa, orientada hacia demandas específicas de mayor participación en las cuotas y votos dentro del FMI y del Banco Mundial, así como un consenso en torno de reformas en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, sin que hubiera ambición ni capacidad de proponer una arquitectura institucional paralela.

La segunda fase (2011–2018) estuvo marcada por la consolidación del agrupamiento y por la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) —el Banco del BRICS— y del Acuerdo Contingente de Reservas (ACR), en 2014. El bloque pasó a ofrecer alternativas reales de liquidez para balanzas de pagos. Es en este período, específicamente en la Cumbre de Xiamen (2017), bajo la presidencia china, que el concepto de BRICS Plus se presenta por primera vez al mundo.

La tercera fase (2019–2020) fue un período de fuerte debilitamiento institucional, causado por la pandemia de COVID-19 y por severas tensiones políticas internas. El recrudecimiento de la rivalidad entre Washington y Beijing, con la guerra comercial lanzada por el primer gobierno de Donald Trump, los conflictos fronterizos directos entre China e India y el auge de narrativas anti-China encabezadas por el gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil paralizaron las acciones multilaterales del bloque, reduciendo el BRICS a interacciones predominantemente bilaterales.

Finalmente, la cuarta fase (2021 hasta hoy), que arranca con la 13.ª Cumbre Virtual realizada en India, titulada “BRICS@15: Cooperación Intra-BRICS para Continuidad, Consolidación y Consenso”, es en la cual los miembros se comprometieron con un nuevo comienzo. A partir de ese momento, el bloque superó la inercia pandémica y consolidó el consenso definitivo para la expansión de sus miembros. Al año siguiente irrumpe la guerra en Ucrania, cuando Rusia pasó a defender de manera más asertiva la idea original china de un BRICS Plus.

El punto culminante de ese movimiento ocurrió en la histórica Cumbre de Johannesburgo (2023) y se consolidó en las reuniones subsiguientes, las cumbres de Kazán (2024) y  Brasil (2025). Ello oficializó la entrada de nuevos miembros y diseñó la arquitectura actual del BRICS Plus. Además de los miembros originales —Brasil, Federación Rusa, India, China y Sudáfrica— otros seis miembros se sumaron a la lista de integrantes permanentes: Arabia Saudita (aún en suspenso), Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Indonesia e Irán. Junto a ellos, hay también diez miembros asociados: Bielorrusia, Bolivia, Kazajistán, Cuba, Malasia, Nigeria, Tailandia, Uganda, Uzbekistán y Vietnam.

El advenimiento del BRICS Plus representa una mutación cualitativa crucial y puede haber abierto una nueva etapa. En primer lugar, el agrupamiento dejó de ser un arreglo “minilateral” para convertirse en el principal pilar geopolítico e institucional multilateral de un tipo enteramente nuevo de globalización alternativa al modelo neoliberal occidental: una globalización inclusiva cuyo epicentro económico es China. En segundo lugar, la formación política BRICS plus es percibido por Estados Unidos como un gran desafío geopolítico. En tercer lugar, el BRICS Plus emergió como un bloque histórico contestatario del orden liberal inserto en el actual caos sistémico, poniendo en disputa un choque de globalizaciones, Finalmente, pero no menos importante, el BRICS plus es la institución que reúne la nueva mayoría global que representa los países emergentes con el Sur Global. Este acontecimiento abre caminos inéditos de cooperación y reconfiguración de la geoeconomía de las naciones de la nueva mayoría. Sin embargo, los peligros de las agresiones unilaterales de los EE. UU. y los intereses cruzados de los miembros del BRICS Plus en la geopolítica actual demandan especial atención.

II. La densa niebla de la guerra, el BRICS y el futuro del agrupamiento

Tras la cumbre del BRICS en Río de Janeiro, en julio de 2025, el gobierno Trump 2.0 lanzó un ataque arancelario generalizado contra varios países del BRICS. En 2026, los Estados Unidos, junto con Israel, lanzaron un ataque contra Irán, provocando una guerra regional de grandes proporciones que colocó al BRICS en una encrucijada. Según el analista ruso Georgy Toloraya, este conflicto inconcluso en Asia Occidental puso de manifiesto las limitaciones institucionales de los BRICS para responder a escenarios de crisis y confrontación. La guerra impulsada por Estados Unidos e Israel situó a algunos de los miembros del bloque en posiciones contrapuestas, particularmente a Irán y a los Emiratos Árabes Unidos, mientras que la agrupación mostró dificultades para articular una postura común frente al conflicto.

No obstante, para el professor Luciano Zaccara la utilidad de BRICS plus en el nuevo orden del Golfo no reside en ser una alianza militar coordinada, sino en funcionar como un mecanismo para la diversificación estratégica. Para los Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), este bloque no pretende reemplazar la arquitectura de seguridad liderada por Estados Unidos, la cual sigue siendo indispensable en momentos de crisis. En cambio, el BRICS plus opera como una plataforma diplomática que permite a los actores regionales reducir su sobredependencia de una sola gran potencia y navegar en un sistema internacional cada vez más fragmentado y con clientes diversificados en el sector petrolero.

El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán retiró el velo que ocultaba viejas divisiones políticas y conflictos de intereses en la región de Asia Occidental que se presenta como una gran prueba de resistencia para los BRICS. Citando a Toloraya, esta situación ha puesto de manifiesto que, aunque la expansión del bloque (2024–2025) fue un éxito en la creación de una plataforma para la “mayoría global”, el BRICS nunca estuvo preparado para situaciones de conflicto armado entre sus propios miembros, o que afectaran directamente a estos.

Según Zaccara, durante el reciente conflicto, el bloque adoptó una postura cautelosa y evitó una confrontación directa con Estados Unidos, lo que puso de relieve su función como mecanismo de cobertura estratégica (hedging). Los miembros del CCG, en particular Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, privilegiaron la estabilidad regional, la continuidad de sus intereses económicos y la preservación de sus vínculos de seguridad con Washington. Por su parte, China concentró su atención en garantizar la seguridad energética, mientras que Rusia interpretó la crisis como una oportunidad para erosionar la influencia global de Estados Unidos.

Para Irán, si bien el BRICS+ no brindó un respaldo diplomático pleno frente a las presiones externas, sí contribuyó a reducir su aislamiento internacional y a reforzar su legitimidad política. Un ejemplo de ello fue el veto ejercido por Rusia y China a determinadas resoluciones en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que evidenció cómo la pertenencia al bloque puede traducirse en una protección diplomática efectiva en los foros multilaterales. En última instancia, las evidencias sugieren que el futuro orden regional en el Golfo estará marcado por alianzas flexibles, asociaciones superpuestas y estrategias de equilibrio entre múltiples actores, más que por una elección excluyente entre las grandes potencias mundiales

III. Interrogantes de la próxima Cumbre del BRICS

En ese contexto de conflicto regional se celebró recientemente la reunión ministerial de los BRICS en India, con el trasfondo de dos cumbres de gran relevancia celebradas en la República Popular China: primero, la visita de Donald Trump a Xi Jinping; y, pocos días después, la reunión entre Xi y Vladímir Putin. Los resultados de ambas citas ofrecen claves importantes para comprender la posible evolución de las posiciones de los BRICS y de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en el escenario internacional.

No obstante, es necesario reconocer que la configuración del poder en Asia Occidental podría experimentar transformaciones significativas en caso de que Irán lograra fortalecer su posición regional. En tal escenario, podría consolidarse un eje geopolítico triangular integrado por China, Rusia e Irán, con implicaciones de gran alcance para el equilibrio de poder regional y para la dinámica de la transición hacia un orden internacional más multipolar.

Como era previsto, los miembros del BRICS demostraron fuertes discrepancias durante la votación de la Resolución 2817 de la ONU, en marzo de 2026, cuyo foco central era Irán y sus ataques a estados árabes y postura en el Estrecho de Ormuz (que fueron respuesta a la agresión militar de EE.UU. e Israel). El posicionamiento de los países ante el tema reveló diferentes estrategias diplomáticas:

– Rusia y China: optaron por la abstención;

– India y Emiratos Árabes Unidos: se posicionaron de forma más incisiva, apoyando la resolución;

– Brasil y Sudáfrica: adoptaron una postura moderada, aunque condenaron los ataques contra Irán;

– Egipto: condenó los ataques dirigidos a las “naciones árabes hermanas” que poseen bases militares estadounidenses desde donde partieron los ataques contra Irán;

– Etiopía: manifestó preocupación orientada principalmente hacia los impactos sobre su propia seguridad energética.

Esa falta de consenso quedó en evidencia en los encuentros posteriores del bloque. Durante las consultas del BRICS celebradas en Nueva Delhi, el 24 de abril de 2026, las divergencias internas impidieron la formulación de una declaración conjunta, resultando únicamente en la publicación de un breve resumen por parte de la presidencia. El escenario de división persistió a mediados de mayo, cuando ocurrió en la misma ciudad la reunión de cancilleres y representantes de los países miembros del BRICS ampliado, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas en Oriente Medio y debates sobre la reforma de la gobernanza global. El encuentro de ministros de Relaciones Exteriores es considerado el evento más relevante del ciclo anual que prepara la cumbre principal, de líderes, hacia fin de año.

La presidencia india condujo los debates a partir de los pilares “Resiliencia, Innovación, Cooperación y Sostenibilidad”, buscando reforzar la identidad política del grupo y ampliar su actuación internacional. Entre los principales temas discutidos se destacaron la reforma de las instituciones multilaterales, especialmente de la ONU y del Consejo de Seguridad, la defensa del multilateralismo, el fortalecimiento de la cooperación económica y financiera, la ampliación del comercio en monedas locales y la reducción de la dependencia del dólar en las transacciones internacionales.

Las principales divergencias se manifestaron en torno a las posiciones adoptadas por Irán y los Emiratos Árabes Unidos frente a la crisis en Asia Occidental. Las diferencias entre los miembros dificultaron la construcción de un consenso mínimo para la emisión de una declaración conjunta, lo que llevó a la India, en su calidad de presidencia del bloque, a publicar únicamente una “Declaración de la Presidencia”.

Por primera vez en la historia de los BRICS, el documento final fue divulgado sin consenso pleno, incorporando de manera explícita las reservas y discrepancias de algunos Estados miembros respecto de diversos puntos. Este hecho constituye un precedente significativo en la trayectoria del grupo y pone de relieve las complejidades derivadas de su reciente ampliación.

La próxima cumbre de los BRICS, la decimoctava de su historia, se celebrará en Nueva Delhi, India, durante el segundo semestre de 2026, en una fecha aún por confirmar.

Este episodio inédito evidenció los crecientes desafíos de coordinación política y construcción de consensos dentro de un BRICS ampliado y cada vez más heterogéneo, cuyas diferencias geopolíticas, intereses estratégicos y prioridades regionales plantean nuevos interrogantes sobre la capacidad del bloque para actuar de manera cohesionada en asuntos internacionales de alta sensibilidad.

IV. Reflexiones finales

La Reunión Ministerial de los BRICS celebrada en India en 2026 constituyó un hito relevante para el futuro del agrupamiento. El encuentro consolidó el protagonismo de la India en la conducción de los debates sobre desarrollo, multipolaridad y reforma de la gobernanza global. A pesar de las divisiones internas derivadas del conflicto en Asia Occidental, los BRICS demostraron su capacidad para preservar el diálogo político y la cooperación económica entre sus miembros.

El encuentro puso de manifiesto tanto el potencial como los desafíos que enfrenta un BRICS ampliado. El futuro del bloque dependerá, en gran medida, de su capacidad para conciliar intereses geopolíticos divergentes con objetivos comunes de desarrollo, estabilidad y cooperación internacional.

La expansión hacia el BRICS Plus representa una transformación cualitativa del agrupamiento en un contexto histórico marcado por profundas transformaciones estructurales del sistema internacional. Parafraseando al presidente chino Xi Jinping en un discurso pronunciado en 2021, “profundos cambios no vistos en un siglo están ocurriendo a gran velocidad”. Esta dinámica encuentra hoy su expresión en las tensiones y puntos de fricción existentes entre los miembros del bloque. En este contexto, podría argumentarse que Estados Unidos ha obtenido un éxito inicial al fomentar dinámicas que contribuyen a la fragmentación interna del agrupamiento. Sin embargo, de manera simultánea, los efectos de la guerra también podrían acelerar los procesos de desdolarización e impulsar la creación de sistemas independientes de pagos y liquidación dentro de los BRICS, uno de los principales objetivos estratégicos del bloque. En una perspectiva más amplia, la evolución de los BRICS hacia el BRICS Plus constituye quizás la manifestación más evidente del agotamiento de la globalización neoliberal liderada por Estados Unidos. Lejos de representar un arreglo coyuntural o meramente discursivo, el BRICS Plus se ha consolidado como una realidad geopolítica inseparable de la actual transición sistémica global.

Sustentado materialmente por la capacidad productiva, tecnológica y financiera de China, así como por su modelo de planificación de largo plazo, el BRICS Plus ofrece a los países del Sur Global herramientas institucionales y financieras para desenvolverse en un entorno internacional caracterizado por la fragmentación económica, la competencia geopolítica y el relativo declive de la hegemonía occidental. Al articular una coalición singular de economías, sistemas políticos y trayectorias de desarrollo diversas, el agrupamiento está contribuyendo a reconfigurar los ejes de la economía política internacional y a abrir el camino hacia un orden global más multicéntrico y multipolar.

*Licenciado en Relaciones Internacionales de la UNR y Doctor en Ciencias Sociales en la UNICAMP, Brasil. 

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