Multilateralismo y unilateralismo

La Unión Europea ata su rearme a las importaciones de Estados Unidos e Israel

Por Eurydice Bersi* y Attila Kálmán** – Público 

– El 36% de las exportaciones mundiales de armamento de Israel en 2025 han ido a parar a Europa, tal y como confirma una investigación de Investigate Europe en la que participa ‘Público’.

– Los países europeos que importan grandes equipos militares —armas, tanques, aviones, buques de guerra y explosivos— adquieren un tercio de estos materiales de Estados Unidos. Las sucesivas administraciones estadounidenses han ido instando a los aliados europeos de la OTAN a gastar más en defensa, pero siempre dentro del ecosistema que lidera Washington.

– España aprobó en 2025 un decreto que prohíbe la importación de armas procedentes de Israel. Los expertos, sin embargo, sostienen que solo se han cancelado dos de los numerosos contratos existentes.

En 2011, cuando italianos, franceses y británicos desplegaron una intervención militar en Libia, enseguida se quedaron sin misiles aire-tierra. A los dos días, Estados Unidos tuvo que intervenir. Y una década después, fueron las fuerzas estadounidenses las que pusieron algo de orden en el aeropuerto de Kabul durante la caótica retirada de la OTAN de Afganistán. Pocos discutirían que, en momentos de verdadera tensión, el poder militar europeo depende de la logística, las municiones, la inteligencia y la voluntad de Estados Unidos. 

La invasión rusa de Ucrania iba a marcar -supuestamente- un antes y un después. Los europeos prometieron construir una «autonomía estratégica», principalmente aumentando el gasto en armamento y reforzando la producción. La realidad es que, cuatro años después, los gobiernos están gastando enormes cantidades de dinero y la producción se ha disparado. Lo que ocurre es que los países europeos que importan grandes equipos militares —como armas, tanques, aviones, buques de guerra y explosivos— adquieren menos de la mitad de sus equipos dentro del bloque, mientras que un tercio procede directamente de Estados Unidos, tal y como revela una investigación del consorcio periodístico Investigate Europe, en la que Público participa como único medio en España.

El dinero público sigue fluyendo hacia los proveedores estadounidenses, consolidando una dependencia que los gobiernos prometieron reducir ante un Washington cada vez más volátil y, en ocasiones, abiertamente hostil con Europa. La UE también está desarrollando discretamente nuevas relaciones con otros lugares, sobre todo con Israel, pese a que su primer ministro, Benjamín Netanyahu, tiene una orden internacional de detención por crímenes de guerra en la Franja de Gaza. 

Las cuotas globales de importación, además, cuentan solo una parte de la historia. Los datos son reveladores en el ámbito de la defensa aérea: Europa depende en gran medida de Estados Unidos e Israel, según ha constatado Investigate Europe en un análisis exclusivo de datos de adquisiciones del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). Los peligros de estas relaciones comerciales no son únicamente teóricos: desde problemas de suministro hasta implicaciones políticas. Esos peligros son visibles en el campo de batalla, desde Ucrania hasta Oriente Próximo. 

La magnitud del rearme de Europa

Se mida como se mida, la magnitud del rearme europeo desde 2020 ha sido asombrosa. El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) sostiene que las importaciones de armamento de los países europeos que forman parte de la OTAN han aumentado casi un 150% entre 2020 y 2025, en comparación con los cinco años anteriores. El gasto total en grandes contratos de armamento entre los miembros europeos de la OTAN ha alcanzado durante el mismo período los 366.700 millones de dólares, según datos recopilados por el IISS y analizados por Investigate Europe.

De las 330 compras registradas, más de medio centenar proceden directamente de Estados Unidos y tuvieron un valor total de 111.000 millones de dólares, casi un tercio del valor de todos los pedidos realizados por los países de la UE. Solo Alemania y Polonia gastaron más de 70.000 millones de dólares en pedidos a Estados Unidos o que involucraban a empresas de Washington.

El dominio es especialmente acusado en algunos sectores clave. Investigate Europe examinó alrededor de 30 grandes acuerdos de defensa aérea y antimisiles anunciados por los distintos países europeos entre 2022 y 2026. La fotografía es reveladora: de los diez de mayor valor, ocho se cerraron con empresas de Estados Unidos o Israel. Los otros dos involucraron a la empresa polaca PGZ y la filial británica del proveedor europeo MBDA. Los proyectos puramente europeos son comparativamente escasos y, en su mayoría, permanecen en el terreno de las intenciones declaradas.

Comprar materiales y armamento con etiqueta estadounidense no es solo una transacción financiera. Esta práctica implica un vínculo a largo plazo. Los compradores se comprometen con el ecosistema norteamericano de mantenimiento, las actualizaciones de software y formación durante 20 o 30 años. «Los europeos no tienen la capacidad de producción ni la tecnología [para la defensa aérea y antimisiles], sencillamente no existen alternativas europeas cuando se tienen en cuenta la urgencia, el precio y la disponibilidad», afirma Pieter Wezeman, investigador del SIPRI. «Esto simplemente obliga a los países europeos a recurrir a alternativas estadounidenses e israelíes», continúa. 

Washington lleva la batuta

A principios del año pasado, los medios europeos empezaron a difundir noticias que apuntaban a la posibilidad de que Estados Unidos hubiera incorporado un «interruptor de apagado» (kill switch) en los cazas F-35 de Lockheed Martin para desactivar así sus funciones. Washington, en realidad, no necesitaría llegar tan lejos. Estados Unidos podría ejercer en cualquier momento su discrecionalidad sobre el intercambio de inteligencia, el reabastecimiento de piezas, las actualizaciones de software y el mantenimiento. Esta cuestión dejó de ser teórica cuando la Administración Trump suspendió el apoyo de inteligencia y el suministro de determinados misiles a Ucrania a mediados de 2025.

Los miembros de la OTAN se enfrentan exactamente a los mismos riesgos. A pesar de ello, en enero, Alemania encargó por valor de 1.500 millones de euros ocho drones navales que funcionan exclusivamente con software estadounidense. Si ese software no se actualiza, esos drones pasan a ser, según Guntram Wolff, del Instituto Bruegel, «básicamente inútiles».

Europa también compra cada vez más armamento estadounidense adquirido a través del programa de Ventas Militares al Extranjero (Foreign Military Sales) del Departamento de Defensa, cuyo valor ascendió a unos 43.000 millones de dólares en 2024, según un informe de la Fundación para la Investigación Estratégica de Francia. Los términos y condiciones otorgan al Gobierno de Estados Unidos el derecho a retirarse de los contratos de mantenimiento y asistencia sin consecuencias.

El acuerdo multimillonario de Alemania sobre los F-35 con el Gobierno de Donald Trump otorga incluso a Washington el derecho a suspender la prestación de servicios, según publicaron medios alemanes en septiembre, citando una copia del documento oficial. Una fuente de alto nivel de la industria de defensa de EEUU explica a Investigate Europe, desde el anonimato, que Washington podría, en teoría, bloquear el uso de sistemas ya vendidos para alcanzar sus objetivos políticos en el marco del programa Foreign Military Sales. La misma persona considera sin embargo poco probable que se utilice esa opción: «No creo que quieran destruir nuestro mercado».

Los países europeos ni siquiera consiguen librarse por completo de la participación estadounidense cuando son capaces de comprar vehículos y armamento más cerca de casa. Bulgaria, sin ir más lejos, compró -recientemente- misiles navales para utilizarlos en el mar Negro. La adquisición parecía europea, porque el arma había sido desarrollada por Kongsberg, una empresa pública con sede en Noruega. Los misiles, sin embargo, siguen utilizando tecnología del contratista estadounidense Raytheon a raíz de un acuerdo de adquisición entre los gobiernos de Washington y Sofía. Los expertos consideran que este tipo de producción conjunta es la única esperanza para que Europa desarrolle algún día sus propias capacidades de defensa.

«Desarrollar capacidad y líneas de producción y familiarizarse con la tecnología puede contribuir a largo plazo a una mayor autosuficiencia europea», afirma Pieter Wezeman, del SIPRI. «Hay países que han construido su propia industria armamentística importando líneas de producción y tecnología del extranjero. China es un buen ejemplo de ello», continúa. 

La necesidad de actuar en este sentido se ha vuelto aún más urgente. Los miembros europeos de la OTAN llevan décadas considerando el material estadounidense de defensa aérea como una suerte de respaldo, disponible nada más solicitarlo y desplegable en cuestión de días. Los acontecimientos recientes en Ucrania y Oriente Próximo han hecho añicos esa suposición.

En junio de 2025, durante 12 días, Estados Unidos utilizó, según las informaciones publicadas, alrededor de 150 interceptores de misiles THAAD —su sistema de defensa antimisiles de nivel superior más avanzado— para ayudar a Israel en su guerra contra Irán. El gigante armamentístico Lockheed Martin produce actualmente unas veinte unidades al año. Y reponer esas existencias llevará alrededor de ocho años. Con baterías THAAD destinadas a Israel y Emiratos Árabes Unidos, además de otros países compitiendo por los mismos recursos, las capitales europeas no pueden dar por hecho que los interceptores estadounidenses de gama alta vayan a estar disponibles bajo demanda en caso de que se produzca simultáneamente otra crisis.

La dependencia también mira a Israel

Estados Unidos no es la única potencia extranjera de la que dependen los países europeos para adquirir armamento. Entre 2020 y 2025, Israel representó el 7,7% de las importaciones de armamento de los países europeos de la OTAN, casi el doble de su cuota durante los cinco años anteriores, tal y como evidencian los datos del SIPRI.

Las ventas al viejo continente representaron el 36% de las exportaciones mundiales de armamento de Israel en 2025. Grecia acaba de acordar la compra por 3.000 millones de euros de sistemas israelíes de defensa aérea multicapa. Esta operación supone el mayor acuerdo de exportación de la historia de Israel. Alemania, Finlandia, Serbia, Eslovaquia, Rumanía y Chipre también han estado comprando grandes cantidades de armamento a Tel Aviv.

Los sistemas israelíes, especialmente los de defensa antimisiles, desempeñan funciones cruciales en Europa. Las informaciones publicadas en prensa sostienen que ayudan a proteger el avión del presidente francés Emmanuel Macron. Los aviones espía adquiridos por Italia proceden también de Tel Aviv. Los Sistemas de Protección Activa de fabricación israelí instalados en tanques europeos pueden representar una pequeña parte del valor total de los vehículos, pero su función es absolutamente determinante.

Esta relación comercial -cada vez más profunda- tiene implicaciones políticas, especialmente en lo que respecta a la postura de Europa respecto a la campaña de Israel en Gaza. Tel Aviv está acusado de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia. Los responsables israelíes han reconocido en varias ocasiones que el interés europeo por sus armas está ayudando a relegar conversaciones incómodas y ralentizando de algún modo las sanciones contra Israel.

En Finlandia, las recientes adquisiciones han generado debate, según explica a Investigate Europe Kari Paasonen, investigador del Instituto de Investigación para la Paz de Tampere. «La cuestión es si esta dependencia restringe la capacidad de Finlandia para criticar a Israel». Los focos también apuntan a España, uno de los países que más ha respaldado la causa palestina dentro de la UE. El Gobierno de Pedro Sánchez aprobó el año pasado un decreto que prohíbe la importación de armas procedentes de Israel. Los expertos, sin embargo, sostienen que solo se han cancelado dos de los numerosos contratos existentes. El Ejecutivo no ha aclarado si las modificaciones introducidas en los contratos restantes afectan a la compra de armas fabricadas conjuntamente por empresas israelíes y socios europeos en territorio de la UE.

La UE también podría estar reduciendo su dependencia del armamento estadounidense para acabar cayendo en una nueva trampa, según Rob de Wijk, del Centro de Estudios Estratégicos de La Haya. «Las armas israelíes generan para Europa dependencias similares a las de las armas de EEUU», afirma. «Pero todavía no hemos estudiado esto», matiza. 

El Ministerio de Defensa israelí utilizó hace cuatro años, según las informaciones publicadas en prensa, una «restricción de usuario final» para impedir que los tres países bálticos enviaran a Ucrania sus misiles antitanque procedentes de Tel Aviv. 

El ex viceministro de Defensa griego Nikos Toskas explica a Investigate Europe que es posible que los fabricantes israelíes de armamento puedan recopilar información valiosa sobre cómo los compradores tienen pensado utilizarlo y bloquear de hecho su uso negándose a proporcionar actualizaciones de software o suministros de piezas. En teoría, hasta es posible desactivar los sistemas de armas. «Es extremadamente difícil saber si el fabricante ha mantenido una puerta trasera para controlar los sistemas», explica a Investigate Europe Nikos Toskas, ex viceministro de Defensa de Grecia. Investigate Europe se puso en contacto con el Ministerio de Defensa de Israel, pero no ha recibido respuesta en el momento de la publicación de este artículo.

El choque con las intenciones estadounidenses

Es cierto que, aunque resulta complicado desprenderse de la dependencia de Estados Unidos, Europa está ahora políticamente dispuesta a reconocer el problema. Bruselas ha puesto en marcha una serie de iniciativas, entre ellas, movilizar 7.000 millones de euros a través del Fondo Europeo de Defensa y SAFE, un programa de préstamos a bajo coste de 150.000 millones de euros, para fomentar las adquisiciones conjuntas, la investigación y las compras más cerca de casa. Además, ha empezado a incorporar en ambos programas requisitos que promuevan el hecho de «comprar europeo».

Las sucesivas administraciones estadounidenses han instado a los aliados europeos de la OTAN a gastar más en defensa, pero siempre dentro del ecosistema liderado por Estados Unidos. El embajador de Joe Biden ante la OTAN expresó ya en 2024 su preocupación por un rearme europeo basado en armas europeas. La Estrategia de Defensa Nacional de la Administración Trump de noviembre de 2025 explicitó esta posición: el rearme europeo debe encajar en la estrategia global de defensa estadounidense y fortalecer la base industrial militar de Estados Unidos.

Para sortear las nuevas normas de contratación, las empresas de defensa estadounidenses están creando barreras jurídicas entre sus operaciones en Estados Unidos y en la UE, de modo que sus filiales en Bruselas puedan ser consideradas europeas. Lo explica así una fuente -anónima- bien situada en la industria: «Si cumplimos los criterios establecidos para que una empresa sea considerada europea, entonces somos europeos».

A pesar de lo que puedan decir públicamente sobre una nueva era de autonomía estratégica, los líderes europeos siguen acabando -con frecuencia- sometidos a las reglas estadounidenses. Lo vimos cuando Estados Unidos suspendió temporalmente los envíos de armamento a Ucrania a mediados de 2025. Los países europeos intervinieron para comprar ellos mismos armas para Kiev y tuvieron que comprárselas, precisamente, a Estados Unidos. A finales de abril, Donald Trump anunció la retirada de 5.000 soldados de Alemania y canceló los despliegues previstos de misiles de alcance medio. Menos de dos semanas después, el ministro de Defensa alemán anunció un viaje urgente a Washington para sustituir esos misiles por otros nuevos, también estadounidenses, financiados directamente por Alemania.

La mayoría de los analistas describen el camino a seguir no como una ruptura total con los sistemas estadounidenses ni como el mantenimiento del statu quo, sino como una transición gestionada. Esto implica respetar los contratos existentes y las obligaciones de mantenimiento de los sistemas operativos, dirigir cada nueva adquisición hacia productores europeos cuando exista una alternativa competitiva e invertir fuertemente allí donde la capacidad europea presenta sus carencias más críticas: espacio, comunicaciones y defensa aérea. La cuestión no es solo si los Estados europeos tratarán de desprenderse de algunas de sus principales dependencias, sino si contarán con el permiso de Estados Unidos.

*Miembro del equipo de periodistas de investigación Reporters United, socio de Investigate Europe en Grecia. 

**Periodista de investigación y política de Budapest.

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