Por Juan Antonio Sanz* – Público.es
Moscú acusa a Bruselas de cruzar una línea roja con el envío a Kiev de armas cada vez más potentes, mientras Europa alega que es Rusia quien la acosa con una guerra híbrida.
Rusia lanzó este miércoles el mayor ataque múltiple con drones y misiles contra el sistema energético ucraniano desde el pasado invierno. En Kiev, los principales objetivos fueron instalaciones eléctricas y centros de datos, pero no se excluyeron barrios residenciales, al igual que en las otras diez regiones ucranianas atacadas la pasada madrugada. Ha sido la mayor respuesta de Moscú a la ofensiva aérea ucraniana que desde hace semanas golpea las instalaciones de la industria gasífera y petrolera rusa con centenares de drones y misiles de largo alcance suministrados por un Occidente cada día más implicado en el conflicto.
La guerra de Ucrania se está transformando en una carrera para destruir los nódulos energéticos del enemigo –fábricas, centrales eléctricas, refinerías, depósitos de combustible- vitales para la subsistencia de su población y para continuar la contienda. La intensificación de los bombardeos rusos contra objetivos civiles evidencia el nerviosismo de Moscú ante el éxito que el apoyo armamentístico de Bruselas a Kiev ha tenido para estancar el frente del este de Ucrania y al tiempo amenazar con armamento de última generación (como los misiles balísticos de largo alcance Storm Shadow, donados por Reino Unido y Francia) puntos claves de la red energética en el corazón de la Federación Rusa.
Según un análisis de la BBC, Kiev está sufriendo en estos momentos más alertas diarias de bombardeos aéreos con drones y misiles que en cualquier otro momento desde que comenzó la invasión de Ucrania el 24 de febrero de 2022. En los primeros diez días de julio murieron en la capital ucraniana casi 60 civiles en ataques a gran escala que se repitieron en agosto y en septiembre.
Estas oleadas de ataques rusos están siendo presentadas en Europa como el mejor de los argumentos para multiplicar su respaldo logístico y armamentístico a Ucrania. De los 90.000 millones de euros aprobados por Bruselas para asistir a este país en guerra, 60.000 millones serán de ayuda militar. Parte de ellos ya han llegado al Ejército ucraniano y su efectividad se advierte en el campo de batalla.
El martes, el canciller alemán, Friedrich Merz, uno de los paladines de la rusofobia más furibunda que abunda en los gobiernos europeos, prometió apoyo europeo a Ucrania durante «mucho tiempo» y vaticinó que Rusia no solo no ganará la guerra, sino que pagará un alto precio en su economía. De nuevo, acudió al miedo para reclamar un mayor esfuerzo bélico a favor de Kiev: «Ucrania es parte de Europa y si Ucrania cae, la paz y la libertad de toda Europa estarán en peligro».
Es decir, Rusia, que no ha conseguido en casi cinco años de guerra apoderarse de la quinta parte de la región de Donetz, en el Donbás, si gana la guerra podría llegar con sus tanques a Berlín, según la histeria antirrusa que promueve Merz.
La guerra híbrida como excusa
El Gobierno alemán ha sido uno de los más activos en Europa en los últimos meses a la hora de acusar a Rusia de lanzar ataques híbridos, como ocurrió con el dron con explosivos en la pista del aeropuerto de Leipzig y que fue atribuido a los rusos, llevando a los germanos a rasgarse las vestiduras y propinar represalias diplomáticas contra Moscú.
Entre estos supuestos ataques híbridos ha habido de todo y siempre con el mismo objetivo de avivar el miedo a Rusia: drones que entran en el espacio de la OTAN y son clasificados como rusos aunque podrían pertenecer a cualquiera de los contendientes bélicos; el supuesto sabotaje de una fábrica de armas en Estonia; ese dron con explosivos del aeropuerto alemán (que no llegó a estallar y sobre cuyo origen hay muchas dudas); las violaciones puntuales del espacio aéreo europeo por cazas rusos (no se mencionan las protagonizadas por aviones de la OTAN en las fronteras rusas) o la ciberguerra y las campañas de desinformación de hackers localizados en Rusia.
Tales ciberataques y la propaganda que los acompañan nunca antes habían supuesto una amenaza existencial ni para los europeos ni para los rusos como parece ocurrir ahora. Durante la Guerra Fría, la confrontación entre Occidente y la Unión Soviética en materia de inteligencia era mucho más intensa que en estos momentos, y a nadie se le ocurría decir que había un riesgo inminente de invasión por ninguna de las partes.
Lavrov: Europa libra ya una guerra contra Rusia
La campaña antirrusa de la Unión Europea (UE) y Reino Unido, atribuyendo a Moscú una guerra híbrida como preámbulo de una invasión o de ataques a países de la OTAN, justifica para Bruselas y Londres la entrega de armas a Ucrania. Al tiempo, la guerra de Ucrania y la demonización de Rusia se han convertido en el motor de la carrera armamentística en Europa, aún a riesgo de llevar la pugna con Moscú a terrenos muy peligrosos.
Lo subrayó el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el martes pasado. Cuando se le preguntó sobre esta supuesta guerra híbrida, Lavrov recordó que quienes están suministrado drones y misiles a los ucranianos son la UE y el Reino Unido para atacar a las fuerzas rusas y al propio territorio ruso. «Se trata de una guerra que Europa libra contra nosotros», afirmó.
Más duro fue el subdirector del Consejo de Seguridad ruso y expresidente del país, Dmitri Medvédev, para quien los actuales líderes europeos son unos «rusófobos miopes» que están arrastrando a sus países a una guerra contra Rusia, explicó citado por la agencia EFE. El Kremlin niega que existan preparativos para afrontar un choque con Occidente, pero al tiempo entra en el juego de los propagandistas europeos y admite, como hizo Medvédev, que «las posibilidades de que el mundo se vea arrastrado a un nuevo conflicto son las más grandes desde 1945», cuando terminó la Segunda Guerra Mundial.
La agitación es evidente en las dos partes, europeos y rusos, y el tiempo corre en su contra. Los europeos quieren dejar bien atado al menos un mínimo respaldo popular a la carrera de armamentos en la que andan inmersos, y los rusos ven que la que preveían hace cuatro años y medio como una campaña rápida en Ucrania ha derivado en una guerra de posiciones y de desgaste humano y económico, sin grandes batallas y con victorias mínimas.
A Rusia se le acaba el tiempo, porque las armas y el dinero europeo que evita el colapso del Estado ucraniano están dando un golpe de timón hacia un tipo de guerra que el año pasado parecía que dominaba Moscú. Ahora la dañada economía de guerra rusa se las ve y se las desea para mantener al Ejército y no ceder posiciones en el frente del Donbás, donde en 2025 el avance era pausado, pero constante.
Estos días, Ucrania difunde por doquier el éxito de la operación «Vivaldi», que le ha permitido recuperar casi 180 kilómetros cuadrados en la región de Donetsk, una minucia territorial. La única realidad de esa victoria es que ha impedido a los rusos rodear las líneas ucranianas y dar el golpe definitivo para alcanzar las ciudades-bastión de Kramatorsk y Sloviansk, y completar la conquista de Donetsk, una de las condiciones que impone Moscú para sentarse a negociar la paz.
La sangría de combustible en Rusia
Que estas ciudades caigan en manos rusas puede ser cuestión de tiempo, con las tropas del Kremlin a diez kilómetros de Sloviansk. Por eso la presión europea crece con el armamento enviado a Kiev. Cuanto más combustible pierda Rusia, quemado por los drones ucranianos, más complicado les será desplazarse por tierra a las tropas del Kremlin.
Este miércoles, por ejemplo, el Gobierno ruso decidió mantener la prohibición de exportar diésel y otros tipos de gasóleo al menos durante un mes más. El desabastecimiento de ese combustible dentro de Rusia es notorio y se ha incrementado por los exitosos y cada vez más numerosos ataques ucranianos a refinerías y depósitos de hidrocarburos.
En Rusia está prohibido exportar combustible hasta el 31 de enero de 2027. Había excepciones en este mandato que afectaban a los productores de diésel, con una limitación hasta este miércoles. Ahora se extiende la prohibición, a fin de impedir un desabastecimiento para la maquinaria agrícola en medio de la cosecha, pero hay dudas de que vuelva a levantarse pronto esa suspensión. El comienzo de la guerra de Ucrania, en febrero de 2022, supuso un golpe para la exportación de diésel y ahora los ataques ucranianos a las refinerías han llevado a una caída sin parangón de la producción de ese combustible, del que Rusia era uno de los mayores exportadores internacionales. El primer mercado afectado fue el interno de Rusia, donde las colas en gasolineras subrayan ese déficit.
Los drones ucranianos llegan cada vez más lejos y ahora se ven reforzados tales bombardeos contra las instalaciones de combustible con los misiles balísticos británicos y franceses de largo alcance que abundan en los arsenales de Kiev. Tales éxitos son la vanagloria de quienes en Bruselas los ven como victorias europeas y, así, abogan por ejércitos más fuertes, aunque estén armados por Estados Unidos.
Ucrania como pretexto para blindar Europa
Esta semana, el Consejo de la UE aprobó los primeros cinco proyectos europeos de defensa de interés común (EDPCI), que promueven la cooperación intraeuropea para desarrollar iniciativas militares a gran escala. Entre las armas estrella que proyectan estos planes están los drones y los sistemas antidrones. Y en el ámbito defensivo, las baterías antimisiles, precisamente de las que adolecen tanto Ucrania como los propios europeos. Estos están aprendiendo mucho con su participación indirecta en la guerra de Ucrania, aunque saben que con ese apoyo han enfadado, y mucho, a los rusos.
En Bruselas se tiene constancia de que los 27 no pueden sostener por sí solos operaciones militares de alta intensidad en estos momentos, y que la defensa colectiva que antes garantizaba la OTAN está puesta en cuarentena por la incertidumbre con la que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha minado este bloque militar occidental.
Por eso, los países europeos creen que toca invertir mucho en defensa y a cualquier costo para cubrir las “grandes lagunas” que hay en ese sector, según reconoce Bruselas. Entre 2020 y 2025, el gasto en defensa de los países de la UE aumentó en un 80%, con el mayor porcentaje a partir de la invasión de Ucrania, especialmente en los últimos dos años, cuando la carrera armamentística europea se aceleró. Así, los presupuestos anuales colectivos pasaron de 262.000 millones de euros en 2022 a 418.000 millones en 2025, con 453.000 millones previstos para este año en curso. A la par, todos los miembros alcanzaban y superaban la meta del 2% del PIB destinado a defensa.
Según un estudio de Investigate Europe en el que participa Público, los miembros europeos de la OTAN prevén gastar 1,2 billones de euros en armas y equipamiento entre 2025 y 2030, es decir, el equivalente a seis años del presupuesto total de la UE
La guerra de Irán, donde EEUU ha gastado cantidades ingentes de misiles y munición de artillería, ha dejado los arsenales europeos también desprovistos de los stocks de ese tipo de armamento que compraban a empresas estadounidenses. Por eso, la apuesta es fabricar en Europa material militar aprovechando el impulso de la guerra de Ucrania, como campo de prueba, y la cooperación con Kiev.
Pese a la contienda, Ucrania es en estos momentos, exceptuando a Rusia, el país más militarizado y con más cantidad de armas de toda Europa. Alemania va de camino de precederle. De momento los alemanes apuestan por hacer de Ucrania su punta de lanza, con Rusia como diana. Es curioso que nadie en Europa (y menos aún en Berlín) parece recordar que esa superpotencia tiene el mayor arsenal nuclear del planeta.
*Analista especializado en temas internacionales.
