Por Diego Tudares* – Mundiario
La alianza trilateral que emula a la OTAN ha decidido activar por primera vez su acuerdo de defensa conjunta, mientras las fuerzas del Gobierno yemení recuperan posiciones frente a los hutíes y los rebeldes responden con ataques contra territorio saudí.
La guerra de Yemen acaba de adquirir una dimensión regional todavía mayor. Arabia Saudí, Turquía y Pakistán han decidido activar el pacto de defensa de La Meca, firmado en agosto, después de una escalada de ataques hutíes contra territorio saudí y de una nueva ofensiva de las fuerzas del Gobierno yemení contra las posiciones de los rebeldes.
La decisión fue adoptada el 5 de octubre en Riad durante una reunión extraordinaria de los responsables políticos, militares y de Defensa de los tres países. El comunicado conjunto establece que se pondrán en marcha de inmediato los compromisos de defensa colectiva y que se adoptarán las medidas necesarias para proporcionar las fuerzas y capacidades militares acordadas y permitir su rápido despliegue en Arabia Saudí.
Es un paso relevante porque, hasta ahora, el acuerdo era principalmente una declaración estratégica. Ahora empieza a convertirse en una estructura militar operativa.
El Acuerdo de Defensa de La Meca fue firmado el 7 de agosto por el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro paquistaní Shehbaz Sharif. Su principio fundamental es sencillo: un ataque armado contra uno de los tres países será considerado un ataque contra los tres, una fórmula que recuerda a la lógica del artículo 5 de la OTAN, aunque esto no significa que la alianza tenga una estructura idéntica ni que sus obligaciones militares sean automáticamente equivalentes.
El pacto pretende crear un mecanismo permanente de cooperación entre tres potencias musulmanas con capacidades militares muy diferentes: Arabia Saudí aporta recursos financieros, una importante fuerza aérea y una posición geográfica decisiva; Turquía dispone de una de las mayores fuerzas armadas de la OTAN y una industria militar cada vez más desarrollada; y Pakistán aporta una importante capacidad militar y es la única potencia nuclear de mayoría musulmana.
La reunión de Riad sirvió además para dar un paso hacia la institucionalización de la alianza. Los tres países nombraron al teniente general paquistaní retirado Nauman Mahmud como primer secretario general durante un mandato de tres años. El objetivo, por tanto, no parece limitarse a responder a la crisis actual de Yemen. La activación del pacto puede convertirse en el primer ensayo real de una nueva arquitectura de seguridad regional.
¿Por qué se activa ahora?
Durante septiembre, los hutíes consiguieron avanzar por sectores de la costa occidental y amenazar áreas próximas al estratégico estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén. El Gobierno yemení, respaldado por Arabia Saudí, lanzó posteriormente una ofensiva para recuperar el territorio perdido.
Las fuerzas gubernamentales han asegurado haber recuperado Moca, Dhubab y posiciones próximas a Bab el Mandeb. Sin embargo, los hutíes niegan algunas de esas pérdidas y sostienen que continúan controlando importantes posiciones. Reuters y otros medios han señalado que la extensión exacta de las ganancias territoriales todavía no ha podido verificarse completamente de manera independiente.
La importancia de Bab el Mandeb explica buena parte de la intensidad de la batalla. Es una de las grandes rutas marítimas internacionales y su seguridad afecta al tráfico comercial entre el Mediterráneo, el océano Índico y Asia. Arabia Saudí, además, está recibiendo ataques que los hutíes reivindican contra aeropuertos, instalaciones energéticas y objetivos militares. Las autoridades saudíes han confirmado ataques contra los aeropuertos de Jizán y Najrán que dejaron tres heridos, aunque Riad no ha confirmado todas las reivindicaciones efectuadas por los rebeldes.
El comunicado habla de proporcionar las «fuerzas y capacidades militares acordadas» y de garantizar su «rápido despliegue» en Arabia Saudí. Pero no especifica cuántos soldados serán enviados, qué unidades participarán, qué armamento utilizarán ni cuál será exactamente su misión. Por ejemplo, una cosa es desplegar sistemas de defensa aérea, aviones, personal de inteligencia, vigilancia, logística o entrenamiento para proteger Arabia Saudí. Otra muy distinta es enviar unidades terrestres a Yemen para combatir directamente a los hutíes.
De hecho, diversos análisis publicados tras el anuncio, como los del The Indian Express, apuntan a que Turquía y Pakistán podrían limitar inicialmente su participación a funciones de apoyo y defensa, evitando una implicación directa en operaciones ofensivas. En el caso turco existe además una cuestión política y jurídica relevante: el Parlamento de Turquía todavía debe ratificar el acuerdo de defensa, por lo que el margen de Ankara para determinadas formas de despliegue no es idéntico al de Arabia Saudí.
Desde el punto de vista militar, el objetivo inmediato es elevar el coste de cualquier ataque hutí contra Arabia Saudí. Si los rebeldes saben que una agresión puede desencadenar una respuesta no sólo saudí, sino también turca y paquistaní, el cálculo estratégico cambia. Es la lógica clásica de la disuasión.
El ministro de Defensa saudí, Khalid bin Salman, habló precisamente de reforzar las «medidas colectivas de disuasión». La alianza también condenó los ataques contra ciudades e instalaciones civiles y económicas saudíes y, especialmente, los intentos de alcanzar La Meca y Medina. El comunicado no menciona expresamente a los hutíes, pero el contexto deja pocas dudas sobre cuál es la amenaza inmediata que ha provocado la reunión.
El verdadero punto de inflexión: Bab el Mandeb
El Gobierno yemení quiere recuperar la costa del mar Rojo y, especialmente, consolidar el control de Bab el Mandeb. Los hutíes, por su parte, necesitan mantener una posición que les permita presionar sobre las rutas marítimas y sobre sus adversarios regionales.
La batalla por Moca es especialmente importante porque puede convertirse en una plataforma para futuras operaciones gubernamentales hacia el norte. Pero los hutíes mantienen capacidad de resistencia y han demostrado que pueden trasladar el conflicto fuera de Yemen mediante misiles y drones.
Arabia Saudí ya está proporcionando apoyo aéreo considerable a la ofensiva. Según la coalición, alrededor de un centenar de aviones participan en las operaciones. Eso significa que la guerra no está comenzando de nuevo: Riad ya está directamente implicado y la activación del pacto amplía el círculo de socios disponibles para sostener esa estrategia.
La dificultad es que los hutíes pueden interpretar el despliegue de otra manera. Para ellos, Turquía y Pakistán podrían pasar de ser actores externos a formar parte del bloque que respalda a Riad y al Gobierno yemení.
La guerra, además, ya está teniendo un coste humano considerable. La Organización Internacional para las Migraciones calcula que más de 184.000 personas han sido desplazadas por la reciente escalada, mientras la OMS ha advertido del deterioro de un sistema sanitario yemení sometido a una presión extrema.
Por eso, la importancia del pacto de La Meca no reside únicamente en cuántos soldados lleguen a Arabia Saudí. Su verdadera relevancia está en que por primera vez una alianza creada en agosto ha pasado del papel a la preparación militar efectiva.
*Abogado egresado de la URBE, aficionado a la política internacional, a los derechos humanos y al medioambiente.
