Por Miguel Urbán –Público.es
Este martes 6 de febrero se cumplen cuatro años de la muerte de quince personas que intentaban alcanzar a nado la costa española en la playa de Tarajal, Ceuta. Quince personas que murieron fruto de una actuación policial, desproporcionada e ilegal. Porque lo que ocurrió en Tarajal no sólo es una tragedia humanitaria, es una consecuencia directa de nuestras políticas migratorias y de control de fronteras. Lo ocurrido aquel 6 de febrero es particularmente grave, por el precedente de impunidad creado.
La estrategia de la disuasión es algo real en las Fronteras europeas, y la tragedia de Tarajal es un ejemplo de la misma. Consiste en ampliar los riesgos para aquellas personas que cruzan la frontera de tal forma que se disuada a quienes lo intenten en un futuro. Así lo afirmaba la alcaldesa de la isla de Lampedusa, Giusy Nicolini, al hablar de las muertes en el Mediterráneo: “estoy cada vez más convencida de que la política europea sobre inmigración considera este tributo de vidas un modo para calmar los flujos, para lograr una especie de efecto disuasorio”.
De hecho, las muertes en el Mediterráneo y los refugiados agolpados durante ya casi dos años en paupérrimos campos en Grecia trasmiten una imagen bien distinta a las estadísticas o los números de acogida que demuestran que apenas hemos recibido una ínfima parte de los desplazados forzosos en el mundo. Pero realmente la imagen mostrada de una Europa superada o desbordada ante la llegada de refugiados y migrantes ha supuesto una coartada perfecta para legitimar la consolidación de las políticas migratorias de la Europa Fortaleza.
Consiguiendo que el mensaje dominante en Europa, haya pasado del “Refugees welcome”, al “Do not come to Europe “, expresado por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Respondiendo a uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la UE en los últimos tiempo, con una combinación inédita de neoliberalismo y xenofobia, un fortalecimiento de todas las políticas securitarias y de externalización de fronteras, del que el acuerdo EU-Turquía es uno de sus mayores exponentes. Y donde la llamada solución “Libia” a las muertes en el Mediterráneo pretende ser una nueva vuelta de tuerca no solo con la externalización de las fronteras sino también con la gestión extraterritorial de los centros de internamiento adaptando el modelo europeo al sistema australiano de gestión de fronteras con la imagen de la “marca España” de concertinas, devoluciones en caliente y muertes en frontera.
Una especie de “populismo de las vallas” recorre Europa, no sólo como un elemento eficaz de propaganda política inmediata que permite visibilizar el “trabajo” concreto de los gobiernos sobre la migración. Sino también como un potente instrumento simbólico a la hora de construir un imaginario de exclusión entre la “comunidad” y los “extranjeros”, tan antiguo como recurrente en la historia. Porque los muros no se construyen solo con cemento y concertinas, sino sobre el miedo al otro, a lo desconocido, contribuyendo a agrandar así la brecha entre ellos y nosotros. La estigmatización de la población migrante ha sido un elemento fundamental para trazar una frontera entre quienes deben ser protegidos, y quienes pueden ser y efectivamente resultan excluidos de cualquier protección. Una coartada sobre la que construir y sostener el consenso sobre el que se asienta y pivota todo el dispositivo de control de fronteras que conforma la actual Europa Fortaleza.
De esta forma, la criminalización de la población migrante no es sólo producto de una extrema derecha en auge o de unos cuantos políticos irresponsables, sino que es la consecuencia de una política institucional, de guante blanco, consciente y planificada, que persigue una degradación de la protección jurídica y social del migrante. Porque la Europa Fortaleza se construye sobre vallas, muros y concertinas, pero también se nutre de una masa de trabajadores y trabajadoras precarias, sin derechos y que además son vistos como una amenaza por las clases populares. La guerra entre pobres, la competencia a la baja, la lucha entre el último y el penúltimo. Un “no hay suficiente para todos” generalizado, que fomenta mecanismos de exclusión que Habermas definía como característicos de un “chovinismo del bienestar” y que concentran la tensión latente entre el estatuto de ciudadanía y la identidad nacional.
En este sentido, se consigue que el malestar social y la polarización política provocadas por las políticas de escasez se canalicen a través de su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o simplemente el “otro”), eximiendo así a las élites políticas y económicas, responsables reales del expolio. Porque si “no hay para todos”, entonces sobra gente: “no cabemos todos”. La delgada línea que conecta el imaginario de la austeridad con el de la exclusión.
Paralelamente, no deja de incrementar la criminalización de las ONGs, así como de la ayuda humanitaria. Los ejemplos son innumerables: Helena Maleno, Proactiva Open Arms, Proemaid, MSF, entre otros. Mientras en los despachos de Bruselas, ¡hasta se legisla esta criminalización! Numerosas ONGs han pedido la modificación de la Directiva 2002/090/EC por su ambigüedad al definir tráfico de personas, no en vano, FRONTEX ya acusó a las ONGs de colaborar con las mafias en un ejercicio nauseabundo de demagogia institucional, como si les preocupan más los testigos incómodos que las muertes en el Mediterráneo.
Siempre hubo víctimas de primera y de segunda. Siempre hemos luchado y seguiremos luchando para acabar con esa distinción. Justicia, Verdad, reparación y no repetición son los cuatro pilares básicos para dignificar la memoria de las víctimas. “La gran mayoría de las víctimas de las fronteras y sus familias no son reconocidas como tales por las instituciones europeas, muchas de ellas permanecen desaparecidas, algunas sufrieron desapariciones forzosas en los contextos fronterizos. Reconocer de facto su situación como víctimas y familiares de víctimas es un primer paso para arrojar luz en estas tragedias humanas” dice el manifiesto que suscribimos para que el 6 de febrero sea reconocido como Día Europeo de las Víctimas de las Fronteras. Un día para recordar a las víctimas, pero sobre todo un día para trabajar por cambiar las políticas migratorias europeas y que no tengamos que lamentar más víctimas de fronteras. 6 febrero, 2018
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ANEXO:
Estos son algunos de los testigos de las muertes de Ceuta que la justicia no ha escuchado
Gabriela Sánchez – Eldiario.es
La ONG CEAR, que acaba de recurrir la causa, ha localizado un nuevo testigo de los hechos: se llama Hervé y reside en España
«Un guardia civil disparó a bocajarro a los que estaban en el agua», dice el joven camerunés, que había mantenido silencio hasta ahora
Muchos supervivientes cuentan prácticamente lo mismo, pero ninguno ha sido escuchado por el juzgado antes de cerrar el caso de El Tarajal
Estos son algunos de los testigos de las muertes de Ceuta que la justicia no ha escuchado
La ONG CEAR, que acaba de recurrir la causa, ha localizado un nuevo testigo de los hechos: se llama Hervé y reside en España
«Un guardia civil disparó a bocajarro a los que estaban en el agua», dice el joven camerunés, que había mantenido silencio hasta ahora
Muchos supervivientes cuentan prácticamente lo mismo, pero ninguno ha sido escuchado por el juzgado antes de cerrar el caso de El Tarajal
Hervé ha mantenido silencio durante casi cuatro años. Aunque no podía quitársela de la cabeza, evitaba mencionar aquella mañana del 6 de febrero de 2014, pero hoy ha decidido dar un paso adelante: «Quiero hablar de esta historia porque todavía veo los cuerpos ahogados tumbados en la playa», admite entre lágrimas contenidas. «Si lo hago, es por ellos. No es por mí». Por las 14 personas fallecidas entre pelotas de goma y botes de humo lanzadas por la Guardia Civil en las aguas fronterizas del Tarajal.
También le empuja la incomprensión ante el reciente archivo de la causa que investigaba la muerte de sus amigos. «He estado perturbado porque no entiendo cómo una historia tan importante, que nos afecta tanto, puede ser tan despreciada», sostiene Hervé en un nuevo testimonio recogido por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), que ha registrado recientemente el recurso al carpetazo del caso, cerrado sin que hayan comparecido aún testigos de los hechos.
El juzgado encargado de la investigación ha dado una vez más carpetazo la causa sin escuchar a quienes vieron y sufrieron lo ocurrido. La voz de supervivientes como Hervé; o como Iker, Charles o Aiman (nombres ficticios), que dieron la alerta de los sucedido hace cuatro años, no han formado parte de la investigación.
Este último testimonio sigue la misma línea de los que permitieron desmontar buena parte de las primeras versiones oficiales sobre la actuación de la Guardia Civil. Los agentes españoles utilizaron pelotas de goma y botes de humo hacia el agua para evitar su entrada y, aseguran, esa fue la causa de la muerte de sus compañeros.
El relato de Hervé
«Salimos aquella mañana alrededor de las cinco, para intentar pasar a Europa vía Ceuta y, cuando ya se veía el agua, había dos agentes de la Guardia Civil de España. Uno en el mirador y otro que patrullaba en la parte baja», describe Hervé, quien ahora ya vive en España.
Recuerda la angustia desatada en el agua tras el lanzamiento de botes de humo por parte de los agentes españoles. «Cuando llegamos, nos lanzamos al agua, y el agente que estaba abajo comenzó a lanzar gas lacrimógeno. Comenzó a hacer espuma en el agua y ahogó a muchos de mis acompañantes», detalla el superviviente. «Este (guardia civil) disparó a bocajarro a los que estaban en el agua».
Tras intentarlo «más de 50 veces», Hervé logró llegar a España en patera en abril de 2015. Por aquel entonces, Iker (nombre ficticio) otro de los supervivientes, ya se había asentado en Alemania, después de alcanzar las costas andaluzas años después.
El testimonio recogido entonces con eldiario.es, coincide con las palabras de Hervé: «No fue el agua. Fue el gas lo que mató a muchos de mis compañeros», aseguraba Iker en una entrevista con eldiario.es. El joven, también camerunés, describía los efectos que él mismo sintió en su propia piel.
«Estaba aturdido en las rocas, cuando los agentes marroquíes me rescataron. Me llevaron a la orilla marroquí, me pusieron una botella en la cabeza y vomité. Lo que vomité era espuma. No era el agua. Era el gas. Ese que mató a mucho de mis amigos», indicó.
Como habían indicado ya decenas de supervivientes, Hervé asegura que la Guardia Civil lanzaba el material antidisturbios «hacia» las personas que trataban de nadar hacia el lado español. «Estábamos en el agua y el policía [guardia civil] estaba a un metro y medio de altura por encima nuestro. De manera que nos veía bien y disparaba a bocajarro», continúa Hervé, cuatro años después. «No disparaban al azar, disparaban a nuestros flotadores», señalaba hace cuatro años Iker.
Sus peticiones de auxilio fueron ignoradas, relata. «Gritábamos desde el agua, gritábamos por socorro, y entonces la guardia civil se acercaba. Y pensamos: ‘Está bien, vienen a salvarnos’. Pero me di cuenta que desde la embarcación estaban golpeando a los que estaban más cerca», asegura el joven camerunés.
Esta información no ha sido confirmada, pero son varios los supervivientes de la tragedia que han mencionado golpes de los agentes españoles desde la patrullera de la Guardia Civil ubicada entre aguas españolas y marroquíes. El Instituto Armado lo niega y asegura que el uso de material antidisturbios fue en todo momento «con un objetivo disuasorio».
La falta de auxilio que aún hoy recuerda Hervé con frustración c oincide con las imágenes oficiales y la versión de la Guardia Civil. En un informe del Instituto Armado registrado en el juzgado de instrucción número 6 de Ceuta, los agentes implicados en la actuación policial reconocían que no realizaron labores de socorro hasta que «ya casi no quedaban inmigrantes en el agua». Los vídeos aportados por Interior lo confirmaba.
«Nos dimos cuenta de que había cinco muertos, cinco cuerpos que flotaban en el agua», desarrolla el testigo. «Mis compañeros que sabían nadar bien entraron a recoger los cuerpos y los tendieron en la playa». A su llegada a la orilla, se dieron cuenta de que el número de desaparecidos era mayor.
«Sucedió de noche y no sabíamos quién era quién hasta la mañana siguiente. Es cuando intentamos hacer balance y nos dimos cuenta de que más personas habían desaparecido. Seguramente el agua les debió llevar muy lejos», señala.
En memoria de las vidas que se secaron en las aguas fronterizas, Hervé ha decidido contar su versión de los hechos frente a una cámara. Sin tapar su rostro, sin ocultar su verdadero nombre. A pesar de los riesgos derivados de su situación como solicitante de protección internacional, cuya petición aún se encuentra de la respuesta gubernamental, el joven camerunés relata con valentía el traumático episodio.
«Por ahora me siento un poco mejor al testificar, es como si fuese un homenaje para ellos lo que estoy haciendo porque pienso que con la justicia tal vez pueda reparar a los padres. Porque las familias esperan algo, una carta de misericordia, una carta pidiendo perdón», insiste el joven.
Dos testigos en Alemania, ignorados por la jueza
El último carpetazo de las muertes del Tarajal ha llegado sin finalizar las actuaciones solicitadas por la acusación popular. Una de ellas era, precisamente, la declaración de los supervivientes de la tragedia. Dos de ellos habían sido localizados por la asociación Observatori DESC y estaban dispuestos a declarar pero la magistrado ha descartado su comparecencia. Una de las razones aportadas ha sido su «situación irregular» en Alemania, el país en el que residen. Este trápite podría efectuarse a través de videoconferencia, recuerda las ONG.
Desde CEAR consideran que la decisión del archivo «cierra en falso el procedimiento, negando la posibilidad de nuevas pruebas y testimonios». En la misma línea, Patricia Fernández, abogada de coordinadora de Barrios, considera que los argumentos de la magistrada «no están sujetos a derecho».
«Lo que te da derecho a ser testigo es haber visto u oído algo, no tu situación administrativa», sostiene Fernández. «Se puede hacer por vídeoconferencia, pero también se puede emitir un visado para que viaje a España… En España hay muchas causas en las que declaran, como testigos o víctimas, personas en situación irregular».
Hervé, además de hablar por las víctimas, también lo hace en nombre sus familias. «Yo creo que esto es para los padres que perdieron a sus hijos en esa playa. Creo que esperan una carta de perdón por parte de España, porque a sus hijos ya los perdieron. Unas palabras pueden consolarles. Y lo que quiero es que se haga justicia a nivel policial», añade el joven camerunés, de 26 años.
«Simplemente eso», concluye. «Que se haga justicia, ¿Qué más puedo hacer yo?», se pregunta resignado. «Ellos ya están muertos».
