Si los informadores no pueden trabajar de manera libre y segura, las fuerzas antidemocráticas prosperarán
Los brutales asesinatos de los periodistas de investigación Daphne Caruana Galizia y Jan Kuciak nos recuerdan trágicamente que Europa sigue siendo un lugar peligroso para los periodistas. La manera en que los Estados europeos respondan a estos asesinatos moldeará no solo el futuro de la prensa, sino también el de nuestras democracias.
Basta echar un vistazo a los datos disponibles para comprender la gravedad de la situación. Solamente en los últimos doce meses, seis periodistas fueron asesinados, la mitad de ellos en la Unión Europea. Desde 1992, más de 150 periodistas han sido asesinados en nuestro continente, uno cada dos meses. Algunos cubrían guerras, pero la mayoría fueron asesinados mientras trataban de iluminar los rincones oscuros donde confluyen la corrupción, el crimen y la política. Muchos de ellos solicitaron protección policial, pero las autoridades estatales ignoraron dichas solicitudes.
Si los asesinatos representan la forma más extrema y más visible de silenciar a los periodistas, existen también otras amenazas perniciosas y menos notorias que afectan igualmente las libertades y la seguridad de los periodistas en Europa. Un informe publicado recientemente por el Index on Censorship y la Federación Europea de Periodistas muestra que 220 periodistas fueron detenidos o arrestados en 2017 y que hubo más de 1000 casos de limitaciones a la libertad de prensa, a menudo a manos de agentes estatales. Desde 2015, el Consejo de Europa ha recibido más de 160 alertas de ataques, acoso e intimidación contra periodistas y una encuesta de 2017 muestra que muchos periodistas recurren a la autocensura para evitar problemas.
Esta atmósfera tóxica envenena la democracia. Los ataques contra periodistas, ya sean destacados reporteros de investigación o freelances precarios, van siempre más allá del caso individual y nos conciernen a todos. Si los periodistas no pueden trabajar de manera libre y segura, se hace más difícil el poder sacar a la luz las violaciones de los derechos humanos, la corrupción o el abuso de poder. El público recibe menos información de la que necesita para participar activamente en el proceso de toma de decisiones. Y las fuerzas antidemocráticas prosperan.
Es por eso que la libertad de prensa constituye un derecho humano bien asentado en los tratados internacionales, las leyes nacionales y las constituciones. Tal y como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha subrayado en varias de sus sentencias, los Estados tienen la obligación de defenderlo y de proteger la vida de los periodistas. En caso de que no la protejan, los Estados siguen teniendo la obligación de llevar a cabo investigaciones efectivas sobre los homicidios y castigar a los culpables.
Lamentablemente, los Estados europeos muy a menudo no cumplen con dichas obligaciones.
Tomemos como ejemplo las investigaciones de los crímenes contra periodistas. A menudo se prolongan durante años y, aunque a veces se lleva ante la justicia a los culpables materiales, raramente se castiga a los inductores de tales crímenes. Tal fracaso inflige un dolor adicional a los periodistas y a sus familias y fomenta una sensación de impunidad que allana el camino para nuevos ataques contra periodistas.
En el mejor de los casos, muchos políticos permanecen indiferentes ante las amenazas a los periodistas. Deben proteger la libertad de prensa, no enterrarla
Si a los Estados les preocupa la democracia y el Estado de derecho, deben volverse más serios en la implementación de los estándares de derechos humanos que han adoptado sobre la seguridad de los periodistas y otros actores de los medios de comunicación. Deben pasar a la acción.
Un punto de partida es la recomendación que los 47 Estados miembros del Consejo de Europa —que incluyen a todos los países de la UE— firmaron en 2016. El texto proporciona medidas concretas para cumplir con el deber de los Estados de proteger la vida de los periodistas y poner fin a la impunidad de los crímenes cometidos contra ellos.
Tres son las medidas que considero que los Estados pueden y deben adoptar a corto plazo.
En primer lugar, garantizar la protección. La policía y los agentes del orden público no deben pasar por alto las amenazas contra los periodistas ni descuidar las solicitudes de protección. Algunos países cuentan con una buena experiencia sobre cómo garantizar la protección policial y deben compartirla con los demás. El aumento de la cooperación con organizaciones internacionales, organizaciones de periodistas y observatorios independientes sobre la violencia contra periodistas también ayudaría a aumentar la capacidad de los Estados para proteger a los periodistas en una primera etapa.
En segundo lugar, terminar con la impunidad. La policía y el poder judicial deben poder investigar todos los casos de violencia contra periodistas, incluidos los que involucran a agentes estatales, y enjuiciar a los perpetradores. Esto requiere una fuerza policial bien entrenada y efectiva, y un poder judicial verdaderamente independiente, libre de influencia política y capaz de perseguir a las más altas esferas del Estado si es necesario.
En tercer lugar, cambiar la legislación. El legislador debe adoptar leyes que protejan a los periodistas y que los defiendan contra presiones indebidas. Con respeto a la difamación, se debería despenalizar por completo, prever solo sanciones civiles proporcionadas y penalizar a quienes abusen de las denuncias por difamación para silenciar a los periodistas. Además, las leyes que abordan la desinformación, el terrorismo o las cuestiones de seguridad no deben limitar las libertades y la seguridad de los periodistas.
Estas medidas son posibles en la medida en que haya voluntad política. Y aquí llegamos al meollo de la cuestión. En el mejor de los casos, muchos políticos permanecen indiferentes ante las amenazas a los periodistas. En el peor, instigan la violencia e infunden desconfianza hacia la prensa. Esta actitud hostil debe cambiar: los políticos deben proteger la libertad de prensa, no enterrarla.
Los asesinatos de Daphne Caruana Galizia, Jan Kuciak y muchos otros periodistas no fueron fruto del azar, sino que se debieron a deficiencias estructurales en las instituciones del Estado que deberían haberlos protegido. Esta situación pone en peligro tanto a los periodistas como a la democracia. Ya es hora de que los Estados lo reconozcan y garanticen la seguridad de los periodistas y del resto actores de los medios de comunicación.
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*Dunja Mijatović es comisaria del Consejo de Europa para los Derechos Humanos. En sección Tribuna de El País, 03.05.18
Anexo1:
Prensa libre bajo acoso creciente de gobernantes
Por Will Higginbotham
NACIONES UNIDAS, may 2018 (IPS) – Impulsados por líderes como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cada vez más gobernantes fomentan ataques contra la prensa, lo que dificulta el trabajo de los periodistas en todo el mundo.
Esa fue la conclusión de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF), que analiza la situación de los medios en 180 países.
En la presentación del informe, el secretario general de RSF, Christopher Deloire, reflexionó sobre la erosión de uno de los más preciados principios de las sociedades libres: la libertad de prensa.
“El despliegue del odio hacia los periodistas es una de las peores amenazas a las democracias. Disputar la legitimidad del periodismo en la actualidad es jugar con un fuego político extremadamente peligroso”, alertó Deloire.
Estados Unidos está peor
Según el informe de RSF, Estados Unidos es parcialmente responsable de la decadencia de la imagen de los medios en el mundo.
El informe subraya el impacto que ha tenido el eslogan de “noticias falsas” de Trump, una referencia empleada por el presidente estadounidense para desacreditar y tratar de desmentir la información de prensa.
Las “noticias falsas” de Trump sin duda han tenido un impacto mundial.
“Los gobernantes de países tanto democráticos como autoritarios aprovecharon para tildar de noticia falsa o de maniobra de desinformación a toda cobertura crítica”, dijo a IPS la directora para América del Norte de RSF, Margaux Ewen.
El método de Trump de desacreditar a la prensa fue adoptado por numerosos gobernantes, concluye el informe.
“Cada vez más gobernantes elegidos democráticamente ya no ven a los medios como un elemento esencial de la democracia, sino como un adversario. El propio Trump dijo que los periodistas eran “enemigos del pueblo”, recordó Ewen.
“Es triste que Estados Unidos, considerado un faro brillante en materia de libertad de prensa y democracia, deje de ser un modelo”, continuó.
No llama la atención que en la clasificación de este año, Estados Unidos haya caído al lugar 45, dos más abajo que en 2017.
Europa “no es perfecta”
Suecia y Noruega mantienen uno de los entornos más libres para la prensa. Sin embargo, la región tiene más países donde empeoró la situación que cualquier otro continente.
Naciones europeas como Malta, Eslovaquia, República Checa y Serbia cayeron de forma considerable.
“Con el auge de líderes populistas y hombres autoritarios, la tendencia a la baja probablemente continúe”, alerta el informe.
El asesinato de conocidos periodistas, como Daphne Galizina, en Malta, y Jan Kuciak, en Eslovaquia, se atribuye a esa caída en la clasificación.
El informe subraya varios casos en que los países están peor debido a líderes autoritarios.
Por ejemplo, Filipinas descendió al lugar 133 en gran parte debido al presidente Rodrigo Duterte, quien suele justificar públicamente el asesinato de periodistas.
El año pasado, cuatro periodistas fueron asesinados realizando su trabajo, lo que le valió ser considerado el país más peligroso de Asia para ser ejercer la profesión.
Turquía también cayó en la clasificación de este año al lugar 157. Su presidente Recep Tayyip Erdogan hace tiempo que desprecia a los medios de prensa.
Y ese país tiene más periodistas presos en la actualidad que ningún otro estado del mundo.
Asimismo, Eritrea quedó al final de la clasificación. El informe señala que los medios están sujetos a los caprichos del presidente Isaias Aferworki, responsable del deterioro de los derechos humanos y de las libertades, en general.
Tras cuestionar las tendencias autoritarias del gobierno, el periodista sueco-eritreo Dawit Isaak fue fue a la cárcel en 2001, donde permanece desde entonces, sin haber comparecido nunca ante un juez.
Desde entonces, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reclama su liberación.
Hace poco RSF envió un informe a la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos expresando su preocupación por la situación de la libertad de prensa en esa nación de África oriental.
A pesar de eso, la organización concluyó que, en general, la libertad de prensa en África mejoró, aunque todavía hay grandes diferencias de un país a otro.
Ewen reconoció que no son muchas las conclusiones positivas del informe, aunque destacó como elemento positivo la futura designación de un representante especial de la ONU para la prensa.
“Eso quiere decir que podremos coordinar de inmediato esfuerzos internacionales para la prensa cuando haya un periodista en peligro. RSF promueve eso desde hace unos años, junto con unas 130 organizaciones no gubernamentales y medios de prensa”, comentó Ewen a IPS.
“Es algo a lo que podemos aspirar”, destacó.
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Anexo 2:
Día de la Libertad de Prensa: 8 noticias que cambiaron el mundo, según Twitter
TKM
El caso Watergate, Panama Papers y las revelaciones sobre los abusos de Harvey Weinstein son algunos ejemplos de periodismo de investigación.
Este jueves 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Este día, que se celebra desde 1993, fue proclamado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), con el objetivo de “fomentar la libertad de prensa en el mundo al reconocer que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.
Hoy, los hashtags #PeriodismoprofesionalSI y #LibertadDePrensa se convirtieron en tendencia en Twitter. A su vez, la red social destacó las investigaciones periodísticas que cambiaron el mundo.
A continuación, las 8 noticias más destacadas:
1- Caso Watergate
Cinco hombres fueron detenidos en el complejo Watergate en Washington durante una madrugada de 1972. Estaban intentando robar documentos de la sede en la sede principal del Partido Demócrata.
Uno de los detenidos fue James McCord Jr, el jefe de seguridad del comité para la reelección del entonces presidente, Richard Nixon.
En principio, el escándalo no influyó en Nixon, quien fue reelecto, tras la competencia con su rival demócrata, George McGovern. Pero meses después, los investigadores y periodistas reconstruyeron los detalles y apuntaron directamente contra la Casa Blanca.
El Wahsington Post con la ayuda de Garganta Profunda, su fuente, publicó una serie de artículos sobre este escándalo. Esto impulsó al Senado a tomar cartas en el asunto.
Finalmente, salieron a la luz cientos de grabaciones de escuchas ilegales, funcionarios del gobierno fueron condenados por estar relacionados al caso Watergate y todo terminó con la renuncia de Nixon, el 9 de agosto de 1974.
2- Panama Papers
Se trató de una investigación que destapó el funcionamiento del despacho de Mossack Fonseca, donde acudían distintos políticos, futbolistas, actores y famosos para gestionar sociedades y guardar sus fortunas.
Entre los implicados, estuvieron: Mauricio Macri, el presidente de Ucrania, amigos de Vladimir Putín, familiares del primer ministro británico y el asistente de los Kirchner. En total, fueron más de 128 políticos y 61 familiares o socios.
3- Nelly Bly
Se infiltró en un centro psiquiátrico durante diez días, en 1887, exponiendo el grado de maltrato y las torturas sistemáticas que recibían los enfermos. Consiguió romper tabúes de los “manicomios” y mejorar su situación después de varios juicios.
4- Caso Harvey Weinstein
En octubre de 2017 el New York Times publicó distintas entrevistas a mujeres que habían sido abusadas y acosadas por el famoso productor Harvey Weinstein. A raíz de esto, muchas otras actrices se animaron a hablar y a contar sus experiencias.
Gwyneth Paltrow, Cara Delevingne, Ashley Judd y Angelina Jolie fueron algunas de las actrices que contaron sus experiencias.
Este año, The New York Times y el New Yorker fueron premiados con el premio Pulitzer por haber destapado a los “depredadores sexuales ricos y poderosos, incluyendo a uno de los productores más inluyentes de Hollywood”.
5- Svetlana Alexiévich
La periodista y escritora bielorrusa le dio voz, en 1997, a víctimas que fueron silenciadas tras la catástrofe de Chernóbil.
A su vez, denunció la corrupción y las negligencias que se efectuaron en Pripyat. En 2015 ganó el premio Nobel de Literatura gracias a “Voces de Chernobyl”.
6- Sunday Times- Talidomida
En 1961, el Sunday Times reveló los efectos de la talidomida, un fármaco recetado a embarazadas para aliviar las náuseas. La farmacéutica Grünenthal causó malformaciones en más de 12.000 chicos europeos.
A raíz de esto, la empresa tuvo que indemnizar a parte de las víctimas.
7- Wilfred Burchett
El periodista australiano fue el primero en visitar Hiroshima tras el lanzamiento de la bomba atómica. Él contradijo la versión oficial, que negaba la radioactividad: “Mueren personas que no resultaron heridas por el cataclismo, debido a algo desconocido que sólo puedo describir como peste atómica”, aseguró.
8- Katharine Graham
La periodista y editora estadounidense del diario Washington Post reconstruyó el diario en quiebra que su papá había comprado en una subasta y lo convirtió en el conglomerado mediático que incluye desde alianzas con Microsoft hasta servicios de televisión por cable.
