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Nuevo plan de colonización y limpieza étnica en Gaza

Por Alejandro López* – Diario Red 

Gaza, la prisión al aire libre más grande del mundo, cada vez pasa a ser más angosta y precaria en torno a puntos de concentración donde Israel fomenta la limpieza étnica de los palestinos.

Ya hay nuevo plan para Gaza. Israel no para de elaborar operaciones que plantear según el presidente estadounidense, Donald Trump, abra la ventana de atención para Israel. Y esta vez esa ventana podría ser favorable para nuevas expulsiones de palestinos. El gobierno israelí está buscando profundizar con su campaña militar en aspectos como la colonización, la anexión y la limpieza étnica de distintos territorios de Palestina.

El gobierno israelí de Benjamin Netanyahu ha delineado, a través de su ministro de Defensa, Israel Katz, el que será su próximo paso en la Franja de Gaza. El ejército israelí y el Ministerio de Defensa han desarrollado un plan para la construcción de una nueva “ciudad humanitaria” en la localización donde antiguamente se encontraba la ciudad de Rafah.

La destrucción de la ciudad sureña implicó, como en tantos puntos de la franja, la acumulación de ruinas en una zona donde Israel había asegurado que los palestinos se encontrarían seguros. Según el Ministerio de Defensa, la idea sigue siendo desplazar a la población gazatí hacia el sur de la Franja de Gaza. Se han comentado cifras que van desde más de medio millón de personas hasta algo menos de un millón como margen estimado para el desplazamiento humano.

Israel se mueve siempre dentro de la idea de que forzar a la población a moverse de sus hogares bajo el fuego israelí puede ser considerado “emigración voluntaria” para evitar la connotación que un desplazamiento forzoso tendría en torno a las acusaciones de limpieza étnica contra los palestinos.

La posibilidad de reubicar a estos palestinos en esta eventual localidad sigue las mismas lógicas que la creación de la Fundación Humanitaria de Gaza, controlar desde Tel Aviv las dinámicas humanas. Si es Israel quien reparte la ayuda, es viable eliminar a las organizaciones extranjeras, palestinas o incluso de la ONU como la UNRWA que además apoyan el derecho el retorno de los palestinos a su tierra.

Siguiendo ese razonamiento, reubicar a los palestinos en lo que surja de las ruinas de Rafah, presumiblemente más precario que la ciudad previa a la invasión, permitirá a Israel limpiar el norte de la Franja de Gaza y así proceder con la colonización de manera más sencilla.

Asimismo, el objetivo de limpieza étnica, salvo cuando se pasa por el asesinato directo, requiere de un desplazamiento hacia la única frontera terrestre por la que podrían salir los palestinos. No sería la primera vez que Israel ofrece a los heridos un alivio humanitario en el extranjero bajo la condición forzada de que renuncie a su retorno a Gaza.

En principio el plan apostaría por desplazar a los palestinos de la costa, después de asegurarse de que no puedan moverse operativos de Hamás. Y tal y como se ha comentado, Israel no permitiría abandonar el área anunciada. Gaza, la prisión al aire libre más grande del mundo, cada vez pasa a ser más angosta y precaria en torno a puntos de concentración donde Israel fomenta la limpieza étnica de los palestinos.

El plan del gobierno prevé testear esta vía del mismo modo que planteó inicialmente las expulsiones o “salidas voluntarias” de unos cientos de palestinos de la franja antes de ampliar el rango de dicha medida a miles de ellos. El desplazamiento de los palestinos hacia el sur ha sido un objetivo de la invasión casi desde el principio, cuando se fueron señalando las “zonas seguras” a las que podían moverse, que luego eran bombardeadas igualmente.

En este caso, la misión israelí implicaría consolidar los corredores que ha establecido en torno a sus zonas de ocupación. Ya no solo el corredor central de Netzarim, que fue objeto de debate en el último acuerdo de alto el fuego temporal de principios de año, sino también el corredor de Morag, más al sur.

Así se pretendería desplazar a toda la población palestina, comenzando por su movimiento hacia el sur tras la prueba en las ruinas de Rafah. Israel Katz también ha señalado la posibilidad de abrir cuatro nuevos espacios de distribución de ayuda humanitaria internacional en esta zona, para fomentar el reasentamiento palestino cada vez más cerca de Egipto. Si este plan funciona, además de sustituir a las organizaciones extranjeras internacionales por una gestión israelí, el gobierno de Netanyahu se garantizaría un control de forma directa más claro, allanando el camino a un modelo como el de Cisjordania.

Según este modelo, la futura autoridad palestina que gobierne Gaza, ya que Israel sigue decidida a eliminar a Hamás, no podrá ejercer un control civil completo como ya ocurre en amplias zonas de Cisjordania. La Autoridad Nacional Palestina no tiene el control sobre la inmensa mayoría de Cisjordania y Jerusalén, habiendo perdido también la capacidad para manejar de manera completa las zonas donde los Acuerdos de Oslo le conferían administración civil exclusiva.

El director general del Ministerio de Defensa ya ha comenzado a desarrollar el plan para el que requieren participación de organismos internacionales, ya sea a través de una nueva autoridad palestina o de la participación de aliados israelíes o países árabes. Aún no está claro cómo se desarrollará el día después de la invasión, pero el modelo de Cisjordania y la conformación de un nuevo statu quo con países árabes y figuras palestinas no demasiado contestatarias ha estado sobre la mesa desde el principio.

Para asentar todo ello es clave el proceso de negociaciones en el que Donald Trump está presionando a Netanyahu para que acepte un acuerdo de alto el fuego, aunque sea con la temporalidad de dos meses que se ha ido comentando en las propuestas. Esta opción desde luego sería muy favorable para Israel ya que permitiría mantener la guerra cuando se haya completado el plazo en el que pudieran intercambiar algún prisionero con Hamás.

Durante ese alto el fuego potencial, Israel ofrecería como alivio humanitario el establecimiento de ese corredor y zona humanitaria, lejos de un final de la guerra que haría más útil y realista el concepto de alivio humanitario. Los ministros más radicales como Itamar Ben-Gvir amenazan constantemente con dimitir si la guerra termina sin completar la limpieza étnica.

Así, Katz habla de la necesidad a la larga de “completar el plan” con la migración de los palestinos fuera del país, normalizando que el área propuesta para su construcción sobre las ruinas de Rafah solo sea un lugar de tránsito o estadía temporal.

La presión sobre Netanyahu para aceptar un alto el fuego es mayor, hasta el punto de que en torno a la reciente visita del primer ministro israelí a Washington, Netanyahu ha llegado a plantear la candidatura de Trump al Premio Nobel de la Paz. Se habla en estos términos, recordando a lo sucedido a principios de año.

Es importante entender lo que se produce tras la apariencia de paz. Israel gana tantos políticos mostrando a Occidente que está dispuesto a parar ante un acuerdo que libere prisioneros de las manos de Hamás. Los radicales se guardan su derecho a retomar los planes bélicos una vez disminuyan la mano negociadora de Hamás, así pueden sostener “el gobierno más derechista de la historia” y evitar que lleguen los liberales y seculares al poder, por lo que pueden lanzar su órdago de derribar el gobierno sin tener que llevarlo a sus últimas consecuencias. Y por último, en el proceso van desplazando y degradando más a los palestinos, mientras Trump vende éxitos y retrasa la solución final hasta una ventana más propicia. Este es el nuevo plan para Gaza.

*Alejandro López, antropólogo y analista de política internacional. Desde el año 2020 forma parte del equipo de Descifrando la Guerra como coordinador. Ha participado en distintas investigaciones y se he embarcado en viajes y expediciones por multitud de países, incluyendo como enviado especial a Ucrania, Rusia o la cumbre de la OTAN. Ponente universitario y analista en multitud de medios de comunicación, tanto en prensa como en radio y televisión por todo el mundo, también ha escrito varios libros como «Ucrania, el camino hacia la guerra» o «La pugna por el nuevo orden internacional».

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